Crítica de Clayface de James Watkins

Aprovechando la Fiesta del Cine vi Clayface, la película del origen del villano de Batman dirigida por James Watkins a partir de una historia de Mike Flanagan, que nos ha traído el descubrimiento del actor Tom Rhys Harries.

PUNTUACIÓN: 5.5/10

El meteórico ascenso de Matt Hagen, desde chico de la calle en Gotham hasta protagonista de Hollywood, se ve trágicamente truncado cuando las acciones de un jefe del crimen local lo dejan horriblemente desfigurado. Abandonado por su equipo y sin nada que perder, Matt busca un tratamiento de vanguardia que, milagrosamente, le devuelve su aspecto anterior… pero que también afecta inesperadamente su percepción de la realidad, sumiéndolo en una espiral destructiva de venganza que lo consume por completo. Película basada en el personaje de DC Comics.

James Thomas Watkins (Nottingham, 1973) es un cineasta inglés conocido por películas de terror como Eden Lake (2008), La mujer de negro (2012) y Speak No Evil (2024). También ha dirigido episodios de series como Black Mirror (2016) y The Ipcress File (2022), y fue creador, guionista, director y productor ejecutivo de la serie McMafia (2018).

Clayface nace con el interés del director y guionista Mika Flanagan por el personaje. Tras dirigirse a James Gunn y Peter Saffran, escribió un tratamiento que fue aprobado inmediatamente por DC Studios. Debido a problemas de agenda, Flanagan no pudo dirigir la película, para lo que se contrató a James Watkins. Finalmente, junto a Flanagan aparece acreditado en el guion Hossein Amini, que se encargó de la reescritura del guion de Flanagan.

La película de 108 minutos de duración ha contado con un presupuesto de 40 millones de dólares. Se rodó en Inglaterra, con fotografía de Rob Hardy, recién acabado su trabajo en Supergirl, montaje de Jon Harris y música de Volker Bertelmann.

El gran descubrimiento de la película es el actor Tom Rhys Harries como Matt Hagen, el actor que en la cresta de su fama como actor es desfigurado por un gangster de Gotham. Naomi Ackie interpreta a la doctora Caitlyn Corr, una científica crea el tratamiento de regeneración celular al que se somete Matt y de quien Matt se enamora. David Dencik es Markos Szabo, el mafioso que desfigura a Matt, Max Minghella hace de John Borrelli, un detective de la policía de Gotham City que sale con Caitlyn mientras que Eddie Marsan interpreta a Frank Fitzpatrick, el agente de Matt. En el resto del reparto tenemos a Nancy Carroll como Hildie Love, la agente de Matt, Joshua James como Corey Bowery, el mejor amigo de Matt, y Joana Ribeiro como Mia Torrez, la amante de Markos.

Empezando en positivo, la historia de Matt Flanagan plantea una buena historia de origen del personaje. Flanagan, y luego la reescritura de Hossein Amini ofrecen una historia que no hace trampas y permite que haya una progresión en la historia lógica que nos lleve hasta su inevitable conclusión. Tenemos tantas películas recientes avergonzándose del material de base que hay que agradecer ver una película que no lo haga.

Como escribía antes, el gran descubrimiento de la película es el actor Tom Rhys Harries. Harries crea a un personaje trágico que lo va a perder todo y una vez descubra sus habilidades va a iniciar una venganza contra todos los que llevaron a esa situación. La película puede ser su plataforma de lanzamiento hacia el estrellato, porque creo que realiza un trabajo estupendo. Junto a Harries, creo que todo el reparto lo hace bien y cumple con lo que la historia necesita de ellos, empezando por Naomi Ackie como la doctora Caitlyn Corr, Joshua James como el mejor amigo de Matt Corey Bowery, Max Minghella como el policía John Borrelli que al mismo tiempo sale con Caitlyn, o Eddie Marsan como el traicionero agente de Matt Frank Fitzpatrick. Todo el mundo está bien, pero no notable, como la película en general.

Me ha gustado también la fotografía de Rob Hardy, que ayuda a crear unas imágenes elegantes que ayudan a contar la historia de la mejor manera posible. Al mismo tiempo, la duración de 108 también me parece perfecta para una película que puede desarrollar la trama de forma adecuada, permitiendo la escalada en los poderes de Matt Hagen que nos lleva hasta su casi inevitable final. Un final que lamentablemente ofrece un climax fallido, como la película en su conjunto.

