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Crítica de La ciudad es nuestra (HBO Max)

Ver una serie de David Simon es siempre una obligación. Y me ha flipado y acongojado conocer que la historia de La ciudad es nuestra (We own the city, en HBO Max) está basada en hechos reales que realmente sucedieron en la ciudad de Baltimore.

PUNTUACIÓN: 8/10

6 episodios. Baltimore, 2015. La muerte en circunstancias sospechosas de Freddie Gray, un joven negro bajo custodia policial, ha provocado una ola de disturbios. La ciudad alcanza un nuevo récord de asesinatos. Bajo presión por la oficina del alcalde y por una investigación federal sobre la muerte de Gray, la policía de Baltimore recurre al Sargento Wayne Jenkins y a su unidad de élite de agentes de paisano, para librar las calles de armas y drogas. Sin embargo, una conspiración criminal sin precedentes se desarrolla en el departamento de policía, mientras Jenkins decide explotar la crisis.

Creada por David Simon y George Pelecanos, La ciudad es nuestra ha contado con Reinaldo Marcus Green como director de todos los episodios. A partir del libro del mismo título del periodista del periódico Baltimore Sun Justin Fenton, Simon y Pelecanos escriben los guiones de los seis episodios con Ed Burns, William F. Zorzi y D. Watkins. La serie cuenta con fotografía de Yaron Orbach y música de Kris Bowers.

Como es habitual en las series de Simon y Pelecanos, nos encontramos ante un reparto coral en el que destaca Jon Bernthal como el sargento Wayne Jenkins, figura central del Grupo de Trabajo de Rastreo de Armas (GTTF) del Departamento de Policía de Baltimore. Treat Williams, Josh Charles, Jamie Hector, Domenick Lombardozzi, Don Harvey, Delaney Williams, Rob Brown, Tray Chaney, Wunmi Mosaku, Darrell Britt-Gibson, Dagmara Dominczyk y David Corenswet, entre otros, completan el reparto de la serie.

Más allá del elemento televisivo, lo más aterrador de La ciudad es nuestra es pensar que los hechos reflejados en esta serie sucedieron realmente en la ciudad de Baltimore durante un montón de años. Esta crónica de una corrupción policial que ha contaminado a toda una ciudad me parece increíble. Simon y Pelecanos aprovechan esta historia real para criticar no sólo a un cuerpo policial super corporativista que primero de todo protegen a los suyos sin importar lo clamorosas que sean las evidencias contra los agentes, sino a todo el entramado político-económico que bajo la excusa de la «guerra contra la droga» se ha cargado una convivencia ya de por si complicada por la existencia de crimen y pobreza extremas. Como comenta la series, antes la policía podían hablar con la gente, y la gente les contaba cosas de la calle, tras años de brutalidad policial, nadie quiere hablar con agentes que detuvieron sin motivos a algún familiar o amigo, hasta el punto que es complicado formar un jurado que confía en la limpieza de la policía. Tremendo.

La serie plantea una narración fragmentada cronológicamente que hace que en algunos momentos sea difícil seguir en qué momento está sucediendo cada cosa. Supongo que al adaptar un libro que a su vez hace una narración de hechos «probados» de brutalidad policial o de actos criminales cometidos por policías normalmente contra población normal, no hay sitio para el análisis psicológico de las personas (policías) que cometen esos delitos. Sin embargo, esto hace que la narración al final quede un tanto deslavazada, porque no llegamos a ver una evolución en estos policías, aparentemente en un momento no estaban sucios y al siguiente ya habían formado un entramado criminal con los miembros de su unidad.

El proceso mental que lleva a unas personas a creer que quedarse con dinero ajeno está mal, a empezar a quedarse parte de cantidades incautadas en un registro anti drogas y terminar robando el dinero que un transeúnte lleva en el bolsillo cuando le detienen porque sí es acojonante. Esto provoca que el título sea muy representativo, porque esos policías realmente pensaban que podían hacer lo que quisieran sin consecuencias, y al final fue esa confianza lo que afortunadamente les condenó.

Dentro de todo, la duración de 6 episodios la encuentro perfecta para transmitir de la mejor manera posible el mensaje que quieren transmitir. Un mensaje un tanto desalentador, ya que el final de la serie nos muestra que tanto la recién nombrada alcaldesa como el nuevo jefe de policía tuvieron que dimitir al descubrirse delitos de corrupción de ambos. Si esas personas son las que tienen que mejorar la situación de la ciudad, parece que van apañados.

El casting coral de la serie me parece que está muy acertado, dentro que tienen un trabajo más funcional que emocional. La figura de los abogados de derechos civiles es fundamental para la historia, porque son los que ponen el contexto social a todo este drama y resaltan el mensaje que no es sólo un problema policial, sino que también está provocado por unos políticos inútiles a los que sólo les interesa maquillar la realidad para mostrar lo que a ellos más les interesa en cada momento. Y en muchos momentos, el mensaje era que estaban bajando los delitos violentos, aunque para ello se pisotearan los derechos civiles de cientos de personas a los que se detenía sin causa y les obligaban a pasar varios días entre rejas para luego quitarles los cargos inventados que justificaron la detención en primer lugar. Buff, como digo, es todo tremendo.

