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Crítica de Fuego, de Joe Hill

Joe Hill consigue en Fuego dar una interesante vuelta de tuerca a las historias de apocalipsis zombies, con esta novela ganadora del premio Locus publicada en España por Nocturna Ediciones.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Nadie sabe dónde y cuándo se originó, pero una plaga se ha extendido por todas partes. Los médicos la llaman «Trichophyton draco incendia»; los demás, escama de dragón, una espora que marca la piel de los contagiados con manchas negras y doradas antes de hacerles estallar en llamas. Y no hay antídoto.

La enfermera Harper Grayson está embarazada y ha visto a centenares de pacientes arder… o los veía antes de que el hospital se incendiara. Ahora sólo puede fijarse en las marcas que han empezado a recorrerle la piel. Mientras todo a su alrededor se ve envuelto en el caos por la enfermedad y los grupos que pretenden exterminar a los contagiados, Harper coincide con un misterioso desconocido que deambula entre los escombros con indumentaria de bombero y las marcas de la espora. Sin embargo, no arde. Es como si hubiera aprendido a usar el fuego a modo de escudo para las víctimas… y de arma contra los verdugos.

Conocí a Joe Hill gracias a Locke & Key, uno de los mejores y más redondos comics de la última década, creado en colaboración con el artista Gabriel Rodríguez, y publicado en España entre 2009 y 2014 por Panini. Locke & Key es la historia de la familia Locke. Tras la muerte de su padre, Tyler, Kinsey, and Bode Locke se mudan con su madre a la finca de la familia, Keyhouse, situada en Lovecraft, Massachusetts. Allí, los niños descubrirán que la casa es un nexo de energías sobrenaturales y que oculta diversas llaves que les otorgarán habilidades que les servirán para descubrir la historia oculta de su familia y del mundo que les rodea.

Durante su lectura descubrí que Joe Hill era el hijo de Stephen King y que usaba una abreviatura de su nombre, su nombre completo es Joseph Hillstrom King , para intentar triunfar por sus propios méritos y no por ser el hijo de.

Tras Locke & Key probé El traje del muerto (2007), una novela que consiguió darme un mal rollo brutal y que cuenta la historia de Judas Coyne, una veterana estrella de rock que colecciona objetos macabros. Un día encuentra en internet una subasta donde ofrecen el traje de un cadáver, aparentemente embrujado, que él adquiere con nefastas consecuencias.

Después vino Horns (Cuernos, 2010), la historia de «Ig» (nada que ver conmigo), un joven que al levantarse un día tras una borrachera, se da cuenta de que le están creciendo unos cuernos en su cabeza y tiene poderes de carácter diabólico. Ig buscará descubrir al asesino de su novia Merrin, crimen que el pueblo cree que lo realizó él. Pero Ig no podría hacerlo, por que él la quería, ¿no?  La novela tuvo una entretenida adaptación cinematográfica en 2013, realizada por Alexandre Aja e interpretada por Daniel Radcliffe.

Así que la lectura de Fuego era inevitable, y ha valido mucho la pena. Fuego a priori es una típica historia de zombies, solo que aquí los zombis son personas a los que un virus convierte en antorchas humanas que han consumido gran parte de la costa Este de los Estados Unidos. Pero como en sus otras novelas, a partir de un argumento más o menos trillado, Joe Hill da un giro muy guay a la historia para ver el punto de vista de los enfermos que son perseguidos por la sociedad «normal». Incluso dentro de este giro Fuego también rompe los estereotipos habituales, ya que el protagonista no es el Bombero que protege a la comunidad de los enfermos, sino Harper, la indefensa embarazada enfermera que huye de un marido maltratador.

Pero incluso dentro de este giro del narrador, la novela huye de estereotipos, y aunque la comunidad de enfermos de este virus huye de los humanos sanos, esto no significa que todos los «colillas» sean buenos, y una sociedad a priori utópica puede convertirse en una turba fanática con un chasquido de dedos.

Joe Hill escribe entretenidas historias que siempre tienen un toque familiar, pero fresco  y original a la vez. Uno de los nombres a tener muy en cuenta dentro del panorama fantástico y de terror.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Briggs Land, la nueva saga mafiosa no está en la HBO

Evolution Comics ha editado en España el nuevo comic de Brian Wood (Northlanders, DMZ, The Massive), realizado en colaboración con Mark Chatter y Lee Loughridge, y portadas de Tula Lotay. La serie editada en los USA por Dark Horse está pensada para crear una saga mafiosa que sirva de crítica a la actual situación socio-política de los Estados Unidos.

