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Crítica de El poder del perro de Don Wilson

Gracias a mi hermano Fernando puedo leer una nueva novela de Don Wilson, El poder del perro. Una espectacular narración sobre el alzamiento de los carteles de la droga en México a lo largo de 30 años, que da en clavo sobre las poderosas conexiones políticas, económicas, sociales y militares de la droga.

PUNTUACIÓN: 8/10

Década de los setenta. El gobierno de los Estados Unidos emprende una lucha sin cuartel contra el narcotráfico en México. Art Keller, un joven agente de la DEA de origen hispano no tarda en obtener resultados y acabar con el patrón local. Un error fatal: otro más cruel y ambicioso lo sustituye.

Encadenados a la misma guerra, se encuentran Nora Hayden, una hermosa prostituta de alto standing adiestrada para hacer enloquecer a los hombres; el padre Parada, un cura católico confidente de esta y empeñado en ayudar al pueblo, y Billy Boy Callan, un chico taciturno convertido en asesino a sueldo por azar. Narcovaqueros, campesinos, mafia al puro estilo italoamericano, una jauría de irlandeses armados, policías corruptos, un soplón con el sugerente sobrenombre de Mamada y un santo milagrero conforman el universo de este thriller épico, coral y sangriento sobre la búsqueda de la redención.

DON WINSLOW (Nueva York, 1953) ha alcanzado la fama y la aclamación unánime de la crítica. En 1991 escribió su primera novela, Un soplo de aire fresco, de la serie protagonizada por el detective Neal Carey. Entre sus obras destacan El invierno de Frankie Machine y, sobre todo, El poder del perroEl cártel (Premio RBA de Novela Policiaca 2015) y Corrupción policial.

El poder del perro me ha parecido una novela espectacular. Don Wilson mezcla un thriller policial con el mundo del narcotráfico mexicano en el punto de mira, con las historias de denuncia ante las evidencias que las políticas de los gobiernos de los Estados Unidos en Centro y Sudamérica en los años 70, 80 y 90 no han hecho más que empeorar una situación ya de por si explosiva.

Wilson aprovecha un personaje de creación propia como es Art Keller para que le sirva de narrador de decenas de historias que agentes concretos vivieron durante estas tres décadas de “Guerra contra las drogas”, lo que hace que aunque sea una novela de ficción, tenga el poso de las historias en las que la realidad supera a la ficción.

Wilson acierta completamente al crear una historia coral con varios puntos de vista que nos muestren la creación de los diferentes familias de la droga mexicana, que empezaron cultivando pero descubrieron que podían ganar más dinero simplemente transportando la coca colombiana. En una historia de este tipo encontramos momentos super crueles al comprobar que la vida valía muy poco en México, y en general en toda América, durante esos años. Y el alzamiento de la familia Barrera alterna momentos familiares y de “sólo es negocio”, con las venganzas más crueles.

Pero una historia de este tipo quedaría coja si sólo abordara la vertiente policial, cosa que NO hace Wilson. Su historia de un México en la que los narcos están conectados con la política, en concreto con el PRI hegemónico que gobernó México casi como una dictadura encubierta durante décadas, el poder económico que ellos simbolizaban e incluso con la Iglesia católica, resulta tan verosímil que asusta porque sabemos que fue así como sucedieron los hechos.

Y casi peor que todo esto es la participación de la CIA y el propio gobierno de los Estados Unidos en promover el aumento del tráfico de drogas. Que bajo la excusa de la “guerra contra el comunismo” se financiaran golpes de estado y se pagaran armas y sicarios a cambio de drogas y acceso a los Estados Unidos es aterrador y, lamentablemente, de nuevo, evidente que fueron así como sucedieron los hechos.

