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Crítica de ¡Shazam! La monstruosa Sociedad del Mal de Jeff Smith (ECC Ediciones)

Tras la lectura de El poder de ¡Shazam! de Jerry Ordway, continúo mis lecturas del personaje con ¡Shazam! La monstruosa Sociedad del Mal de Jeff Smith (Bone), un estupendo comic all-ages que se aleja de los tópicos de los superhéroes.

PUNTUACIÓN: 7/10

El aclamado guionista y dibujante Jeff Smith es el autor del laureado cómic Bone, convertido en clásico instantáneo. Ahora, el brillante creador pone al servicio de DC Comics todo su talento para confeccionar historias que combinan aventuras, humor y preciosas ilustraciones en esta reinterpretación de la historia de Shazam para una nueva generación.

Cuando el joven huérfano Billy Batson sigue a un misterioso desconocido hasta el metro, no imagina que está entrando en un extraño mundo de poderosos magos, tigres parlantes, monstruos devoradores de niños, robots gigantes, intrigas policiales y misteriosos villanos. ¡Pero Billy encuentra todo eso y mucho más cuando el mago le revela una palabra mágica que lo transforma en el mortal más poderoso del mundo!

Este comic fue publicado por DC Comics en 2007 como una miniserie prestigio de 4 números, que ECC publicó en 2018 en un tomo en tapa dura de 2018 páginas, aprovechando el inminente estreno de la primera película de Shazam! el año siguiente.

Jeff Smith nació en McKees Rocks (Pensilvania) y creció en Columbus (Ohio), donde vive en la actualidad. Es conocido principalmente por la serie Bone, que empezó a autoeditar en 1991 y que finalizaría en 2004. Bone, de Jeff Smith, se ha convertido en una de las novelas gráficas de mayor éxito gracias a haber sabido combinar el atractivo universal del humor con la narrativa épica, y se encuentra entre las diez mejores novelas gráficas de la historia según la revista Time. Bone ha sido traducida a más de 30 idiomas, lleva vendidos 10 millones de ejemplares en Estados Unidos, más de 150.000 en castellano y ha ganado 41 premios nacionales e internacionales, incluyendo 10 Eisner y 11 Harvey.  Su creación más reciente es RASL, una serie de ciencia ficción dura y descarnada sobre un ladrón de arte interdimensional.

Tras terminar Bone en 2004, imagino que DC le ofreció un dineral a Jeff Smith para que reimaginara a Shazam!, un personaje que dado su similitud con Superman DC nunca ha tenido muy claro qué hacer con él. En mi post sobre la novela gráfica El poder de ¡Shazam! de Jerry Orday ya expliqué la complicada historia editorial que vivió el personaje. Y tras la cancelación en 1999 de su serie regular, Shazam! pasó durante algunos años por el limbo editorial, con una participación bastante limitada en la continuidad DC. Es curioso que en los inicios del siglo XXI, Black Adam tuvo una mayor importancia en el universo DC que Shazam! debido a su aparición recurrente en la JSA de Geoff Johns y David S. Goyer.

En este momento en el que DC no sabía qué hacer con el personaje, la idea de dar rienda suelta a un autor super popular como era Jeff Smith tras terminar Bone parecía un WIN-WIN de libro. Smith recibía un cheque importante por hacer un personaje que entiendo le gustaba de inicio y DC conseguía un tomo que pudiera encajarle a las decenas de miles de lectores de Bone. Además, la historia de un niño que adquiere habilidades superheroicas encaja completamente con el tipo de historias all-ages en que Smith se ha especializado y que tanto gustan a su público.

Y empezando a comentar este comic, la verdad es que me ha encanta el dibujo de Jeff Smith. Hay una corriente de pensamiento que opina que un comic para niños puede tener un dibujo deficiente porque a los niños les da igual, algo con lo que no puedo estar más en desacuerdo. De hecho, también los niños se dan cuenta cuando un tebeo tiene un buen dibujo o uno malo, y cuando la narrativa fluye en las páginas y te invita a seguir leyendo, frente a otros comics «antipáticos» que no narran bien las acciones que viven los personajes y que cuesta leer. Jeff Smith es un maestro en narrativa, todo está contado de la forma más clara al lector sin restarle un ápice en la personalidad y el encanto que transmiten los personajes.

