¡Feliz Domingo! Espero que el inicio de 2026 haya empezado de la mejor manera posible. Hoy empiezo la sección de Reflexiones de Domingo en el blog en el que aprovecho para salirme de las habituales reseñas de comics o películas para comentar cualquier tema que me llama la atención. Y nada como empezar el año destacando los éxitos de Avatar Fuego y Ceniza y Stranger Things. Y como ese éxito molesta a algunas personas que se empeñan en mostrar una y otra vez que internet no refleja el mundo real.
Mientras escribo estas líneas, Avatar Fuego y Ceniza ha superado los 1100 millones de recaudación en todo el mundo cuando únicamente han pasado 21 días desde su estreno. Las previsiones indican que la película probablemente supere los 1500 millones de taquilla. Pensando que el presupuesto de la película, sin gastos de marketing, se ha estimado que ronda los 350 millones, la película es un gran éxito de taquilla para Disney. Aplicando la fórmula de x2.5 sobre el presupuesto que los principales medios especializados usan para calcular el punto de equilibrio financiero para los blockbusters cinematográficos, Avatar 3 tenía que recaudar 875 millones para cubrir costes. No hay duda del éxito económico que la película supone para Disney. Una Disney que ha acabado teniendo un gran año 2025 gracias a los éxitos de taquilla de Zootrópolis 2, Lilo & Stitch y ahora Avatar Fuego y Ceniza.
Antes del estreno de Avatar tuvimos que sufrir a los idiotas de siempre volviendo a recordarnos que daba igual la taquilla de Avatar 1 y 2, la franquicia de James Cameron no tenía «impacto cultural». Que ellos hablaran de una película que supuestamente no importa a nadie ya era una clave que refutaba todo su argumentación. Pero ellos lo saben, porque su objetivo no es ser objetivo sino polémico, para que ello le genere clicks que a su vez les da ingresos. Aunque les moleste, que Martin Scorsese haga una película en 3D tras ver lo que James Cameron consiguió con la primera película es impacto cultural.
Pero es que la idea de «impacto cultural» de esta gente en realidad no se refiere a «Cultura», sino a «negocio». Porque James Cameron se ha centrado en hacer películas y no ha querido explotar la franquicia. No se venden camisetas o videojuegos de Avatar porque no se han vendido los derechos, porque Cameron no está en esa órbita. Como si lo está Disney con Star Wars o Universal con Jurassic World. Por eso según esta gente, el público no está hablando de Avatar todo el rato y no interesa. Por contra, cuando Disney se planteaba el cierre del parque Animal Kingdom, cambió el parque para acoger el mundo de Pandora, y las visitas al parque se multiplicaron exponencialmente. Pero Avatar no interesa al gran público.
Pero es que voy más allá. Avatar Fuego y Ceniza tiene mayor impacto cultural que Sirat, Sinners o cualquier otra película «seria» estrenada este año. Empezando porque la gente ni siquiera ha visto esas películas mientras que Avatar la ha visto todo el mundo y todo el mundo está hablando de ello. Me gusta el cine en pantalla grande, pero se que ese es un hobby en vías de extinción. Sin embargo, estas navidades he hablado con compañeros de trabajo que no van al cine NUNCA comentando que tenían ganas de ir a verla al cine. ¿Qué mayor impacto cultural es que una persona quiera invertir su dinero en un producto de entretenimiento?
Es muy cansino tener que poner ejemplos de la importancia de Avatar en la industria del entretenimiento. Pero es que no hace falta. Porque tras semanas de machaque sobre su deseo de que Avatar Fuego y Ceniza fracasara en taquilla. ¡la película lo ha vuelto a petar!!! James Cameron es el único director en la historia que tiene 4 películas con recaudaciones superiores a los 1000 millones de dólares, las tres de Avatar y Titanic. El público normal nos hemos lanzado en masa a ver la película en 3D. Muchos hemos repetido, porque la experiencia es una barbaridad.
Una vez la batalla del «impacto cultural» se ha perdido, estos ridículos han intentado abrir otro melón ridículo para intentar decir algo malo de la película cuando la realidad objetiva no da para ello. Y por eso, tras romper la taquilla, los haters han cambiado su discurso explicando que igual la gente va a ver la película, pero en realidad «no son fans». Como los datos objetivos son tozudos, han tenido que ir a buscar un concepto difuso y poco claro para ver si ahí podían rascar algo. Pero hasta en eso se equivocan.
Qué mayor fan de algo puede haber que el que GASTA su dinero para consumir algo. Varias veces, en realidad. Blanco y en botella. Pero es que además, como los americanos que analizan todo, los datos extraídos de las entrevistas al público que sale de la sala tras ver la película no dejan lugar a duda. Según las encuestas realizadas por PostTrak, ¡el 91% de las personas que salían de las salas se declaran fans de Avatar!! ¿Quién es fan de algo? ¿Fan es quien se percibe como tal, aunque no lleve una camiseta? (Camiseta que no existe porque Cameron no ha explotado económicamente la IP). ¿O fan son solo los que los opinadores digan que lo son? Es tan ridículo tener que verbalizarlo que el argumento se cae solo.