Es curioso que la novela de 700 páginas, que me leí casi en dos sentadas, sea super didáctica y a la vez entretenidísima. Teniendo en cuenta que cubre casi 30 años de historia mexicana, algunos momentos tenían además una sensación de familiaridad como si ya lo hubiera leído, y es que en cierto modo es así, dado la extensa obra que se ha ido estrenando e los últimos años, desde como Narcos o películas como Sicario o Barry Seal que tocan diferentes facetas relacionadas con el mundo de la droga.

Teniendo en cuenta la escala de historia, que Wilson consiga que además empaticemos con el protagonista Art Keller, pero también con el resto de personajes (Nora, Callan o el propio Adán Barrera) me parece brillante. Unos personajes complejos con tantas sombras cómo luces y que nunca sabes qué es lo que van a hacer a continuación con tal de salirse con la suya. Que en medio de tanta muerte y corrupción aún haya gente que intente hacer lo correcto raya casi el milagro. Pero sí hay gente que intenta mejorar la vida de su comunidad, a pesar de todo, lo cual no deja de ser uno de los pocos destellos de esperanza que quizá deja la novela.

Tengo que ponerle un pero importante a la edición de esta novela que me dejó mi hermano Fernando de Penguin Random House, y es que tiene una traducción muy deficiente, como si esta edición impresa en España fuera la que iban a poner en circulación en Sudamérica o Argentina, de forma que está plagada de “coger” o “chingada” en situaciones en las que personajes de origen irlandés están hablando. Esto hace que la lectura chirriara en muchos momentos, y sólo por lo interesante de la historia me mantuvo ansioso por saber el final de la historia y si todos los personajes iban a salir con vida. Pero si la globalización es que las grandes editoriales hagan una única edición en español sudamericano, vamos muy mal, la verdad.

Y la verdad es que este es el único pero que se me ocurre a una novela que es cojonuda de principio a fin. Si eres fan de series como The Wire o más recientemente Narcos, o películas como Sicario, El poder del perro es una novela imprescindible que no te puedes perder.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Narcos: México Temporada 4 (Netflix)

Narcos: México, recientemente estrenada en Netflix, muestra un claro agotamiento de la fórmula que tan buen resultado dio en sus primeras temporadas. Tras las geniales temporadas en la Colombia de Pablo Escobar, la acción se traslada a México para contarnos una historia a la que sobre todo le falta interés e intensidad dramática.

PUNTUACIÓN: 5.5/10

Narcos: México cuenta la historia real del ascenso al poder del cártel de Guadalajara, liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo (Diego Luna), y el inicio de las guerras de la droga en el México de los años 80. Por su parte Kiki Camarena (Michael Peña) es un agente de la DEA norteamericana al que trasladan desde California a Guadalajara para incorporarse a la investigación del recién nacido cartel mexicano. Gallardo comenzó su ascenso traficando con marihuana y uniendo a todos los narcos del país con un propósito común, pero pronto su ambición le llevó a ver México como el mejor sitio para transportar la cocaína colombiana… Cuarta temporada de la serie de Netflix “Narcos”, que cuenta con nuevo reparto, historia y showrunner (Eric Newman).

Los creadores de Narcos Carlo Bernard, Chris Brancato y Doug Miro han escrito el guión de esta nueva temporada, compuesta por diez episodios que han sido dirigidos por Andrés Baiz,Josef Kubota Wladyka, Amat Escalante y Alonso Ruizpalacios.

Narcos triunfó por su realista aproximación del mundo del narcotráfico en Colombia. Las primeras temporadas realizaron una narración nada glamourosa del mundo del cartel que no evitaba los momentos más sangrientos que asolaron Colombia durante los 80. Pablo Escobar (un increible Wagner Moura) era una persona compleja, pero no quedaba ninguna duda que su comportamiento era inmoral y su destino fue más que merecido.

Leí en algún sitio que el impacto sociológico de Narcos ha sido tan grande que provocó que hasta el público americano haya querido ver una serie rodad mayoriamente en español (colombiano) subtitulado al inglés, algo inédito en la televisión americana.

