Reflexiones de Domingo 09/2024: Sobre Mark Millar, los señalamientos y la polarización

¡Feliz Domingo! Quiero aprovechar la sección Reflexiones de Domingo hacer un artículo un poco diferente a los que suelo hacer, al comentar una idea que me viene rondando desde hace días. Una idea que empieza en el odio que se le tiene a Mark Millar en redes sociales, pero que en realidad es la excusa para hablar sobre los señalamientos, los marcos mentales que culturalmente se han impuesto y sobre el crecimiento de los extremismos que buscan levantar muros y separar a la gente entre buenos y malos.

Mark Millar (Escocia, 1969) es uno de los grandes nombres del comic mainstream americano, con más de 30 años de experiencia en primer nivel. Su primer comic en DC fue Swamp Thing en 1994, y tras las maravillosas Super Adventures, el segundo volumen de The Authority o Superman: Red Son, se mudó a Marvel. Los primeros años de la década de 2000 fueron algunos de los mejores años de la historia de Marvel, en los que realizó algunos de sus comics más populares como son The Ultimates con Bryan Hitch y Civil War y Old Man Logan con Steve McNiven. Durante sus años en Marvel, Millar entendió que el futuro del comic mainstream (y el dinero) estaba en los comics de creación propia, creando su sello Millarworld en el que ha publicado sobre todo en Image Comics algunos comics super exitosos que tuvieron además adaptación cinematográfica: Wanted, Kick-ass y Kingsman. Tras la compra de Netflix del Millarworld, llegaron Jupiter´s Legacy y Super Crooks con diferente éxito, pero esto no puede ocultar el hecho que Millar se ha juntado en los últimos 20 años con los mejores dibujantes del medio para realizar unos comics siempre super entretenidos: Chrononauts, Starlight, Empress, Renacida, The Magic Order, Nemesis y Nemesis Reloaded, Prodigy, The Ambassadors, The night club… Big Game fue el gran evento que unió estos 20 años de historias de Millarworld, comic con el que colaboró el genial Pepe Larraz.

Millar es un escritor talentoso de gran experiencia que durante estos años ha sabido entender los gustos del público mainstream para ofrecer comics COMERCIALES en el sentido más positivo del término, que conecta con la idea de POPULAR. En el pasado se le acusó de hacer comics que le sirvieran casi a modo de storyboard para poder vender los derechos en Hollywood, lo cual incluso si fuera cierto (yo no lo creo) lo único que mostraría es un autor que sabe venderse mejor que el resto de profesionales del mundo del comic. Gente que les gustaría poder vender alguna historia a Hollywood y que siguen sin saber cómo hacerlo. Esta capacidad de Millar, unido al demérito de los demás, y el éxito que consiguió cuando abandonó Marvel al decidir centrarse en sus comics de creación propia, le ganó cierta animadversión por parte de algunos profesionales y de lectores marvelitas.

Por ponerle un pero, hubo unos años en que Millar pecó de utilizar una estructura similar en muchos comics, creando personajes hiper molones y punkis que sufrían la traición de un traidor que trabajaba con unos malos que llevaban a cabo un plan perfectamente planificado, que finalmente son derrotados por un último giro (más o menos justificado) que echaba por tierra los planes de los malos. Ejemplos de esto lo tenemos entre otros en el comienzo de Jupiter´s Legacy o en The Magic Order. A esto hay que sumarle la idea de «molonismo» total, con protagonistas y villanos realizando punkarradas de todo tipo, que podían sugerir unas ganas desmedidas en hacer comics que llamaran la atención del público. Fijaros que calificar como negativo buscar que tu comic llame la atención del público lo bastante como para que lo compres, ya indica muchas cosas. Sin embargo, esto que era cierto en el pasado creo que ya no sucede tanto en los últimos años, en los que veo a Millar mucho más entonado con comics como Nemesis reloaded o Big Game. O igual es que el dibujo de Jorge Jiménez y Pepe Larraz mola demasiado, que también es posible. Por otro lado, como alguien me comentó en Twitter, decir que Millar repite esquemas narrativos en realidad es algo que sería aplicable al 99% de escritores mainstream.

