Crítica de Minari, de Lee Isaac Chung

Tenía cierta curiosidad en ver Minari, la película del director Lee Isaac Chung que se ha convertido en una de las grandes sorpresas de los Oscars de este año al conseguir 6 nominaciones entre las que se encuentra Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor. Tras verla, lamento no compartir el estusiasmo ante este slice-of-life.

PUNTUACIÓN: 6,5/10

David, un niño coreano-americano de 7 años, ve cómo a mediados de los años 80 su vida cambia, de la noche a la mañana, cuando su padre decide mudarse junto a toda su familia a una zona rural de Arkansas para abrir allí una granja, con el propósito de lograr alcanzar el sueño americano. (FILMAFFINITY)

Lee Isaac Chung (1978) es un director de cine y guionista estadounidense. Su ópera prima Munyurangabo (2007) fue Selección Oficial en el Festival de Cine de Cannes de fue el primer largometraje en kinyarwanda (un dialecto de Ruanda). También dirigió los largometrajes Lucky Life (2010) y Abigail Harm (2012). Con Minari ha ganado el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público en el Festival de Cine de Sundance 2020 y recibió numerosos premios y nominaciones importantes, incluido el Globo de Oro a la Mejor Película en Lengua Extranjera.

La película se estrenó en el pasada Festival de Cine de Sundance el 26 de enero de 2020, ganando tanto el Premio del Gran Jurado de Drama como el Premio del Público. La película obtuvo seis nominaciones a los Oscars de este año: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Original, Mejor Actor por Yeun, Mejor Actriz de Reparto Youn Yuh-jung (único galardon de la película) y Mejor Banda Sonora Original. También ganó el Globo de Oro a la Mejor Película en Lengua Extranjera, fue nominada para el Premio del Sindicato de Actores por Mejor Actuación de un Elenco en una Película, y obtuvo seis nominaciones en la 74a edición de los Premios de Cine de la Academia Británica, incluida la Mejor Película fuera de Idioma en Inglés.

Lee Isaac Chung dirige esta película de gran contenido autobiográfico, que tiene fotografía de Lachlan Milne y música de Emile Mosseri.

En el reparto de Minari destaca Steven Yeun (Glenn de The Walking Dead) como Jacob Yi, el padre de la familia empeñado en crear una granja que permita salir adelante a su familia de inmigrantes coreanos en la década de los años 80. La actriz coreana Han Ye-ri interpreta a su mujer Monica que lamenta el traslado de la familia de California a Arkansas. Sus hijos son David (Alan Kim) y Anne (Noel Kate Cho). La veterana actriz coreana Youn Yuh-jung, conocidísima en Corea pero desconocida en Estados Unidos, interpreta a la madre de Monica, Soon-ja, que viajará a la granja para cuidar de los niños. El único personaje no coreano de importancia en la película es Paul, un trabajador de la granja un tanto retrasado o descerebrado, interpretado por Will Patton.

Un primer elemento que debo comentar es que fui al cine a ver Minari con mi mujer y la única versión disponible era la versión doblada al castellano, por lo que me perdí todos los matices que en la versión original aporta ver una película americana en la que durante una importante parte del metraje hablan en otro idioma, el coreano natal de esta familia. Esto creo que es un gran pero a la hora de valorar la película porque resta uno de los aspectos que entiendo han jugado en la unánime aclamación de la película, que es el identitario, al mostrar la vida de una familia coreana-americana, una comunidad que ha sido sistemáticamente ninguneada en el cine comercial americano.

De hecho, aparte del conocido actor americano Steven Yeun de origen coreano, el director Lee Isaac Chung planteó desde el comienzo de que el casting tanto de Monica como de su madre Soon-ja lo interpretaran actrices coreanas, no americanas-coreanas, que podrían reflejar mejor la dificultad de encajar en una tierra diferente a la suya con otras costumbres e idioma.