Y es que lamentablemente Clayface es una película plana y, al final, decepcionante. Empezando porque James Watkins no parece tener claro qué tipo de película tiene entre manos. Clayface es una película de terror que no da miedo en ningún momento. En el arranque hay un par de escenas que podrían conectar con el body-horror y que resultan malrolleras. Dicho en positivo. Empezando por la agresión a Matt Hagen por los mafiosos, y un momento en una operación de cirugía en la que le levantan la nariz y se ve el hueso destrozado por debajo. Estas escenas planteaban el germen de una buena película de terror que nunca llega.

Dentro que todo en la historia es correcto, la indefinición de Watkins hace que la película de terror se transforme en una historia de venganza bastante convencional, en la que todo está mostrado de la forma menos impactante e interesante posible. Fruto de la falta de habilidad narrativa de Watkins, a la historia le falta tensión o una progresión dramática interesante. Por eso, dentro que como comentaba antes el final casi es inevitable, está rodado de forma mediocre. De forma que su venganza contra los mafiosos es decepcionante y el climax emocional de Matt con Caitlyn resulte un bluff.

Otro de los problemas de Clayface es que aunque todo en la historia es correcto y cubre las bases esperables de este tipo de historia, en realidad no hay ninguna profundidad psicológica en el personaje de Matt Hagen, quedándose siempre en la superficie de lo que debería haber sido. Además, quizá en parte por un trailer que mostraba algunos de los momentos impactantes de la película, como el momento en que Matt intenta abrir sus ojos con una tijera en el servicio de un avión, al cerrarse la «arcilla» sobre ellos, tenemos una película sin ninguna sorpresa porque todo se ve venir a la legua. Y en positivo agradezco que el guion no haga trampas, pero todo es super plano y evidente.

Los efectos de maquillaje de Clayface creo que están bastante bien, con momentos malrolleros cuando los nanobots que han reconstruido la cara de Matt fallan por el stress y la cara se le deforma. No hay apenas escenas con CGI, lo que ayuda a abaratar una película que no necesita ser un gran éxito de taquilla para que resulte rentable para Warner.

La música y el montaje están en la misma línea plana de la película. Por cierto, Clayface está ambientada una gran parte del metraje en Gotham City, pero más allá de la existencia de un río que parte en dos la ciudad no plantean nada que resulte reconocible, más allá de alguna mención a los Narrows. Dado que esto siempre se planteó como una historia aislada sin ninguna conexión a nada, no es un problema. Pero si hay que comentarlo.

En este punto reconozco que los espectadores y lectores veteranos hemos visto y leído mucho. Y las cosas evidentes para mi a lo mejor a un espectador joven le han podido impactar. Pero lo cierto es que muchos momentos de Clayface me recordaban a momentos leídos en los comics o vistos en Darkman de Sam Raimi o en la serie Batman: The animated series. Y en todos los casos Clayface salía perdiendo en la comparación. Y ya tiene delito que unos dibujos animados para niños tengan más profundidad psicológica que esta película destinada a un público adulto.

Como digo, no suspendo a Clayface porque no creo que sea una mala película. Pero tampoco es una película especialmente buena en nada. Igual que digo que me ha gustado mucho el trabajo de Tom Rhys Harries, creo que James Warkins no ha estado a la altura del encargo. Lo que provoca la sensación decepcionante que tiene el conjunto. Dado que vi la película a precio reducido gracias a la Fiesta del Cine no me arrepiento de verla, pero si salí con la sensación que la película debería haber sido mucho mejor de lo que ha sido.

Y aunque es un tema separado del visionado de Clayface, no puedo dejar de comentar la estafa de la propuesta hasta ahora de DC Studios, que prometía devolver el heroismo al centro de su actividad y se están centrando en historias de villanos asesinos como The Penguin, Supergirl y Clayface, series que se avergüenzan del género como Lanterns y como mucho de antihéroes como Peacemaker o Creature Commandos. Está claro que Clayface no era el lugar indicado, pero parece que los héroes ni están ni se les espera en DC Studios. Lo cual es otra decepción mucho mayor que la indefinición de este Clayface. Que estén anunciando ahora el desarrollo de una serie de Poison Ivy, en la que sin duda la villana de Batman será una víctima de la sociedad capitalista que la obligará a convertirse en una villana, no es más que la confirmación de esta realidad.

Comparto el trailer de la película:

Me sabe hasta mal lo plana y falta de todo que es Clayface. James Watkins ha deslucido los buenos trabajos del actor y de Mike Flanagan.

PUNTUACIÓN: 5.5/10

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