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Crítica de La edad de oro de James Robinson y Paul Smith (Ediciones Zinco)

Gracias a mi amigo Marcos del podcast Tomando un chiriflús he recuperado los comics básicos del genial dibujante Paul Smith, empezando con La edad de oro, el maravilloso comic de 1993-94 realizado con el escritor James Robinson y el color de Richard Ory, que yo tengo en la primera edición española publicada por Ediciones Zinco en 1994

PUNTUACIÓN: 8.5/10

En la Edad de Oro de la década de 1940 surgieron extraordinarios hombres y mujeres con unas habilidades excepcionales, dispuestos a defender la retaguardia, y sus máscaras y trajes fueron un faro de esperanza para una nación atribulada. Flash, Green Lantern, Hawkman, Starman, el Átomo, Liberty Belle y muchos otros… esos superhéroes contestaron a la llamada a las armas de América, formando la Sociedad de la Justicia de América.

Pero la guerra terminó, y la necesidad de héroes terminó con ella. A medida que menguaba su importancia, estos campeones intentaron regresar a sus vidas, pero se encontraron con que eran vistos con sospecha y miedo, incluso por su propio Gobierno. Un nuevo héroe llamado Dynaman ha capturado la atención del público, apoyado por políticos que quieren promover los ideales fascistas del gobierno de la era McCarthy. Pero cuando queda claro que la agenda y los orígenes de Dynaman son más oscuros de lo que nadie podía haber imaginado, solo los justicieros de la Edad de Oro podrán detenerle.

Los aclamados creadores James Robinson (Starman) y Paul Smith (The Uncanny X-Men, Nexus) hacen historia y redefinen una era en esta historia clásica dentro del sello Elseworld (Otros Mundos). La edad de oro es una miniserie de cuatro números editada en el formato prestigio de 48 páginas por tomo.

James Dale Robinson (Mánchester, 1963) es uno de los grandes escritores de la década de los 90. Robinson debutó como escritor en 1989 con la novela gráfica London’s Dark, ilustrada por Paul Johnson. Colaboró en diversas antologías, como «Grendel: Devil’s Whisper», antes de llegar al mercado estadounidense con varias series de Terminator para Dark Horse. Entre 1993-94, Robinson escribió la serie limitada The Golden Age para DC Comics con dibujo de Paul Smith, que, a pesar de ser una historia de Elseworlds, estableció gran parte de la historia que más tarde utilizaría en su obra más conocida, Starman, co-creada junto a Tony Harris. En 1997, el trabajo de Robinson en este título le valió un premio Eisner a la «Mejor historia seriada». Además de Starman, en esa época Robinson colaboró en Batman: Legends of the Dark Knight, en una miniserie de Vigilante y el spin-of The Sandman, Witchcraft, para Vertigo.

En Image, Robinson escribió una breve pero estupenda etapa en Wildcats (1994-95) que amplió la mitología del equipo y lanzó la serie de creación propia Leave It to Chance (1996-2002) con el artista Paul Smith, que les valió otros dos premios Eisner en 1997, a la «Mejor serie nueva» y al «Mejor título para lectores más jóvenes». En Marvel trabajó como guionista en varios títulos de Marvel, como Cable y Generation X. En 1999, Robinson y su compañero David S. Goyer encabezaron el regreso del equipo de superhéroes de la Edad de Oro, la Sociedad de la Justicia de América, al Universo DC.

Robinson escribió el guion para la película directa a vídeo Firearm (1993), basado en el cómic creado por él publicado por Malibu. A finales de los 90, Robinson y David S. Goyer escribieron un borrador no utilizado para la entonces inminente película Freddy contra Jason. El trabajo más conocido de Robinson como guionista es la adaptación de 2003 de The League of Extraordinary Gentlemen, que causó una enorme controversia entre los fans de la obra original por los numerosos cambios que se realizaron. Tras varios años alejado de los comics, Robinson volvió a la industria en 2006, trabajando en numerosos comics de DC y Marvel, pero sin el brillo de sus primeros trabajos.