Comparto el trailer de esta serie:

La ciudad es nuestra es una serie estupenda que nos pone ante lo peor de la corrupción policial que acosa a los Estados Unidos. Visionado obligado.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Juego de Tronos: La Casa del Dragón temporada 1 (HBO Max)

Termina la primera temporada de Juego de Tronos: La Casa del Dragón, y no sabéis la alegría que me da poder decir lo mucho que me ha gustado la serie, de largo la más satisfactoria de todas las series de grandes franquicias contra las que competía en las últimas semanas.

PUNTUACIÓN: 8/10

Historia ambientada 172 años «antes de Daenerys Targaryen», y en el noveno año del reinado de Viserys Targaryen (Paddy Considine), un rey cuya línea de sucesión está en peligro. Su esposa Aemma (Sian Brooke) está embarazada, aunque no hay garantía de que dé a luz a un heredero varón. Si no lo hace, entonces el Trono de Hierro recaerá bien sobre el hermano de Viserys, Daemon, un gobernante impulsivo y potencialmente tiránico (Matt Smith); o bien, rompiendo con la tradición, en la hija adolescente de Viserys, Rhaenyra (Milly Alcock), cuyo reclamo del trono está destinado a tener una fuerte oposición. (FILMAFFINITY)

En medio del bloqueo creativo que le impide terminar Canción de Hielo y Fuego, George R.R. Martin si pudo publicar en 2018 Fuego y Sangre, novela planteada para contar el origen de la Casa Targaryen antes de los sucesos de sus novelas previas. Martin ha manifestado que esta es la primera de dos novelas destinadas a contar los sucesos en este momento temporal. Tras el final de Juego de Tronos, HBO se moría por producir más material ambientado en el mundo de Poniente, y adaptar esta novela era sin duda la mejor opción posible. Para ello, Martin ha estado super implicado en la creación de esta serie, que ha sido creada por él y por el guionista Ryan Condal. Condal y el director Miguel Sapochnik, director de alguno de los mejores episodios de Juego de Tronos, actúan como showrunners de esta primera temporada que contará con 10 episodios, con Sapochnik dirigiendo el episodio piloto y otros dos episodias de la temporada. Otros directores han sido Greg Yaitanes (3 episodios), Clare Kilner (3) y Geeta Vasant Patel.

Waner / HBO Max ha tirado la casa por la ventana para esta serie. Se estima que cada episodio ha costado 20 millones, frente a los 6 que costó la primera temporada de Juego de Tronos a los entre 15 y 20 de la octava y última temporada. Para La Casa del Dragón, los productores han optado con buen criterio a contratar de nuevo a Ramin Djawadi para que cree la música de la serie, que se ha grabado en localizaciones de Inglaterra, Portugal y España. House of the Dragon es además la primera producción que se rodó en el nuevo escenario de producción virtual de Warner Bros. Leavesden Studios, similar el Dome de Disney, aunque informó que desmontó el escenario difgital para dar paso a otras producciones standard en esos estudios.

En la Casa Targaryen, encontramos a Paddy Considine como el rey Viserys I Targaryen, rey de los Siete Reinos. Milly Alcock interpreta a la joven Rhaenyra Targaryen, hija de Viserys, mientras que Emma D´Arcy es la Rhaenyra adulta. Matt Smith es el príncipe Daemon Targaryen, hermano menor de Viserys I. En la Casa Hightower tenemos a Rhys Ifans como Sir Otto Hightower, Mano del Rey. Emily Carey interpreta a la joven Alicent Hightower, hija de Sir Otto y amiga de la infancia de Rhaenyra, mientras que Olivia Cooke interpreta a la Alicent adulta. En la Casa Velaryon tenemos a Steve Toussaint como lord Corlys Velaryon, señor de las Mareas y esposo de la princesa Rhaenys Targaryen (Eve Best), prima del rey Viserys I y cuya aspiración de ser ella la reina de los Siete Reinos fue cortada por unos nobles que eligieron a Viserys al no aceptar a una mujer como reina.

Juego de Tronos: La Casa del Dragón ha sido un entretenimiento de primer nivel que nos ha mostrado a personajes complejos e interesantes en un mundo de Poniente que recuerda a lo ya conocido pero que ha conseguido adquirir entidad propia en esta primera temporada. La Casa del Dragón me ha gustado en su visionado semanal y me ha justificado la suscripción que he pagado a HBO durante estos últimos dos meses, así que en ese sentido HBO Max debe sentirse tremendamente satisfecha, además de por unos datos de audiencia que han sido realmente buenos y aseguran que la segunda temporada será un éxito cuando se estrene.