Casi es una alegría ver rabiar a estos haters que odian a James Cameron por hacer películas increíbles que sólo él puede hacer que resultan ser super populares entre el gran público. Ahí están, revolcándose por las esquinas doliéndose por el nuevo éxito de taquilla de Avatar. Hay que recordar que internet y sus cámaras de eco no representan el mundo real, sino que son pequeñas ventanas donde los haters se retroalimentan entre ellos. Y por tanto, no debemos aceptar que quieran imponer una narrativa que es objetivamente falsa. Y que puede demostrarse con datos cuantificables que es falsa, que es la otra cosa que les jode.
Luego hay otros tipos de manipulación, más sutiles pero igual de sectaria, aunque se adorna de datos y se califica a si misma de «imparcial». Me refiero al sesgo que estamos leyendo en varias cuentas que analizan los datos de taquilla para intentar relativizar el éxito de Avatar Fuego y Ceniza.
Partimos que todos, TODOS los análisis de los medios especializados americanos parten de NO contar los gastos de marketing y publicidad que invierten los estudios para promocionar sus películas. Aunque en la mayoría de blockbusters estos conceptos suponen inversiones por parte de los estudios de cantidades superiores a los 100 millones, es difícil cuantificarlo exactamente porque los estudios no tienen una partida particular para cada película sino que todo va a un gasto general.
Por eso el cálculo habitual para calcular si una película alcanza el equilibrio financiero es aplicar la fórmula de comparar la taquilla con el x2.5 sobre el presupuesto. x2.5 o x2.75, según medios. Bajo esta fórmula, Superman de James Gunn fue un éxito moderado de taquilla, al recaudar 616 millones a partir de un presupuesto de 225, que daba un punto de equilibrio de 562 millones con la fórmula del x2.5. 618 con x.2.75. 616 frente a 562 no es un beneficio para tirar cohetes, pero la realidad objetiva es que Superman no perdió dinero tras su paso por los cines, fue rentable.
¿Qué hubiera pasado si a estos datos añadimos los más de 100 millones de gastos de promoción? Que Superman habría perdido dinero, no cubriría costes. Es evidente. Cierto es que entonces habría que añadir el resto de ingresos, empezando por el streaming. Ingresos cuyas cuantías en realidad se desconocen. Por eso, no tengo problema en afirmar que la película de James Gunn ha sido rentable para Warner. Pero el caso que es que estos costes de marketing no se tienen en cuenta para estos análisis.
Peor situación es la de Los Cuatro Fantásticos: Primeros pasos. Con una taquilla de 521 millones a partir de un presupuesto de 200 millones, la película apenas ha pagado los costes de producción. De hecho, usando la fórmula de x2.75 no se cubren los costes de producción, la película de Marvel Studios estaría en números rojos. En este caso no puede decirse que su paso por los cine haya dado beneficios, como si fue el caso de Superman. Para ambas películas en seguida salieron cuentas a informarnos que el éxito y el fracaso de las películas ya no se mide solo por las taquillas de cine, porque hay otras fuentes de ingresos empezando por el streaming. Y eso es cierto, con una salvedad. Que a la hora de analizar algo, hay que plantear reglas objetivas aplicables a todas las cosas, que es la única forma de poder hacer un análisis que implique la comparación entre producciones. Si todos los medios hacen unos análisis a partir del x2.5, no vale que te saltes la regla justo para beneficiar a la película que te interesa a ti. Porque si empezamos a hablar de ingresos adicionales por merchandising o streaming en realidad casi ninguna película perdería dinero en realidad.
¿Por qué digo todo esto? No os lo vais a creer, pero las mismas personas supuestamente imparciales que nos querían convencer de todo esto este verano hablando de Superman y Los Cuatro Fantásticos, sobre todo de la idea de que las películas no eran el fracaso financiero que otros medíos decían, han empezado a relativizar el éxito de Avatar Fuego y Ceniza sacando a relucir el coste de publicidad y marketing que Disney ha invertido. Coste que en realidad no se conoce, pero que como decía antes probablemente supere los 100 millones. ¿Veis el patrón? Los que se ofendían cuando alguien hablaba de los costes de publicidad de los 4F y afirmaban lo incorrecto que era introducir esa variable, ahora son los que lo están haciendo para la película que a ellos no les gusta. Esto demuestra que tienen muy poco de imparcial y mucho de sectario, aunque lo intenten maquillar con cifras de taquilla que extraen de medios americanos.
Y ¿Sabéis qué? Incluso contando con esos 100 millones extra de coste, si Avatar supera los 1500 millones será rentable. De hecho, este fin de semana la película superará los 1125 millones que sería el nuevo punto de equilibrio de 450 millones x2.5. Así que ni por esas. Avatar Fuego y Ceniza es un éxito, aunque a esas personas no les guste tener que admitirlo.