Paul Smith (Kansas City, 1953) comenzó su carrera como dibujante de animación en la película de Ralph Bakshi El Señor de los Anillos. A principios de la década de 1980 colaboró en diversos títulos de Marvel Comics, como Marvel Fanfare #4 (septiembre de 1982). Se convirtió en el dibujante regular de Doctor Strange a partir del número 56 (diciembre de 1982), pero lo abandonó tras sólo dos números para poder trabajar en The Uncanny X-Men. Su etapa en la serie duró desde el número 165 al 175, diseñando el look punk para Tormenta, que debutó en Uncanny X-Men 173 (octubre de 1983). Unos meses después de abandonar The Uncanny X-Men, Smith volvió como dibujante regular de Doctor Strange. Trabajó en esa serie desde el número 65 hasta el 73, dibujando siete de esos números. Smith trabajó brevemente en el spin-off de X-Men X-Factor. Otros de sus trabajos son The Golden Age (1993) y el cómic para jóvenes Leave It to Chance (1996-2002), ambos en colaboración con el escritor James Robinson. Smith también ha colaborado en varios títulos de First Comics, como American Flagg, Nexus y GrimJack.

Muchas cosas interesantes que comentar de La edad de oro. En la actualidad hay bastante unanimidad sobre que es uno de los mejores comics editados por la DC Comics de los años 90. Pero en ese momento de los años 90, James Robinson era un novato con muy poca experiencia previa en el mainstream americano. Es verdad que la novela gráfica London’s Dark recibió buenas críticas y las miniseries de Terminator en Dark Horse son super entretenidas, pero de alguna manera DC estaba apostando por un escritor poco o nada conocido. Por contra, Paul Smith era un dibujante super estrella en Estados Unidos tras su etapa en Patrulla-X que hubiera podido dibujar lo que hubiera querido en DC. Que decidiera unirse a Robinson para crear este Elseworlds fuera de continuidad resultó una feliz coincidencia para los lectores.

La edad de oro es un comic Elseworlds, sello de DC planteado para permitir contar historias fuera de la continuidad, dando mayor a los autores. Gotham by Gaslight (1989) de Brian Augustyn y dibujado por Mike Mignola, que presentaba una versión de la Edad Victoriana del superhéroe a la caza de Jack el Destripador, fue el primer comic considerado Elseworlds, aunque en realidad en ese momento no existía esa denominación. De hecho, fue el éxito de este comic lo que llevó a la creación del sello Elseworlds, pasando este título a ser declarado retroactivamente la primera historia Elseworlds. El primer comic en llevar el logotipo de Elseworlds fue Batman: Holy Terror en 1991, escrito por Alan Brennert e ilustrado por Norm Breyfogle, y ese mismo año también se publicó Batman: Red Blood de Doug Moench y Kelley Jones.

Tras unos primeros años dominados por Batman, La edad de oro cambió lo que hasta ese momento era la línea Elseworlds. En lugar de contar una historia alternativa del héroe en cuestión ambientada en una situación diferente a la habitual, La Edad de oro es una narración de una versión alternativo del pasado del Universo DC y el nacimiento de la Silver Age. De hecho, si no fuera por las numerosas muertes que tendremos en estas páginas, el comic podría perfectamente haber estado en continuidad. La edad de oro es un comic maravilloso que tuvo una gran influencia en la DC de la segunda década de los 90 y primeros 2000, por ejemplo por el retorno de la JSA a la continuidad de DC, realizada por el propio Robinson con David Goyer, a los que se les unió un joven Geoff Johns. Sin embargo, diría que en la última década ha quedado un tanto opacado no tanto por la indudable calidad de este comic, sino por el éxito arrollador que DC: La Nueva Frontera de Darwyn Cooke cosechó entre el fandom y la crítica comiquera, con una historia que es de alguna manera idéntica, al contar otra versión de la Golden Age.

James Robinson plantea la historia para realizar una crítica hacia el McCarthismo y la caza de brujas que se produjo en los años 50, aunque curiosamente esta historia está ambientada en los años previos, casi como si Robinson realice una precuela de esos hechos históricos además de contar una historia de superhéroes.