Y es que otra de las grandes virtudes de este comic es la caracterización Billy y Mary, que son mostrados como niños de verdad. Realmente transmiten la edad de tener menos de 10 años, unos niños a los que aún les falta mucho para alcanzar la pubertad. Las expresiones faciales son una delicia, pero casi mejor es todo lo relativo a la expresión corporal y la comunicación no verbal. Escenas como cuando Billy conoce al mago, el primer vuelo de Mary en el que acaba estrellándose contra el suelo al no saber frenar, acabando con el pelo delante del rostro, o la escena del muelle en el que Mary se mete dentro de la capucha de su chaqueta transmitiendo toda la tristeza que lleva dentro al ser una huérfana son momentos muy potentes que me llegaron.

Dentro de su faceta all-ages y que el comic está pensado para el disfrute de los más pequeños, la historia tiene guiños para los mayores, como es el convertir al clásico villano de Zhazam Doctor Sivana en el Fiscal General que aprovecha la amenaza para la ciudad para intentar controlar las cuentas bancarias de los ciudadanos «hasta ver si encontramos algo sospechoso», algo que sería un elemento recurrente en la narrativa americana post-11S, cuando se planteaba la dicotomía entre «libertad frente a seguridad».

El comic en USA fue publicado como 4 grapas de 50 páginas cada una. Esto hace que el ritmo de la historia sea muy diferente al de las típicas grapas americanas, pudiendo construir el mundo de Billy Batson de forma interesante y que nunca resulta aburrida. Sin embargo, hay que reconocer que la amenaza de la Sociedad del Mal que el título adelanta resulta un poco decepcionante, algo a lo que habría que sumar a un Sivana que tampoco llega a dar verdadera sensación de amenaza para la novata familia de superhéroes. Los monstruos como cocodrilos de tamaño humano o los gigantescos robots que tenemos en el comic enlazan con el tipo de personajes que se espera en un comic de Jeff Smith, y aunque como diseño molan, acaban estando un poco desaprovechados.

Esto me permite conectar con los elementos menos buenos de este comic, algo que me sugiere dos elementos. El primero pasa por el hecho que comentaba Smith clava todo lo relativo a los niños, algo que me parece super chulo, pero la parte superheroica de Shazam! además de quedar en un segundo plano, resulta un pelín decepcionante. Mientras que la representación gráfica de Billy o Mary es una maravilla, Smith no acaba de pillarle el tranquillo a Shazam, mostrándole como un fortachón muy estático con las mismas facciones casi todo el tiempo. Y aunque hay una doble splash-page fantástica en el climax de la historia protagonizada por Shazam, es significativo que Smith plantea una situación en el tramo final que obliga a Shazam a transformarse en Billy para encontrar a la secuestrada Mary. En este sentido, se nota que Smith no es un autor de superhéroes sino de fantasía, y para él el protagonista siempre fue Billy. Ojo que no lo digo como algo malo, de hecho el comic me gustó mucho, sino como la explicación del foco de la historia.

Hay otro elemento que podemos tomar como negativo, y es el hecho que si buscas en la FNAC comics de Shazam!, probablemente nos encontraremos el comic de Jerry Ordway sobre el que hablé la semana pasada, este de Jeff Smith y probablemente el relanzamiento que Geoff Johns y Gary Frank realizaron a partir de 2012 como complemento dentro de las grapas de Justice League. Y al final son todos historias de origen que no tienen nada que ver entre si. Ya hablé hace unos días en mi artículo Black Label vs el Universo DC cómo la popularización por parte de DC de comics como este de Jeff Smith situados fuera de continuidad que permiten al autor contar la historia que quiere puede provocar confusión en el lector ocasional, dado que tiene versiones diferentes de origen del mismo personaje sin saber a cual atenerse o cual es «la buena». Si es que el término es aplicable.

Y como comento en ese post sobre la línea Black Label, tango claro que a los lectores que se acercan a este comic por el autor y no tanto por el personaje les da completamente igual la idea de continuidad dentro de los comics de DC, sólo quieren ser entretenidos con este comic concreto, que no les obliga además a leer o comprar nada más y que resulta satisfactorio en si mismo. Pero a la larga, esta repetición de comics de origen, incluso para un lector «resabido» como yo, acaba siendo redundante y en cierto sentido aburrido, incluso aunque los comics individualmente estén bien y resulten una buena lectura.

Estos pequeños peros no empeñan el hecho que este comic haya sido todo un descubrimiento que recomiendo a todas las familias con niños pequeños. Shazam! gustará a los nenes, pero seguro que también a los padres.

Comparto las primeras imágenes del comic:

¡Shazam! La monstruosa Sociedad del Mal es un comic delicioso, un all-ages en el sentido más positivo del término que podrá disfrutar toda la familia y que sirve de estupendo punto de entrada para lectores no familiarizados con el personaje y su mundo.