Por supuesto, si entramos a ese juego habría que entrar con todo, como los ingresos por ventas de blu-rays, y Avatar y Avatar 2 se vendieron como rosquillas. O los ingresos que recibirá la película cuando se estrene en Disney+. Una franquicia que aparece todos los años en los listados de películas más vistas del año. Aunque les duela, puede afirmarse que la franquicia de James Cameron es uno de los negocios más redondos de Disney del siglo XXI. Y eso les hace rabiar.
Al éxito de Avatar y la asquerosa campaña contra la película de James Cameron ha coincidido en el tiempo con el final de Stranger Things en Netflix. A mi me ha gustado mucho la serie, y creo que nos ha dado un final perfecto que juega con la fuerza de las historias y como son capaces de cambiar la vida de los lectores. O en este caso, de los espectadores.
Acepto por supuesto que para gustos colores. A mi me ha gustado mucho la serie, pero entiendo que puede haber espectadores a los que no les haya gustado. Y todas las opiniones son respetables. Pero eso es una cosa, y otra ver como TODOS los canales de youtube, podcasts y cuentas de twitter se lanzaron en tromba contra la serie, por un motivo u otro. Por supuesto, que Will saliera del armario y se declarara a sus amigos como homosexual provocó un review-bombing por parte de los de siempre. Una escena que para mi es muy bonita, emocionante y lógica con el viaje del personaje. Pero no fueron los únicos locos ofendidos en las redes sociales. Un grupo de locos que habían planteado durante años un fan-fiction con un posible romance gay entre los personajes de Will y Mike, aunque NADA en toda la serie indicara nada remotamente parecido, también se ofendieron tremendamente enfadados y afirmaban amargamente que los hermanos Duffer habían arruinado los anhelos de toda la comunidad homosexual. Pongo estos dos ejemplos, pero hay muchos más.
Esto me lleva a recordar de nuevo que las redes sociales NO son el mundo real, y en absoluto reflejan las opiniones mayoritarias de la gente normal que no está pendiente del mundo online. Empezando porque los canales de youtube y otros medios online saben que la polémica provoca visitas, y las visitas se pueden monetizar si alcanzan un volumen determinado. Por eso les sale a cuenta criticar a saco los contenidos más populares. Tanto para atraer a los outsiders y gafapastas varios, como para generar polémica que las personas a los que si les gustó la serie se vean «obligados» a intervenir para decir que no tienen ni idea. Lo que a su vez genera más clicks.
Pero mientras las unanimidades de las redes sociales opinan que Stranger Things es una mierda, a mi hijo de 17 años le encantó el final. No sólo eso, ya está planificando cuando volver a ver la serie desde el principio para disfrutar del viaje de estos personajes. Y tengo claro que es un caso concreto. Pero dos amigos se fueron a sus casas corriendo tras las campanadas porque querían ver con sus hijos el último episodio a las dos de la mañana cuando Netflix lo estrenó, en la madrugada del 1 de Enero. Personas normales no frikis se morían ver el último episodio justo cuando se estrenara, acostándose a las 4 de la madrugada. Y luego cuando les pregunté, resultó que el final les encantó a las madres y a los niños. Niños de edades diferentes al mío. Cuando mi hijo volvió al instituto, resulta que la mayoría de la clase habían visto Stranger Things, y les ha flipado a todos. Y si los datos de Netflix son correctos, la audiencia de esta quinta temporada de Stranger Things lo ha petado. De hecho, el estreno de la temporada provocó un repunte en los visionados de las temporadas anteriores, lo que fue una doble noticia positiva para el canal de streaming.
Como en ocasiones anteriores, acepto todas las opiniones razonadas y respetuosas. Desde luego, hay chorradas o saltos de lógica que ciertamente pueden ser debatibles. Y que puedo entender que hayan podido molestar a algún espectador, aunque para mi no sean cosas importantes. Pero cuando los comentarios más educados de los haters son que si te gusta Stranger Things es porque no eres muy listo o no has visto demasiado cine o televisión, lo único que deja claro es que esas personas son unos elitistas idiotas que solo disfrutan dando a conocer que no les gusta algo que es popular. Por suerte, muchos medios han perdido la influencia que pudieron haber tenido en el pasado y nadie les hace caso.
Por mi parte, me alegro de haber podido ver una serie de televisión popular con mi hijo, y que el final nos haya encantado a los dos por igual. Puedo ser adulto, pero cuando algo funciona y está hecho con cariño, me emociona como si tuviera 15 años. Stranger Things me ha hecho muy feliz, no le puedo pedir más a mi entretenimiento. Y me la suda lo que opinen los demás. Exactamente igual que Avatar.
En ambos casos, mi alegría es doble. Por la calidad de ambas historias, y porque el éxito de ambas ha provocado que una jauría de gente ridícula se haya dedicado a rabiar por las esquinas, perplejos porque no pueden entender el éxito de algo que no les gusta a ellos.
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