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Crítica de La escena del crimen de Ed Brubaker, Michael Lark, Sean Phillips y James Sinclair

Aproveché el inicio de 2021 para revisar los comics de Ed Brubaker y Sean Phillips sobre los que aún no había escrito en el blog, como Fatale o los comics de Criminal publicados en Image Comics. Así que mientras espero que se publique la segunda novela gráfica de Reckless, voy a analizar el primer trabajo de la pareja: La escena del crimen, miniserie de 1999 publicada en el sello Vertigo y en la que curiosamente Phillips no dibujó, sino que entintó al gran Michael Lark.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

El investigador privado Jack Herriman ha visto demasiados cadáveres, pero esa es la maldición familiar, porque su tío es el más famoso fotógrafo de escenas del crimen desde Weegee. Recuperándose de un caso con mal final, Jack se lanza resolver el asunto de una persona desaparecida que tendría que ser fácil, pero que en cambio conduce directamente a los secretos y las mentiras de una extraña secta sexual.

La escena del crimen de Ed Brubaker y Michael Lark se publicó años antes de sus aclamadas etapas en Gotham Central y Daredevil que les consiguieron numerosas nominaciones a los premios Eisner.

En España Norma Editorial publicó esta serie en 2000 en un formato curioso medio camino de todo, al ser comics con tapa más rígida que agrupaban dos grapas USA. Posteriormente, Planeta publicó también un tono en tapa dura similar al que fue publicado en USA cuando Brubaker y Lark movieron sus obras a Image Comics.

He hablado tantas veces de Ed Brubaker y Sean Phillips que prefiero no repetirme. Su biografía más completa la podéis leer aqui.

Michael Lark es una autentica estrella del comic americano. Nominado al premio Eisner por su trabajo en Daredevil, Gotham Central, Batman Nine Lives y Terminal City. Ha ilustrado Terminal City: Aerial Graffiti, Scene of the Crime, y ha trabajado en varios otros títulos para DC / Vertigo, incluidos All-Star Comics, Superman: War of the Worlds, Sandman Mystery Theatre, The Invisibles y Legends. del Halcón. También dibujó la miniserie de Stephen King Dark Tower The Battle of Tull.

Lark comenzó en La escena del crimen una fecunda colaboración con Ed Brubaker que nos trajo a continuación etapas celebradas por crítica y público en Gotham Central o Daredevil. Actualmente está dibujando su serie de creación propia Lazarus junto a su otro gran colaborador, el escritor Greg Rucka.

La escena del crimen es una miniserie de cuatro números publicada en 1999. Ahora Brubaker, Lark y Phillips son profesionales de reconocido prestigio, y Brubaker y Phillips forman una de las parejas más celebradas en el mundo del comic americano mainstream, pero en el siglo pasado el noir era un género casi imposible de encontrar en las librerías especializadas, siendo una rara-avis para la época junto a comics como Sandman Mistery Theatre o Sam and Twitch entre otros.

Y lo cierto es que si algo es este comic es noir. Parece que Brubaker cubre todas las bases del género, un protagonista torturado por sus errores del pasado que nos cuenta la historia en primera persona, una investigación rutinaria a cargo de un detective que va a morder más de los que esperaba, y un mundo truculento en el que los inocentes suelen ser presa de depredadores sin escrúpulos. Además, Brubaker acompaña al protagonista, el investigador privado Jack Herriman , de un interesantísimo plantel de personajes secundarios, algunos de los cuales son estupendos, lo que indicaba que Brubaker tenía planes para la historia que iban más allá de esta primera miniserie.

Además me parece interesante que esta investigación gira alrededor de una secta de carácter sexual, algo que estuvo muy en boga en los años 80, y sobre lo que ha vuelto a escribir en otros comics suyos como Fatale o, más recientemente, en su novela gráfica Reckless. No tengo claro si este tema recurrente es debido a algún hecho de su vida real, o simplemente que quedó marcado en su infancia por los numerosos sucesos que protagonizaron estas sectas en los años 70 y 80.

El Brubaker de 1999 se muestra como un experto del género e incorpora además un tono de tristeza a la historia que encaja con estos personajes que han cometido muchos errores de los que responder. En este comic tiene además un detalle curioso y un tanto supérfluo, ya que marca en la página cada escena como si fuera un capítulo de un libro, algo que realmente es innecesario en un comic y que no hemos vuelto a ver en sus obras posteriores. De esta forma, la miniserie de cuatro números estaba a su vez dividida en 20 capítulos. Pero dejando aparte este detalle sin importancia, en La escena del crimen veremos elementos que Brubaker ha reflejado de una forma u otra en mucha de su obra posterior. Un trauma provocado por la falta de un familiar y el morboso atractivo que es el mundo del crimen y las muertes que provocan para los lectores, reflejado en la figura del tío de Jack, un famoso fotógrafo de escenas del crimen.