Millar se ha convertido en un personaje super mediático, por ejemplo desde su canal de Youtube que os recomiendo, en el que habla con creadores de primer nivel del mundo del comic. Y desde su atalaya mediática no ha dudado expresar públicamente los problemas que él ve en la industria mainstream americana, que pasan por el convencimiento de que la baja calidad de los comics actuales se debe, entre otros motivos, que Marvel y DC no pagan lo suficiente a los creativos, provocando que haya una fuga de talento hacia otros medios mejor pagados. Esto hace que gente menos capaz y con mucho menos talento respecto por ejemplo a lo que había hace 10/15 años esté realizando unos comics que no apelan al comprador actual que ha mantenido durante estos años a Marvel o DC con su dinero, ofreciendo comics de calidad cuestionable. Hasta hace unos años, el camino de un creador era realizar varios comics indys que llamaran la atención de las Majors lo bastante para contratarles una vez ya tenían un nombre en el mundillo. Por el contrario, ahora parece que Marvel y DC están contratando a gente con una obra previa desconocida o inexistente, y esta gente en cuanto se han creado un nombre se marchan a crear comics de creación propia para ganar más dinero.

Expresar la idea que una manera de atraer profesionales capaces de atraer ventas a los comics Marvel o DC pasaría por aumentar los royalties a partir de un cierto nivel de ventas, algo lógico para conseguir que un Joe Abercrombie (por ejemplo) se animara a hacer algo para Marvel, le granjeó la crítica de (entre otros) algunos profesiones en nómina de Marvel actuales. Escritores que nunca han vendido las cifras que Millar indicaba para poder cobrar dichos royalties, claro. Porque se trata de convencer a Frank Miller (o cualquier autor que genere impacto mediático, Miller en realidad está muy mayor) para que trabaje con Marvel, autores que puedan vender no 100.000 ejemplares sino 500.000, y que son los que pueden imbuir nueva vida a una industria que sin duda está huérfano de grandes COMICS que revitalicen la industria.

Otra idea con la que estoy muy de acuerdo que le he oído a Millar en varias ocasiones es que es absurdo que se quiera echar en cara a los lectores que un comic se cancele por bajas ventas, y lo que tendrían que hacer Marvel, DC y sus trabajadores no es abroncar a sus compradores sino publicar más y mejores comics que esos compradores quieran comprar porque conectan con sus gustos. Lo siguiente que voy a decir no lo dice Millar, es de cosecha propia, y es que Marvel está tan orientado a publicar comics dirigidos a intentar captar un público «diverso» que NO existe en el canal de las librerías especializadas, que están perdiendo a los compradores actuales que sí eran clientes fijos de la Casa de las Ideas.

Siempre pensé que la antipatía que un sector de creadores tenían hacia Mark Millar venía en parte de la envidia ante un escritor que había demostrado una y otra vez que hace comics más populares y exitosos que los suyos, aparte de haber vendido múltiples veces comics que se convirtieron en película. Antipatía compartida por una parte del fandom e incluso la crítica, para la que siempre parece que hacer comics «populares» sea un problema. En realidad que caiga mal a una parte de lectores no es un problema para mi, porque ya se sabe que para gustos, colores. No tengo problema con que cada uno opine lo que quiera sobre el autor que sea. Pero en los últimos días varias cosas me hicieron ver que aunque lo ser un autor demasiado «popular» seguro es un factor, lo principal hoy en día es que ha sido etiquetado como «FACHA» desde determinados ámbitos comiqueros.

Escuchando el podcast de Sala de Peligro dedicado a The Ultimates, sin decirlo explícitamente el invitado David Galán Galindo dejaba entrever que Millar no le gusta, no se si como persona pero seguro que no como creador. Y más que el contenido del podcast, interesante y entretenido como siempre, en el que sobre todo Enrique Machuca matiza muchísimas cosas sobre la figura de Millar y The Ultimates en positivo y en negativo, lo que provocó que algo hiciera click en mi cabeza es leer numerosos comentarios en Twitter España con cosas como «¿Pero no habiamos quedado que Millar es facha?» Hace tiempo que leo críticas e insultos de todo tipo en USA, pero me chocó ver esta inquina hacia Millar en España. No me lo esperaba. No sé que esperaba, en realidad. Pero seguro que eso no. Igual esta etiqueta la tiene desde siempre y yo no me di cuenta hasta ahora, también es posible.