HBO Max ha tirado la casa por la ventana y se transmite que es una producción de primer nivel. Las localizaciones, vestuario, efectos especiales y escala del guion ofrece un entretenimiento de primer nivel que luce estupenda la mayor parte del tiempo. Es cierto que Los Anillos de Poder en Prime ha sido más espectacular (aunque el guion fuera desastroso), pero HBO ha acertado creando el tono que esta historia necesitaba. Por cierto, como pasó en su día con Juego de Tronos, han vuelto a haber quejas porque algunos episodios se veían demasiado oscuros, lo cual me parece un error incomprensible dado que no es la primera vez que sucede y se supone que justo HBO debería controlar la problemática del visionado de series en streaming, etc…

El gran desafío de la serie giraba en torno a presentar personajes que fueran igual de carismáticos que los de Juego de Tronos. Dentro que ahora nadie se acuerda, pero esos actores ahora super conocidos en su momentos estaban más verdes que una lechuga, justo como les pasa a estos. Y la verdad es que Viserys, Rhaenyra, Daemon y Alicent me parecen personajes super interesantes y complejos que consiguen mantener la serie casi por ellos mismos. En lo relativo al reparto, creo que todos están muy bien en sus papeles, aunque me chocó el cambio de actrices protagonistas a mitad de la temporada, cuando los actores varones sí que se mantuvieron en la serie. En este sentido, el único pero que le pondría al reparto son los hijos de Rhaenyra y sobre todo Alicent, que sufren unos cambios en pocos años que rompen la suspensión de credulidad. Este error de casting de los príncipes es quizá el único pero que le encuentro en lo relativo a los actores escogidos.

Y reconozco que se hace extraño ver una serie de Juego de Tronos prácticamente con una única familia protagonista, unida a los Hightower o los Velaryon, frente a la narrativa coral con múltiples frentes simultáneos de Juego de Tronos, pero una vez que entendí que esto estaba planteada de forma diferente a la serie madre, pude disfrutar mucho más de la serie.

Un pero que se puede sacar a La Casa del Dragón tiene que ver con el ritmo de la serie, en especial si se compara con lo que fue Juego de Tronos. Como veis, la comparación es continua, pero es inevitable cuando los productores han sido los primeros en hacer esta conexión empezando por el tema principal de Ramin Djawadi. Que La casa del Dragón no tenga su propio tema me parece un error de bulto muy importante, porque por un lado intentas dotar a la serie de su propia personalidad, pero por otro ellos mismos nos recordaban todas las semanas que son lo mismo, aunque en momentos temporales diferentes. Volviendo al ritmo, diría que todos los episodios de una hora de duración me dejaron con la sensación que se podía haber contado exactamente lo mismo con 10 / 15 minutos menos de duración. En varios momentos sobre todo en la primera mitad de la serie la sensación fue que lo que habían contado sería uno de los subargumentos de un episodio de Juego de tronos y se hubiera podido condensar sin problemas en 15/20 minutos. Entendiendo que son imprescindibles para entender lo que pasa a continuación, los 5 episodios con las princesas adolescentes se sienten a veces como un prólogo super ampliado a lo que veremos a continuación con las princesas convertidas en madres y esposas, que es lo realmente interesante.

Incluso aceptando que La Casa del Dragón es otra cosa y se merece poder contar su historia con el ritmo que ellos estimen oportuno, así lo he entendido yo, hay otro elemento que puede no cuadrarle a algún espectador. Y es que estando todos los episodios bien mientras la trama avanza a su ritmo pausado, en la mayoría de veces me dejaban la sensación que el siguiente episodio podía ser el realmente brillante de la serie. El que nos ofreciera el climax emocional o directamente, el inicio de la guerra y el gran espectáculo que se llevaba anticipando desde el principio. Sin embargo, cuando pasaba una semana y veía dicho episodio ¡me hacía sentir igual, lo mejor parecía que seguía estando por llegar!

Todos los espectadores vimos desde el primer episodio que la clave de esta temporada es que habrá paz mientras Viserys viva. Él mantiene el reino estable, pero en cuanto palme se abrirá el infierno en Poniente por la lucha por la corona. Ya fue sorpresa asistir al salto temporal de 10 años y comprobar que Viserys aún vivía, pero a medida que avanzan los episodios hay una creciente sensación de «ahora se muere y se va a liar parda». Al final del 7º episodio (un episodio super chulo, por cierto) tras la lucha de los niños y la tensión con las familias enfrentadas, todo indicaba que los padres iban a continuar el combate y ahora si se «liaba”. Pero llega el 8º episodio en el que vuelven a hacer un salto temporal (en este caso de 6 años) y todo ha seguido más o menos igual ya el Rey Viserys sigue vivo, aunque apenas. Tras otro episodio muy chulo en el que Viserys fallece en paz al haber podido disfrutar de una cena con toda su familia, el pensamiento general era “ahora si, la reina (o más concretamente su padre Hightower) va a intentar matar a Rhaenyra y toda su familia y ahora se lía”.