Una vez terminada la etapa de Pablo Escobar, la tercera temporada centrada en el cartel de Cali consiguió salir airosa a pesar de no tener el mismo carisma protagonista, gracias a una narración que amplificaba la tensión. Gobalmente esta temporada ofreció buenos momentos televisivos aunque quizá se perdió un poco la sensación de verosimilitud de las anteriores.

La fórmula que los creadores de Narcos Carlo Bernard, Chris Brancato y Doug Miro emplean para mantener viva la serie no era mala, y bien resuelta podía ofrecer nuevas historias que nos engancharan. Ya que nos ofrecen la historia de otros grupos criminales de narcotraficantes, en este caso cambiando incluso de pais.

Lamentablamente, esta cuarta temporada me ha parecido bastante mediocre. Excepto por tres o cuatro momentos buenos y un par de escenas muy buenas, y a pesar de su excelente factura técnica, el gran problema de Narcos: México es que desaprovechan completamente a su pareja protagonista. Diego Luna y Michael Peña son ambos grandes actores, pero el guión no les hace hacer cosas realmente interesantes en pantalla. Todo lo que nos cuentan suena no solo a visto, sino que es peor a lo ya conocido en anteriores emporadas o en otras películas del género.

Kiki Camarena (Michael Peña) es un idealista agente de la DEA que pone su trabajo por delante de su familia y que se pega cabezazos contra la corrupción existente en todos los aspectos en la vida en México. Mientras, Miguel Ángel Félix Gallardo (Diego Luna) es un idealista que tiene un sueño para sacar a su familia de la pobreza, mostrando una inteligencia y unas ganas de cambiar las cosas inédita en el mundo criminal mexicano.

Aparte de que lo que cuentan no es demasiado interesante, otra tema a destacar es la aproximación que esta temporada hace de Félix Gallardo (Luna), el “padrino”. Sé que en teoría mostrar unos hechos no es aprobarlos o estar de acuerdo con ellos, pero los creadores de la serie le muestran como un hombre hecho a si mismo con un sueño, que lucha principalmente contra la corrupción existente en el pais, compuesta por políticos y policías que se aprovechan de los criminales y sacan tajada de todos los negocios turbios. Esto me chirría mucho, porque aunque Pablo Escobar era el PROTAGONISTA de las dos primeras temporadas, no había duda que era el VILLANO de la historia. En el caso de Narcos: México, esta distinción se difumina hasta el punto de que Félix Gallardo es mostrado casi como el “héroe” que intenta poner orden en el negocio frente a socios desequilibrados, políticos vengativos y policías corruptos de gatillo fácil. Los malos son siempre los demás, no él. Y este matiz es clave para dar un mensaje moral un tanto equívoco.

Pero es que además, los agentes de la DEA desplazados a México la mayor parte del tiempo no están combatiendo el narcotráfico sino a la burocracia de las autoridades corruptas. Parece claro que para los guionistas, el “villano” esta temporada NO son los traficantes, sino la corrupción política, económica y policial. No tengo duda que este es uno de los grandes problemas de México, pero me parece excesivo que llegue a eclipsar los crímenes de los narcotraficantes.

Por otro lado, aunque el guión está basado en hechos reales, la forma en que te cuentan algunos pasajes me resultaron imposibles de creer. Hay dramatizaciones de algunos momentos que son totalmente inverosímiles, lo que aún provocó que no me pudiera creer la resolución de esta temporada.

Tras ver Narcos: México, la pregunta clave que me hago es: ¿Me ha dejado con ganas de ver la siguiente temporada? Y lamento decir que la respuesta es NO. La fórmula del éxito de Narcos se ha agotado.

Comparto el trailer de esta temporada:

Narcos: México dilapida el crédito que las temporadas previas ambientadas en Colombia había conseguido en la audiencia. Una pena comprobar que el traslado al norte le haya sentado tan mal.

