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Oats Studios de Neill Blomkamp (Netflix)

Netflix ha estrenado casi por sorpresa unos interesantes cortometrajes dirigidos por el director sudafricano Neill Blomkamp en su estudio Oats Studios.

PUNTUACIÓN: 7/10

El director Neill Blomkamp produce una serie de cortometrajes experimentales que imaginan mundos postapocalípticos y escenarios aterradores.

Neill Blomkamp (Johannesburgo, Sudáfrica, 1979) es un director de cine y guionista sudafricano. Su cine se caracteriza por un estilo documental, cámara en mano, que utiliza efectos naturalistas y realistas generados por ordenador y una temática social. Actualmente reside en Vancouver.

El director se hizo famoso en 2009 gracias a District 9, su primera y mejor película que se convirtió en una realidad gracias a que Peter Jackson vio su cortometraje “Alive in Joburg” y se decidió a producir el largometraje. District 9 y Alive in Joburg cuentan la historia en formato de falso documental de un grupo de extraterrestres que tienen que sobrevivir en un ghetto de Johannesburgo años después del primer contacto. En esta película, Blomkamp ya muestra lo que se van a convertir en sus señas de identidad. Unas historias de ciencia ficción planteadas con una gran crítica social rodadas con cámara en mano al estilo documental que combinan de manera brillante numerosos efectos mecánicos reales con otros generados por ordenador. La película fue un éxito de crítica y público, siendo nominada a los Oscars de 2010 en las categorías de Mejor Película, Mejores Efectos Visuales, Edición y Guión Adaptado.

Tras ella, Elysium (2013) fue una pequeña decepción. A pesar de un increíble diseño de producción, otro de sus puntos fuertes, y de una historia planteada a partir de la lucha de clases sociales en un mundo futuro en el que los pobres malviven en la basura de un mundo contaminado mientras los ricos viven es oasis en las nubes, la historia no acabó de cuajar. Contar con Matt Damon de estrella hizo que la película tuviera una buena recaudación pero sin ser el taquillazo que fue District 9. Chappie (2015) fue un intento de volver a los orígenes, en este caso con un robot que intenta sobrevivir en una Johannesburgo con muchas similitudes a la vista en District 9, y pasó bastante desapercibida.

Tras varios años en los que su nombre ha estado asociado a numerosas películas, entre otras el reinicio e Aliens o de Robocop, que han acabado en nada, Blomkamp fundó en 2017 Oats Studios, un estudio en el que poder plasmar sus inquietudes respecto a la ciencia ficción, creando unos cortos que muestren la potencia de su imaginación a los estudios de cine (y a los espectadores), a ver si volvía a sonar la flauta y alguno de estos conceptos conseguían convertirse en una película como pasó con Alive in Joburg. Son estos cortos, creados entre 2017 y 2020, los que ha estrenado Netflix este mes. Y como digo, más que “cortos experimentales” como nos vende la publicidad, lo que tenemos aquí son prácticamente unos storyboards ampliados para vender su siguiente película.

A destacar que Blomkamp ha estrenado este 2021 Demonic, película en la que combina el cine de terror con la ciencia ficción que aún no he podido ver.

Entrando al visionado de estos 10 cortometrajes, hay dos que me han parecido realmente buenos y que si parecen estar pensados para convertirse en película. De hecho, no sorprende que sean los dos primeros de esta serie mostrada por Netflix, ya que son los más potentes visualmente y desde el punto de vista de sus valores de producción, así como en lo referido a la construcción de los mundos que nos presentan:

Rakka, cortometraje de 2017 de 21 minutos escrito y dirigido por Blomkamp que cuenta con el gran de reclamo de Sigourney Weaver como protagonista. La historia está ambientada en un futuro postapocalíptico en el que la humanidad se prepara para la batalla final contra una invasión alienígena de seres reptiloides que está terraformando el planeta.

El corto muestra lo mejor del estilo de Blomkamp, con escenas super potentes visualmente, una perfecta integración de CGI con efectos prácticos como prótesis y maquillajes, y una historia que si bien no es original, al menos tiene conceptos que merecerían la oportunidad de ser desarrollados en largo metraje.