Sin embargo, empieza el 9º episodio, (buen episodio, quizá un poco inferior al 8º) y hacen la pequeña trampa narrativa de hacer que Rhaenyra y toda su familia se marchara de Desembarco del Rey esa misma madrugada nada más terminar la cena. Que es necesario porque si se hubieran quedado y el Señor Hightower les mata se acaba la serie (igual que si Rhaenys hubiera matado a todos al final del 9º), ojo. Pero aquí no hay elipsis temporal, Viserys muere la misma noche del banquete y de alguna forma muere feliz porque ha visto a toda su familia junta y en paz. Y al menos a mi me choca porque lo lógico y normal pensando que nadie podría anticipar que el rey iba a morir esa misma noche no es que Rhaenyra se suba a un barco de madrugada, sino que duerman y a la mañana siguiente recojan todos sus bártulos, hijos y sirvientes y partan por la mañana. Pero lo dicho, sin ese lógico truco narrativo, la serie se acaba.

El episodio 9 tiene el punto de vista de la Reina Alicent en Desembarco del Rey, cuando siempre el noveno episodio de Juego de Tronos era en el que se liaba (p.ej. La Boda Roja ola Batalla de los Bastardos), lo cual fue un poco bajón. Dentro que el episodio en si me gustó y estuvo chulo, como todos en general. Pero cuando llega el décimo episodio y ves que se va a conter desde el punto de vista de Rhaenyra en Rocadragón, aunque tenga sentido narrativamente, podría decirse que nos ha robado el climax de esta temporada, al dejar la guerra que se lleva anticipando casi desde el principio para la segunda temporada. Aunque a mi me ha gustado la serie y me ha gustado el cliffhanger con el que ha finalizado, puedo entender que haya público que se haya podido sentir un poco estafado al haber terminado la temporada sin un climax verdaderamente potente.

Hay otro elemento que hay que comentar en relación a la representación de los personajes reflejando los criterios de lo políticamente correcto imperante en la actualidad. Martin empezó a escribir las novelas de Canción de Hielo y Fuego en los años 90. Fruto de esto encontramos personajes memorables que eran capaz de lo mejor y de lo peor que vivían en un mundo de grises. La vida en el medievo era dura y cruel y la serie reflejaba esto con protagonistas que hacían lo que fuera por sobrevivir ellos como primera prioridad, y ayudar a que su Casa triunfara frente a sus enemigos a continuación. De esta forma, excepto aún personaje puntual (Tywin Lannister o Ramsay Nieve me vienen inmediatamente a la cabeza) no me atrevería a calificar como «villano» a ninguno de los personajes principales. Incluso Cersei al final intenta proteger a sus hijos y la estirpe Lannister, desde su punto de vista no es mala aunque sus actos sin duda lo sean, sobre todo aplicando la lógica medieval. Y de igual forma, excepto quizá Jon Nieve, nadie puede ser calificado de «héroe» puro.

Fuego y Sangre, la novela de Martin que inspira esta serie se publicó en 2018. Y la diferencia en el tratamiento de los personajes es como de la noche al día. Todas las mujeres principales de la serie, la princesa Rhaenyra Targaryen, la reina Alicent Hightower y la princesa Rhaenys Targaryen de la casa Velaryen son mujeres de altos valores morales que hacen lo correcto, no lo que hay que hacer para sobrevivir. Hasta un personaje secundario como la jefa de las prostitutas en una negociación con la Mano del Rey no pide riquezas materiales para ella, sino que terminen los combates ilegales de niños. Lo nunca visto. A lo largo de la temporada si parece que Alicent puede ser calificada como «la mala» al moverse por envidia contra Rhaenyra porque ella es una coneja que solo se la quiere para parir herederos al trono mientras su amiga Rhaenyra se va de picos pardos y disfruta de su vida sin preocupaciones gracias a la protección de su padre el Rey. Sin embargo, el guion la rehabilita al final de la temporada, aceptando la sucesión planteada por su marido a favor de Rhaenyra. Que luego hagan que Viserys en su lecho de muerte le diga a Rhaenyra que su hijo Aegon debe reinar crea la justificación moral para que Alicent usurpe el trono en favor de su hijo, actuando no en su beneficio egoísta, sino por el futuro de sus hijosy lo que cree que le ha pedido su marido con su último aliento. Todo lo que hacen las 3 princesas puede ser calificado como «bueno» y dentro de los valores morales de lo que es correcto en el siglo XXI. Una ordena que no se intente matar a Rhaenyra cuando sería lo mejor para evitar una guerra abierta porque es lo honorable, mientras que las otras dos no quieren ser ellas las que inicien la guerra y harán todo lo que esté en su mano para evitarla a pesar de las voces que sugieren lo contrario a su alrededor. Esto provoca que dentro que me parecen personajes interesantes, claramente se pierde la complejidad y la ambigüedad que caracterizaba a Juego de Tronos.

