Crítica de El Reino de Rodrigo Sorogoyen

Qué tremenda decepción me he llevado con El Reino de Rodrigo Sorogoyen. Una historia que aunque empieza muy bien es un bluff tremendo que se desinfla hasta niveles sonrojantes y que no entiendo las casi unánimes buenas críticas que está recibiendo.

PUNTUACIÓN: 4/10

Según la larga sinopsis de Filmaffinity, Manuel (Antonio de la Torre), un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción junto a Paco, uno de sus mejores amigos. Mientras los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de las dimensiones del escándalo, el partido cierra filas y únicamente Paco sale indemne. Manuel es expulsado, señalado por la opinión pública y traicionado por los que hasta hace unas horas eran sus amigos. Aunque el partido pretende que cargue con toda la responsabilidad, Manuel no se resigna a caer solo. Con el único apoyo de su mujer y de su hija, y atrapado en una espiral de supervivencia, Manuel se verá obligado a luchar contra una maquinaria de corrupción que lleva años engrasada, y contra un sistema de partidos en el que los reyes caen, pero los reinos continúan.

Podemos analizar El Reino desde dos facetas, la puramente cinematográfica de una película que nos cuenta una historia, y desde el metalenguaje de intentar hacer una crónica de la corrupción política que hemos vivimos en España en los últimos años.

Reconozco que no sabía nada de la película excepto que trataba el tema de la corrupción en España, pero tenía mucha curiosidad y ganas de ver que historia nos proponía. Y me duele que el chasco sea tan grande porque no me gusta hablar mal en general, y menos en el caso del cine español.

En cuanto al análisis cinematográfico, El Reino tiene un excelente reparto que hace un gran trabajo con las herramientas que el guión de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña ponen a su disposición. Antonio de la Torre lo hace genial, pero también me han gustado mucho Josep Maria Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Bárbara Lennie, Mónica López y el resto del reparto.

Sin embargo, los escritores ya cometen un primer error de bulto al convertir a todos los personajes en seres despreciables que hacen imposible que como espectadores empaticemos con ellos. Está claro que los corruptos son malas personas y no son modelos a seguir, pero Martin Scorsese en “El lobo de Wall Street”, también basada en hechos reales,  ya demostró que puedes mostrar las acciones de un criminal e incluso hacer que caiga simpático al espectador sin que eso signifique que estés de acuerdo con sus acciones o las apruebes.

No cabe duda que esta opinión no es compartida por Sorogoyen y Peña, que muestran a los personajes que rodean a este partido político como asquerosos y desagradables, sin darnos nada a lo que aferrarnos.  Por si hubiera alguna duda de esto, en la primera escena de la película, estos millonarios corruptos se pelean por unos langostinos durante una mariscada.  Antonio de la Torre nunca nos cae bien, no porque no lo haga bien, sino porque el guión no le da nada con lo que podamos empatizar los espectadores. “¿Como vamos a empatizar con él si es un corrupto?” Debieron pensar los autores.

E incluso aunque no nos caiga bien, si “El reino” nos contara una historia bien justificada,el espectador podría hacer el esfuerzo de seguir a un personaje que odia. Pero lamentablemente tampoco es el caso y tenemos secuencias ambiguas que no proporcionan la información necesaria y van convirtiendo una película pretendidamente realista en una serie de sucesos inverosímiles.  Y este es el principal problema de la película.

Aunque su buen ritmo inicial te atrapa, vas notando como algo no cuadra, y es que realmente no te cuenta nada con claridad. En todos los diálogos deja caer frases sueltas con hechos oscuros que nunca llegan a explicar convenientemente con el objetivo de que el espectador rellene los huecos con su conocimiento de los casos reales de corrupción del PP que hemos conocido por los medios de comunicación en los últimos años, principalmente el caso Gürtel.

Cualquier película que busca contar una historia debería ser completa en si misma y darte la información suficiente para comprender lo que está pasando. En el momento en que necesitas ayudas “externas” para entenderla, es señal que tu narración no ha funcionado. Si un extranjero que no sabe nada de la corrupción en España ve “El Reino”, apuesto que no entenderá nada. ¿Qué ha hecho Manuel (Antonio de la Torre)? Atendiendo a lo visto, comer con empresarios y compañeros de partido y hablar de cosas que nunca vemos. Sin ser trigo limpio, no tenemos claro el papel real de juega Manuel en la trama, más allá de servir posteriormente de chivo expiatorio cuando el partido busca salir de rositas.