Robinson plantea una historia con mucho texto que implica una lectura interesante y larga. Esa podría ser una importante diferencia respecto a comics editados en los últimos años. En La edad dorada Robinson utiliza la voz en off como narrador de la historia, empezando por la explicación del periodo justo tras finalizar la 2ª Guerra Mundial. Junto a esto, el comic alterna otros narradores, como la voz de los noticieros que informaban de las últimas noticias, así como los pensamientos de algunos de los protagonistas. En especial Johnny Chambers, el antiguo velocista Johnny Quick, un cineasta que empieza la historia intentando terminar un documental sobre la desaparición de los héroes, y que nos dará otros detalles fundamentales, como el motivo real por el que los superhéroes no participaron en la guerra. Chambers es de alguna manera el hilo conductor de la historia, aunque en otros momentos estemos en la cabeza de Ted Knight (Starman), Rex Tyler (Hourman) y, sobre todo, Paul Kirk (Manhunter), el héroe amnésico cuya persecución iniciará de alguna manera el thriller y nos mostrará que algo anda mal en la teórica utopía que los los Estados Unidos de posguerra. Que estos tres héroes tengan problemas mentales también es otro elemento que resalta que estamos ante personas de carne, hueso y debilidades. Un detalle muy deudor de Watchmen, en mi opinión.

Junto a Manhunter, el comic narra el ascenso de Tex Thompson, antes conocido como el Americommando y Mr. America, que regresa de Europa como héroe de guerra y aprovecha su fama para iniciar una carrera política que le lleva ser elegido senador. Su ascenso al poder le llevará a formar su propio grupo de superseres que llene el hueco dejado por la retirada de la JSA y la All-Star Squadron. El grupo de Thompson estará formado por Robotman, que es cada vez más robot y menos hombre, el Átomo y Johnny Thunder, jóvenes que buscan un lugar al que pertenecer. Además, Dan el Dyna-Mite (Daniel Dunbar), aceptará ser sometido a unos experimentos que le convertirán en un superhombre a nivel de Superman (que no aparece en este comic tras ser reiniciado por John Byrne en 1986 y establecer que no estuvo presente en los años 40-50). La sensación que Thompson esconde un oscuro secreto es algo que nos acompaña en todo el comic, hasta que conocemos este secreto y su conexión con la amnesia de Manhunter en las últimas páginas del tercer número, que prepara el terreno para el climax final del último número.

Al ser una historia crepuscular de la JSA y el All-star Aquadron, por estas páginas aparecerán muchos superhéroes, de los cuales los que tienen relevancia son Linterna Verde (Alan Scott) y Liberty Belle, que se convertirá en la inesperada y justa protagonista en el climax final. Junto a ellos, Tarántula, el Capitán Triunfo (Lance Gallant), Bob Daley alias Fatman, Hawkman, el Capitán Cometa, Human Bomb, Sportsmaster, Doll Man, Red Bee y el Doctor Mid-Nite también estará presentes, aunque algunos de ellos sean apenas cameos en el climax final.

Releyendo el comic me queda la sensación de historia bien hilada que se construye a fuego lento sin apenas escenas de acción en los tres primeros números, nada que ver con lo que se espera de un comic de super-héroes. Este ritmo pausado sin cliffhangers potentes en los primeros números son elementos que también marcan que estamos en un comic creado hace 30 años, cosa que a mi no me ha desagradado, pero a la vez tampoco me ha flipado. En este sentido, tener números prestigio con 45 páginas cada uno permitió a Robinson plantear este ritmo diferente al de las grapas tradicionales, no estando constreñido con la obligación de plantear una escena de acción cada 15-20 páginas, al poder contar la historia como él prefiriera.