Sin embargo, los hombres de la serie son todos unos violentos conspiradores ávidos de poder que harán lo que sea para conseguirlo. Que actúan dominados por la espada y el pene, los instintos más bajos, en lugar de pensar con la cabeza pensando lo que es mejor para el Reino y para sus habitantes. La diferencia entre sexos es abismal, demasiado para ser algo casual. Incluso el Rey Viserys que podría decirse que ha sido un buen Rey y ha conseguido mantener el reino en paz, es mostrado como un rey dubitativo que ha sido dominado en muchos momentos por los que están a su alrededor, empezando por la Mano del Rey, algo que no son las cualidades que se suponen a un buen líder. No, la sensación que han amoldado la historia de una obra de entretenimiento que se sabe va a ser popular para que enlace con los actuales dogmas identitarios es inevitable. Por suerte, aunque lo ha bordeado, nunca ha caído en el panfleto más chabacano, gracias a una trama con buenas caracterizaciones para los principales personajes, lo que me ha permitido entrar en la historia y disfrutar de esta Casa del Dragón. Acepto que Alicent y Rhaenyra son como son, y el drama alrededor de su disputa por el trono me ha resultado realmente interesante, de forma que me vale la historia tal y como nos la han contado.

Dicho esto, reconozco que al comienzo de la serie estaba deseando ver múltiples combates de dragón y frentes de guerra con cientos o miles de soldados enfrentados, y eso no hemos llegado a verlo. Sin embargo, los guionistas han conseguido engancharme únicamente con las intrigas palaciegas, lo cual me indica que HBO ha contado con unos buenísimos guionistas, además de contar con el libro de Martin como lienzo a partir del cual crear la serie. Volviendo a la comparación, prefiero mil veces más una serie como La Casa del Dragón en la que los personajes se muevan por evoluciones predecibles porque son lógicas y cuadran su psicología, que fuegos de artificios visuales como Los anillos de Poder con una historia que es una tomadura de pelo que parece que se ríe del espectador pensando que aceptaremos cualquier cosa mientras sea sorprendente. Para mi no hay duda, prefiero a Juego de Tronos frente al producto de Prime Video.

George RR Martin ha afirmado en entrevistas que para contar la historia de los Targaryen antes de Juego de Tronos estima que La Casa del Dragón debería tener 4 temporadas. De momento HBO sólo ha confirmado una segunda temporada que empezará a rodarse en localizaciones en España en la primavera de 2023, lo cual hará que probablemente su estreno no pueda anunciarse hasta 2024. En cualquier caso, creo que HBO Max sabe que tiene un bombazo entre manos, y no me extrañaría que las 4 temporadas de Martin puedan llegar a ampliarse alguna más si el éxito se mantiene tras la emisión de la segunda.

Aunque los dos años de espera pueden ser demasiados, no tengo duda que cuando sea que se estrene yo me suscribiré a HBO Max (o lo que haya en ese momento) para verla.

Comparto el trailer de esta serie:

La Casa del Dragón es LA SERIE de fantasía, espada y brujería de la temporada. Muchas ganas de saber cómo continuará la historia en su segunda temporada.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Lo que hacemos en las sombras temporada 4 (HBO Max)

Lamentablemente, la cuarta temporada de Lo que hacemos en las sombras recién emitida en HBO Max comete el peor error que puede sufrir una comedia, dejar de ser graciosa.

PUNTUACIÓN: 5.5/10

Serie planteada como un falso documental ambientado en Staten Island que sigue a tres (cuatro) vampiros que llevan viviendo juntos cientos de años.

En esta cuarta temporada, los vampiros vuelven de su viaje y descubren que su mansión está a punto de derrumbarse y que hay una nueva criatura en casa.

La serie creada por Jemaine Clement ha contado con 10 episodios en esta cuarta temporada de 25 minutos cada uno, con Paul Simms como showrunner de esta temporada. Estos episodios han sido dirigidos por Yana Gorskaya (4 episodios), Kyle Newacheck (4), Tig Fong (1) y DJ Stipsen (1). En los guiones, Simms escribe tres espisodios, el primer y último de la temporada y el cuarto, con el resto de escritores de su sala de escritores encargándose casi a razón de un escritor por episodio.

En el reparto encontramos a los habituales Kayvan Novak como Nandor el Implacable, Matt Berry como Leslie «Laszlo» Cravensworth, Natasia Demetriou como Nadja de Antipaxos, Harvey Guillén como Guillermo de la Cruz y Mark Proksch como Colin Robinson (en esta temporada Baby Colin). En esta 4ª temporada, también encontramos a Kristen Schaal como La Guía – Una enviada del Consejo Vampírico a la que le gusta flotar y a veces hablar con voz demoníaca que en esta temporada se hace amiga de Nadja y la ayuda a convertir la sede del Consejo Vampírico en un club nocturno vampírico. Anoop Desai es el Djinn, el genio mágico de Nandor, mientras que Parisa Fakhri vuelva al papel de Marwa – la ex esposa resucitada de Nandor, ahora prometida

Me ha dado muchísima pena comprobar como la mejor comedia de la televisión ha perdido completamente su toque en esta cuarta temporada. Y no es que una trama concreta no me ha gustado, es que ninguna creo que funciona igual de bien que lo que nos ofrecieron las anteriores temporadas. Quizá una parte importante del fracaso de esta cuarta temporada parte del hecho que Nandor, Nadja y Laszlo van a su bola y casi no comparten minutos en pantalla, lo que va en contra de la propia dinámica de la serie y lo que ayudó a engancharnos en primer lugar. Esto ya sucedió en parte durante la tercera temporada, pero en ésta el problema se hace dramático, al no conseguir enganchar con ninguna y no ser suficiente con la ironía de Guillermo.