Si El Reino trata de denunciar la corrupción que ahoga en España, ¿porqué no contar una historia de corrupción concreta y mojarse a denunciar a los causantes del delito a modo ejemplarizante? En su lugar, hace un mezcladillo en el que intenta meter todo en el mismo saco, sin tener muy claro a qué se refiere en concreto.

Una máxima audiovisual es “show, don´t tell”. Y “El Reino” sólo nos cuenta atisbos de cosas que han pasado fuera de plano sin llegar nunca a aclarar quien las planeó, en colaboración de quiense llevaron a cabo y quienes se han beneficiado. Narrativamente, es un desastre.

Por otro lado, la película intenta transmitir una narración y estética pseudo-documental que se rompe a mitad de película, con unos últimos 45 minutos que son una espiral de locuras y sinsentidos imposibles que sonrojan y dan vergüenza ajena.

La sensación es que Sorogoyen con la guionista Isabel Peña tenían claro el final de la película, el problema es que para llegar ahí todo vale, incluso situaciones imposibles y ridículas que rompen todo atisbo de “realismo.”

Esto es el síndrome que sufren muchos films de “gente estúpida cometiendo estupideces para justificar todo tipo de locuras de guión”. El Reino empieza bien pero es una pena porque ha partir de un intento de Antonio de grabar una conversación con un micrófono oculto, degenera en una serie de secuencias totalmente inverosímiles que para mi suspenden la película.

No comprendo como la crítica especializada está siendo tan efusiva con esta película cuando aparte de la labor de sus actores tiene muy poco que salvar. Hay gente que incluso se atreve a comprarla con “El lobo de Wall Street” cuando Scorsese es mucho más valiente que Sorogoyen, aparte de mejor director en todos los aspectos.

En conclusión, analizada sólo como cine, la película suspende.

Y ahora voy al análisis meta-lenguaje. Aunque la película se vende como una película con un mensaje arriesgado y provocador, en el fondo me ha parecido  muy tramposo. El mensaje final de la película es que TODO el sistema es corrupto, empezando por las grandes empresas de IBEX, los políticos, empresarios, jueces y fiscales. Ni siquiera los medios de comunicación se libran de reproche, aunque sea un “cachete” muy light. Y claro, contra un sistema así es imposible luchar.

Digo que es tramposa porque si todos somos responsables, realmente no señala ningún culpable. Y hubiera agradecido que Sorogoyen se hubiera mojado. Si hay que empezar a limpiar el pais, ¿por donde empezamos? ¿Vamos a por los políticos que amañan contratos? No, Sorogoyen les califica de víctimas del IBEX. Un argumento muy maniqueo, en mi opinión.

Es curioso que según el mensaje del discurso final del protagonista, toda la corrupción viene del empresario hacia abajo, cuando hay casos como el 3% catalán o los EREs andaluces que muestran una corrupción creada desde la política que salpica al resto de la sociedad. Pero esa no sale en la película. O tal vez si, quien sabe, pero como todo está tan mal contado, no queda muy claro a qué corrupción se refieren.

Por otro lado, la película se anunciaba como una denuncia contra la corrupción de asola España, pero realmente está hablando sin nombrarlo de la corrupción del PP. Sobre lo que por supuesto puede y debe hablarse y denunciarse, pero mojándose. Todos vemos que Josep Maria Pou está inspirado en Bárcenas con su famosa libreta de ingresos y gastos, aunque su papel en la película es muy diferente al que jugó Bárcenas en la realidad. Y me imaginaba al “Bigotes” como uno de los empresarios conseguidores de la película. Entonces, ya que dejas todos estos elementos muy claras para que el espectador los pille y los asocie durante el visionado, ¿por qué no lo dices claramente y denuncias estos hechos? Supongo que queda mejor hablar de todo sin concretar nada.

Por tanto, desde el punto del metalengüaje, la película también es un fail total.

Comparto el trailer de la película:

Lo dicho, muy muy decepcionado con El Reino, y más si pienso que nos ha colado un gol muy grande a los espectadores y nos han  vendido humo bajo una apariencia formal supuestamente seria y grave. Buff, si esta es la mejor película española del año, es que estamos realmente mal.

PUNTUACIÓN: 4/10

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