PUNTUACIÓN: 7/10

Brian Wood (1972, Essex Junction, Vermont) es un prolífico escritor e ilustrador que ha desarrollado la gran parte de su trabajo en el ámbito independiente. Ha trabajado en series como Conan y Star Wars para Dark Horse y en X-Men o un arco de Moon Knight para Marvel. Su obra de creación propia se caracteriza por un marcado tono social y político, en editoriales como Dark Horse, Oni Press, Image o en el sello Vertigo de DC Comics. Wood tiene una larga trayectoria combinando una interesante construcción de mundos con historias socialmente responsables que sirven de comentario de asuntos de la actualidad, con personajes reales de gran diversidad.

Algunas de sus obras más conocidas son DMZ, una distopía contada a los largo de 72 números en la que la isla de Manhattan se ha convertido en una Zona DesMilitarizada tras la segunda Guerra Civil Americana, Northlanders, serie que contó durante 50 números diversas historias ambientadas en el mundo de los vikingos, y The Massive, distopía en la que el mundo ha sufrido un desastre medioambiental y un grupo de defensores del medio ambiente deben plantearse que sentido tiene seguir siéndolo si el mundo parece estar condenado.

Además, en su faceta como ilustrador realizó las portadas de su serie DMZ o de Global Frequency de Warren Ellis.

En palabras del propio Wood, Briggs Land supone la evolución lógica dentro de sus cómics sociopolíticos que comenzó con Channel Zero, DMZ, The Massive y Rebels. Briggs Land es la historia del movimiento antigubernamental más grande y secreto de la nación. Unos cien kilómetros cuadrados de terreno rural, fundado y administrado por la familia Briggs, cuyas ideologías políticas han sido lentamente corrompidas a lo largo de los años y ahora abrazan plenamente el uso de armas, contrabando de drogas, lavado de dinero e ideas supremacistas. Para entender su ambición con este proyecto, lo plantea como un drama familiar mezcla de Los Sopranos ambientado en la cultura de la milicia.

Pero también es la historia de una madre que ve como su familia se está desmoronando y hará lo que sea para evitarlo. Y sobre cómo los derechos individuales de la gente común están a merced de los intereses corporativos, la corrupción política y la codicia del ser humano, unido a una crónica de extremismo religioso post-11S, con lobos solitarios, crímenes de odio y trastorno de estrés postraumático. También quiere tratar sobre la belleza de la naturaleza, la preservación de la vida vivida fuera del ajetreo y el bullicio de la sociedad dominante, y el equilibrio de la naturaleza y la sociedad y nuestro papel en la preservación de ese equilibrio. Y, por supuesto, trata de armas. Y de América. Y como ambos elementos son lo mismo y están irremediablemente unidos.

Y por si fuera poco, nada más estrenarse la serie se hizo público que la cadena de televisión por cable AMC (The Walking Dead o Preacher, entre otras) se había hecho con los derechos, y el propio Wood tenía un puesto de productor para realizar la adaptación, que de momento no tiene fecha de estreno, al menos que yo sepa.

El primer tomo de Briggs Land me ha gustado pero también me ha parecido un poco lento, y eso que la he leído esta serie en tomo y no a ritmo mensual. Supongo que la inyección económica que le ha proporcionado a Wood la cadena AMC hace que pueda contar su historia al ritmo que más le interese, sin preocuparse de las ventas de grapas.

En este primer ha servido básicamente para establecer el tablero de juego y conocer unos pocos detalles de los integrantes de la familia Briggs y su conflicto, empezando por el patriarca Jim Briggs encarcelado en una prisión federal, su rebelde esposa Grace y sus disfuncionales hijos. Y aunque también conoceremos a los agentes del FBI encargados del caso, lo cierto es que queda claro que los mayores conflictos vendrán de dentro del propio movimiento separatista.

Quizá el único problema que le veo a este primer tomo, y en general a muchas series de televisión actuales, es que a pesar de que se intuye que puede ser una buena historia, el «piloto» no engancha y parece que va a exigirnos a los lectores paciencia y aguantar varios arcos flojos para que la serie arranque de verdad. Y eso, dada la amplísima oferta existente en la actualidad, podría provocar su caída a medio plazo. Aunque por otro lado, las historias de Wood son casi un género en si mismo, y entiendo que los lectores fans de este escritor tienen claro lo que van a encontrar.