Firebase (La base militar), el segundo corto de Oats Studios también de 2017, es una locura ambientada en la guerra de Vietnam que muestra género bélico con terror y altas dosis de body-horror, cuando un soldado americano descubre que hay algo en la jungla aún más aterrador que el Vietcong. No, no es un predator.

Como si Blompkamp fuera un alumno aventajado de Cronemberg, en este corto tenemos mutaciones terroríficas en las que soldados son transformados desde el interior de su cuerpo en seres extraños con extremidades afiladas como si de insectos se tratara. En cuanto a historia, este corto es el más interesante y el que cuenta con elementos que resultan más novedosos.

Cigoto, el quinto episodio, es una historia de terror con conexiones a La Cosa de Carpenter, rodado en un ambiente claustrofóbico en el que asistimos a la huida de dos personas de una criatura alienígena mutada con adn humano que les persigue. El cortometraje está protagonizado por Dakota Fanning y en él que volvemos a ver el gusto de Blomkamp por el body-horror, al tener un monstruo gigante formado de los cuerpos de la gente que ha ido matando y asimilando, creando un gigante con 30 piernas y brazos y un aspecto general de estar sacado de nuestra peor pesadilla.

El pero de esta serie de cortometrajes estaría precisamente en que estos tres episodios están realmente bien, de hecho los dos primeros me parecen fantásticos, pero los restantes 7 son super chorras y se sienten como historias de relleno sin el impacto de estos primeros, casi creados por compromiso para recordar a la gente que el estudio seguía haciendo cosas. De hecho, que ninguno supere los 10 minutos de duración cuando estos tres primeros superaban los 20 ya indica la falta de ambición en la realización de los mismos.

Sin embargo, cuando brilla, Blomkamp brilla a un nivel altísimo, y realmente me deja con ganas de que alguna de estas dos ideas llegue a convertirse en largometraje. Si el objetivo de estos cortos era recordarnos la potencia visual de Blomkamp, está más que conseguido.

Comparto el trailer de esta serie:

Oats Studio es una irregular muestra del trabajo de Neill Blomkamp, pero sólo por los 3 mejores cortometrajes, creo que merece la pena el visionado.

PUNTUACIÓN: 7/10

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¡Saludos a todos!

El problema de Netflix con las adaptaciones de comics

A pesar de lo incorrecto de la afirmación, el mundo del comic y en concreto el comic de superhéroes siempre ha sido considerado de alguna manera el “hermano pequeño” del cine y la televisión.  Y es incorrecto porque antes incluso que Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros autores dieran inicio a la Marvel Age of Comics en 1961, los comics de superhéroes ofrecían en las páginas impresas un nivel de espectáculo, épica, ambientaciones fantásticas y acción más grande que la vida imposible de recrear en imagen real, ofreciendo un tipo de entretenimiento que el resto de medios no podía igualar.

Esto fue así durante más de 40 años, hasta que el director Sam Raimi nos mostró en 2002 a un Spiderman en imagen real que miraba de tú a tú a su versión comiquera.  El avance exponencial de la calidad de los efectos especiales no se ha detenido y la ventaja en espectacularidad de los comics respecto al cine se ha ido acortando con cada film. En 2019 se estrena Avengers Endgame y pocos podrán discutir que su batalla final es mucho más espectacular que la mayoría de las peleas que podemos encontrar en los comics. Pero para conseguir este nivel de espectáculo visual, es necesaria la inversión de enormes sumas de dinero, algo que no está al alcance de todas las producciones.

El avance de los efectos especiales desde los años 90 y sobre todo en el siglo XXI ya permiten crear cualquier cosa que un director pueda imaginar. Los comic con temática fantástica y superheroica se han convertido de esta manera en un filón de historias en las que los grandes estudios de cine invierten grandes presupuestos que suelen ser recompensados con buenos resultados de taquilla y rentabilidad.

En los últimos años los superhéroes también han saltado a la pequeña pantalla y cada vez hay más series de este género en la televisión. Las primeras series de este tipo también solían ser éxitos, a pesar de tener presupuestos menores, ya que la curiosidad que generaba el poder ver a tus personajes favoritos en imagen real suplía la falta de efectos especiales y medios. Pero cada vez hay más series superheroicas y cada vez más series fracasan en su búsqueda de audiencia debido a la saturación de contenidos que ofrecen todos los canales.

