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Crítica de Ice Cream Man vol. 10 de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo (Image Comics)

El décimo volumen de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo, con color de Chris O´Halloran nos ha traído posiblemente la mejor historia de toda la serie.

PUNTUACIÓN: 9/10

El cómic más extraño que se publica en la actualidad sigue… ¡publicándose!

Aquí, algunas desviaciones francamente disparatadas: un Apocalypse Now lleno de Figglybumps; una ciudad entera de Gary; y una descompresión en 2 partes sobre descompresión y compresión y ciertas impresiones que esas cosas suelen causar. Esa música familiar viene de la vuelta de la esquina… ¡prepara tu cartera!

Recopila ICE CREAM MAN #37-40 USA.

W. Maxwell Prince escribe en Brooklyn y vive con su esposa, su hija y dos gatos. Es autor de ICE CREAM MAN, KING OF NOWHERE, ONE WEEK IN THE LIBRARY, and THE ELECTRIC SUBLIME.

El artista argentino Martín Morazzo hizo su gran debut en los cómics estadounidenses con la saga de ciencia ficción ambiental de 2012, Great Pacific, la primera serie de Image Comics que co-creó con Joe Harris. Desde entonces, Martín ha co-creado Snowfall, una epopeya de ciencia ficción, nuevamente con Joe Harris e Image Comics, y la elegante serie de aventuras criminales, The Electric Sublime, con el escritor W. Maxwell Prince en IDW Publishing. Ice Cream Man, su colaboración con W. Maxwell Prince, está siendo publicada por Image Comics. She Could Fly, una miniserie con el escritor Christopher Cantwell, co-creador y showrunner de Halt and Catch Fire de AMC, y la editora Karen Berger, también está siendo publicada por Berger Books, una editorial de Dark Horse Comics.

Tiene mucho mérito que tras nueve volúmenes de Ice Cream Man repletos de historias desesperanzadas, nihilistas y perturbadoras, W. Maxwell Prince consiga sorprenderme y volarme la cabeza en este décimo volumen. Un volumen que resulta novedoso por numerosos motivos. Por supuesto por la temática de las historias, pero también por el formato de las mismas, al encontrarnos con la primera historia en dos partes de la colección. Una historia sobre la que luego comentaré pero que ya adelanto que va a marcar un hito en la colección.

La primera historia sobre unos hermanos revisando las pertenencias de su hermano fallecido mientras leen una de las historias es un drama doble, por un lado sobre el drama del suicidio y lo que supone para los familiares. Y por otro tenemos una recreación de las típicas historias bélicas protagonizada por unos peluches que plantean un contraste terrible entre la ricura de los peluches y el sangriento desenlace de la historia, que transmite que las guerras no son heroicas, sólo masacres terribles e las que la maquinaria bélica aplasta al individuo.

La segunda historia con la prisión de Garys es un drama existencial que puede servir de metáfora de las vidas monótonas, repetitivas y sin objetivo que vivimos en las sociedades modernas. Unas sociedades que buscan homogeneizarnos a todos y eliminarnos como seres diferentes con objetivos propios. La historia mantiene el todo desesperanzado general de la colección, pero tiene una diferencia fundamental. ¡Prince nos da un final final! Este planteamiento resulta tan original que me ha gustado muchísimo.

La joya de este volumen es la primera historia en dos partes que a partir de un accidente de tráfico Prince reflexiona sobre un fenómeno casi exclusivo del mundo del comic: El «decrompresing storytelling» o narrativa descomprimida. Prince reflexiona sobre la naturaleza del tiempo y cómo incluso en cinco segundos pueden contarse historias de gran complejidad. Esta historia en dos partes, la primera desde el punto de vista de la familia que va en el coche que tiene el accidente y un segundo con el punto de vista de los conductores del camión, es uno de los ejercicios más brillantes que he leído en un comic que de por si ya me gusta mucho.