Comparto a continuación las primeras páginas de esta serie para que veais el estilo del dibujante Mack Chater, perfectamente compenetrado con el estupendo colorista Lee Loughridge. Creo que este equipo artístico es perfecto para el tono realista y sucio de la historia.

El inicio de Briggs Land ha sido pausado pero interesante. Un tebeo que promete una historia firmemente anclada en la realidad actual y que sirva de espejo a muchos de los males que azotan a la sociedad americana. Con todo, habrá que ver si el segundo tomo confirma las buenas sensaciones que me ha dado esta serie y hace que la trama avance un poco más que este arranque de colección.

PUNTUACIÓN: 7/10

The Get Down Temporada 2

Tras el éxito y la sorpresa que supuso la primera temporada de The Get Down, la serie de Baz Luhrmann creada para el canal online Netflix que contaba el origen del rap y la música disco en la Nueva York de finales de los setenta, llegó el momento de conocer el final de la historia de esta serie que ha estado envuelta en la polémica al ser la producción más cara de la cadena. ¿Qué tal ha sido el final? ¿Han sabido terminar satisfactoriamente la historia? Ahora lo veremos.

Al final de la primera temporada, «The Get Down Brothers» habían disfrutado de su primer éxito y empezaban a pensar en que podían ganarse la vida con su música. A su vez, Mylene, la hija del predicador, conseguía vencer el rechazo de su padre e iba a firmar un contrato discográfico que podría convertirla en estrella del disco.

En esta segunda temporada, ambientada de nuevo en 1978, los jóvenes tendrán que enfrentarse a la dura realidad de unas calles controladas por las mafias y asediadas por las drogas, mientras que luchan por abrirse paso en la industria discográfica.

¿Qué ha pasado en esta temporada?

La triste sensación que me dejó es que Netflix cortó el grifo de los millones tras comprobar que la costosa primera temporada no había tenido tanto éxito como se esperaba. O que aun teniéndolo, no le salía a cuenta el enorme gasto de recreación de un Bronx medio derruido y envuelto en luchas raciales. Así que han optado por acabar la serie de la forma más barata posible, intentando conservar la dignidad del producto final. Algo que no han podido conseguir.

Con motivo del estreno de la primera temporada, leí varios artículos que decían que se habían rodado completamente los 12 episodios que componían la serie, pero que comercialmente habían decidido dividir la serie en 2 temporadas para intentar sacarle mayor rendimiento económico. Ahora compruebo que esta segunda temporada finalmente no es de seis episodios, sino solo de cinco.

Además, en lugar de los numerosos planos generales de los chicos en Nueva York que vimos en la primera parte, estos han sido sustituidos por una pobre animación que rompe totalmente el ritmo del visionado. La impresión es que aunque los actores habían rodado todas las escenas, faltaba toda la post-producción y la inserción de fondos digitales y otros efectos que ayudaban a recrear los años setenta. Y al no tener «cash», tuvieron que inventarse esta animación como solución de emergencia para poder cerrar la serie.

Los cuatro primeros episodios mantienen un ritmo similar al visto hasta el momento, con una excelente banda sonora y buenos números musicales, aún con la sorpresa de la animación. Sin embargo, el quinto y último episodio es un «sálvese quien pueda», en el que hay que cerrar todas las tramas de la forma más rápida y anticlimática posible, aunque esto provoque locuras y más locuras. Una gran decepción, para una serie que pintaba muy bien.

Comparto el trailer de esta segunda temporada:

El final de The Get Down ha sido una decepción que me ha dejado sensación de ocasión perdida. En todo caso, si te gusta el rap y la música disco de finales de los setenta, la serie probablemente siga teniendo elementos que serán de tu agrado.

PUNTUACIÓN: 5/10

Por 13 razones, televisión como servicio social

Por 13 razones es la serie de la temporada. Su éxito está totalmente justificado y a la vez resulta un tanto extraño, teniendo en cuenta que el tema central es sacar a la luz el bullying que sufren miles de adolescentes en los institutos.