Y esto es lo que le ha pasado a Jupiter´s Legacy, la serie de Netflix que adapta los comics de Mark Millar y Frank Quitely. Como ha quedado demostrado, Netflix no es infalible y la serie ha sido cancelada tras la emisión de su primera temporada. En mi opinión este es el último ejemplo de una forma de hacer televisión que busca aprovecharse de la popularidad de las obras originales del mundo del comic, pero olvidándose en muchos casos de los motivos por los que esos comics son queridos y populares en primer lugar. Y no es un caso único. En los meses previos los lectores de comics sufrimos numerosas decepciones con las adaptaciones a imagen real de comics muy queridos como The Umbrella Academy (comic creado por Gerard Way y Gabriel Bá) o Locke and Key (de Joe Hill y Gabriel Rodríguez), entre otros muchos.

El primer y más obvio motivo de queja es que el comic es ante todo un medio visual en el que el lector disfruta de la acción espectacular que viven los personajes. Partimos que trasladar las aventuras y peleas de seres super poderosos a imagen real resulta muy caro, en caso de que quiera hacerse bien. Y excepto casos muy puntuales como el final de Juego de Tronos, The Mandalorian o las series de Marvel Studios estrenadas en Disney+, las cadenas de televisión no tienen a su disposición150-200 millones de dólares para producir una serie de televisión. De forma que lo que en los comics es un despliegue de imaginación y acción más grande que la vida, en las adaptaciones a la pequeña pantalla quedan convertidos en sitcoms con cabezas parlantes que ocupan el 90% del metraje del episodio, repletos de diálogos redundantes que repiten situaciones que funcionarían mejor con una imagen potente.

Esa limitación presupuestaria acaba convirtiendo las historias superheroicas en dramas en los que los personajes verbalizan sus sentimientos y la trama avanza a partir de dichos diálogos, no de la acción que se supone deberían mostrarnos. Casi parece que Netflix sabe que los espectadores durante los fines de semana tenemos la televisión puesta mientras limpiamos, cocinamos o hacemos labores de la casa, por lo que la sensación que están creando “series para escuchar” aumenta con cada nuevo visionado decepcionante.

La prueba del algodón para separar las buenas series de televisión del fast-food es muy sencilla: ¿Cuánto tiempo pasan estas series en las mismas tres localizaciones? ¿Cuánto metraje se destina a conversaciones rodadas en plano-contraplano genéricos? Cuando ves The Mandalorian o Wandavision, es imposible despegar los ojos de la pantalla porque las imágenes son las que cuentan la historia y consiguen que a los espectadores nos interese lo que está sucediendo. Con Jupiter´s Legacy, puedes tender la ropa o poner el lavaplatos y no te pierdes nada esencial porque los personajes verbalizan las situaciones y convierten lo que debería ser especial en mundano y sin chispa.

Esto por supuesto es todo lo contrario de lo que debería ser, y acaba generándose una sensación pobre, de un producto que no está a la altura del original. Si hay una constante que debería ser obligatoria es la aventura y el espectáculo. Y lamentablemente, cada vez es más habitual ver una serie con capítulos de 50 minutos en los que la falta de presupuesto hace que sólo muestren una única escena de acción y efectos especiales por episodio.

Existe otro problema añadido que es el de las escenas de acción. Te gustarán más o menos, pero son algo consustancial al género y no rodarlas bien transmite un feeling mediocre. Puestos a tener que mostrar acción espectacular, querer rodarla bien debería ser lo más importante para los productores y creativos, y sin embargo habitualmente se nota que se plantea como un trámite que hay que despachar de la forma más mecánica, impersonal y barata posible, copiando la película de moda en ese momento. Por ejemplo, John Wick.

Otro de los elementos fundamentales que explica las diferencias entre las series de televisión y los comics es la capacidad de síntesis. En las 20 páginas mensuales del comic los autores tienen que condensar las escenas más potentes y los mejores diálogos que ayuden a contar la historia, con la obligación añadida de dejar a los lectores con ganas de volver a comprar el comic el mes siguiente gracias a unos cliffhangers que son otro elemento consustancial del medio. Sin embargo, cuando ves que un comic de 6 números que se lee en 30 minutos se intenta convertir en una serie de televisión de 8-10 episodios  y al menos 45/50 minutos de duración, ya puedes intuir que la cosa no puede acabar bien.