PUNTUACIÓN: 5.5/10

Narcos, la realidad supera a la ficción

Narcos, la nueva serie de la cadena online Netflix basada en la vida de Pablo Escobar, el sangriento líder del Cartel de Medellín colombiano, ha sido una serie sobresaliente. Con el añadido extra de estar viendo sucesos que realmente sucedieron en Colombia. Si estos mismos hechos nos los ponen en una peli de Steven Seagal, hubiéramos pensado que era una locura sin sentido. Lo que demuestra que a menudo, la realidad supera ámpliamente a la ficción.

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Lo primero que me llamó la atención de esta serie es que estaba dirigida por Jose Padilha, el increíble director brasileño autor de las alucinantes películas de la serie Tropa de Elite, en las que contaba las vidas en las favelas brasileñas desde en punto de vista de un íntegro aunque extremo capitán de policía.

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Y para terminar de convencerme, el papel de Pablo Escobar recayó en Wagner Moura, actor que realizó un enorme trabajo interpretando al Capitán Roberto Nascimento, el protagonista de las películas de Padilha. Una decisión controvertida, sobre todo en Colombia, ya que el actor brasileño tuvo que aprender a hablar castellano con acento de Medellín para conseguir realizar una convincente interpretación. Y lo consigue impresionantemente bien.

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La serie está contada desde el punto de vista del agente de la DEA Steve Murphy, interpretado por el actor Boyd Holbrok, que llega a Colombia para ayudar en la lucha contra los cárteles de la droga, y que tendrá que aprender por las duras su trabajo, a pesar de la ayuda de su compañero, el veterano agente Javier Peña, genialmente interpretado por el actor de origen chileno Pedro Pascal, conocido sobre todo por su papel de Oberyn Martell en la 4ª temporada de Juego de Tronos.

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Pablo Emilio Escobar Gaviria es un sociópata megalomaníaco que consiguió convertir un pequeño tinglado de contrabando en la mayor y más poderosa organización de fabricación y distribución de cocaina del mundo, creando y dirigiendo el sanguinario Cartel de Medellín.

El contexto histórico es muy importante para entender su historia. A finales de los 70 y principio de los 80, los EE.UU. estaban centrados en luchar contra la expansión del comunismo en Suramérica, por lo que el Cartel encontró una autentica autopista gratuita para trasladar y distribuir sus productos. Y cuando el gobierno americano reaccionó, los narcos eran ya más ricos que muchos países de la zona y controlaban a policías, políticos, jueces y empresarios.

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La serie ha sida creada por Chris Brancato, Carlo Bernard y Doug Miro para la cadena Netflix, en colaboración con Telemundo. Uno de sus mayores aciertos es el haber sido rodada casi enteramente en español, hecho que ayuda a crear una mayor sensación de realismo y verosimilitud.

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Gracias la continua mezcla de imágenes de archivo, se nos recuerda constantemente que los horrores mostrados sí ocurrieron realmente. De esta manera, aunque presentan a Escobar como un líder carismático y con un punto de humanidad y amor por su familia, también es un frío asesino cuyos actos son totalmente condenables por toda la sociedad.

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A pesar de los intentos del “Robin Hood Paisa” de conseguir una imagen respetable y de luchador a favor de los pobres de Colombia, al final la lucha policial se convirtió en una guerra abierta por todo el pais.

Wagner Moura as Pablo Escobar and Juan Pablo Raba as Gustavo in the Netflix Original Series NARCOS. Photo: Daniel Daza/Netflix.

La serie engancha. Y mucho. Y una parte importante es la sensación de lección de historia que todas las escenas trasmiten, gracias sin duda a las sobresalientes actuaciones de todo el reparto. De esta manera, cada una de las muertes, y hay muchas, impactan y tienen mayor dramatismo.

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Comparto el trailer de esta serie, que marca perfectamente el tono de lo que se va a ver:

Narcos, en su primera temporada, ha sido una serie sobresaliente. Habrá que estar muy atentos y esperar que la segunda temporada sea la que cuente el destino final de Pablo Escobar.

¡Totalmente recomendable!!

PUNTUACIÓN: 9/10