Nandor pasa casi todo el tiempo haciendo el tonto con el djinn que ha encontrado en una lámpara (realmente la clave para sacar al genio se la da Guillermo), con unas tramas que giran alrededor de su intención de volver a casarse. Nadja junto a La Guía se dedican a ponen en marcha su club para Vampiros Nadja´s como medio para ganar pasta que les permita pagar las reformas que hay que realizar en su mansión. Y mientras, Laszlo se quedó en la casa cuando Nandor, Nadja y Guillermo se marcharon al final de la temporada anterior para criar a un Colin Robinson renacido en el cuerpo de un bebé y que irá creciendo a medida que avanza la temporada.

Entiendo que igual el problema no es la serie sino mi yo espectador, y con lo que antes me partía de risa ahora me deja indiferente. También podría decirse que siendo esta la cuarta temporada se ha perdido de alguna manera la sorpresa y eso hace que no encuentre divertidas las situaciones. Sin embargo, la tercera temporada tampoco era novedosa y me reía un montón en prácticamente todos los episodios, aparte que todo lo relacionado con Colin Robinson es novedoso. No, se trata pura y simplemente que las situaciones planteadas no son tan divertidas. Del Colin adulto al Colin niño hay un abismo de situaciones que no son divertidas, pero tampoco lo es casi nada del club de Nadja, un fail absoluto de argumento. Episodios como el del novio de Guillermo o el cameo de Soffia Coppola son de las pocas cosas realmente divertidas de la temporada, pero me ha parecido que es demasiado poco, demasiado tarde en la serie como para hacer que la valoración pueda ser mejor. El final ofrece una idea interesante sobre que para los vampiros las cosas siempre vuelven a su orden establecido, dando igual las vueltas que haya podido dar la serie. Algo que sólo el factor humano de Guillermo puede cambiar. Cómo idea me parece chula, pero de nuevo, me parece muy poco para una temporada completa.

Creo que Lo que hacemos en las sombras es el ejemplo perfecto de serie que ha quemado su premisa y su humor, y hubiera sido mejor que los creadores le hubieran dado un final satisfactorio la temporada pasada. O en esta. No es el caso, porque he leído que FX / HBO Max ha confirmado la producción no sólo de una quinta temporada, sino también de una sexta. Entiendo que detrás de una producción de este tipo hay muchas familias que viven de ella y cuyo sueldo depende de su renovación que ahora vivirán un par de años tranquilos (bien por ellos), pero creativamente la serie ha perdido su toque y su interés.

En todo caso, dado que sólo estoy suscrito a HBO Max un par de meses al año coincidiendo con Juego de Tronos, igual si el año que viene estoy un poco aburrido me animo a ver la siguiente temporada. Cosas más raras se han visto.

Comparto el trailer de este temporada:

¡Qué mal me sabe haber asistido a la caída de Lo que hacemos en las sombras! Y me resulta curiosísimo ver como unos creativos han perdido el norte de este manera, no consiguiendo crear una temporada realmente divertida, confirmando que la fórmula se ha agotado.

PUNTUACIÓN: 5.5/10

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Crítica de Winning Time (HBO Max)

Por fin pude ver Winning Time: The rise of the Lakers dinasty (Tiempo de victoria: La dinastía de los Lakers), la serie que cuenta el primer año de los Lakers con la llegada de un nuevo propietario y una nueva estrella (Magic Johnson), y me ha volado la cabeza.

PUNTUACIÓN: 9/10

10 episodios. La historia de cómo Los Angeles Lakers se convirtieron en el equipo de baloncesto profesional más exitoso de la década de 1980.

Winning Time: The Rise of the Lakers Dynasty es una serie creada por Max Borenstein y Jim Hecht para HBO, basada en el libro Showtime: Magic, Kareem, Riley y la dinastía de los Lakers de Los Ángeles en la década de 1980, de Jeff Pearlman. La primera temporada, que consta de 10 episodios, narra el nacimiento del Showtime del equipo de baloncesto Los Ángeles Lakers que comienza a finales de 1979, con la presencia de las estrellas de la NBA Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar. La serie cuenta con Adam McKay como productor ejecutivo, y se encargó además de dirigir el episodio piloto. Excepto el piloto que fue escrito por los creadores Max Borenstein y Jim Hecht, el resto de episodios han sido escritos por Borenstein con Rodney Barnes.

La serie está protagonizada por John C. Reilly como Jerry Buss, el nuevo dueño de los Lakers que compró el equipo en el verano de 1979. Quincy Isaiah es Magic Johnson, Jason Clarke es Jerry West, Adrien Brody interpreta a Pat Riley, Gaby Hoffmann es Claire Rothman, Tracy Letts es Jack McKinney, Jason Segel es Paul Westhead el entrenador de los Lakers, Julianne Nicholson es Cranny McKinney, Hadley Robinson es Jeanie Buss, hija de Jerry Buss que le ayuda con , DeVaughn Nixon as Norm Nixon, Solomon Hughes as Kareem Abdul-Jabbar y Delante Desouza as Michael Cooper

Winning time es un triunfo para un fan de los Lakers como yo. Incluso con las dramatizaciones y las exageraciones que pueda tener la serie, Magic, Kareem y el propietario de los Lakers Jerry Buss han afirmado no estar contentos con la serie por sus numerosas inexactitudes, la serie ofrece un increíble retrato de la creación de un equipo que hizo historia en la NBA. La serie ofrece además una recreación de lo que debía ser la vida en Los Angeles para unos jóvenes que se convirtieron en estrellas para toda una generación.