Lark dibujó y entintó el primer número, pero a partir del segundo sus lápices fueron entintados por Sean Phillips. Viendo la comparación del primer número respecto de los demás, diría que Phillips entintó de forma muy elegante sin tapar los lápices de Lark, permitiendo que las imágenes se sientan totalmente suyas. En estas páginas ya vemos al Lark super narrador que es hoy en día, un dibujante con un estilo poco corriente centrado en que todo aparezca en la página de la forma más realista posible y alejado de las poses y las splash pages espectaculares. En Lark todo es narrativa y sus páginas suelen estar bastante abarrotadas de viñetas, normalmente entre 6 y 10, planteando contar la historia de la forma más sobria posible, alejado de efectismos propios del comic de superhéroes. James sinclair fue el colorista de toda la serie y utilizó una palea de tonos apagados que recalcan el carácter realista de la historia.

El comic no tiene soluciones fáciles ni finales felices, quizá por eso deja tan buen sabor de boca y te deja con ganas de más. De hecho, resulta una pena que a pesar que DC / Vertigo anunció una segunda miniserie de La Escena del Crime, no llegó a publicarse, entiendo que porque Brubaker y Lark fueron ascendiendo en DC y recibiendo encargos cada vez más importantes.

Si tengo que ponerle un pero tras mi relectura de esta semana, diría que dentro que me ha gustado mucho La escena del crimen es casi demasiado noir, hasta el punto de casi verse venir todo lo que va pasando en el comic al ajustarse tan milimétricamente a los clichés del género. En todo caso, esto es un pero muy pequeñito para un comic super disfrutable hoy en día.

Comparto a continuación las primeras páginas del comic que seguro os engancharán:

La escena del crimen es noir en su estado más puro y a pesar de haber pasado más de 20 años desde que se publicó por primera vez, sigue siendo una excelente lectura por la que no pasan los años.

PUNTUACIÓN: 8/10

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¡Saludos a todos!

Crítica de Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín (Norma Editorial)

Gracias a mi cuñado Santiago he leído Jamás tendré 20 años, una emocionante historia basada en la vida de sus abuelos que es una interesante crónica de la vida en la Barcelona de finales de la guerra civil y del drama que supuso el franquismo para toda una generación.

PUNTUACIÓN: 8/10

CUANDO LA GUERRA ARREBATA LA JUVENTUD

Se conocieron en 1936, durante el caos destructivo de la guerra civil española: Isabel es costurera, Jaime es artillero en el ejército republicano. Se aman. Luchan. Escapan de la muerte. Sin embargo, cuando cae la República, Jaime e Isabel están en el lado perdedor y, a veces, es más difícil sobrevivir en la paz que en la guerra. Después de creer en un mañana mejor, ¿cómo es posible callar bajo una dictadura?

Jaime Martín (Las guerras silenciosas, Sangre de barrio) nos brinda una historia real sobre sus abuelos. Una historia de amor donde el valor y la dignidad compiten con la ternura y el humor, la alegría y la rabia. La historia de una familia cuyo destino está intrínsecamente unido al de su país.

Jaime Martín nació en L’Hospitalet (Barcelona) en 1966. Inició su trayectoria profesional en el ámbito del cómic en 1985 y publicó en las revistas que por entonces editaba Josep Maria Beà en su sello Intermagen: Caníbal y Bichos. Entre 1986 y 1990, también en Humor a Tope y Pulgarcito. En 1987 comienza a colaborar con regularidad en la mítica revista El Víbora. Allí realiza series de temática costumbrista con guion de Alfredo Pons. Aborda también series propias como autor completo, como Sangre de Barrio (1989-2005), cuya primera entrega obtuvo el Premio Autor Revelación del 8º Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Otras obras destacadas de esta etapa son Los primos del Parque (1991-92), La Memoria Oscura (1994-95) e Infierno (1996). Tras publicar Invisible en España, se pasa a la editorial francesa Dupuis y allí publica Lo que el viento trae (2007), con guion de Wander Antunes, y Todo el polvo del camino (2010). Con Las guerras silenciosas se consagra como uno de los autores europeos más interesantes del momento.

Jamás tendré 20 años es una historia biográfica en la que Jaime Martín indaga en la historia de sus abuelos para contarnos una parte fundamental de la historia de España del siglo XX y lo que supuso para la gente corriente con ideas políticas de izquierda la victoria de Franco y su dictadura de casi 40 años.

El comic está dividido en tres partes, una primera en la que conocemos la vida de Isabel en Melilla en 1936, de la que tuvo que huir debido al levantamiento militar, una segunda protagonizada por Jaime mientras lucha como voluntario en el frente de Ebro y una tercera que nos muestra su vida en familia en la Barcelona franquista y como van saliendo adelante con sus 3 hijas. Lo primero que me gusta y que quiero destacar es la limpieza de sus lápices y lo bien que todo queda reflejado en sus viñetas, no sólo en lo relativo a personajes, sino todo lo relativo a decorados históricos, la ropa o los vehículos.