Un aspecto que con ojos actuales no me acaba de funcionar sería el papel que Robinson plantea para algunos personajes, por ejemplo para Ted Knight, que es más bien muy escaso. Al ser un Elseworlds fuera de continuidad, Robinson tenía vía libre para hacer lo que quisiera. En el climax final el villano realiza una masacre antes de ser detenido, matando a numerosos héroes que prácticamente no habían aparecido y por tanto no han creado ningún vínculo emocional con el lector (otra cosa es la conexión que cada lector tuviera con ellos), siendo poco menos que carne de cañón. Carter Hall (Hawkman) al menos acababa de aparecer en el tercer número, pero resulta super insuficiente para que funcione o impacte como debería. Este sería mi principal problema con la historia de Robinson, dentro que es un comic que disfruto mucho siempre que lo leo. Y cuyo final positivo deja una sensación satisfactoria estupenda, al plantear el final de una época y el comienzo de la siguiente (la Silver Age), que tendrá sus propios héroes.

Si la historia está bien, lo que sigue luciendo espectacular es el dibujo de Paul Smith, con el color de Richard Ory. El estilo minimalista de Smith es perfecto para este comic que por la propia premisa y protagonistas debe tener un feeling retro. Al igual que Darwyn Cooke en La última frontera, Paul Smith parece que ha nacido para dibujar a estos personajes y este momento temporal post Segunda Guerra Mundial. Los edificios, vehículos, trajes, etc,,, todo luce casi salido de un documental de la época. De hecho, el color de Ory ayuda a diferenciar claramente los diferentes elementos, consiguiendo que la lectura sea fluida y nunca te pierdas a pesar de la gran cantidad de personajes que van entrando y saliendo en la historia, dada la naturaleza coral planteada por Robinson.

En un momento en el que el comic de superhéroes estaba plagado de líneas cinéticas y colores por ordenador super impactantes, leer La edad de oro fue y sigue siendo un remanso de paz. Smith es un narrador extraordinario, y es un maestro colocando siempre las líneas justas para mostrar la acción de la forma más clara y elegante posible. Ni una más ni una menos. De igual forma, los colores planos de alguna manera ayudan también a transmitir el tono atemporal que necesitaba el comic, de forma que gráficamente el comic sigue luciendo una pasada.

El trabajo de Smith de caracterización de los héroes, aunque apenas llevan sus uniformes, me parece soberbio. Son de hecho la versión más icónica y reconocible. Pero incluso mejor está a la hora de dibujar a las personas debajo del antifaz, con protagonistas reconocibles de principio a fin que transmiten el dolor emocional que sientes en su interior. Y aunque como decía el comic evita las peleas de «pijameo», el climax final con el combate de todos los héroes contra el villano está super bien planteada, con varios momentos super impactantes.

En muchas ocasiones he comentado que un mal dibujo arruina un buen comic. En el caso de La edad de oro, el arte de Smith eleva aún más el estupendo guion de Robinson, haciendo que un comic notable se convierta en clásico.

En resumen, La edad de oro es uno de esos comics que todo fan de los comics de DC Comics debería leer al menos una vez en la vida. Y desde luego, tenerlo en casa, sea en la edición que sea.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

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Crítica de Bruja Escarlata vol. 3 El último maleficio (Marvel Comics – Panini)

Termino la lectura de la serie en solitario de la Bruja Escarlata con el tercer volumen publicado por Panini en 2017 y que cerró la historia planteada por el veterano escritor James Robinson.

PUNTUACIÓ: 6/10

Contiene Scarlet Witch v2, 11-15 USA Último tomo. La Bruja Escarlata viaja hasta Serbia, para zambullirse profundamente en sus raíces gitanas. ¿Quiénes eran sus padres? ¿De dónde vinieron? Wanda descubrirá las respuestas… y buscará venganza.

Guión de James Robinson, con dibujo de Leila Del Luca y Felipe Sobreiro (numero 11), Annapaola Mariello con Matt Yackey (12), Jonathan Marks-Berracchia y Rachelle Rosenberg (13), Shawn Crystal y Chris Brunner (14) y Vanesa R. Del Rey con Jordie Bellaire (15 y último de la serie).