El adolescente Clay Jensen (Dylan Minnette) vuelve un día a casa después del colegio y encuentra una misteriosa caja con su nombre. Dentro descubre una cinta grabada por Hannah Baker (Katherine Langford), una compañera de clase por la que sentía algo especial y que se suicidó tan solo dos semanas atrás. En la cinta, Hannah cuenta que hay trece razones por las que ha decidido quitarse la vida. ¿Será él una de ellas? Si las escucha, tendrá oportunidad de conocer cada motivo de su lista.

Por 13 razones es un bestseller escrito por Jay Asher que ha sido adaptado para la televisión por Brian Yorkey. La serie cuenta entre otras con Selena Gómez como productora, y ha contado con el asesoramiento de psicólogos y expertos para que las situaciones que veremos en la serie sean lo más realistas posibles.

La intención principal es sacar a la luz problemas como el bullying, los suicidios adolescentes o la cultura de la violación existente en institutos y universidades, y generar un debate en torno a estos asuntos.

Lo primero que hay que decir es que aunque la serie está planteada como un servicio social destinado a sacar a la luz estos temas espinosos, es una buena serie de televisión de 13 capítulos de una hora, que se ven en un suspiro y que sabe mantener enganchada a la audiencia. En ningún momento parece que nos están contando un rollo, y las situaciones y los personajes transmiten realismo y naturalidad.

El resultado final es conocido desde el principio, Hannah se ha suicidado, pero el misterio del porqué y el papel de cada compañero de instituto te mantiene en tensión. Estamos ante buena televisión que hace que sientas perfectamente el dolor que Hannah sufre y como cada día en el instituto era un tormento para ella. No se trata de chiquilladas, sino de comportamientos dañinos que solo se pueden corregir si se muestran sin tapujos y sin esconder sus consecuencias.

Además, la serie acierta en señalar como uno de los principales problemas actuales es la falta de empatía hacia los que nos rodean. Cosas que para ti son insignificantes a otra persona le pueden ocasionar un enorme daño, incluso aunque no fuera eso lo que pretendías. El problema es que casi nunca pensamos en los demás, solo en nuestras necesidades y como saciarlas. Hay 13 «culpables» del suicidio, pero algunos lo son por cosas poco importantes y otros por realizar actos horribles.

La serie está muy bien interpretada por todo el reparto de jóvenes actores, que cubren todos los arquetipos de jóvenes: El tímido, el abusador, y seguidor que hace lo que el jefe del grupo manda, la chica que busca ser aceptada, la que hará lo que sea para mantener su reputación, el nerd que no encaja en ningún sitio, el homosexual, la que no quiere salir del armario por el que dirán, etc.

Algunos comportamientos tóxicos que se ven amplificados por las redes sociales, de forma que una foto inocente puede arruinar una reputación si es sacada a la luz fuera de contexto. Una realidad cada vez más presente en nuestra sociedad.

También me ha parecido importante que la serie muestra personas complejas que no son necesariamente malvadas, sino solo estúpidos que se comportan la mayoría de la veces equivocadamente. Incluso Hannah, la víctima de esta historia, o Clay, el teórico chico bueno (al menos hasta que escuchemos lo que Hannah tiene que decir de él), se equivocan, no saben expresar sus sentimientos cuando más falta hace y ocultan como son de verdad a sus padres y a su entorno.

El suicidio nunca es la situación y deja un enorme vacío en tu familia, amigos, etc. Y eso es algo que no se puede olvidar y que la serie deja claro desde el primer fotograma. Además, aunque los episodios son en general bastante «limpios», los últimos dos episodios son super duros de ver, al mostrar el horrible hecho que sufre Hannah que significa la gota que colma el vaso para ella, y el propio suicidio. Momentos muy duros pero necesarios para poner el foco en lo verdaderamente importante, el dolor del prójimo. De esta forma, espero, se puede intentar construir una sociedad que no esté controlada por «ganadores» que lo son a costa de machacar a los demás.

Quizá el único pero de la serie es que en algunos momentos hay cierta sensación de relleno, cuando estás deseando que Clay continúe escuchando las cintas y la historia se detiene en otros personajes menos importantes. Pero esto es un pero muy pequeñito para una serie que me ha impactado.

Comparto el trailer de esta serie:

Por 13 razones es una serie que debería ser mostrada en todos los institutos y que suplica porque abandonemos el egoismo que domina nuestra sociedad e intentemos empatizar un poco con nuestros semejantes. Que no es poco. Una serie totalmente recomendable que debes ver.

