Crítica de Tres mil años esperándote de George Miller

La nueva película de George Miller siete años después de Mad Max: Fury Road, Tres mil años esperándote, es un bonito aunque un tanto fallido canto al poder de las historias y cómo nos cambian.

PUNTUACIÓN: 6/10

La Dra. en literatura Alithea Binnie (Tilda Swinton) parece estar feliz con su vida aunque se enfrenta al mundo con cierto escepticismo. De repente, se encuentra con un genio (Idris Elba) que ofrece concederle tres deseos a cambio de su libertad. En un principio, Alithea se niega a aceptar la oferta ya que sabe que todos los cuentos sobre conceder deseos acaban mal. El genio defiende su posición contándole diversas historias fantásticas de su pasado. Finalmente, ella se deja persuadir y pedirá un deseo que sorprenderá a ambos. (FILMAFFINITY)

George Miller es universalmente conocido por su trilogía de Mad Max, y en especial esa gran obra maestra del cine que es Fury Road (2015). Pero junto a ello, el director australiano tiene una carrera super ecléctica en la que se ha atrevido con todo. Twilight Zone: The movie (1983), Las brujas de Eastwich (1987), Lorenzo´s oil (1992), Babe: Pig in the city (1998, contrariamente a lo que yo mismo pensaba, Miller no dirigió la primera, fue guionista y productor) y Happy Feet 1 y 2 (2006 y 2011)

Además de dirigir y producir Tres mil años esperándote, el director escribió el guion junto a Augusta Gore, adaptando la historia corta The Djinn in the Nightingale’s Eye, de la escritora inglesa A. S. Byatt. La película de 108 minutos de duración cuenta con fotografía de John Seale, montaje de Margaret Sixel y música de Junkie XL. Además, me quedo muerto al descubrir que el presupuesto de la película fueron unos altísimos 60 millones de dólares que difícilmente van a ser recuperados por los productores, al menos durante su paso por los cines.

Los geniales Tilda Swinton e Idris Elba son los protagonistas absolutos de una película que resalta el poder de las historias con una historia con reminiscencias a Las 1001 noches.

Tres mil años esperándote se estrenó en el pasado festival de Cannel y recibió una acogida tibia. Y aunque intenté saber lo menos posible de la historia, fue inevitable saber que estábamos ante una variación de las historias de los cuentos con genios que conceden deseos a quien le libere de su encierro en la botella. Pero la película es mucho más que eso, ya que Miller combina una historia de amor no convencional (varias, en realidad), con una fábula sobre el sentido de la vida y el significado de las historias y como nos cambian tanto a los que las cuentan como a los que las escuchan. Una metáfora que sería extensible al mundo del cine, obviamente. Y aunque tras Fury Road Tres mil años esperándote podría parecer «pequeña», realmente Miller afronta en esta película uno de sus mayores desafíos conceptuales, ocultando bajo un formato de cuento para niños actualizado un profundo análisis de temas complejos relativos a la autorrealización y la felicidad de las personas.

Sin embargo, no he conectado nada con el visionado de la película. Un primer problema es que para ser una historia de amor, todo resulta tremendamente frío y carente de emoción. Creo que Swinton y Elba hacen lo que Miller pide en cada momento, pero no consiguen que su carisma atraviese el velo de frialdad que tiene el conjunto. Elba por sus prótesis imposibles y exceso de verborrea, y Swinton por culpa de un personaje, la dra. Alithea Binnie, que no consigue parecer humana en ningún momento, mostrándose como el elemento del argumento necesario para que haya película y empecemos a conocer las diferentes historias que contará el djinn. Por ejemplo, se sugiere un posible trauma ¿por un embarazo fallido? de lo que no llegamos a conocer nada, y así todo lo relativo a sus motivaciones o anhelos.

Miller creo que comete un tremendo error de concepto en la película, y es que olvida el clásico «show, don´t tell». De hecho, sabemos que la película es un análisis sobre las historias y cómo nos cambian porque es verbalizado literalmente durante la propia película, ofreciendo un cero en sutileza a lo largo de la narración. Y es que a pesar de algunos momentos en los que Miller intenta apabullarnos con un despliegue visual, la película no llega a entender que no es lo mismo decirnos que dos personajes están enamoradas que mostrárnoslo, aumentando por tanto la sensación de frialdad sobre la que comentaba antes. De hecho, puede pasar que aunque los personajes lo verbalicen, la frialdad del conjunto haga que no te lo creas, o que te de igual llegados a ese punto.

Esto no quiere decir que la película no tenga elementos positivos. Por ejemplo, me parece interesante la deconstrucción de los cuentos infantiles como historias moralizantes y como los deseos siempre tienen un precio y acaban costándole más de lo que la persona esperaba. Además, en este mundo actual que exige gratificación automática y si puede ser, con grandes explosiones, está genial que tengamos una película que plantee 100 minutos de temas complejos relativos al deseo, la obsesión, el amor puro y por qué no decirlo, el amor basado en imponer nuestra voluntad a otra persona bajo ese pretexto. Hoy mucha tela que cortar anímica y filosóficamente, y la película no siempre acierta en la forma en que nos lanza estos conceptos a los espectadores.

En todo caso, incluso a pesar de no conectar del todo con esta película, hay que dar las gracias porque existan creadores como George Miller que se atreva a contar historias diferentes que se salgan de lo que se espera que debería hacer. Incluso a pesar de todo lo anterior, espero que no tengamos que esperar otro montón de años en ver su siguiente película, que se supone que será Furiosa, historia de origen del personaje presentado en Fury Road planteada a modo de spinof de la serie Mad Max.

Comparto el trailer de la película:

Me sabe mal no haber conectado con Tres mil años esperándote, pero no puedo evitar la sensación que no siendo mala, si me pareció bastante fallida, no tanto con la intención, sino con la frialdad de la ejecución.

PUNTUACIÓN: 6/10

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