El virus “Lost” es otro problema que aqueja a una parte de la narrativa televisiva de género. Debido a la influencia de la histórica serie creada por Damon Lindeloff, las series dividen en dos sus historias, una mitad en el presente de los personajes y la otra en un pasado que explica su origen y los posibles problemas emocionales que sufren, y que debería servir para dar pistas del misterio al que se enfrentan. Realmente esta técnica narrativa es correctísima si se utiliza bien, pero lamentablemente en los casos a los que me refiero su mala utilización hace que las historias queden partidas en dos y ninguna de las dos contiene elementos interesantes que me apetezca saber cómo terminan.

Netflix cambió el paradigma televisivo con su concepto de “binge-watching” o estrenar sus series en su totalidad el día del estreno para permitir que los espectadores puedan verse la serie entera en modo maratón. Al principio, poder ver series como House of Cards o la primera temporada de Daredevil se convirtió en un vicio tremendamente adictivo. Pero lo que antes era un acontecimiento ha mutado a una saturación de contenidos en los que Netflix estrena cada semana varias series y películas simultáneamente que hace imposible estar al tanto de todo. Mucho menos verlo.

La sensación de “serie de la semana” y que a Netflix le da igual qué serie emite mientras sigamos conectados, genera una sensación “montonera” e intercambiable en la mayoría de sus estrenos recientes de fantasía y género superheroico. Con el añadido (a peor) que en Disney+, Prime Video o HBO el estreno semanal ayuda a que el boca a boca de los espectadores genere interés por su estreno, de forma que las audiencias en muchos casos crecen semana a semana a medida que se va emitiendo. Sin embargo, Netflix prácticamente sólo promociona una serie o película la semana de su estreno y, excepto pelotazos puntuales, pasan a segundo término casi inmediatamente ante la necesidad de promocionar el estreno de la semana siguiente, con lo que el posible impacto que pudiera tener se reduce, quedando oculto entre el propio catálogo. Jupiter´s Legacy se estrenó en Mayo y a los 15 días nadie se acordaba de ella. Loki terminó en Julio y aún seguimos analizando las consecuencias de lo que ha sucedido en esa serie y sus repercusiones en el MCU.

Y esto no quiere decir que Netflix no tenga series muy disfrutables, El Método Kominsky o Gambito de Dama por ejemplo me han encantado. Pero en lo referido a adaptaciones en imagen real de historias nacidas en el mundo del comic, la cadena de streaming está mostrando una preocupante falta de calidad y personalidad.

La personalidad, o la falta de ella, es otro problema recurrente en estas adaptaciones de Netflix. Los comics reflejan ante todo la personalidad de sus autores, y no se entiende Locke & Key sin la imaginación oscura de su dibujante Gabriel Rodríguez o Jupiter´s Legacy sin el poderío visual de Frank Quitely y los golpes de efecto de Mark Millar. Sin embargo, cuando se estrenaron las series de televisión, buscando un producto que pueda gustar a un público mayoritario de todas las edades eliminaron precisamente todo lo que hacía especial el comic, consiguiendo unos personajes planos y un aspecto visual mediocre, que casi podría intercambiarse con el de otras series de la cadena.

Quizá lo primero que habría que pedir a Netflix es que si realmente quieren seguir produciendo series basadas en comics de superhéroes o de temática fantástica, que inviertan en ellas para que luzcan de la mejor manera posible. Pero no es sólo cuestión de dinero, también influye la calidad de los profesionales contratados y si realmente son fans del género y conocen qué es lo que hace que la historia sea especial, o estamos ante alguien con un contrato “alimenticio” al que le da igual hacer esto mientras le paguen y probablemente estuviera más a gusto en otro tipo de historias.

También es importante recordar que el aspecto visual por supuesto es importante, pero lo es incluso más crear historias potentes que resalten los valores que poseen los personajes. Superman o el Capitán América no han sobrevivido 80 años desde su creación por lo llamativo de sus uniformes o sus poderes, sino por el carisma y la personalidad que han transmitido a varias generaciones de lectores que queremos seguir leyendo sus aventuras, porque nos interesan Clark Kent y Steve Rogers.