Sin embargo, lo mejor del comic no es lo realistas que son sus viñetas, sino toda la emoción que desprenden las mismas. No cabe duda que para Martín la creación de este comic supuso algo muy especial, y consigue que ese amor por su familia se transmita en las viñetas. Amor que no oculta algunas de las realidades de la época, como que Isabel no sabía leer entiendo porque alguien consideró que no era algo que una niña necesitara saber, o que Jaime se alista más por una idea utópica del heroísmo más que por la adscripción a un ideario político.

Todo el comic está muy bien, pero es quizá la segunda parte con la pareja junta en Barcelona la que mejor expresa la dureza de una vida en la que el extraperlo y el contrabando fueron básicos para que mucha gente pudiera sobrevivir. Momentos alterados por sus encuentros con unas fuerzas del orden franquista que son siempre mostrados como unos corruptos, violentos y aprovechados en el uso de la fuerza contra gente indefensa, unidos a una iglesia que no ayudaba a los más necesitados.

El retrato familiar de esos años es una pasada y creo que es muy necesario que existan comics como este que nos recuerden esta parte de nuestra historia y no dejen que se pierda. Jamás tendré 20 años es una lectura ágil que se lee de una sentada y creo que puede gustar a todo tipo de público. De hecho, en lugar de libros “tostones” una actividad muy interesante para los jóvenes de instituto sería leer comics como este que nos hablan de la historia de España en primera persona. Leyendo este comic, me quedo con ganas de más obras de este tipo que estuvieran ambientadas en el momento previo a la guerra y que ofreciera otros puntos de vista que pudieran ser complementarios y que me ayudaran a conocer todo el rompecabezas que supusieron esos complejos años de la vida de nuestro país.

Comparto las primeras páginas de esta historia.

Jamás tendré 20 años es una emocionante historia que nos muestra la parte de los perdedores de la Guerra Civil española, una historia emocionante que merece ser leída por todo el mundo.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Fatale de Ed Brubaker y Sean Phillips (Image Comics)

Ed Brubaker y Sean Phillips comenzaron en enero de 2012 su relación con Image Comics con Fatale, serie de 24 números que realiza una sorprendente combinación de género negro y el terror cósmico de H. P. Lovecraft.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

¡ARMAS! ¡SEXO! CULTOS SECRETOS! ¡Y MONSTRUOS!

¡Nada de lo que han hecho hasta ahora los creadores de los premiados y superventas SLEEPER, CRIMINAL e INCOGNITO te preparará para el explosivo debut de FATALE!

En 2012 un hombre de luto por la muerte de su tío se topa con un secreto que lo lleva por el camino más oscuro imaginable… a una mujer seductora que ha estado huyendo desde 1935, un mafioso que puede ser un monstruo demoníaco inmortal, y las historias de todos los hombres condenados que han quedado atrapados en su lucha de décadas. FATALE combina el noir y el horror para contar una épica fascinante que no se parece a nada que hayas visto antes.

Fatale supuso un enorme éxito de crítica y público que cimentó el prestigio de Ed Brubaker y Sean Phillips como una voz única dentro del comic mainstream americano, además de asegurarles la estabilidad económica para poder seguir creando sus comics en Image Comics con total libertad, cosa que llevan haciendo desde entonces.

Frente a las historias de género negro puras con las que Brubaker y Phillips comenzaron su andadura en Criminal como Lawless o Bad night, en los años anteriores a Fatale Brubaker había mostrado un gran interés en salir de su zona de confort incorporando elementos a sus tramas que permitieran varios registros, como fue Last of the innocent, o su segunda miniserie de Incógnito, en la que mezclaba a su historia de seres super poderosos contada desde un punto de vista pulp un giro metatextual.

Para Fatale, el desafío fue aún mayor, al plantear una historia de terror combinada con una reflexión sobre la figura de las clásicas femme-fatales tan habituales en el género negro. Brubaker comenta que buscando encontrar su voz para contar un tipo de historia que para él era completamente nueva, no es de extrañar que inicialmente empleara aquellas herramientas con las que más a gusto se sentía. Es por esto que Fatale muestre sobre todo al comienzo un terror construido a partir de una historia criminal con toques de historia de amor condenado.

Fatale es hasta la fecha la historia más larga de las realizadas por Brubaker y Phillips en el ámbito creator-owned. Kill or be Killed llegó al número 20, mientras que Sleeper también tuvo 24 números en sus dos temporadas publicadas dentro de Wildstorm, aunque con menor número total de páginas, además del propio hecho de que este comic es propiedad de Wilstorm / DC Comics. Aunque inicialmente la serie fue anunciada como de 12 números y Brubaker siempre comentó que el final estuvo siempre claro para él, el como llegar a ese momento se amplió sobre la marcha, llegando a doblar los planes iniciales al buscar que la historia de Josephine fuera contada de la mejor manera posible.