PUNTUACIÓN: 7/10

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Crítica de Blue y Gold de Dan Jurgens y Ryan Sook (DC Comics – ECC Ediciones)

Tras anunciar James Gunn la producción de una serie de televisión protagonizada por Booster Gold, me he animado a recuperar Blue y Gold de Dan Jurgen y Ryan Sook, comic que ECC Ediciones publicó en un tomo unitario con toda la colección USA.

PUNTUACIÓN: 7/10

Siempre ávido de fama y fortuna (y de la aprobación de sus semejantes), Booster Gold vuelve a la carga en plena era de las redes sociales. Y para conseguir su objetivo, recluta a su viejo amigo Ted Kord, alias Blue Beetle. ¿Y qué puede salir mal? Pues básicamente todo, porque acaba de llegar a la Tierra una princesa alienígena que afirma que nuestro planeta es propiedad de su imperio. ¿Conseguirá liberarnos el dúo de héroes más divertido e impresentable de la historia?

Décadas después de brillar en Liga de la Justicia Internacional, Blue y Gold regresan en este volumen escrito por Dan Jurgens y dibujado por Ryan Sook con la participación de Cully HamnerPhil Hester y Paul Pelletier.

Blue y Gold es un tomo de 200 páginas que recopila la serie completa Blue & Gold núms. 1-8 USA, que ECC Ediciones publicó el pasado mes de Septiembre de 2022.

Comics como Blue y Gold ponen de relevancia como la experiencia en un grado. En concreto, se nota que Dan Jurgens es el creador de Booster Gold y tiene completamente cogida la medida del personaje y sobre todo, de su dinámica con su amigo del alma Blue Beetle. Como estoy fuera de la continuidad de la DC Comics actual, no tengo claro como se las han apañado para resucitar a Ted Kord tras ser asesinado por Maxwell Lord durante Countdown to Infinite Crisis en 2005. Ni falta que hace la verdad, porque la alegría que supone ver a esta pareja juntos de nuevo compensa cualquier posible glitch de continuidad.

Blue y Gold ofrece una aventura ligera centrada en mostrar a estos dos perdedores y como a pesar de todo siguen intentando hacer lo correcto, aunque para ello tengan que abrir campañas de micromecenazgo para mantener su actividad. El contraste del Booster super pagado de si mismo con el depresivo Beetle tras ser despedido de su empresa genera una dinámica super chula durante toda la serie. En este sentido, usar los comentarios de redes sociales a los videos de Booster añade un toque super divertido que ayuda a construir el tono ligero de la historia.

Estos ocho números me han parecido modélicos, pero de entre todos ellos destacaría el número 4 en el que veremos el punto de vista de Booster y Beetle ante un mismo suceso, lo que nos permite disfrutar del dibujo de Kevin Maguire para el punto de vista de Beetle y el propio Jurgens con Norm Rapmund, para la parte de Booster, ofreciendo un comic super divertido con un invitado sorpresa final que significa la guinda del pastel.

Ryan Sook me parece un estupendo dibujante y se encarga del apartado gráfico de casi toda la serie, excepto el número cuatro antes mencionado (aunque él se encarga de las secciones del presente de esa historia), y los números tres y ocho, que cuentan con dibujo de Cully Hamner el primero y Phil Hester y Paul Pelletier el último. Sook tiene un estilo de lápiz centrado en ofrecer la historia de la forma más clara posible y transmitiendo un feeling positivo que encaja con el tono divertido de la historia de Jurgens. Quizá no es mega espectacular y mega épico como un Ivan Reis, pero es uno de esos estupendos narradores que son imprescindibles en todo editorial que se precie de querer contar las historias de la forma más clara posible. Me declaro muy fan del dibujante, la verdad, incluso a pesar que igual no tiene una vena cómica tan acertada como por ejemplo Maguire.

Si tengo que ponerle un pero a este comic sería al hecho que la colección tuviera que cerrar tras tan sólo 8 números. O que planteen una miniserie de ocho números al dudar de la viabilidad comercial de este comic. Que una pareja tan querida desde los tiempos de la Justice League como Blue Beetle y Booster Gold no den para mantener una colección regular indica la situación de derribo en el que se encuentra la DC Comics actual. Dicho esto, al menos Jurgens plantea la historia de forma que transmite la sensación de tener una historia completa con un final satisfactorio, aunque realmente tenemos un arco realizado en los 6 primeros números y nos números finales aprovechados por Jurgens para cerrar las tramas abiertas.

En cualquier caso, si DC se animara a darles una nueva colección, yo volvería encantado para disfrutar de estos dos maravillosos losers. Ojalá no tarden mucho.