Pues lamento decirlo, pero este último volumen de la Bruja Escarlata me ha parecido el peor de los tres. De hecho, hay muy pocas cosas que me funcionan en estos comics. Empezando por la historia de James Robinson, que en el momento en que debe darnos respuestas a todo, al problema de la magia y a la historia de Wanda, su verdadero origen y alcance de sus poderes, éstas no pueden ser más random y más ¿intrascendentes? Con lo bueno que fue Robinson en el pasado, no entiendo qué ha fallado aquí.

También hay que reconocer que Marvel la cagó cuando cambió el origen de Wanda y Pietro para hacer que NO fueran mutantes por culpa de las películas de Fox y para no «cederles» personajes a la competencia. Eso provocó un montón de problemas que al menos en parte James Robinson se encarga de aclarar, estableciendo cual es el origen y la cronología oficial de su pasado que va a regir a partir de ahora. Sin embargo, esta historia no acaba de funcionar debido a un deficiente dibujo sin personalidad que falla en imprimir la dosis de emoción que esta historia debería tener.

Peor es el tema de la amenaza en la sombra que estaba amenazando el mundo de la magia desde el número uno. Y esto sí es 100% cosa de Robinson. El climax del número 14 me parece un bluf de principio a fin, no sólo por la amenaza y su nula presencia, sino por unas utilizaciones de poderes mágicos convertidos en explosiones de luces mágicas que no pueden ser más chorras. Peor es el propio final de la serie, en el que no acaba de quedar clara cual va a ser la función de Wanda en el Universo Marvel. ¿Caza demonios, exorcista, aventurera sobrenatural, arqueóloga de la magia? Todo y nada a la vez. De hecho, hacer que Wanda tuviera que pagar un precio por usar la magia, algo que también vimos en la etapa de Jason Aaron en Doctro Extraño, era algo interesante, pero eso queda eliminado al final, de forma que hasta eso se siente como una pequeña decepción. Por otro lado, si esperabas saber el límite a los poderes de Wanda o en general cómo funcionan, no esperes encontrarlo tampoco aquí.

Pero no es solo la historia de Robinson, el apartado artístico también es motivo de queja en este volumen. Cuando el comic planteaba historias más o menos autoconclusivas, podía tener cierto sentido que cada número estuviera dibujado por un artista diferente. Pero en este volumen los números 11 a 14 cuentan la historia de origen de Wanda, por lo que el baile de dibujantes le hace mucho daño a la narrativa conjunta. Pero es que además los editores con mal criterio optan por artistas que con completamente diferentes entre si, lo cual hace que todo case aún peor, de forma que si la historia de Robinson era normalita, su lectura sea mucho peor.

En este sentido, me parece un fail como una casa la elección de los diferentes artistas sin pensar en cómo van a quedar cuando la historia se leyera de un tirón como es el caso. A una correctísima Leila Del Luca con Felipe Sobreiro en el número 11, que empieza la historia en Croacia, le sigue Annapaola Mariello como artista del número 12. Este número es clave en la serie, porque conocemos a un familiar de Wanda y Pietro aún con vida, pero su estilo super funcional random no consigue transmitir personalidad o la más mínima emoción en uno de los momentos clave para Wanda. Este número me pareció artísticamente de los más flojos de la serie.

En el número 13, Jonathan Marks-Berracchia con color de Rachelle Rosenberg es todo lo contrario, un dibujo «feista» en la tradición de un comic Vertigo casi de Ted McKeever, con unas páginas repletas de manchas oscuras y unas figuras antinaturales. A Marks-Berracchia se le hace muy complicado contar una historia con sus viñetas de forma fluida y no pega en nada con los comics publicados antes ni después. Tras este comic, Shawn Crystal y Chris Brunner nos dibujan el climax de la búsqueda de Wanda en el número 14, un comic que como comentaba anes en lo artístico tampoco funciona en ningún momento. Es cierto que la historia es random y Robinson no está en su mejor momento, pero el dibujo de este número también lo vi muy muy flojo.