En el apartado artístico, Sean Phillips contó con Dave Stewart en los colores los primeros 11 números, mientras que problemas de agenda de Stewart, uno de los mejores coloristas del medio y también uno de los más solicitados, provocó que Elisabeth Breitweiser se incorporara a la serie en el número 12, coloreando el resto de números hasta el final. Lo cierto es que no sentí la diferencia, dado que Breitweiser se adaptó a los colores planos que asociamos a los comics de Brubaker y Phillips, primero con Val Staples, luego con Stewart y que actualmente está realizando Jacob Phillips, el hijo de Sean. En todo caso, el número 23 en el que descubrimos la revelación cósmica del origen de Josephine, permitió que Breitweiser se luciera por completo y demostrara por qué es ella también una maravillosa colorista por méritos propios.

Veo en Fatale a un Phillips en su salsa con su nivel habitual de calidad en la narrativa, aunque quizá deba reconocer que su estilo encaja perfectamente con el realismo y no tanto en la parte fantástica, mostrando a un monstruoso Bishop con claras reminiscencias a Lovecraft casi como si un figurante de una película de la Hammer de los 60 llevara una máscara de un monstruo. Además, que Fatale cuente con numerosas escenas sexuales no es noticia, aunque merece la pena indicar que es el comic que más explícitamente muestra el cuerpo de Josephine, con varios desnudos integrales frontales, cosa que no habíamos visto en los comics previos de la pareja.

Otro detalle interesante que descubrí leyendo entrevistas de la época ha sido conocer el método de trabajo de Brubaker y Phillips. Todo empieza con Brubaker “vendiendo” el concepto de la serie de Phillips con un tratamiento contado a nivel general, para estar seguro que a Phillips le interesa y quiere dibujarlo. Sin embargo, Phillips no quiere saber el final de la historia mientras dibuja, sino que prefiere ir dibujando a medida que Brubaker le envía el guión, nunca todo el número completo, sino normalmente en partes de unas ocho páginas, más o menos un tercio de cada número. Es por esto que Phillips en cierta manera va descubriendo las sorpresas del comic a medida que va trabajando en él, nunca a priori.

De hecho, los anuncios promocionales que he incorporado a la reseña fueron dibujados por Phillips a partir de las ideas de Brubaker de lo que sabía que el comic tendría que mostrar, pero sin ser necesariamente escenas reales del comic.

A continuación, resumo los argumentos de los 5 arcos de la serie:

Death Chases me (La muerte me persigue) Números 1-5

Secretos, mentiras, horror, lujuria y monstruos de antes del inicio de los tiempos, todos chocan en FATALE: DEATH ME CHASES. En la actualidad, un hombre conoce a una mujer con la que se obsesiona instantáneamente, y en la década de 1950, esta misma mujer destruye la vida de todos aquellos que se cruzan en su camino.¿Qué horrible secreto oculta? Sólo Brubaker y Phillips podrían haber unido el género negro con el terror de H. P. Lovecraft.

The Devil´s business (El negocio del Diablo) Números 6-10

En la década de 1970 en Los Ángeles, Josephine no puede esconderse de los cultos satánicos y de los ricos de Hollywood con espeluznantes películas de 8 mm. Y cuando un actor en apuros y su amigo herido se crucen en su camino, se desatará el infierno, dejando ondas que hacen eco hasta la época moderna, donde Nicolas Lash cae más profundamente en el hechizo de Josephine.

West of Hell (Al oeste del Infierno) Números 11-14

Desde los oscuros días de la depresión, hasta la Edad Media y el viejo oeste, estos relatos de horror y mito sobre el misterio de la mujer fatal revelan secretos que incluso nuestra heroína aún no conoce. Audaz y experimental, este es el horror pulp noir en su máxima expresión.

Pray for Rain (Reza por la lluvia) Números 15-19

Sexo, drogas, rock-n-roll y asesinos rituales chocan en el volumen más extraño y emocionante de FATALE hasta ahora. Una mujer extraña sin memoria se topa con la vida de una banda de grunge en apuros a mediados de los 90 en Seattle… ¿Se convertirá en su musa? ¿Los salvará de convertirse en un grupo de un único éxito? ¿O será algo mucho peor, dado que hay un asesino psicópata tras su rastro?

Curse the Demon (Maldice al demonio) Número 20-24

El último libro de la épica historia superventas de terror-noir de ED BRUBAKER y SEAN PHILLIPS. Los secretos de la inmortal Femme Fatale y su adversario salen a la luz antes de su explosivo enfrentamiento final.

Tras este resumen, lo cierto es que a pesar de ser un comic estupendo, considero que Fatale es el comic en el que Brubaker no acabó de acertar el concepto, o al menos la forma de combinar todos los elementos. Y quizá en ese sentido es la propia Josephine en la que se personalizan todos los problemas. Josephine es el arquetipo de “mujer fatal”, una hermosa mujer morena capaz de hechizar a cualquier hombre con solo unas palabras.  Y excepto en el tercer arco formado con historias unitarias ambientadas en diferentes momentos temporales, en general la vemos en diversas épocas a través de los ojos de los hombres a los que atrapa y a los que utiliza para conseguir sus fines, que pasan por un lado por escapar de la secta de Bishop y por otro de conocer más detalles de un pasado que está oculto para ella. El hecho de convertirse casi en la secundaria de su propia serie no ayuda a generar la necesaria empatía.