John C. Reilly está inmenso interpretando al doctor Jessy Buss, el nuevo propietario de los Lakers desde el verano de 1979 y que llevó una filosofía revolucionaria a la franquicia. Buss es un personaje contradictorio, porque llevó las fiestas y el desenfreno al negocio del baloncesto, pero a pesar de las luces y las sombras que muestra la serie sobre él (empezando por la forma en que ninguneaba a su hija Jeanie dentro de la organización y sus actitudes machistas hijas de esa época), creo que globalmente queda en buen lugar, mostrando que sólo los visionarios hacen que las cosas cambien, y esos visionarios no son ni se comportan como la gente «normal». John C. Reilly siempre ha sido un gran actor, pero verle como gran protagonista de la serie con el despliegue que realiza me ha volado la cabeza.

Winning time me ha dejado muy flipado con la historia de Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar, pero casi más al conocer los problemas que sufrió la franquicia al perder a su entrenador Jack McKinney debido a un accidente de bicicleta, teniendo que tomar las riendas del equipo su ayudante Paul Westhead, lo que no impidió que los Lakers con Magic a la cabeza consiguieran ganar el campeonato. Mi interés por el baloncesto nació en 1984 a raíz de las Olimpiadas de Los Angeles y la mítica final en la que España jugó contra los Estados Unidos de Michael Jordan y Pat Ewing. Los sucesos que narra esta primera temporada me pillaron con 6 años y no llegué a vivirlos de niño, y poder descubrirlos como si fuera la primera vez que los veo (de hecho, así es) me ha encantado.

Aparte de Jerry Buss, Magic y Kareem, la serie cuenta con un reparto alucinante, empezando por Jason Clarke como Jerry West, leyenda de los Lakers como jugador y entrenador del equipo antes de la llegada de Buss, Jason Segel como Paul Westhead o Adrien Brody como Pat Riley. Clarke me encanta como el malhablado y siempre enfadado West, pero también me ha flipado ver los comienzos en la franquicia del mítico Pat Riley. Todo en la serie me parece un triunfo, y los diez episodios de esta primera temporada se me han hecho cortos, ya que hay muchísimos detalles geniales, como el inicio de la rivalidad de Magic con Larry Bird y en general de los Lakers contra los Celtics. Una rivalidad que en los 80 tuvo un ganador claro, al ganar los Lakers 5 anillos por 3 los Celtics. ¡Qué recuerdos de unas finales que veíamos de madrugada!

Con ojos de 2022 puede decirse sin duda alguna que la serie muestra una sociedad machista en la que la mujer era poco menos que un accesorio del que presumir en las fiestas. Y siendo así, la realidad es que esto no es más que el reflejo de una época, un momento en el deporte profesional en el que todas las noches se agolpaban en la puerta del vestuario decenas de mujeres deseosas de pasar la noche con su ídolo deportivo. Esto podrá gustar más o menos, pero es historia del deporte americano.

Me ha gustado muchísimo la serie. De hecho, acabo de enterarme que HBO dió luz verde a una segunda temporada, lo que no puede hacerme más feliz. Tras ver Winning Time, el único pero que se me ocurre es que me ha dejado con ganas de conocer la historia real y ver en qué elementos los guionistas han exagerado para potenciar el elemento dramático. Aunque si esto es lo único negativo que se me ocurre, la cosa no puede pintar mejor, porque me gusta que las figuras reales no estén contentas con una serie que no siempre les muestra de una manera positiva, lo cual no tengo duda que es positivo de cara a la realidad histórica.

Comparto el trailer de esta serie:

Winning time es una serie imprescindible para cualquier fan del baloncesto en general y de la NBA en particular.

PUNTUACIÓN: 9/10

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Crítica de Primal temporada 2 (HBO Max)

Los amantes de la animación para adultos estamos de enhorabuena, ya que junto al estreno de la tercera temporada de Harley Quinn, HBO Max ha simultaneado la brillante segunda (y posiblemente última) temporada de Primal, la serie creada por Genndy Tartakovsky sobre la amistad de un neandertal y un Tiranosaurio Rex.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

Ambientada en un mundo prehistórico anacrónico y fantástico, la premisa es un vínculo entre un neandertal llamado Spear y un dinosaurio llamado Fang mientras luchan por sobrevivir.

Tras el final de la primera temporada en la que Spear y Fang descubrieron la existencia los humanos cromañón y en concreto de Myra, una joven que fue exclavizada por un grupo que la tatuó un símbolo de un escorpión en la cabeza, la pareja empezará un viaje para intentar rescatarla en el que conocerán otras tribus y razas humanas de la Edad de Hierro.