«Como el Capitán América de los Ultimates es un facha, Mark Millar seguro que también lo es«. Ese es el nivel de algunas críticas repetidas idiotamente en redes sociales, como si un personaje imaginario definiera a una persona. Se deben creer muy listos los que expresan opiniones de este tipo, pero muestran todo lo contrario. Aparte que hay que negar la mayor a todos los niveles. Empezando porque el Capitán América Ultimate NO es facha, sino que Millar lo pensó como si fuera republicano, pensando que demográficamente la mayoría de policías y miembros del ejército en la actualidad se identifican como tales, y por tanto tendría sentido que este Steve Rogers también lo fuera. Algo que no se puede negar que tiene sentido como concepto, te guste más o menos la ejecución. Pero la otra gran mentira es que Millar sea «facha» cuando es una persona cuyas ideas políticas le alineaban con la izquierda escocesa. Varias declaraciones suyas le muestran como una persona analítica que entiende que temas complejos no pueden ser reducidos a un SI/NO absolutos, al ser cuestiones en las que cada opción implica cosas positivas o negativas.

En un hilo de Twitter comenté que «Me doy cuenta que en realidad se le odia (a Millar) porque piensan que ¡es de derechas! Y tendría su gracia si no fuera lamentable, pensando que Millar afirma ser votante de izquierdas en Escocia. Supongo que escuece que alguien de izquierdas afirme que los comics actuales de Marvel y DC son una mie&€# en parte por la cuestión identitaria, y de ahí la etiqueta

Pensando en ello, si ya es malo ver repetir hasta la saciedad esta mentira de «Millar es facha», me doy cuenta que yo mismo he caído en aceptar el marco mental de la izquierda, que considero no sólo erróneo sino muy pernicioso, y que explica muchos de los problemas, acosos y cancelaciones que estamos viendo en el ámbito del entretenimiento. Y es que es injusto que se critique como facha a Millar cuando es votante de izquierdas, lo que implica que si fuera de derechas si se le podría criticar sin problema. Y me asusta esta idea de pensamiento único que se está intentando imponer. Más que la crítica a Millar en si, esto es lo que creo más preocupante.

Da igual que los comics Marvel actuales tengan una calidad media muy deficiente. Da igual la evidencia que los comics de superhéroes venden cada vez menos en el canal de las librerías especializadas y muchos lectores se refugian en los clásicos porque las novedades no conectan con los compradores veteranos, que son los únicos que compran porque no hay relevo. Aparte de la gente que no lo anuncia en redes sociales, simplemente deja de comprar y busca entretenimiento en otros medios. Si eres un profesional y te atreves a decir que se pueden hacer mejor las cosas y que los comics actuales han perdido calidad, automáticamente eres calificado de FACHA. Un hecho a tener en cuenta es que por tener ideas políticas situadas a la derecha, el calificativo negativo de FACHA es lanzado contra ti automáticamente, da igual que seas moderado liberal o de extrema derecha, no hay matiz posible. Ya estás señalado.

Esta deshumanización y simplificación grosera no es algo limitado al mundo del comic, se lleva viendo hace años en la política. Es mucho más fácil descalificar a alguien como «facha» (o «machista», es exactamente lo mismo) que tener que replicar los argumentos de esa persona, cosa que normalmente no pueden ni tienen la capacidad para ello. A otro nivel, es lo mismo que estamos viendo en la actualidad cuando Pedro Sánchez califica como «bulo» cualquier cosa que no le guste, poniendo en el mismo saco bulos reales groseros que viven en redes sociales con informaciones ciertas como las de El Confidencial sobre la actividad profesional de Begoña Gómez y su conexión con empresas que han recibido ayudas públicas, que dos meses después aún no han sido explicadas. Descalificas al mensajero para intentar que no se piense en el mensaje, que informa sobre hechos ciertos que han sucedido.