Por último, tiene sentido que Vanesa R. Del Rey con Jordie Bellaire que abrieron la serie se encarguen del último número que lo cierra. Y aunque no conecto con el estilo de Del Rey al menos sí le encuentro personalidad. En todo caso, este número como cierre de la historia de Wanda la verdad es que tampoco me acaba de funcionar, lo que hace que globalmente este comic me haya dejado con cierta sensación de intrascendencia.

He acompañado esta reseña con páginas de cada uno de los cinco números de la serie para que también vosotros podáis valorar de alguna manera si estos artistas se compenetran o si son un huevo y una castaña entre si. Ya sabéis mi opinión al respecto, pero creo que tenéis elementos para poder crearos vuestro propio criterio.

El comic de Bruja Escarlata ha terminado siendo un comic correcto sin más, alejado del carisma y el entretenimiento que nos tienen acostumbrado los comics Marvel. Puede resultar interesante para los fans del personaje entre los que me incluyo, pero poco más. De hecho, ahora mismo no me ha dejado con ganas de recomendarlo a nadie.

PUNTUACIÓ: 6/10

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Crítica de Bruja Escarlata vol. 2 Mundo de Brujería (Marvel Comics – Panini)

El segundo volumen de Bruja Escarlata de James Robinson y varias artistas publicado por Panini en 2017 mejora en todos los aspectos el correcto volumen inicial y me ha dejado con ganas de ver cómo termina la historia.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Cruce con “Civil War II”. El viaje mágico de Wanda Maximoff continúa. En las calles de París, se encontrará un héroe roto al que tratará de sanar; en Hong Kong, debe buscar la ayuda de una joven bruja, y su viaje tendrá que hacer una pequeña parada para reconciliarse con su propio pasado.

Este segundo volumen recoge los número 6 al 10 de la serie regular del personaje que fueron publicados en Estados Unidos en el segundo semestra de 2016 y que Panino publicó en 2017. Estas historias han sido dibujadas por Marguerite Sauvage, Annie Wu con Muntsa Vicente, Tula Lotay, Joëlle Jones con Rachelle Rosenberg y Kei Zama con Ian Herring, y nos cuentan aventuras de Wanda Maximoff en Paris, Hong Kong, Nueva York (dos, una con la visita al psiquiatra de Wanda y la segunda con la visita de su hermano Pietro con motivo de Civil War II) y Kioto, respectivamente.

Comentaba en mi reseña del primer volumen que compré dicho tomo en su día pero todo me pareció tan normalito que no me dejó con ganas de comprar el resto de la serie. De hecho, no lo hice. Han tenido que pasar 4 años y el éxito televisivo de Wandavision para que mi afán completista se haya impuesto sobre los aspectos puramente comiqueros.

Y lo cierto es que leyendo este volumen, creo que supone una mejora en todos los aspectos, no sólo en lo relativo al apartado gráfico, que también, sino empezando por las historias que James Robinson ha preparado para esta tandas de historias. Y es que aparte de la variación gráfica, los primeros comics tenían un feeling de «el caso de la semana» demasiado anecdótico, sin que hubiera un amenaza con un carisma que estuviera a la altura de la protagonista. No, el «Hechicero Esmeralda» no lo estaba. De hecho, únicamente el episodio dibujado por Chris Vision indicaba que la historia tenía un elemento personal para Wanda, pero dicho episodio, junto al comic inicial dibujado por Vanesa del Rey, me parecieron los números más flojos de ese volumen.

Sin embargo, a pesar que en este tomo hay también tres aventuras internacionales, la ambientada en Paris dibujada por Marguerite Sauvage es de largo la peor historia del tomo, tenemos sin embargo dos números muy importantes para el personaje, los números 8 y 9 USA dibujados por Tula Lotay y Joëlle Jones con Rachelle Rosenberg respectivamente, que me han gustado mucho y realmente hacen avanzar emocional y dramáticamente a Wanda, y la sitúan ahora ya si como una heroína con voz propia que no admite tutelas de nadie.