Martín Morazzo con el color de Chris O´Halloran sigue siendo un seguro de vida capaz de dibujar cualquier cosa y hacerlo bien. El primer número con los personajes de peluche son una ricura que contrasta con el ambiente bélico, culminando con un combate que más que una guerra acaba siendo una masacre terrible. El segundo número con la prisión de Garys transmite perfectamente la situación kafkiana que viven los protagonistas.

Pero donde realmente se desata Morazzo es en el díptico del choque descomprimido. Dos números alucinantes en los que el paso del tiempo deja de ser una ley inmutable y se convierte en un factor narrativo más que ayuda a que el comic sea sobresaliente. La forma en que vemos los efectos del accidente y los detalles de la vida de los personajes me ha parecido una pasada. Porque las historias de W. Maxwell Prince son super originales, pero es Morazzo el que tiene que trasladarla a imágenes, y en este décimo volumen tenemos algunas de las mejores historias de esta colección también gracias al consistente trabajo del artista argentino.

Tras 40 números publicados de Ice Cream Man, me alegra comprobar que W. Maxwel Prince sigue con una imaginación y una creatividad intacta como el primer día. Espero que las ventas estén funcionando y la colección les salga rentable a sus autores, porque al menos yo seguiré comprándola mientras se siga publicando.

Comparto las primeras páginas del número 37 USA que abre este décimo volumen de Ice Cream Man:

Ice Cream Man sigue siendo una lectura única diferente a todo. Y en este décimo volumen incluso es diferente a las historias vistas hasta la fecha. Muy fan de este comic.

PUNTUACIÓN: 9/10

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Crítica de Ice Cream Man vol. 9 de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo (Image Comics)

Tras unos meses de descanso, retomo mis lecturas de Ice Cream Man, la inclasificable antología de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo, con colores de Chris O´Halloran, cuyo noveno volumen ha sido publicado por Image Comics.

PUNTUACIÓN: 8/10

¡Las ruedas de este lamentable camión de helados siguen girando y girando! Presentamos aquí otros cuatro escalofriantes capítulos que rozan y mordisquean la mente humana: una historia bifurcada de desdicha/engaño; una pequeña historia sobre dos vagabundos desafortunados; un bestiario de algunos monstruos muy necesarios; y una mirada al enorme vientre de una ballena. Disfruten de su viaje por este pozo interminable. Al final llegaremos al fondo…

Este noveno volumen recopila ICE CREAM MAN 33-36 USA

W. Maxwell Prince escribe en Brooklyn y vive con su esposa, su hija y dos gatos. Es autor de ICE CREAM MAN, KING OF NOWHERE, ONE WEEK IN THE LIBRARY, and THE ELECTRIC SUBLIME.

El artista argentino Martín Morazzo hizo su gran debut en los cómics estadounidenses con la saga de ciencia ficción ambiental de 2012, Great Pacific, la primera serie de Image Comics que co-creó con Joe Harris. Desde entonces, Martín ha co-creado Snowfall, una epopeya de ciencia ficción, nuevamente con Joe Harris e Image Comics, y la elegante serie de aventuras criminales, The Electric Sublime, con el escritor W. Maxwell Prince en IDW Publishing. Ice Cream Man, su colaboración con W. Maxwell Prince, está siendo publicada por Image Comics. She Could Fly, una miniserie con el escritor Christopher Cantwell, co-creador y showrunner de Halt and Catch Fire de AMC, y la editora Karen Berger, también está siendo publicada por Berger Books, una editorial de Dark Horse Comics.

El primer número de este volumen, el 33 USA «El tipo de historia que quiero escribir» es el resumen perfecto de lo que es Ice Cream Man. En ella, el escritor W. Maxwell Prince nos cuenta una misma historia desde dos puntos de vista diferentes. Podéis ver algunas páginas al final del artículo. En la primera parte nos cuenta lo que le gustaría escribir, historias luminosas, positivas y heroicas, que encajarían en su mayor parte con lo que es el mainstream americano. Sin embargo, en la parte inferior de la página encontramos lo que acaba escribiendo, cuentos deprimentes, nihilistas y sin esperanza en los que los personajes muestran lo peor de la condición humana. Me gusta mucho Ice Cream Man, pero comento siempre que hay que acercarse a este comic con el estado mental adecuado, porque la sobredosis de drama y desesperanza es tremenda.

