Crítica de Shorta. El peso de la ley, de Frederik Louis Hviid y Anders Ølholm

Como no sólo de cine norteamericano vive el cinéfilo, me he animado a ver Shorta, película danesa escrita y dirigida por Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid que busca ser un análisis de las tensiones raciales que vive el pais y de la brutalidad policial, convertido en un thriller que no deja un segundo de respiro.

PUNTUACIÓN: 7/10

En la Dinamarca actual, una sociedad multicultural, segregada y llena de tensiones raciales, Talib, un joven inmigrante de segunda generación, entra en coma estando bajo tutela policial. Mientras los agentes de policía Høyer y Andersen hacen una patrulla rutinaria por el gueto de Svalegarden se anuncia la muerte del joven, noticia que desata violentos disturbios en el vecindario, que se convierte en un infierno sin salida para los agentes.

Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid son los guionistas y directores de este thriller de acción danes, que supone una más que interesante opera prima. La película cuenta con fotografía de Jacob Møller, montaje de Anders Albjerg Kristiansen y música de Martin Dirkov.

Los agentes Høyer y Andersen protagonistas están interpretados por los impecables Jacob Lohmann y Simon Sears, mientras que  Tarek Zayat es el joven Amos Al-Shami detenido por los policías que se convertirá en protagonista involuntario de su intento de sobrevivir a una noche infernal.

Shorta es una palabra árabe que significa “policía”. En ese sentido, se nota que una parte importante de la idea de esta película, que en cierto sentido bebe de clásicos como Asalto a la comisaría del Distrito 13 o Training day, es mostrar como cada una de las partes enfrentadas, policías por un lado y jóvenes de origen árabe por otro, ven al contrario, con una visión repleta de prejuicios que hace que el conflicto sea inevitable.

La película empieza con la policía danesa haciendo un “George Floyd” a un joven árabe. Así que no hay duda que para los directores, el racismo y la violencia policial son un problema importante también en Dinamarca. A partir de ahí, los protagonistas son dos policías casi opuestos que fueron testigos del hecho y tienen que testificar ante asuntos internos, lo que nos anticipa una clásica historia de “poli bueno, poli malo”. Su patrulla por el gueto de Svalegarden cuando se anuncia la muerte del joven les convierte en víctimas inesperadas de la violencia, y todo gira en su intento de sobrevivir a la noche en este ambiente hostil. Sin embargo, los directores nos muestran también que no son víctimas inocentes, porque justo antes estaban sobrepasándose con un joven al que acaban deteniendo.

Lo mejor de la película es el ritmo frenético de Shorta y los estallidos de violencia que siempre llegan de forma inesperada y brutal. Para ser su opera prima, los directores Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid se muestran como unos directores depurados que saben crear una tensión creciente alrededor de los protagonistas. La película dura 110 minutos que son como un polvorín que sabes que está a punto de estallar pero no sabes cuando lo hará.

Otro elemento interesante es la forma en que los directores hacen que las situaciones obliguen a los policías a evaluar sus valores morales y cómo no existen soluciones perfectas en blanco y negro, ya que todo está envuelto en unos grises cada vez más complejos. En el ghetto hay gente violenta y también criminales que aprovechan la menor oportunidad para generar el caos. Pero también hay gente buena que ayudan a desconocidos porque es lo correcto. Las interpretaciones de todo el reparto me han gustado mucho y creo que dan con la clave justa de lo que la película necesita, en especial los policías interpretados por Jacob Lohmann y Simon Sears cuya vida entera y conjunto de valores morales van a ser puestos a prueba de forma brutal durante esta noche de ira.

En general, Shorta me parece una película super interesante que realiza un estupendo ejercicio de estilo que sin duda va a hacer que, si ellos quieren, los grandes estudios les ofrezcan la posibilidad de dar el salto al cine de gran presupuesto americano. Sin embargo, hay varios elementos que no me han cuadrado de la película. A partir de ahora entro en territorio de spoilers ¡estáis avisados!

Por un lado, la ubicación espacial de la acción me ha generado un problema a lo largo del visionado. Se nos dice que los policías están en un ghetto del que sólo hay una salida, pero eso no acaba de ser del todo cierto al final. Además, los protagonistas de mueven de forma aleatoria y no llegas a entender las motivaciones de lo que están haciendo y de donde se dirigen, más allá de ponerse a salvo. Que por ejemplo se dirijan a casa de Amos y una vez allí, literalmente justo fuera del portal se marchen resulta totalmente incomprensible e hizo que saltara mi suspensión de credulidad. Sobre todo cuando justo a continuación Andersen sí llegue a casa de la madre de Amos de forma milagrosa (y totalmente tramposa, también hay que decirlo). Entendiendo a la vez que si llegan, se acaba la película, la ejecución de ambas escenas me parece tramposa y ridícula. Al igual que un intento de rescate de la policía con un coche sin marcas que es abortado por jóvenes con cócteles molotov. Mi sensación fue otra vez de una escena mal construida, ya que si están casi fuera del ghetto y los policías van armados, ¿por qué no tiran para allí, no están casi saliendo del barrio? Como digo, al no tener claro la ubicación, varios momentos no me acabaron de funcionar.

Dentro que como thriller de tensión me ha gustado, cuando pienso en el mensaje que nos lanzan, no podría estar más en contra. Y es que justo tras el Black Lives Matter!, tenemos un película en la que claramente los policías son los villanos y los que provocan los acontecimientos, de forma que de alguna manera se merecen lo que les va a pasar. Usar un “George Floyd” para matar a un detenido me parece chabacano y simplista a más no poder, y me rompe con la idea de una película “seria” que intente tocar un tema complejo de forma ¿imparcial?, al trazar los directores su línea en la arena y colocar a la policía en el lado de los malos desde el minuto cero.

De hecho, a pesar del “poli bueno – poli malo” al que aludía antes, la película nos indica que el poli bueno también es malo, porque podría haber actuado y no lo hizo, quedándose mirando mientras alguien moría. Aunque los protagonistas sí tienen valores morales diferentes y ahí si hay un elemento interesante, el shock final no acaba de impactar (a mi no me impactó) porque está telegrafiado y se ve a la legua, ya que refuerza el tema central que TODA la policía es el problema. Que justo una película europea se una a la campaña “Defund the police” que vimos en Estados Unidos en 2020 me parece una lección peligrosísima, ya que tengo claro que siendo imperfecta, la policía es la mejor (única) opción de las sociedades modernas de defender el orden y la paz. Sin policía, lo que habría es aún más caos, vandalismo y destrucción, y yo no quiero eso y me sorprende ver una película que nos traiga ese mensaje aunque sea en segundo plano, al dejar claro que toda la policía es mala, racista y violenta.

Comparto el trailer de la película:

Shorta es un buen thriller que me parece super interesante incluso reconociendo que no he encajado con algunos elementos de la historia que entran en los conceptos de lo políticamente correcto actual.

PUNTUACIÓN: 7/10

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