Tenía muchas, muchas ganas de leer el final de Farmhand, el inclasificable comic de Rob Guillory (Chew), y la espera ha merecido la pena.
PUNTUACIÓN: 8.5/10
Jedidiah Jenkins era un sencillo granjero. Su cultivo comercial no era el maíz ni la soja. Cultivaba órganos humanos de rápida curación y altamente personalizables, que utilizaba para sanar el mundo.
Entonces todo salió terriblemente mal.
La familia de Jed está destrozada. Su ciudad yace en ruinas. Y el ser llamado Thorne tiene el destino del mundo en sus manos, y solo los últimos miembros supervivientes de la familia Jenkins pueden impedir que traiga el infierno a la Tierra.
Esta es su última batalla.
Recopila Farmhand #21-26.
El final de Farmhand se ha hecho esperar mucho tiempo, pero da gusto disfrutar del final de la creación de un artista tal y como él lo había imaginado. Consiguiendo que la experiencia lectora sea súper satisfactoria.
Si algo caracteriza a Rob Guillory es la personalidad. Su estilo de dibujo plantea unas figuras con un punto cartoon que permite una exageración de las emociones de todos los personajes. Eso le permite crear villanos y situaciones que serían ridículos en un cómic «serio» o con un estilo de dibujo naturalista, pero que para Farmhand son perfectos para el tipo de historia que Guillory plantea.
Por encima de la acción super loca y los toques de terror, lo que me ha enganchado de Farmhand son los miembros de los protagonistas, la familia Jenkins. De ellos y de sus amigos. Un grupo que comparten su amor aunque el dolor por la perdida de seres queridos hizo que olvidaran lo que realmente era más importante. La construcción de la historia de varias generaciones de Jenkins y el dolor que sufrieron, es parte central de la historia. Como también lo es la búsqueda de la fe perdida. Emocionalmente, este cómic ha tenido un clímax maravillosos.
Otras de las claves de Farmhand es el humor de Rob Guillory. Su humor es muy peculiar y exige entrar en el juego, pero si aceptas la locura de la mayoría de premisas, lo vas a disfrutar un montón. Por ejemplo, el medio del clímax final un científico entra en el laboratorio para intentar crear un pesticida que mate las malas hierbas que dominan el pueblo de Freetown. Pero antes, tiene que fumarse un pitillo de marihuana para relajarse. Pues este es el tono del cómic. Dicho esto, dentro de un tono divertido, cuando Guillory se pone serio da en la diana también.
Es complicado hablar del quinto volumen que cierra una historia que prácticamente nadie ha leído. Porque cualquier cosa que diga es spoiler de algo que pasó a lo largo del cómic. En este caso, está reseña no es tanto para decirte lo mucho que me ha gustado el final de Farmhand, sino para invitarte a que empieces a leer esta colección. Y no tengo ni idea si alguien está publicando este cómic en España, pero Farmhand merece ser descubierto. Exactamente lo mismo a lo que supuso descubrir Chew hace todos esos años.
Si te gustan las historias poco convencionales, debes leer Farmhand.
Comparto las primeras páginas del número 21 USA con el que empieza este tomo:
Ha costado llegar a leer el final de Farmhand, pero ha merecido la pena. Muy contento por este cómic.
PUNTUACIÓN: 8.5/10
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