La segunda historia, «Dos vagabundos», me parece una rara avis en esa colección. Y digo esto porque asistimos al viaje en tren de dos vagabundos por los Estados Unidos. Un viaje en el que hablaran de todo tipo de pesadillas y leyendas urbanas que acabarán volviéndose reales. El toque novedoso está en que justo a esto, también descubriremos que otros elementos míticos positivos también son reales, lo que permite ofrece un toque luminoso final que me ha gustado mucho. Dentro que el vagabundo no va a dejar de serlo.

«El libro de los monstruos necesarios» es el siguiente número. En él, un escritor que acaba de sufrir una gran pérdida escribe un tratado con un bestiario de criaturas inevitables y eternas. El comic alterna páginas de comic tradicional con otras páginas de texto en la que junto a la descripción en prosa del monstruo se incluye una imagen del mismo. Esto consiga que el comic se sienta como algo muy diferente a las historias previas, pero que a mi me funciona peor que el resto.

Por último, «La canción de la ballena» es la última historia, y en ella un padre desconsolado busca venganza contra la ballena que se tragó a su hija Amelia. El pescador entrará al interior de la enorme ballena para buscar a su hija en el universo imposible que se abre delante suyo. Un relato triste porque a la narración en imágenes se añade la carta que el padre escribe mentalmente a su hija perdida, en la que lamenta todas las cosas que debería haber hecho cuando ella estaba viva y que no hijo. Hay un montón de personajes y situaciones freaks, pero la tristeza del relato se transmite de principio a fin.

El dibujo de Martín Morazzo y Chris O´Halloran me parece que está tan acertados como siempre. Nadie como ellos transmiten el drama existencial de estas historias y a unos personajes perdidos, sin esperanza y desamparados ante unos elementos que parece que juegan con ellos. Las expresiones faciales y corporales adquieren una cualidad casi kafkianas en estas páginas, complementando perfectamente a las historias de Prince. Y por si fuera poco, Morazzo se sale en cada uno de los desafíos narrativos que le sugiera el guionista, y acaban formando una dupla perfecta para el tipo de historias que se plantean en esta antología. Trío, en realidad, si añadimos al colorista Chris O´Halloran, que es el tercer vértice que explica el éxito de este comic.

Hay que ir con cuidado con Ice Cream Man y dejar varios meses entre un volumen y el siguiente. O de lo contrario, la sobredosis de desesperanza y depresión puede provocarnos una crisis nerviosa o algo peor. Hecha ya la broma, la verdad es que este comic me da algo que no leo en ningún otro sitio, justificando de sobra su compra. Si buscas comics con historias diferentes, Ice Cream Man sin duda lo es.

Comparto las primeras páginas del número 36 USA que abre este volumen:

Ice Cream Man mantiene sus señas de identidad y se reafirma como una lectura única en el mundo del comic mainstream americano.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Ice Cream Man vol. 8 de W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O´Halloran (Image Comics)

Octava recopilación de Ice Cream Man, la inclasificable antología de historias desesperazadoras y nihilistas obra de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo, con color de Chris O´Halloran, que está publicando Image comics.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Volumen 8: Sujetos y objetos

Ábrete de par en par para recibir cuatro dosis más del cómic de psico-horror más vendido y aclamado por la crítica, ICE CREAM MAN. Aquí, encuadernados con cola de papel de calidad media, hay cuatro relatos de subjetividad objetiva: se cumplen los últimos deseos de un hombre; un experimento controlado pierde todo el control; se equilibra una balanza cósmica (¡en verso!); Doug hace todo lo posible por desintoxicarse. Es otro conjunto de angustia y hastío para el apreciador del arte antológico.

Este octavo volumen recopila los números 29 a 32 USA.