Entrando en los elementos positivos, Minari engancha gracias a unos personajes que se sienten todo el tiempo reales. El elemento autobiográfico está perfectamente reflejado y la familia Yi transmite verdad por los cuatro costados. Me gustan todos los actores, pero sobre todo la relación del niño David (Alan Kim) con su abuela Soon-ja (Youn Yuh-jung) es para mi lo mejor de la película. Por contra, dentro que lo hacen bien, ni Steven Yeun como el cabeza de familia Jacob ni Han Ye-ri como su esposa Monica están igual de bien probablemente porque les veo demasiado monotemáticos en su interpretación, concentrado el primero en sacar adelante su granja olvidando a su familia y estando siempre preocupado, y ella siempre sufriendo porque no quiere vivir en una granja y en un matrimonio en el que ya no queda amor por motivos nunca explicados en la película.

Técnicamente, la película transmite lo que es la vida en una granja en mitad de la nada, con una fotografía naturalista estupenda y unos paisajes reales alejados de las imágenes bucólicas del campo perfecto que no existe en el mundo real. Este detalle, el del realismo, me parece muy interesante, empezando por el guión de Lee Isaac Chung. Alejado de los aspectos identitarios que maquillan la realidad en busca de una sororidad racial, la película muestra que justo son otros coreanos los que “putean” a la familia cuando el padre busca vender sus hortalizas coreanas en los mercados cercanos. Una familia que, por lo visto en la película, evita en general en contacto con los habitantes del pueblo cercano y mantiene una actitud mayoritariamente reservada hacia sus vecinos.

Realmente, la película ofrece justo lo que se espera de ella. El problema para mi viene por el propio concepto de “slice-of-life”, en el que nos enseña detalles de una vida rural en la que no acaba de pasar nada interesante durante los 114 minutos de metraje. No me malinterpretéis, conecto con la familia y me gustan todas las interpretaciones, pero las cosas que les suceden en la granja son las que son y no acaban de interesarme. Y si, se que el mundo real es aburrido y no existen los grandes clímaxes cinematográficos, pero eso no quita que a la historia en mi opinión, le falta punch por todas partes.

Por no hablar del no-final con el que termina la película. De nuevo, está claro que en la vida real no hay finales y mucho menos los finales felices, pero eso no debería servir de excusa para terminar de cualquier manera una película que, al final, es una narrativa audiovisual. No sólo esto, el guión en esta parte final es inconsecuente con lo mostrado justo antes, en uno de los momentos claves emocionales para el matrimonio Yi. Tras vivir ese momento emocional, Monica expresa su determinación de hacer algo, pero pasamos a un final en que eso no sólo no sucede sino que pasa lo contrario sin explicar qué provoca el cambio en Monica. lo que me ha supuesto un enorme problema narrativo que no puedo dejar de comentar. Si este salto de lógica lo hubiéramos visto en una película de superhéroes, no tengo dudas que se la hubiera puesto a caldo, por eso no entiendo porque esto se acepta con naturalidad en Minari y, en general, en todo el supuesto cine “serio”. Es incomprensible.

Las opiniones son como los colores, hay muchísimos y cada uno tiene el suyo que es su favorito. En mi opinión Minari, que por cierto es el nombre de una planta del sur de Asia que la abuela Soon-ja trae de Corea y plantan en la granja, es una más que correcta película que realmente lo hace todo bien. Sin embargo, no me puedo creer todos los premios y nominaciones que está consiguiendo y que no se justifican por la calidad de la película, su historia y interpretaciones. Para Minari, la ola identitaria racial que recorre los Estados Unidos desde que surgió el Black Lives Matter, ha jugado en su favor y ha hecho que una rara-avis como es esta película que muestra a una parte de la comunidad coreano-americana haya sido aclamada por la crítica.

De hecho, estoy razonablemente seguro que si en lugar de coreanos, la película narrara la mudanza de una familia blanca alemana (o mexicana) a una granja de Arkansa, por poner dos ejemplos extremos, con las mismas buenas interpretaciones, hablando sus idiomas autóctonos, con una buena fotografía, etc… la película difícilmente se hubiera estrenado en cines y mucho menos hubiera recibido esta aclamación. Y eso reconociendo que la película está bien y si triunfa por algo, es por acertar en lo que pretendía, poner de relieve que existen más identidades en los Estados Unidos que los blancos, afroamericanos o hispanos.

Comparto el trailer de la película:

Minari es una buena película, pero no tan buena como todos los premios que ha conseguido indicaría. En todo caso, sabiendo lo que se va a aver, la película no dudo que va a encontrar un público que seguro disfruta con los slice-of-life.

PUNTUACIÓN: 6,5/10

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