El conocimiento que es un ser inmortal que ha muerto y renacido en diferentes eras tampoco consigue generar empatía hacia ella porque sus actos son egoístas y deja un reguero de sangre a su paso de hombres que no merecían el destino que sufrieron. Aparte, Brubaker nos deja además sin saber quién es reamente Josephine, dejando unas pistas que son demasiado poco, y mostradas demasiado tarde. En este sentido, saber que es perseguida por un culto satánico que quiere sacrificarla a unos dioses ancestrales que enlazan con la tradición Lovecratiana, tampoco consigue que la veamos como “buena” porque sus actos conscientes o inconscientes no lo han sido. Casi me recuerda a la forma en que Neil Gaiman muestra a sus deidades, mostrándoles como seres que actúan según su naturaleza y a los que los calificativos de “buenos o malos” no son aplicables.

Ambientar sus arcos en los años 50 en San Francisco para hacer una típica historia policial, en los 70 en Los Ángeles para poder tocar las historias de sectas de Hollywood tan influidas por las andanzas de Charles Manson, y en los 90 en el Seattle cuna del grunge, sirve para que Brubaker toque elementos de su vida personal que le mantengan creativamente interesado. Y junto a esto, tenemos 4 historias centrales con diferentes protagonistas para no verse constreñido por la obligación de historias contadas en arcos de cinco números, y un último arco en el que cambiamos de narrador para ver la historia desde el punto de vista de Nic, del villano Bishop y por último de Josephine, para conocer la historia de los principales personajes.

Con un final 100% Lovecraftiano que se aleja de las historias noir tradicionales, Fatale aún no encajándome en todo si que veo que es la historia más ambiciosa en todos los sentidos de las que nos han contado Brubaker y Phillips hasta la fecha. De hecho, agradezco que Brubaker se aleje de su zona de confort y nos sorprenda con historias tan diferentes entre si. Es por esto que creo que Fatale es un comic super recomendable y os invito a que lo probéis.

Os muestro a continuación las primeras páginas de este comic, que seguro os van a enganchar:

Comparto por último a modo de curiosidad, el anuncio promocional que crearon a modo de trailer para promocionar el comic:

Fatale es una historia diferente que se aleja de las raíces noir con las que Brubaker y Phillips se sienten más a gusto, ofreciendo una estupenda lectura que sin duda te sorprenderá.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

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Crítica de Give Me Liberty de Frank Miller y Dave Gibbons (Dark Horse Comics – Norma Editorial)

Comienzo el mes de diciembre recordando Give Me Liberty, el comic de Frank Miller y Dave Gibbons publicado por Dark Horse Comics, en España Norma Editorial, ganador de un Premio Eisner que 30 años después de su publicación se mantiene de plena vigencia y se muestra casi como visionaria de lo que iba a ser la realidad de nuestros días.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

En los años noventa, Frank Miller y Dave Gibbons se unieron para revolucionar las bases de la ciencia ficción con GIVE ME LIBERTY, una historia que muestra un mundo distópico y posible, peligrosamente parecido al nuestro, donde la frontera que separa la libertad y la esclavitud es casi invisible. Premio Eisner 1991 a la mejor serie Limitada.

Para muchos, la explosión del comic independiente americano mainstream tuvo lugar en 1992 con el nacimiento de Image Comics y la publicación de comics como Youngblood, Savage Dragon, Spawn o Wild C.A.T.s. Sin embargo, la realidad es que varios años antes editoriales como Dark Horse Comics empezaron a disputar la atención de los principales profesionales de la industria, publicando comics exitosos que abrieron la puerta a que otros autores se plantearan la posibilidad de realizar comics de creación propia alejados de Marvel o DC.

Give Me Liberty es un claro ejemplo de esta tendencia. Publicado en 1990 en Estados Unidos, fue el primer trabajo en el ámbito independiente de Miller tras sus obras maestras The Dark Knight (1986), Daredevil: Born Again (1986) y Batman: Año Uno (1987). Lo mismo para Gibbons, que venía de dibujar Watchmen (1986-87) y Batman: La Broma Asesina (1988), ambas con Alan Moore.

Miller había salido rebotado de DC Comics tras una disputa sobre tarifas y lo que Miller entendía que era una ataque contra la libertad de los autores, y declaró que a partir de ese momento se concentraría en desarrollar comics de creación propia sobre los que conservaría los derechos de la obra. Para ello, la recién fundada Dark Horse Comics de Mike Richardson, creada en 1986, resultó ser el espacio perfecto. Junto a Give Me Liberty, en 1990 Miller empezó la publicación de Hard Boiled con Geoff Darrow, a las que continuaron Sin City en 1991, Big Guy and Rusty the Boy Robot de nuevo con Darrow en 1995 o la también mítica 300 en 1998.