W. Maxwell Prince escribe en Brooklyn y vive con su esposa, su hija y dos gatos. Es autor de ICE CREAM MAN, KING OF NOWHERE, ONE WEEK IN THE LIBRARY, and THE ELECTRIC SUBLIME.

El artista argentino Martín Morazzo hizo su gran debut en los cómics estadounidenses con la saga de ciencia ficción ambiental de 2012, Great Pacific, la primera serie de Image Comics que co-creó con Joe Harris. Desde entonces, Martín ha co-creado Snowfall, una epopeya de ciencia ficción, nuevamente con Joe Harris e Image Comics, y la elegante serie de aventuras criminales, The Electric Sublime, con el escritor W. Maxwell Prince en IDW Publishing. Ice Cream Man, su nueva colaboración con W. Maxwell Prince, está siendo publicada por Image Comics. She Could Fly, una miniserie con el escritor Christopher Cantwell, co-creador y showrunner de Halt and Catch Fire de AMC, y la editora Karen Berger, también está siendo publicada por Berger Books, una editorial de Dark Horse Comics.

Debo tener cierta vena masoquista, porque se a lo que vengo cuando compro un nuevo volumen de Ice Cream Man, y sin embargo el equipo creativo formado por W. Maxwell Prince en el guion, Martín Morazzo en el dibujo y Chris O´Halloran en el color consiguen romperme el alma y dejarme con ganas de abrirme las venas de una manera diferente con cada historia. Tengo claro que el escritor Maxwell Prince debe ser una bellísima persona, pero las cosas que saca de su cabeza me parecen una barbaridad. Desperación, nihilismo y la futilidad de una vida que vamos a vivir solos en soledad que no tiene sentido son temas recurrentes de esta antología de historias que no deja de reinventarse grapa a grapa.

Curiosamente, el primer número de esta antología (nº 29 USA) me parece el menos bueno de los cuatro, al mostrarnos las últimas voluntades de un recién fallecido que tuvo que convivir con una depresión crónica que está dentro de los bienes que va a dar a sus seres queridos. Sin embargo, el siguiente número, el 30, con un ensayo clínico de una nueva droga en la que un paciente cree estar recibiendo un placebo, me parece espectacular. Dentro de lo deprimente y nihilista, claro.

Otro comic brillante es el nº31 USA, en el que Maxwell Prince arruina la alegría de la paternidad al mostrar la forma en que un padre y una hija van creciendo ella y envejeciendo él, planteando un relato triste que se recrea en la soledad de los personajes y las vidas sin sentido. esta historia me ha roto mientras lo leía.

Antes de la terapia de desintoxicación de Doug que veremos en el nº32, un nuevo prodigio de narrativa en la que cada página representa un día de Doug en el centro, tenemos un brillante preludio de 8 páginas en los que Prince y Morazzo parecen transformarse en Scott McCloud para darnos una lección de narrativa gráfica mientras nos explican la teoría de la semiótica mientras vemos la caída de Doug y su conversión en un alcohólico. Cada historia, casi cada página tiene una sorpresa o un hallazgo, ya sea en cuanto a la historia o la narrativa del comic.

El dibujo de Martín Morazzo y Chris O´Halloran me parece que está tan acertados como siempre. Nadie como ellos transmiten el drama existencial de estas historias y a unos personajes perdidos, sin esperanza y desamparados ante unos elementos que parece que juegan con ellos. Las expresiones faciales y corporales adquieren una cualidad casi kafkianas en estas páginas, complementando perfectamente a las historias de Prince. Y por si fuera poco, Morazzo se sale en cada uno de los desafíos narrativos que le sugiera el guionista, o tal vez es él el que le sugiere ideas visuales que luego desarrollan hasta tener clara la historia, lo veo como una posibilidad. Pero ya sea una u otra opción, la verdad es que acaban formando una dupla perfecta para el tipo de historias que se plantean en esta antología.