PUNTUACIÓN: 8/10

Hell or high water

Hell or high water es una gran película que puede ser vista simplemente como una buena película de robos, pero que tiene un transfondo mucho más interesante cuando empiezas a escarbar en la superficie. Dirigida por David Mackenzie a partir de un guión de Taylor Sheridan (Sicario), está protagonizada por Chris Pine, Ben Foster y el veterado Jeff Bridges.

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Agobiados por las deudas, un padre divorciado (Pine) y su hermano ex-convicto (Foster) empiezan una cadena de robos en bancos del estado de Texas. Los hermanos tienen un plan desesperado aunque saben que no suele haber feliz para perdedores como ellos. Y las cosas se pondrán aún más difíciles cuando el Ranger Marcus Hamilton (Bridges), un veterano agente a punto de jubilarse, inicie su persecución.

Este es el argumento libre de spoilers de la película. Y a priori, este argumento no difiere nada del de miles de películas de robos que pueden verse todos los años, lo cual no la hace demasiado atractivo a priori, siendo sinceros. La clave que marca la diferencia es el subtexto de la película y la excelente puesta en escena.

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«Hell or high water» es una frase hecha que vendría a significar hacer algo pase lo que pase, o contra viento y marea. Y es un significado perfecto a lo que vamos a ver en la película.

La película destaca gracias a una fotografía de Giles Nuttgens que nos traslada con sus grandes paisajes a los westerns clásicos, pero con un toque triste y apesadumbrado. La música de Nick Cave y Warren Ellis es también modélica en trasmitir una atmósfera crespuscular ante la vida en Texas en la actualidad. Aunque los texanos son seres orgullosos, muchos malviven en el umbral de una pobreza provocada por el propio sistema económico, en este caso personificado en los bancos que asfixian a la gente. Y que se traduce en paisajes desde la carretera llenos de casas que se venden, negocios cerrados por bancarrotas y gente sin esperanza ni futuro.

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Estamos ante un western crespuscular de libro en el que unos hermanos pobres que se levantan ante una injusticia, aún a sabiendas que este tipo de historias rara vez terminan bien para los protagonistas. En este aspecto, Chris Pine y Ben Foster realizan unas estupendas y muy creíbles interpretaciones de personas con múltiples facetas, que intentan hacer lo correcto pero que no son buenas personas, y que no dudarán en matar a quien se ponga en su camino, aunque sean inocentes.

Jeff Bridges hace una típica interpretación de un veterano Ranger que aunque se resiste a retirarse sabe que solo le queda una bala en la recámara. Y que solo ha hecho una cosa en su vida y sin eso no le queda nada. Me gustaron también sus diálogos con su ayudante Alberto Parker (Gil Birmingham), al que machaca continuamente por ser medio indio medio mexicano, en un tono racista chungo que son típicos (y esperables) de un policía de Texas, pero que rompen el imperante tono depresivo.

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Además de película de robos, me gusta mucho como funciona también de crítica social, exponiendo la dura y triste situación de unas personas, todos los que salen en la película, que cada vez lo tienen más difícil para salir adelante. Y que aunque lo pasan mal, ni piden ayuda ni hay nadie para dársela.

Hay momentos brillantes en este aspecto como los vaqueros que escapan de un incendio con su ganado y que no esperan la ayuda de nadie porque nadie va a acudir, la camarera que depende de una propina para pagar su hipoteca o los propios hermanos que aceptan su destino pero que siguen adelante porque es lo que hay que hacer.

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Quizá el único pero de la película es que la crítica la había puesto por las nubes, y tras verla «solo» me pareció una película notable. Aunque el tema de las expectativas es algo totalmente fuera de control de los autores, que ya hacen bastante entregando una película que engancha desde el primer fotograma.

Comparto el trailer de la película para que tengais una primera idea sobre qué esperar. Aunque, como siempre, casi os recomendaría que NO lo vierais, para poder disfrutarla sabiendo lo menos posible:

Hell or High Water es un brillante western crepuscular que demuestra que las buenas películas no necesitan de argumentos complicados ni novedosos, mientras se tengan las ideas muy claras de qué se quiere contar y como ponerlo en práctica. Una película de perdedores muy interesante que te recomiendo.

PUNTUACIÓN: 8/10