Lamentablemente, mientras la política de Netflix siga siendo la de inundar la parrilla de novedades en lugar de cuidar cada uno de sus estrenos, no veo un final feliz a la vista. Si mantienen esta tendencia y no saben crear personajes interesantes que se enfrenten a amenazas originales con historias visualmente atractivas, tal vez sea mejor seguir disfrutando de los superhéroes en su medio natural, el comic.

**Escribí este texto el pasado mes de junio para la revista – fanzine El Colmo editada en Alcora (Castellón). Problemas de producción han provocado que la revista aún no haya sido publicada por lo que, debido el tiempo transcurrido, he decidido compartirlo en el blog para que llegue a más lectores y no se pierda. Espero que os guste.

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¡Saludos a todos!

Crítica de Misa de Medianoche de Mike Flanagan (Netflix)

La nueva serie de televisión de Mike Flanagan (The haunting of Hill House, Doctor Sleep) se ha convertido en un auténtico acontecimiento para todos los fans del terror, y me alegra poder comentar que Misa de Medianoche (Midnight Mass), estrenada en Netflix, no decepciona.

PUNTUACIÓN: 8/10

CRÍTICA SIN SPOILERS.

Miniserie de TV (2021). 7 episodios. Una comunidad al borde de la extinción y ávida de fe recibe la llegada de un carismático sacerdote, que trae consigo milagros, misterios y un renovado fervor religioso.

Mike Flanagan se ha convertido en uno de los grandes nombres del terror actual. The Haunting of Hill House, Gerald s Name, The Haunting of Bly Manor y Doctor Sleep conforman una obra envidiable a la que ahora se suma esta Misa de Medianoche.

Misa de Medianoche está creada, producida, dirigida, montada y escrita por Mike Flanagan, esto último con la colaboración de James Flanagan, Jeff Howard, Dani Parker y Elan Gale. Aunque tiene muchas conexiones con la obra de su amado Staphen King, estamos ante una idea original suya que plantea una historia más orientada hacia el drama psicológico que al terror más al uso. Para esta serie, Flanagan cuenta con Michael Fimognari como director de fotografía y con The Newton Brothers en la música, con los que ya ha colaborado en obras anteriores.

También resulta interesante comprobar cómo Flanagan repite con varios actores que ya han aparecido en Hill House o Bly Manor. Empezando por su esposa Kate Siegel, que interpreta a Erin Greene, una joven embarazada que vive en la pequeña comunidad de Crocket Island, Rahul Kohli, que interpreta al Sheriff Hassan, un padre musulman que es mirado con suspicacia por muchos de los vecinos, y Henry Thomas como Ed Flynn, un marinero del pueblo, padre de Riley y Warren.

Junto a Kate Siegel, los grandes protagonistas de Midnight Mass son Zach Gilford como Riley Flynn, un joven amigo de la infnacia de Erin que regresa a Crockett Island después de pasar cuatro años en prisión por un accidente por conducir ebrio, Samantha Sloyan como Bev Keane, una miembro de la Iglesia de San Patricio y figura influyente en la comunidad, Annabeth Gish como la Dra. Sarah Gunning, la doctora local de la ciudad y amiga cercana de Erin, y el descubrimiento de Hamish Linklater como el padre Paul Hill, el enigmático nuevo sacerdote de la iglesia de San Patricio, que llega para reemplazar temporalmente al anciano Monseñor Pruitt.

Midnight Mass es una serie de siete episodios de una hora aproximadamente. Este número de capítulos un tanto extraña me sugiere que Flanagan ha podido contar la historia que ha querido al ritmo más adecuando, siendo estas siete horas la duración que él estima la adecuada. Con lo que estoy de acuerdo.

Misa de Medianoche es una seriaza que no te puedes perder. Como comentaba antes, más que una historia de terror, Mike Flanagan plantea su historia como un drama de personajes que intentan entender su lugar en el mundo, además de un interesante estudio de la línea que separa la fe religiosa del fundamentalismo más extremo. Con unos diálogos increíbles y unas escenas en las que todo lo que cuentan tiene importancia en la resolución de la historia, esta serie puede ser el mejor guión de Flanagan de los que ha realizado hasta la fecha.