Comparto las primeras páginas del comic:

Blue y Gold me ha parecido un comic super entretenido que hará las delicias de los fans veteranos del universo DC, pero también a las nuevas generaciones. Super divertido y recomendable.

PUNTUACIÓN: 7/10

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Crítica de El poder de ¡SHAZAM! de Jerry Ordway (ECC Ediciones)

En menos de dos meses se va a estrenar la segunda película de ¡Shazam! La furia de los dioses, por lo que me he animado a leer algunos comics del personaje que por unas cosas o por otras no leí en su momento. Empiezo por la novela gráfica El Poder de ¡Shazam! escrita y dibujada por Jerry Ordway y publicada por ECC Ediciones.

PUNTUACIÓN: 7/10

Salomón.
Hércules.
Atlas.
Zeus.
Aquiles.
Mercurio.

Tras pronunciar una palabra… ¡cae un rayo! Para el joven Billy Batson comienza la aventura de su vida… y entonces nace el Capitán Marvel, el mortal más poderoso del mundo. ¡Shazam! Pronuncia la palabra… ¡y siente su poder!

The Power of Shazam! fue una novela gráfica escrita y dibujada por Jerry Ordway publicada por DC Comics en 1994. ECC publicó esta obra en España en 2019, coincidiendo con el estreno de la primera película de Shazam!

Antes de empezar a comentar mis impresiones de este comic, quiero detenerme a recordar la compleja historia de. personaje. Shazam! nació con el nombre de Capitán Marvel en 1939, creado el artista artista C. C. Beck y el escritor Bill Parker en la editorial Fawcett Comics. Aunque fue creado después que Superman, el personaje durante los años 40 fue mucho más popular y tenía ventas mucho mayores que las del Hombre de Acero, significando la mayor competencia a la que enfrentaba National Comics (editorial que años más tarde cambió su nombre y pasó a denominarse DC Comics). Lamentablemente Fawcett dejó de publicar al personaje en los años 50 tras un largo litigio que National inició en los años 40 en el que acusaba de plagio a esta editorial, lo que sumado a la disminución en las ventas hizo que el editor perdiera el interés en el personaje.

En 1972 lo que quedaba de Fawcett vendió a DC Comics el personaje de Capitán Marvel, aunque se encontraron con la sorpresa que Fawcett había perdido los derechos del nombre «Capitán Marvel», que había sido adquiridos por Marvel Comics al estar el personaje más de 10 años sin publicarse. Debido a este problema de derechos, el personaje a partir de este momento pasó a denominarse como Zhazam! Sin embargo, algunos problemas legales derivados de estos cambios de nombre y el hecho de ocupar el mismo mundo que Superman, sobre todo tras las Crisis en Tierras Infinitas de 1985-86, provocaron cierta sensación de redundancia y repetición, por lo que DC realmente ha publicado muy pocos comics protagonizados por ¡Shazam! Sobre todo si lo comparamos con los cabeza de cartel de DC.

La miniserie Legends de John Byrne de 1986-87 sirvió para introducir al personaje en la nueva continuidad de DC tras las Crisis, aunque el personaje no llegó nunca a despegar. En 1991, Jerry Ordway recibió el encargo de relanzar Shazam! Y en lugar de hacer lo habitual en estos casos, empezar su colección de grapas mensuales, planteó iniciar su etapa con una novela gráfica que conduciría a su serie regular. El éxito de esta novela gráfica llevó a la publicación de una colección regular, The Power of SHAZAM!, que se publicó entre 1995 y 1999 y que sigue siendo la serie más longeva de los últimos 50 años desde que DC empezó a publicar comics con el personaje.

Jerry Ordway es uno de los grandes nombres de DC Comics. Empezó a trabajar en los años 70 en DC y aún sigue al pie del cañón hoy en día, transmitiendo en cada trabajo un estupendo feeling atemporal. En los años 90 ya era uno de los autores más veteranos de la editorial y uno de los que mayor conocimiento tenía del fondo editorial de DC. En ¡El poder de Shazam! buscaba relanzar al personaje revisando su origen acercándolo al de los comics originales de Fawcett, actualizando algún elemento pero siendo bastante fiel en lo fundamental. Una de las grandes virtudes de Ordway es el feeling clásico que imprime a todos sus comics, y en este comic plantea una historia atemporal que bien podría estar situada en los años 40 donde originalmente se desarrollaron las aventuras del Capitán Marvel. Toda la ambientación de vehículos, ropa, edificios remite a una época pasada, por no hablar de un Billy dedicado a vender periódicos por la ciudad, algo que no puede ser más años 40. Además, su vertiente aventurera me devolvió al disfrute de las películas de Indiana Jones. En este sentido, me ha sorprendido para bien la forma en que Ordway plantea este origen, con los padres de Billy Batson convertidos en arqueólogos que son asesinados por su socio Theo Adam mientras están trabajando en Egipto, excavando la tumba de Ramsés II. De esta forma, Theo Adam, que posteriormente se convirtió en Black Adam, se convertirá en el archienemigo de Shazam! junto al magnate Doctor Sivana, el otro gran villano del personaje.