La idea que como Millar es de izquierda no se le debería atacar pero si es de derecha hay barra libre sin repercusiones, es una idea super perniciosa. Aparte de la locura que es no valorar una obra de entretenimiento por lo que es sino por la percepción que se tiene del creador. Si Millar es «facha» (no lo es), se intenta sugerir que nada de lo que haga podrá ser nunca «bueno». Por supuesto, nadie que se califique de izquierdas debería comprar un comic suyo, según los salvadores de la moral de las redes, y mucho menos expresar que te gusta.

Y aunque no sea el caso de Millar, en realidad ¿Qué pasa si un autor es de derechas? ¿Si el autor es de derechas no vas a comprar un comic aunque sea una pasada? Y yendo más allá con una realidad que ya está sucediendo en USA, ¿Si alguien es de derechas Marvel o DC no debería contratarle? Está pasando, mucha gente en redes sociales, incluidos algunos autores «comprometidos», están pidiendo que no se contrate a profesionales según sus ideas políticas. Y no hablo de comicgaters, sino de autores normales que simplemente no se quieren significar políticamente. El fanatismo que está creciendo en las sociedades occidentales me parece terrible, es algo que no es sano ni deseable.

Por suerte, el mundo real no es así. Todos conocemos a gente en el trabajo, en nuestro círculo de amigos, etc… con diversas opiniones sobre cosas con las que yo posiblemente no esté de acuerdo. Pero a nadie se le ocurre decir «no le hablo porque vota a X». En el mundo real la gente normal no entendemos de blancos y negros absolutos, que es lo que parece que se intenta imponer en las redes sociales. Y justo porque la realidad es compleja, se puede expresar que los comics Marvel están en su peor momento creativo en décadas y eso no convierte a Millar o quien lo diga en un «comicgater». (Por cierto, aunque no es el momento, el uso del calificativo «comicgater» para señalar a autores también daría para un artículo). Hace unos meses, mostrar Millar su apoyo a un librero que expresó su opinión en un video y que fue objeto de una vergonzosa burla, acoso y una descalificación en redes sociales, algunas de las cuales fueron realizadas por autores de comic, también le valió a Millar ser calificado de todos los colores por miembros del lado «progresista» del mundo del comic. El acoso está mal, lo haga quien lo haga. Incluso si lo hace alguien que dice ser «progresista». No hay nada de progresista en acosar y denigrar a alguien por opinar distinto a ti.

Y vuelvo a una idea clave para mi. Que Millar sea de izquierdas, derechas o centro tendría que dar igual para poder valorar y disfrutar de los comics que realiza. Mark Waid creo que es el mejor escritor de pijameo ahora mismo debido a su maravilloso Batman – Superman: World´s Finest con Dan Mora, y se ha significado en muchas ocasiones en redes sociales de formas no siempre positivas. Y de igual forma, si Los 4 Fantásticos de Dan Slott me parecieron aburridísimos, no es por la opinión que tengo de Slott como persona, que en realidad no tengo ninguna, sino por lo que este comic me ofreció. Algo que entiendo que es lo que debería ser lo normal en un mundo normal.

Obviamente, no nací ayer. Y como llevamos viendo desde hace años, empezando con Woody Allen, las cancelaciones de gente de la cultura y el entretenimiento buscan la muerte social y profesional de la persona puesta en el punto de mira. El tristísimo suicidio de Ed Piskor (al que entre otras cosas también se le calificó de «comicgater» sin serlo, algo que en realidad era lo menos grave) muestra una persona desesperada que sabe que una vez te han acusado de ser un «agresor sexual» ya no hay vuelta atrás aunque sea una acusación falsa y sin fundamento, profesionalmente te has convertido en un apestado. Warren Ellis también ha aprendido que no hay expiación posible a tus pecados da igual las disculpas que expreses y los cursos que hagas, vas a ser material tóxico años y años, y más en una industria pequeña y asustada como es el mundo del comic americano. Y son ejemplos que quedan muy lejos de esto de Millar, que sigue siendo un autor de gran éxito con su sello Millarworld. Pero cada vez que se asocia el término «FACHA» a Millar (o a quien sea), se busca destruir profesionalmente a esa persona.