David Chester Gibbons es un artista y escritor británico, nacido en Londres en 1949. Profesional de amplísima experiencia, empezó a trabajar en el medio en 1977 en series británicas como 2000AD y Doctor Who para Marvel U.K., antes de dar el salto a DC Comics en 1982, donde fue sobre todo conocido por su Green Lantern junto a Len Wein, la etapa en la que conocí al personaje y me enamoré de su lore. En 1985, Gibbons colaboró con Alan Moore, con el que ya había trabajado en Inglaterra, en el icónico Annual nº11 “Para el hombre que lo tenía todo”, al que siguió la ya mítica Watchmen.

Merece la pena comentar que mientras Miller rompió con DC durante esos años y se centró en los comics de creación propia, Gibbons siguió colaborando con la editorial, hasta el punto que la publicación de este Give Me Liberty coincidió en el tiempo con su miniserie World´s Finest, de la que fue escritor colaborando con Steve Rude. Gibbons también escribió en 1991 el primer crossover Batman vs Predator dibujado por los hermanos Kubert.

En su dilatada carrera, ha ganado entre otros los premios Inkpot Award de 1986 y Kirby en 1987, siendo incluido en Hall of Fame de los Premios Harvey en 1988.

Entrando en el comic en si, Give Me Liberty nació fruto de un encuentro de ambos autores en la San Diego Comicon de 1998, en un momento en que sobre todo Miller era lo más parecido a una estrella del rock dentro del mundo del comic. Y tampoco es que Gibbons se quedara corto, ya que su colaboración con Moore había producido dos de los comics más importantes e influyentes para la industria americana. Sin embargo, la colaboración se hizo esperar, tardando casi dos años en materializarse.

Give Me Liberty es una historia de aventuras ambientada en el futuro cercano -para la época- de 2009-2012 (aunque la protagonista Martha Washington nació en el inminente 1995). Un futuro cercano distópico con unos Estados Unidos al borde de la secesión, con numerosos desastres ecológicos por todo el mundo, en el que minorías raciales como los nativos americanos se encuentran al borde de la extinción, se inician guerras por motivos económicos y para acallar los problemas internos del pais y un presidente populista, Rexall, se perpetuó en el cargo más allá de los dos mandatos constitucionales. Elementos todos ellos que han acabado teniendo numerosas correspondencias con nuestro mundo de treinta años después.

Martha Washington es la personificación de víctima de discriminación en Estados Unidos, al ser mujer, afroamericana y nacida en un ghetto urbano de Chicago que para salir adelante sólo tiene la opción de alistarse en el ejército. La forma en que se levanta frente a todas las adversidades y rompe todas las barreras resulta realmente inspirador. Martha es la mujer definitiva, que hace lo mismo que un hombre, y a menudo incluso mejor, sin necesidad de envolverse en ninguna bandera reivindicativa de nada. En ese sentido Martha transmite también los valores americanos liberales ya que sólo hace lo que tiene que hacer sin plantearse valores superiores más allá de “hacer lo correcto”. Y por supuesto, no rendirse jamás.

Bajo el prisma del clásico lema de “show, don´t tell”, el futuro de Miller nos muestra un montón de situaciones terribles que el lector sabe interpretar sin necesidad que nadie nos venga a contar “mira que malo es el racismo, la destrucción del medio ambiente, etc…” como lamentablemente nos pasa en obras de comic, cine y televisión actuales que dejan de ser entretenimiento para convertirse en panfletos políticos infumables con la excusa de tratar temas “importantes”.

Give Me Liberty es junto a Watchmen, probablemente el mejor trabajo de Dave Gibbons de toda su carrera, que en este comic contó con la colaboración del colorista Robin Smith. Si en Watchmen el simbolismo y la potencia de sus imágenes, así como su composición, crearon momentos que ya son historia para el mundo del comic, en esta obra Gibbons saca el máximo partido a la mayor libertad que Miller le ofrece para narrar la historia, de forma que vemos una narrativa desatada que no está constreñida por la rígida estructura de 9 paneles establecida por Moore.

La narrativa de Gibbons es maravillosa como siempre, pero encuentro que el toque de humor negro y de ironía con que Miller adornaba su historia le permite ofrecer un catálogo de grandes momentos visuales junto a pequeños detalles de personajes que dan contexto a sus actos y motivaciones además de ofrecer elementos de humor, con el añadido de un diseño futurista genial, con detalles loquísimos como el Robot gigante de Fat-Burger o la representación de los Nazis-gays.