El caso es que no estamos ante un comic de terror al uso, más bien sería un drama existencial ante el descubrimiento que estamos solos en el universo, nadie cuida de nosotros, y nada bueno nos espera aparte del vacío y la nada. Me gusta esta sensación de no intentar vendernos nada y no ofrecer un mensaje moralizante, sólo romperte un poco por dentro al ir cayendo por la madriguera de conejo hacia este deprimente y depresivo mundo en el que se encuentran los protagonistas de las diferentes historias.

Hay que ir con cuidado con Ice Cream Man y dejar varios meses entre un volumen y el siguiente. O de lo contrario, la sobredosis de desesperanza puede provocarnos una crisis nerviosa o algo peor. Hecha ya la broma, la verdad es que este comic me da algo que no leo en ningún otro sitio, justificando de sobra su compra. Si buscas comics con historias diferentes, Ice Cream Man sin duda lo es.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

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Crítica de Ice Cream Man vol. 7 de W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O´Halloran (Image Comics)

Tras unos meses de descanso, llega una nueva dosis de nihilismo y desolación con el séptimo volumen de Ice Cream Man, la antología de historias inclasificables obra del escritor W. Maxwell Prince y los artistas Martín Morazzo y Chris O´Halloran, publicado por Image Comics.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

ICE CREAM MAN -la serie antológica de cómics aclamada por la crítica y con gran éxito de ventas- continúa aquí con otros cuatro desafortunados y enervantes episodios de descensos: un avión cae del cielo; un hombre sube al fondo de su árbol genealógico; ¡la presión sanguínea de Oscar desciende por debajo de 90/60! Es un compendio de descensos cuidadosamente calibrados para consumidores de contenidos curiosos y cabizbajos… así que acompáñanos a continuación.

Este séptimo volumen recopila los números 25 a 28 de la serie regular USA.

W. Maxwell Prince escribe en Brooklyn y vive con su esposa, su hija y dos gatos. Es autor de ICE CREAM MAN, KING OF NOWHERE, ONE WEEK IN THE LIBRARY, and THE ELECTRIC SUBLIME.

El artista argentino Martín Morazzo hizo su gran debut en los cómics estadounidenses con la saga de ciencia ficción ambiental de 2012, Great Pacific, la primera serie de Image Comics que co-creó con Joe Harris. Desde entonces, Martín ha co-creado Snowfall, una epopeya de ciencia ficción, nuevamente con Joe Harris e Image Comics, y la elegante serie de aventuras criminales, The Electric Sublime, con el escritor W. Maxwell Prince en IDW Publishing. Ice Cream Man, su nueva colaboración con W. Maxwell Prince, está siendo publicada por Image Comics. She Could Fly, una miniserie con el escritor Christopher Cantwell, co-creador y showrunner de Halt and Catch Fire de AMC, y la editora Karen Berger, también está siendo publicada por Berger Books, una editorial de Dark Horse Comics.

Como decía Forrest Gump, coger el nuevo volumen de Ice Cream Man es como abrir una caja de bombones, nunca sabes qué te vas a encontrar. Y me parece una barbaridad como W. Maxwell Prince plantea en cada nueva grapa un desafío narrativo diferente para el dibujante Martín Morazzo y el colorista Chris O´Halloran. Las historias son siempre inclasificables pero dejan poso y hacen que pienses en los mensajes ocultos que hay en cada una de las historias. El hecho que Prince apueste de esta manera en la grapa como unidad para contar sus historias auto conclusivas me parece otro elemento contracorriente de este comic, teniendo en cuenta que el mercado sin duda apuesta por los arcos y las historias serializadas pensadas para ser publicadas en tomos.

El terror es un género en auge en el mundo del comic, pero estas historias son más un drama existencial que transmite la desesperación por un mundo en el que no tenemos cabida, lleno de cosas aterradoras a nuestro alrededor que pueden o no ser sobrenaturales. En este sentido, el número 26 en el que una persona explora (literalmente en el comic) su árbol genealógico y descubre que sus antepasados todos fueron unos fracasados y él está condenado a repertirlo, y a pesar de todo quiere romper con el pasado, me ha parecido una historia brillante. Incluso cuando apuesta con cambiar el pasado brindando con una copa de alcohol, lo que sugiere que sigue cayendo en la espiral autodestrutiva.