Además del aspecto puramente pijamero y aventurero, ahora sí veo a un James Robinson que demuestra que conoce al personaje y sabe qué teclas pulsar para que sea verdaderamente interesante para el lector, lo que como decía supone una importantísima mejora frente al tomo inicial.

Como comentaba, la variación gráfica continúa en cada grapa e impide que la serie transmita una personalidad concreta, lo que en este caso no diría que beneficia a la serie en su conjunto. Dentro de esto, sí he encontrado unos comics que se han preocupado en la narrativa más que darnos escenas «bonitas» para el lector, como quizá sucedió en el volumen anterior por ejemplo con el dibujo de Marco Rudi.

De hecho, Tula Lotay y Joëlle Jones de nuevo en los números 8 y 9 consiguen hacer interesantes unos comics en los que realmente estamos viendo una conversación de Wanda con otra persona. Y eso, obviamente es mérito al 100% de ambas artistas.

Realmente este segundo volumen consigue lo que no consiguió el inicial, que quiera saber cómo termina la historia de Robinson. En ese sentido sus primeros 5 números no cumplieron con el objetivo fundamental de toda obra periódica, que es hacer que el lector quisiera volver el mes siguiente. En todo caso, aunque como digo me han gustado estos números y mejoran lo anterior, tampoco me han volado la cabeza, moviéndose todos los comics entre el bien y el notable sin más.

Como os habréis dado cuenta, he acompañado este post con páginas de cada una de las artistas, para que os podáis hacer una idea del tipo de dibujo que os váis a encontrar en este volumen. Unas artistas que globalmente me han gustado más que los dibujantes seleccionados para el anterior. Además, no quiero terminar este post sin resaltar las maravillosas portadas de David Aja, que compone de nuevo cinco imágenes llenas de carisma y personalidad maravillosas.

Compré este tomo de Bruja Escarlata por completismo. Ahora compraré el tercero deseando leer la historia de Robinson y saber cómo termina la la serie. La mejora es sustancial y evidente.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

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Crítica de Bruja Escarlata vol. 1 La Senda de las Brujas (Marvel Comics – Panini)

Tras ver Wandavision, he decidido recuperar la única serie de solitario de la Bruja Escarlata, que contó con el veterano James Robinson de guionista y que fue publicada entre 2016 y 2017 en Estados Unidos. Hoy comento mis impresiones del primer volumen de la serie que Panini publicó en su formato 100% Marvel.

PUNTUACIÓN: 6/10

Wanda Maximoff se embarca en un viaje a lo largo del globo con el objetivo de arreglar la brujería. De los callejones de Manhattan a la serenidad de las islas griegas, pasando por las calles de Hong Kong, Wanda debe luchar contra enemigos y descubrir quién está detrás de esta conspiración.

Este volumen incluye los números 1 a 5 USA, publicados en 2016.

Hay que reconocer que Marvel maltrató terriblemente al personaje de Wanda Maximoff desde que John Byrne iniciara la ruptura de su matrimonio con Visión en Vengadores Costa Oeste en 1989, con el ahora ya mítico Vision Quest. Pero fue Brian Michael Bendis en Vengadores quien convirtió a uno de los miembros de los Vengadores más queridos en una villana psicópata con problemas mentales que destruyó el grupo en el infame Avengers Disassemble primero, y aniquiló al 90% de los mutantes en el infame «No more mutants» en House of H.

Ver un comic dedicado a Wanda en solitario que busca devolver un elemento positivo al personaje ya es de agradecer, y es para mi lo principal que tiene este comic. Para este comic Marvel optó por el veterano guionista James Robinson (Starman, The Golden Age, JSA, Capitán América, Cable o Leave it to chance). Robinson convierte a Wanda en una investigadora de lo sobrenatural que viajará por todo el mundo intentando descubrir el problema que siente en la magia de la Tierra. De esta forma, un poco imitando una tendencia creada por Warren Ellis en comics como Secret Avengers o Moon Knight, Robinson plantea esta serie como comics autoconclusivos en la que cada número cuente una historia completa, contando cada número con un dibujante diferente.