Otra reflexión que me viene a la cabeza viene referida a que el mundo de la cultura y el entretenimiento es mayoritariamente progresista y/o de izquierdas. Creo que eso es indudable. Y dentro de esta realidad, un lector / espectador de derechas hemos disfrutado toda la vida obras que podían o no encajar con nuestras opiniones en determinados ámbitos. Que una película sea de Almodóvar (por poner un ejemplo) no me impide disfrutarla cuando conecta con mis gustos, como me pasa con ese peliculón que es Todo sobre mi madre. Y si no me gusta una película no tiene nada que ver con si me gusta o no la persona, es que no he conectado con la historia, el tono o lo que sea. Como digo, la gran mayoría de gente normal de derechas estamos abiertos a leer puntos de vista de todo tipo, lo llevamos haciendo toda la vida, aceptando la posibilidad de aprender o expandir nuestros conocimientos. Y emocionándonos con obras de creadores con los que igual no coincido en temas políticos.

Sin embargo, en los últimos años estoy detectando un número cada vez mayor de personas de izquierda que están tan acostumbrados a consumir / escuchar / leer / comprar sólo productos «de su cuerda» que NO aceptan puntos de vista diferentes a los que ya tiene. La posibilidad de ampliar conocimientos o incluso poder cambiar de opinión ante nuevos hechos o conocimientos parece un anatema para ellos. En teoría se pide que haya más variedad de contenidos, siempre dirigido al ámbito identitario, pero cuando se estrena una película como Sound of freedom ponen el grito en el cielo, llegando a expresar su queja sobre que se estrene una película interpretada por un actor que es ultra religioso y de derechas. Aunque la película fuera super inofensiva políticamente hablando. Esto se lleva viendo desde hace años en las universidades americanas, en las que no se pueden tocas determinados temas que puedan «ofender» a los estudiantes.

En el mundo del consumo y del entretenimiento, me da la sensación que los espectadores de derechas somos muchísimo más tolerantes con todo tipo de ideas, en contraposición con una izquierda más dedicada a la cancelación de lo que no les gusta que a escuchar voces contrapuestas como forma de poder crearte tu propio punto de vista. Y no es algo que vea que vaya a ir a mejor, más bien al contrario, viendo la polarización que se está provocando en nuestra sociedad. Esto es algo que hace unos años sólo escuchabas a extremistas, pero que cada vez veo más en gente «normal», que se están creyendo y haciendo suyo un argumentario terrorífico que no debería aceptarse en una sociedad democrática. Pero claro, cuando un presidente de gobierno expresa en su discurso de investidura que no aspira a gobernar para todos los españoles sino a levantar un muro contra el 50% de la población, cómo no van a permear esas ideas a una parte de la sociedad.

Justo porque el mundo real está cada vez peor, no quiero que en los pocos ratos que tengo para mis hobbies y mi entretenimiento me vengan autores mediocres a colarme panfletos políticos infumables. Panfletos que se limitan a hablar de ellos mismos y sus castañas identitarias en lugar de pensar en como se comportarían y actuarían personajes con más de 60 años de vida. Y ya de crear historias entretenidas ni hablamos. Porque lo importante es que mensaje sea «importante», que sea legible es totalmente secundario. Para eso que no me busquen.

Si tengo que poner mi cartera donde pongo mis opiniones, cada vez me lo ponen más difícil para poder seguir comprando comics de Marvel o DC. Por suerte, siempre me queda mi comicteca, no me acabo todos los comics que ha comprado en los últimos 40 años. Y la nueva hornada de comics del ámbito indy como los que está realizando Robert Kirkman en su sello Skybound, entre otros. No voy a dejar de leer, pero probablemente cada vez menos de las dos grandes, que al final son empresas dentro de grandes conglomerados empresariales del entretenimiento que buscan el beneficio, no agradar a un lector veterano como yo.

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