La analogía que hace el comic en su número 27 sobre que somos insectos esperando ser machacados por el sistema, y que a veces sería preferible disfrutar de su vida sencilla sin las preocupaciones existenciales que ahora sufrimos y sobre las que no tenemos ningún control, es otra idea potentísima que me flipa que me la hayan presentado en las 26 páginas que tienen estos números.

El dibujo de Martín Morazzo y Chris O´Halloran me parece que está tan acertados como siempre. Nadie como ellos transmiten el drama existencial de estas historias y a unos personajes perdidos, sin esperanza y desamparados ante unos elementos que parece que juegan con ellos. Las expresiones faciales y corporales adquieren una cualidad casi kafkianas en estas páginas, complementando perfectamente a las historias de Prince. Y por si fuera poco, Morazzo se sale en cada uno de los desafíos narrativos que le sugiera el guionista, o tal vez es él el que le sugiere ideas visuales que luego desarrollan hasta tener clara la historia, lo veo como una posibilidad. Pero ya sea una u otra opción, la verdad es que acaban formando una dupla perfecta para el tipo de historias que se plantean en esta antología.

Por cierto, hablando de la serie en su conjunto, llevábamos varios tomos en los que parecía que el tema general del heladero del infierno había quedado en segundo término. Sin embargo, en este volumen parece que Prince empieza a plantear el que pudiera ser el final de la serie retomando al heladero, protagonista del comic aunque sea en el título, dado que ha estado ausente. Por un lado, me gusta que las historias tengan un final, pero este Ice Cream Man es tan diferente a todo que creo que echaré de menos este comic en caso que se confirme que el final está próximo.

Ice Cream Man es una rareza maravillosa dentro del mundo del comic mainstream americano. Estoy disfrutando muchísimo este comic, y espero seguir haciendo mientras Prince y Morazzo tengan ganas e ideas de seguir publicando esta serie.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

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Crítica de Ice Cream Man vol. 6 de W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O´Halloran (Image Comics)

Tras unos meses de descanso, vuelvo al mundo nihilista y descorazonador de Ice Cream Man, la antología creada para el sello Image Comics por parte de W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O´Halloran, con un sexto volumen que nos ofrece cuatro nuevas historias que destacan por su originalidad.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Aquí llega el heladero para otra ración de dulces amargos: otras cuatro historias de sufrimiento y supervivencia que inducen a la caries, con ilimitados aderezos para los helados. Intenta que no se te pudran los dientes con estos enfermizos bocados secuenciales que, si no tienes cuidado, podrían alojarse bajo las encías, en lo más profundo de las raíces, más allá del alcance incluso del mejor dentista. Ahora, abre bien los ojos…

Este sexto volumen recopilar los números 21 a 24 USA.

W. Maxwell Prince escribe en Brooklyn y vive con su esposa, su hija y dos gatos. Es autor de ICE CREAM MAN, KING OF NOWHERE, ONE WEEK IN THE LIBRARY, and THE ELECTRIC SUBLIME.

El artista argentino Martín Morazzo hizo su gran debut en los cómics estadounidenses con la saga de ciencia ficción ambiental de 2012, Great Pacific, la primera serie de Image Comics que co-creó con Joe Harris. Desde entonces, Martín ha co-creado Snowfall, una epopeya de ciencia ficción, nuevamente con Joe Harris e Image Comics, y la elegante serie de aventuras criminales, The Electric Sublime, con el escritor W. Maxwell Prince en IDW Publishing. Ice Cream Man, su nueva colaboración con W. Maxwell Prince, está siendo publicada por Image Comics. She Could Fly, una miniserie con el escritor Christopher Cantwell, co-creador y showrunner de Halt and Catch Fire de AMC, y la editora Karen Berger, también está siendo publicada por Berger Books, una editorial de Dark Horse Comics.