Los personajes de esta serie me parecen maravillosos. Las conversaciones que comparte Riley Flynn con el Padre Hill o con su amiga Erin Greene me parecen algunos de los momentos más interesantes y profundos que he visto en televisión este año, mientras hablan de la vida, la muerte, la fe, la culpa o la posibilidad de expiar los pecados del pasado y la existencia de los milagros en el mundo real. También los sermones del padre Hill desde el púlpito son de los que dejan poso y te hacen querer analizar bien las ideas que nos lanzan a los espectadores.

Los habitantes y la propia isla de Crockett Island son elementos con gran importancia en la serie, y ayudan a dar el toque de verosimilitud que la serie necesitaba. Y sobre todos ellos se alza la tremenda Bev Keane, la beata que existe en todos los pueblos pequeños que es más integrista y radical que el propio cura local, y que ofrece momentos terribles si pensamos que realmente existe gente así en el mundo real. Gente que piensa que está bien quemar a pecadores o que ella/ellos pueden ser una raza elegida que de alguna forma están por encima de los que para ellos son diferentes.

Técnicamente, la serie me ha parecido una pasada. Con largos planos secuencia, una fotografía estupenda y una música que nos mete completamente en la historia, en la tensión de cada momento y en las numerosas liturgias religiosas, todo me transmite que estamos ante una de las producciones televisivas del año. Acorde con la temática de drama, Flanagan imprime un ritmo lento, pero jamás aburrido, que ayuda a que empaticemos con todos los habitantes del pueblo, en especial con aquellos que más errores han cometido.

No quiero chafar el enorme giro de la serie, pero sólo comentar que la forma en que Flanagan conecta el elemento religioso y los milagros que sucederán en el pueblo con uno de los mitos más clásicos del terror me ha volado la cabeza porque no lo esperaba para nada y me ha parecido brillante. Además, dentro que como digo es más drama que historia de terror, hay algunos momentos super tremendos y algunos personajes sufren unas muertes injustas que me dolieron mucho.

La serie tiene sorpresas impactantes, toca temas interesantes y transmite el amor que sienten los personajes, encuentro que la parte emocional la tienen más que bien cubierta.

Una vez he comentado lo mucho que me ha gustado Misa de Medianoche y que te recomiendo que veas la serie si estas suscrito a Netflix ¿hay alguien que no lo esté?, también tengo que reconocer que Flanagan en mi opinión no acierta el final. Y me va a resultar difícil justificarlo, porque los arcos de los principales personajes sí creo que están bastante bien desarrollados, pero sin embargo, la tensión que se acumulaba no estalla en un climax, sino más bien en un anticlimax.

Anticlimax si hablamos de la amenaza en la sombra, pero también en lo referente a los viajes vitales de varios vecinos que simplemente se apagan sin más. La presencia de un elemento sobrenatural es tomado como la prueba irrefutable de la existencia de Dios, cuando es en realidad otra cosa más oscura. Eso es un giro interesante a lo que hubiera podido ser una historia trillada de locos en un espacio pequeño, pero al final no acaba de ser explotada, y no cabe duda que a pesar de todo los habitantes del pueblo conservan su fe al final. Imagino que esto es una idea consciente de Flanagan de alejarse los típicos finales del género de terror, pero la forma en que las cosas pasan y de repente fin no se si me ha encajado.

Como tampoco que después de tantos análisis religiosos, al final no sepamos qué enseñanzas han aprendido los protagonistas, si es que han aprendido algo. Lo cual resulta curioso, porque frente a la dicotomía entre fe religiosa y confianza en la existencia de algo más allá de la muerte y ser ateo porque no hay nada más, finalmente la historia parece que se decanta por la primera opción.

Como historia de alarma hacia los integrismos que convierten ideas de fe y amor en excusas para el apocalipsis, creo que funciona razonablemente bien. Pero quizá me dejó la sensación que frente a la complejidad de todos los protagonistas, la beata Bev es quizá la más acartonada y peor planteada debido a su unidimensionalidad. Lo que es una pena.