En todo caso, Miller no plantea Give Me Liberty como una ciencia ficción anticipatoria, sino que traslada y exagera en su comic elementos históricos que él estaba viviendo o había conocido a lo largo de su vida. Por ejemplo, la crisis del petróleo, el calentamiento global, la deforestación del Amazonas y el aumento del nivel de los océanos que inunda Nueva York son temas que surgieron ya en los años 70 y llevan en el ideario político de los partidos de izquierdas y verdes desde entonces. El presidente Rexall no anticipaba a Trump, aunque parezca mentira, sino que es una versión llevada al extremo de Ronald Reagan y su populismo. Al igual que el Presidente Howard Nissen que le sustituye nos sugiere claramente a Jimmy Carter, el presidente anterior a Reagan, y que resume los que parece Miller son los problemas históricos de los demócratas, que aunque tienen siempre la mejor de las intenciones, son “blandos” y acaban creando los mismos problemas que los republicanos o incluso peores.

Los paralelismos son clarísimos y nada sutiles, componiendo un cuadro en el que Miller critica mediante la exageración la historia reciente de los Estados Unidos de finales de los años 80. Sin embargo, justamente para evitar caer en el pastiche político, Miller y Gibbons plantean a partir de ahí una aventura super loca, entretenida y sin complejos, como si desde el primer momento quedara claro que para ellos lo primero y principal es entretener.

Para ello, Martha Washington tendrá que enfrentarse a un superior en el mando que es un blanco asqueroso machista y racista de buena familia con aspiraciones políticas, la amenaza de las grandes empresas cárnicas que buscan deforestar el amazonas, o unos nazis-gays que se hacen con el control de un satélite orbital que puede atacar cualquier blanco e la Tierra, incluida la Casa Blanca. Las situaciones suelen ser super over-the-top pero funcionan de maravilla gracias al tono irónico que Miller transmite a su historia y al extraordinario trabajo artístico de Gibbons.

Esto no quiere decir que el comic no tenga momentos dramáticos, ya que sobre todo en los dos primeros números hay un montón y consiguen ponerte el corazón en un puño. Además, la descripción que Gibbons hace del horror de la guerra y las secuelas que deja en los supervivientes me parece una barbaridad, con unas páginas con una fuerza expresiva alucinante.

El éxito de Give Me Liberty abrió las puertas a que Miller y Gibbons retomaran a Martha Washington en varias miniseries y especiales posteriores, que aunque entretenidas (algunas más que otras) carecieron de la fuerza de la obra original: Martha Washington goes to war (5 números, 1994), Happy birthday Martha Washington y Stranded in Space (2 one-shots de 1995), Martha Washington saves the world (3 números, 1997-98) y el especial Martha Washington dies (2007), cuyo título se explica solo.

Comparto las primera páginas del comic:

Si pensamos en los mejores comics de los años 90, Give Me Liberty sin duda es uno de ellos, y treinta años después su lectura mantuvo toda su fuerza, personalidad y sentido de la diversión y la locula. Un clásico con todas las letras que merece ser recuperado para los nuevos lectores.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

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Aliens vs Predator de Randy Stradley, Phill Norwood y Chris Warner (Dark Horse)

Uno de los comics más icónicos de Dark Horse Comics es sin duda la miniserie Aliens vs Predator, la primera reunión de estos iconos cinematográficos publicada en Estados Unidos entre junio y diciembre de 1990, y que fue realizada por el escritor Randy Stradley y los artistas Phill Norwood y Chris Warner.

PUNTUACIÓN: CLÁSICO

Los humanos han colonizado Ryushi, sin saber que el planeta es usado por los Predators para la caza ritual de Aliens. Cuando las tres especies se cruzan, casi todo lo que puede salir mal lo hace. Para salvarse a ella y a sus colonos, la jefa de la colonia Machiko Noguchi debe forjar una tregua incómoda con el líder Depredador para luchar contra las hordas de xenomorfos engendrados por una reina alienígena desatada.

A lo largo de la historia, los monstruos más poderosos de la pantalla se han enfrentado: en la década de 1940 fue Frankenstein Meets the Wolfman, en los 60 fue King Kong vs. Godzilla, y en los 90 fue Aliens vs. Predator, comic que les reunió por primera vez catorce años antes de su primera película.

Tras el éxito de los comics de Aliens (1988) y Predator (1989) y a punto de publicar la primera miniserie de Terminator (1990), en Dark Horse empezaron a plantearse cual debía ser su siguiente comic destinado al éxito. Fruto de este brainstorming, parece ser la idea de unir en un comic a los Aliens y los Predators fue de Chris Warner, artista de la primera miniserie de Predator y editor de Dark Horse, imitando las clásicas historias de monstruos de la Universal, y simplemente pensando en cosas guays que nunca se habían visto en pantalla y a él le gustaría ver.

Randy Stradley es un editor y escritor de Dark Horse Comics, y continúa viviendo en Portland, Oregon. El número 86 de la serie Star Wars de Marvel en 1984 fue su primer trabajo en la industria del cómic. Más tarde se convirtió en socio de Mike Richardson, quien fundó Dark Horse Comics en la década de 1986, centrándose en la linea de cómics basados en licencias de películas. Además de Aliens vs Predator, Stradley ha escrito numerosos comics de Aliens y Star Wars para la editorial del Caballo Oscuro. En la pequeña Dark Horse de la época fue casi la única opción para guionizar esta miniserie de cuatro números, más un prólogo publicado en la antología Dark Horse Presents.