En este sexto volumen de Ice Cream Man nos encontramos cuatro historias que vuelven a resaltar por su originalidad y diferencia entre si, algo que merece todos los elogios del mundo, pensando que estamos ya en la segunda docena de historias publicadas. En el número 21 W. Maxwell Prince hace su particular homenaje a las historias noirs de detectives que buscan resolver un caso mientras su vida personal está punto de desaparecer al abandonar completamente a su mujer.

Sólo Ice Cream Man puede plantear un comic como el número 22 que combina el calendario de adviento con el drama del aborto, dejándonos con cierta sensación de esperanza de cara al futuro, un final relativamente positivo que resulta una rara avis en la serie. El mundo de los talk-shows es el atrezzo en el número 23 para una historia super surrealista que mezcla prosa con narración con splash-pages que pone de manifiesto que «shit happens» y que a menudo buscamos una explicación y una moraleja a situaciones que no las tienen, ya que las cosas pasan porque si sin importar si fuiste bueno, malo, o cualquiera de los pasos intermedios.

Por último, el número 24 es una historia angustiosa que pone la vida humana por debajo de la audiencia de un programa televisivo, conectando de alguna manera con el cosmic-terror de Lovecraft y el existencialismo de Kafka con unas personas que son (somos) meros peones de seres más poderosos que nosotros para los que nuestra vida no vale nada, sólo es parte de su juego.

W. Maxwell Prince crea unas historias con reminiscencias a los cuentos populares que no tienen por qué terminar bien y que a pesar de su aparente ligereza y facilidad de lectura, nos golpean con momentos perturbadores en cada número. El caso es que no estamos ante un comic de terror al uso, más bien sería un drama existencial ante el descubrimiento que estamos solos en el universo, nadie cuida de nosotros, y nada bueno nos espera aparte del vacío y la nada. Me gusta esta sensación de no intentar vendernos nada y no ofrecer un mensaje moralizante, sólo romperte un poco por dentro al ir cayendo por la madriguera de conejo hacia este deprimente y depresivo mundo en el que está situada la acción.

Hay que reconocer que una gran parte del éxito de las historias de Prince es sin duda gracias al estupendo artista argentino Martín Morazzo. El dibujante tiene un dibujo de narrativa perfecta, y su estilo naturalista de línea fina contrasta con los shocks a los que se enfrentan unos protagonistas que transmiten humanidad desesperanzada y sin esperanza, y esa cualidad del «vecino de al lado» que hace que sientas que estas pesadillas pueden suceder a nuestro alrededor.

Morazzo y el colorista Chris O´Halloran tienen una estupenda colaboración en Ice Cream Man a la hora de crear las escenas de pesadillas y los numerosos momentos malrolleros que encontramos en cada historia, creando unas imágenes que se quedan grabadas en las pupilas que están a medio camino entre el realismo y el expresionismo. Las portadas de este volumen son además un buen ejemplo del intento de hacer que Ice Cream Man destaque en las estanterías como el comic único que sin duda es.

En este mundo del comic maintream americano dominado por los arcos argumentales de 5/6 números para su posterior publicación en tomo, y de largas historias río, es refrescante poder leer un comic que en 24 páginas cuenta una historia autoconclusiva y satisfactoria. Aunque sean historias tan desasosegantes, deprimentes y nihilistas como las que nos proponen Prince, Morazzo y O´Halloran.

Dentro que me encanta la filosofía detrás de esta antología de historias, tengo que reconocer que son tan deprimentes (aunque en este volumen podría decirse que hay dos finales felices), que deben ser leídas con el estado mental adecuado. Cada volumen de Ice Cream Man me deja siempre un poco roto por dentro, y aunque en Estados Unidos ya se ha publicado el séptimo volumen, siempre necesito tomarme un respiro de unos meses antes de volver a este comic. Sin embargo, si eres de los que te gustan las historias diferentes a todo, este creo que te encantará .

Ice Cream Man es una rareza maravillosa dentro del mundo del comic mainstream americano. No tengo ni idea si los creadores tienen un final a la vista para esta antología, pero yo estoy disfrutando muchísimo este comic.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

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