Y hay que decir que esto significa el principal hecho distintivo de este comic, pero también el principal problema. Empezando por las historias planteadas por Robinson, que en este momento se encontraba muy alejado de su mejor versión que encontramos en comics como Starman. En Bruja Escarlata, Robinson convierte a Wanda en una especie de John Constantine que vive aventuras sobrenaturales, pero sin el carisma del mago británico. Aunque presenta conceptos relacionados con la magia de diferentes partes del mundo que resultan interesantes, la propia estructura autoconclusiva impide que nada tenga empaque, profundidad o sensación de amenaza, al menos por lo visto en este primer volumen con los cinco primeros numeros. Las historias se me quedan todas como correctas, pero sin nada destacable en ningún aspecto.

El baile de dibujantes también acaba siendo un problema, debido a la enorme variedad de estilos y sensibilidades, que impide que la serie tenga una personalidad gráfica más allá de las espectaculares portadas de Davia Aja con una composición increíble en la que el rojo escarlata tiene un lugar prioritario. Sin embargo, que desde el punto de vista artístico lo mejor de estos comics se encuentre en las portadas indica también hasta qué punto este comic sufrió por esta decisión artística que no se si surgió del propio Robinson o del editor de Marvel de esta serie.

Vanesa del Rey dibuja el primer número, un número que debe establecer el tono y en mi opinión fracasa por el estilo «feista» de la dibujante que no funciona para un comic Marvel. Las figuras son horribles e incluso opta por no dibujar las córneas de los ojos de los personajes, por lo que es imposible empatizar con nada que te muestra. Sinceramente pienso que este número es de largo el peor dibujado de los cinco, y esto es un error fundamental que no debió ayudar a que los lectores quisieran continuar.

El brasileño Marco Rudy tiene un estilo pintado en el que prima el preciosismo y las composiciones complejas. La historia ambientada en Santorini tiene al minotauro como antagonista y Rudi opta por hacer que cada página tenga una composición que artísticamente queda chulo pero que complica innecesariamente la lectura y hace la experiencia algo desagradable, teniendo que pensar el orden de las viñetas antes de disfrutarlas. Eso unido a la ligereza de la historia en la que Wanda llega, conoce el problema y lo resuelve con un hechizo como si nada, hace que el comic empiece a mostrar un patrón no demasiado atractivo.

Este patrón varió algo con el tercer número dibujado casi en su totalidad por Steve Dillon, con unas páginas finales de Chris Vision. Dillon nos muestra la llegada de Wanda a Irlanda, donde conocerá al que va a ser su primer archienemigo en la serie, el Hechicero Esmeralda, mientras que Visions nos lleva por La Senda de las Brujas en el más allá, donde Wanda conocerá a la anterior Bruja Escarlata. Frente al realismo de Dillon y su dibujo de línea fina y perfecta narrativa aunque algo estática, Vision es todo lo contrario, con un estilo de dibujo pintado que recarga en exceso la página y que no hace agradable la lectura para el ojo, fallando a la hora de ofrecer páginas para que el lector flipemos con su arte.

El último número está dibujado por Javier Pulido ambientado en La Rioja. Y aunque Robinson plantea el número para el lucimiento de Pulido, su historia no acaba de tener potencia que debería y todo vuelva a quedarse en un mero fuego artificial vacío. Además, no soy un excesivo amante del estilo de Pulido, al que siempre he considerado un gran narrador pero un dibujante normalito. Por eso mismo, y sumando la normalita historia de Robinson ambientada en La Rioja, tenemos una páginas con una interesante composición pero ninguna con nada que te flipe.

En resumen, compré este volumen en su día, pero lo cierto es que tras leerlo me dejó una sensación de comic montonero que hizo que NO comprara los dos volúmenes siguientes publicados por Panini. La relectura de este comic me confirma las mismas sensaciones que tuve en su momento, pero espero que la experiencia mejore al leer los siguientes y tener la sensación completa de esta serie.

Espero que la cosa mejore, la semana que viene os contare mis impresiones del segundo volumen.

PUNTUACIÓN: 6/10

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