En todo caso, que no me haya cuadrado ese final no significa que no haya disfrutado mucho con esta Misa de Medianoche. Y en este caso, creo que el estreno en Netflix le va de maravilla a la serie, ya que su ritmo pausado igual hubiera provocado que mucha gente no acabara de verla en caso de haber estrenado episodios semanalmente. En mi caso, vi la serie en tres bloques de tres, dos y dos episodios, y pude disfrutar de la opción de ser yo el que marcaba los ritmos del visionado.

Comparto el trailer de la serie:

Me encanta Mike Flanagan y Misa de Medianoche para mi es un triunfo. No puedo recomendarla más.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Cuentos al caer la noche de David Yarovesky (Netflix)

Con producción de Sam Raimi, Cuentos al caer la noche dirigida por David Yarovesky estrenada en Netflix, es una estupenda película para introducir a los niños al cine de terror con una fantasía oscura muy disfrutable.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

Cuando Alex (Winslow Fegley), un chico obsesionado con las historias de miedo, es encerrado por una joven bruja malvada (Krysten Ritter) en su moderno apartamento de Nueva York, conoce a Yasmin (Lydia Jewett), que también está atrapada y se da cuenta de que debe contar una historia de miedo nueva cada noche para sobrevivir.

David Yarovesky, director de la estupenda El Hijo, dirige esta nueva película de terror para todos los públicos estrenada en Netflix. La película adapta el libro Nightbooks de J.A. White, con un guión de Mikki Daughtry y Tobias Iaconis. La película de 100 minutos de duración cuenta con fotografía de Robert McLachlan, música de Michael Abels y montaje de Peter Gvozdas.

La película está protagonizada por los niños Winslow Fegley y Lidya Jewett como Alex y Yazmin, dos niños secuestrados por una bruja malvada que vive en una casa que se mueve por todo el mundo secuestrando niños. Krysten Ritter (la recordada Jessica Jones de la serie de televisión de Netflix), interpreta a la malvada bruja Natacha.

Cuando pinchas para ver Cuentos al caer la noche en Netflix, la calificación por edades indica que la película es +7 años, básicamente un “para todos los públicos” teniendo en cuenta que diría que es una película planteada como una fantasía oscuro con toques de terror juvenil. Y lo cierto es que sin necesidad de muertes macabras ni gore de ningún tipo, Cuentos al caer la noche ofrece un catálogo de sustos estupendos que consiguieron sobresaltarme en un par de ocasiones.

En muchas ocasiones el principal problema de las películas protagonizadas por niños es que te suelen caer gordos y acaban resultando un poco repelentes. No es el caso en esta película, en el que Winslow Fegley y Lidya Jewett resultan un estupendo acierto de casting. Krysten Ritter realiza un over-the-top de libro y diría que ha disfrutado haciendo de la bruja del cuento, con el plus del giro de la película que aporta al personaje una dimensión más dramática de lo esperable en una obra para todos los públicos como esta.

David Yarovesky me sorprendió con la versión oscura del nacimiento de Superman que fue El Hijo. En esta película realiza una perfecta transición del gore y las punkarradas máximas a las limitaciones de una película prácticamente para todos los públicos. Además, hay un par de momentos con sustos un poco “pringosos” y asquerosos que me recordaron para bien los primeros clásicos de Sam Raimi y que creo que también gustará muchos a los niños cuando lo vean.

No tengo el dato del presupuesto de la película, y aunque a priori parece una película pequeña con prácticamente 3 personajes en el 95% del metraje rodado todo en estudio, la verdad es que hay unos sets estupendos que transmiten de maravilla la fantasía oscura que nos están contando, además de un par de bichos creados con CGI que están razonablemente bien y me sugerirían que la película tuvo más presupuesto del que me creía a priori.

La película creo que cumple de sobra con lo que se espera de ella y ofrece un estupendo entretenimiento. Si le tengo que poner un pero, diría que la sinopsis de Netflix da en 2 líneas más información de la que hubiera sido deseable, señalando uno de los giros de la película.

Comparto el trailer de la película:

Cuentos al caer la noche es una película muy disfrutable para ver con niños de más de 10 años a los que les gusten las emociones fuertes y hacerse los mayores. E incluso sin ellos, la he disfrutado.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

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Crítica de Kate de Cedric Nicolas-Trojan (Netflix)

Netflix ha estrenado Kate, su última película de acción dirigida por Cedric Nicolas-Trojan con la siempre estupenda Mary Elisabeth Winstead, que ofrece un estupendo entretenimiento para todos los fans del cine de acción.