Primal es una serie de televisión de animación para adultos creada y dirigida por Genndy Tartakovsky para el bloque de programación nocturna de Cartoon Network, Adult Swim. Primal está ambientada en una visión deliberadamente anacrónica de la prehistoria, en la que los dinosaurios, los homínidos prehistóricos y los homo sapiens de la Edad de Hierro coexisten en el mismo período de tiempo bárbaro, e incorpora muchos elementos de fantasía, terror, acción y aventura. Primal ha recibido un amplio reconocimiento de la crítica, con muchos elogios por su animación, narración, música, profundidad emocional, elementos de terror y edición. La serie ha ganado tres premios Emmy Outstanding Individual Achievement in Animation Juried Awards al mejor artista de storyboards (Genndy Tartakovsky), al director artístico (Scott Wills) y al diseñador de personajes (Stephen DeStefano). Junto a Tartakovsky y su equipo, merece la pena destacar una brillante banda sonora realizada por Tyler Bates y Joanne Higginbottom.

La primera temporada de Primal estuvo dividida en dos partes de 5 episodios cada una que nos supieron a muy muy poco. Para esta segunda temporada por fin tenemos 10 episodios emitidos de forma semanal por HBO Max que han sido espectacularmente satisfactorios. Si la primera temporada estuvo ambientada en un mundo prehistórico y Fang y Spear tenían que enfrentarse a amenazas del mundo animal, la llegada de otros seres humanos parece hacer avanzar la historia decenas de miles de años, hasta una Edad de Hierro un tanto fantástica en la que encontramos vikingos, egipcios, romanos, reinos orientales y otras tribus diferentes.

Que hayan humanos no hace que los nivel de sangre y violencia disminuyan. Incluso diría que es al contrario, con episodios super hardcore como el combate contra la tribu de vikingos que me ha parecido una barbaridad. Pero no es sólo la ultra violencia, si algo tiene Primal que hace que nos enganche es la alucinante narrativa sin diálogos de la serie y como ello no impide que conectemos con los protagonistas, aunque uno sea una dinosaurio hembra. Una pareja protagonista a la que se les une Mira, una cromañón que lucha por escapar de la esclavitud. Fang y Spear son una pareja increíble y los dos van a tener su dosis de dolor y sufrimiento mientras intentan sobrevivir a un mundo aún más violento que el natural.

Un cambio interesante entre la primera temporada y esta es que la naturaleza es dura y se rige por el matar o morir, pero hablamos en la mayoría de los casos de luchas de poder o por el territorio de animales que buscaban su alimento para ese día. Sin embargo, en cuanto llega la humanidad, llega la maldad y tenemos un mundo de fuertes que esclavizan a débiles y que les usan a su antojo en la búsqueda de acumular más poder. En este sentido, me gusta que frente a la visión idílica y casi romántica de los vikingos que otras series han llevado a la televisión, Primal incida en el aspecto terrible de depredador esclavista que tenía su cultura. De igual forma, la gran villana de esta temporada es la cruel Ima, la reina de una raza egipcia que viaja para destruir toda civilización con que se encuentre y que utiliza la estrategia de rehenes para mantener controlados a sus guerreros más poderosos. En estos tiempos en que la corrección política y los identitarismos han colonizado el entretenimiento, ha resultado un soplo de aire fresco encontrarme con una mujer en una ficción que es una villana pura, el mal personificado. Alguien que merece la muerte y que te alegras cuando le llega su hora.

A medida que avanza la serie todo se vuelva más sangriento y exagerado. De hecho, si tengo un pero a la serie es la forma en que Fang y Spear reciben decenas y decenas de flechazos y otras heridas en sus campañas militares y siguen como si nada, algo que no pasaba al principio de la temporada cuando las heridas tenían algo más de consecuencias. Dicho esto, realmente Primal nunca fue una serie «realista» y en el contexto en que estas heridas se producen tiene su lógica. Realmente no es un problema importante ni desde luego me ha impedido disfrutar de una serie que he disfrutado una barbaridad.

Los episodios de 20 minutos la verdad es que han pasado en un suspiro y siempre me dejaban con ganas de más. En este sentido, creo que Primal no es una serie para ver semanalmente precisamente por esta duración tan reducida de los episodios. Dicho esto, me vi los 10 episodios durante el fin de semana y la experiencia no ha podido ser más satisfactoria.

Además, me gusta que Tartakovsky haya contado su historia en estas dos temporadas y nos deje con una sensación tan satisfactoria sin necesidad de alargar la serie más de la cuenta. El mundo de Primal es violento y la esperanza de vida no es muy alta, pero los protagonistas se aferran a su vida con uñas y dientes, consiguiendo un final que siendo casi inevitable, resulta perfecto.

Comparto el trailer de esta segunda temporada:

La segunda temporada de Primal ha resultado super satisfactoria y un gran final de la historia. Ojalá sea un éxito de audiencia y Tartakovsky pueda seguir creando muchas más historias de esta calidad.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

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