Visto en perspectiva, la elección de Phill Norwood como dibujante de esta miniserie fue un tanto polémica aunque globalmente acertada. Norwood, afincado en Los Angeles, era un ilustrador que trabajaba para la Industrial Light & Magic creando storyboards para películas. Su único trabajo en el mundo del comic previo a este Aliens vs Predator fue una historia corta en el Dark Horse Presents 33, “Project: Overkill”, junto al guionista Eric Luke.

Gran fan de ambas franquicias, aceptó encantado la posibilidad de dibujar esta serie, pensando que sería un trabajo similar a los storyboards, enviando un primer boceto para su aprobación para luego realizar el lápiz definitivo. Junto a Norwood, el veterano Karl Story que realizó las tintas de los dos primeros números, mientras que Robert Campanella entintó los dos últimos. Monika Livingston coloreó toda la serie, trabajo que resultó bastante polémico, con Pat Brosseau en la rotulación.

Aunque lleno de ilusión, el trabajo le vino un poco grande a Norwood, que se disculpó públicamente con sus compañeros al no cumplir algunas fechas de entrega, lo que perjudicó el trabajo posterior del resto de artistas. Además, mientras estaba a mitad del dibujo del tercer número, recibió una llamada de JAMES CAMERON, con el que ya había trabajado en The Abyss, para que realizara los storyboards de Terminator 2: El día del juicio final. Este encargo era demasiado bueno, y aunque inicialmente pensó que podría realizar ambos encargos simultáneamente, a duras penas pudo terminar todas las páginas del tercer número, por lo que finalmente tuvo que abandonar la serie. El veterano Chris Warner, que acababa de terminar de dibujar la primera miniserie de The Terminator también en Dark Horse, pudo encargarse con su habitual solvencia del último número.

Para ir abriendo boca, Dark Horse publicó 3 historias cortas a modo de preludio o introducción de esta miniserie en Dark Horse Presents en blanco y negro. Están páginas obra de Stradley, Norwood y Story fueron publicadas a los pocos meses en el comic Aliens vs Predator nº 0. En tomos posteriores se ha publicado una versión coloreada de estas páginas. Mike Mignola realizó la portada del número 0, mientras que Chris Norwood dibujó las de los 3 comics que dibujó. La guinda del pastel fue el espectacular Dave Dorman, que pintó la portada del cuarto número, para mi la mejor de la toda la serie.

La historia de Stradley se mueve dentro de un tono de blockbuster palomitero y planta las bases de lo que hemos visto luego en muchas obras posteriores. Los Predators usando a los Aliens como rito de iniciación de los jóvenes cazadores, con unos humanos atrapados en medio por accidente. Al tener los Predators unos valores “racionales”, los humanos pueden convencer al menos a algunos de ellos para colaborar antes la amenaza de los Aliens. Por último, como suele suceder en este tipo de historias, la codicia humana es el desencadenante de todo, al provocar de forma involuntaria infiltración de los Aliens en el complejo humano del planeta Ryushi.

Dentro de esta premisa general, la elección de la protagonista, Machiko Noguchi, una novata jefa de la colonia que aprenderá que existe vida más allá de las salas de reuniones y de los despachos, me parece una elección brillante y funciona de maravilla. Además, dado que estamos ante una historia completa en 4 números y 112 páginas en total, Stradley va al grano desde la primera página, marcando un ritmo que no afloja hasta el final del comic.

En el apartado gráfico, se nota la habilidad de Norwood como artista de storyboards, ya que sus páginas son super dinámicas y cuenta con unas estupendas escenas de acción. Si la parte de la acción es un éxito, también acierta en la creación de personajes y el diseño de seres alienígenas y de la colonia humana de Ryushi. Los humanos son claramente reconocibles y transmiten mucha personalidad, lo que habla muy bien de la capacidad de Norwood al dibujo. Sí hay que reconocer que algunas páginas de su tercer número se ven más apresurados que el resto, algo normal sabiendo el problema que tuvo que le obligó a abandonar el comic.

Chris Warner en el cuarto número ofrece un dibujo de línea clara que cuenta también de maravilla la historia, aunque quizá vi a Norwood ofrecer planos de cámara más dinámicos e interesantes. Globalmente, creo que el apartado artístico de esta miniserie luce a gran nivel, aunque es cierto que los colores planos de Monika Livingston para este comic quedan un poco anticuados leído el comic hoy en día, teniendo en cuenta lo acostumbrados que estamos a los coloreados digitales actuales.

Comparto las primeras páginas de esta miniserie:

Aliens vs Predator es un excelente miniserie que abrió a los fans un mundo nuevo que durante muchos años sólo podiamos disfrutar en los comics, y que aún ahora sigue ofreciendo un más que notable entretenimiento. Un clásico con todas las letras que 30 años después de ser publicado merece ser conocido por las nuevas generaciones de lectores.

PUNTUACIÓN: CLÁSICO

 

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