PUNTUACIÓN: 7/10

Tras ser envenenada sin remedio, una implacable criminal tiene menos de 24 horas para vengarse de sus enemigos y, durante el proceso, se forma un vínculo inesperado con la hija de una de sus víctimas anteriores.

Cedric Nicolas-Troyan (1969) es un director de cine y artista de efectos visuales francés. Fue nominado al Oscar a los mejores efectos visuales por la película de 2012 Blancanieves y el cazador, y dirigió su secuela, The Huntsman: Winter’s War, que fue su debut como director en 2016.

La película de 95 minutos de duración y ambientada en Japón, cuenta con guión de Umair Aleem, fotografía de Lyle Vincent, montaje de Sandra Montiel y Elísabet Ronaldsdóttir y música de Nathan Barr.

La película está protagonizada por Mary Elizabeth Winstead, que interpreta a la asesina que da nombra a la película. Woody Harrelson interpreta a Varrick, el hombre que la entrenó y con el que ha compartido toda su vida desde que perdió a su fmilia. Miku Martineau es Ani, una adolescente japonesa que se verá en medio de la búsqueda de venganza de Kate y a la que tendrá que proteger de quien quiere verla muerta. Junto a ellos, encontramos a Michiel Huisman, Tadanobu Asano, Miyavi y Jun Kunimura .

Tengo reconocer que con sólo ambientar la película en Japón y crear una historia de acción con asesinos y yakuzas, ya me tenían ganado. Junto a esto, me encanta Mary Elisabeth Winstead así que tenemos el combo perfecto para una película de acción con todos los elementos para que me guste.

Y lo cierto es que visualmente Kate está bien, y plantea unas buenas secuencias de acción, que al final es a lo que vienes. La cuenta atrás a la que se enfrenta Kate aporta una gran tensión a todo lo que sucede a su alrededor ya que ves y sientes como va muriendo en pantalla y cómo el tiempo se le escapa. A pesar de estupendos secundarios como Woody Harrelson o Jun Kunimura que aportan su carisma y buen hacer, la película se construye completamente a partir del carisma de Mary Elisabeth Winstead, y lo cierto es que aguanta perfectamente el encargo y hace suya la película de forma modélica.

Sin embargo, reconociendo que me ha entretenido y que la duración es perfecta, la verdad es que más formulaica no puede ser. A partir del giro de la película que indica la sinopsis, la protagonista ha sido envenenada y va a morir al final de la película, todo lo que pasa se ve venir a la legua y no hay ni una sola sorpresa en toda la película. En ese sentido, el guión de Umair Aleem me ha parecido flojísimo, una mera combinación de elementos chulos de otras películas bastante reconocibles. Y está claro que a una película como Kate no vienes por la profundidad del guión, pero si me hubiera gustado que la historia no fuera tan derivativa y aportara algún elemento innovador o novedoso.

Otro elemento en este caso totalmente personal y subjetivo es que como digo me gusta mucho Mary Elisabeth Winstead como protagonista. Su carisma se sale de la pantalla y consigue que empaticemos con su personaje y me parece que en los tiroteos está convincente. Sin embargo, en un par de escenas de acción con peleas cuerpo a cuerpo no me la acabo de creer. No se si porque las coreografías no acertaron con sus puntos fuertes o que ella tampoco se acaba de creerse que sea una all-action woman, pero no acaban de quedar bien y se notan todas las costuras, notándose en demasía el elemento coreográfico y teatral. Algo que obviamente no mola cuando estás viendo una película de acción.

Dentro de lo entretenida que es y que como digo me ha gustado, se entiende que la película se haya estrenado en Netflix. Es tremendamente correcta, pero sin elementos brillantes que me hayan volado la cabeza más allá de la propia ambientación en Japón. Por esto, Kate queda como un producto destinado a los fans del cine de acción y poco más.

Comparto el trailer de la película:

Kate es un buen entretenimiento para todos los fans del cine de acción, que gracias a la estupenda Mary Elisabeth Winstead consigue que empaticemos con la película y la cuenta atrás a la que se enfrenta.

PUNTUACIÓN: 7/10

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