Ordway es un gran narrador y un estupendo artista, y me ha gustado su versión tanto del niño Billy Batson como del superhéroe Shazam! en que se convierte. Y es curioso que de alguna manera esta novela gráfica casi podría haberse utilizado como storyboard en caso de haberse planteado la posibilidad de hacer una versión cinematográfica, algo que no se hizo realidad hasta 25 años después con otros referentes. La forma en que el joven Billy tiene que aprender a usar sus nuevas habilidades manteniendo la bondad de su corazón (con algún berrinche incluido) a pesar de enfrentarse a los asesinos de sus padres es otra de las claves de esta historia que hace que el comic se sienta 100% superheróico.

El feeling de clásico atemporal de Ordway hace que estemos ante una buena lectura a la que los casi 30 años desde su publicación no le han pasado factura, se sigue leyendo de maravilla sin transmitir una sensación «viejuna». Además, el comic ofrece una sensación satisfactoria gracias a que el formato de 96 páginas es perfecto para la extensión de esta historia, y la vez deja numerosos elementos abiertos de cara a su desarrollo en la serie regular posterior, empezando por la desaparición de la hermana de Billy Mary al principio del comic, algo que no vuelve a mencionarse y que entiendo que sería uno de los primeros argumentos que Ordway tocaría en la serie regular.

Por ponerle un pero, que no lo es tanto, diría que estamos ante un buen comic realizado con oficio y hasta cariño por el personaje y su mundo, que sin embargo no consigue enamorarme en ningún aspecto. Por un lado tengo que reconocer que el estilo de Ordway nunca me ha flipado. Para mi es uno de los artesanos clásicos de DC, y aunque sabes que no te va a dar nunca un mal comic, para mi tampoco uno sobresaliente. Y esto misma sensación es la que tuve leyendo este comic. Todo está bien, todo está perfectamente contado, consigues empatizar con el huérfano Billy, y sin embargo no me ha maravillado. Creo sin embargo que como historia de origen este volumen funciona de maravilla, siendo un estupendo punto de acceso para el personaje.

Por otro lado, aunque esto que voy a decir fue una sensación personal que igual no se ajusta a la intención de Ordway, recordando lo que comentaba sobre que en algunos aspectos este comic me parecía un storyboard para una posible película, todo lo que vemos en este comic se ve muy «realista» sin llegar a ser todo lo loco y widescreen que el medio comiquero permite para crear una historia más grande que la vida super espectacular sin preocuparse por el presupuesto como si sucede en el cine. Como comento, todo es correcto, pero le falta factor WHOA!! a un comic que lo tenía todo a favor para conseguirlo. Y entiendo que este comic se publicó en 1994 años antes de The Authority o The Ultimates, y en cierto en eso sí es hijo de su tiempo. Pero quizá por ser demasiado respetuoso a los comics originales y al tipo de historias que se hacían en los años 40, esta novela gráfica en el lado de espectacularidad se me queda muy muy corta. De nuevo, correcto como todo lo que hace Ordway.

Comparto las primeras páginas de este comic:

¡El poder de Shazam! de Jerry Ordway es una buena lectura por la que no han pasado los años.

PUNTUACIÓN: 7/10

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Crítica de Aquaman: Andrómeda de Ram V y Christian Ward (DC Comics – ECC Ediciones)

ECC acaba de terminar la publicación de Aquaman: Andrómeda, el comic Black Label realizado por Ram V y Christian Ward que ofrece una historia con un potente apartado gráfico.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

“No podemos ahogar la verdad aunque la dejemos hundirse a mucha profundidad.”

En las profundidades del océano Pacífico, lo más lejos posible de tierra firme, se encuentra el Punto Nemo, un cementerio de naves espaciales de diferentes nacionalidades que, desde los albores de la carrera espacial, se hunden ahí, en el silencio del mar, tras amerizar. Sin embargo, en el Punto Nemo hay algo más que no han fabricado manos humanas. Y ahora, está… despertando.

Los tripulantes del Andrómeda, un submarino experimental que funciona con un motor cuántico con un secreto confidencial, reciben el encargo de investigar ese misterio, pero no son los únicos que van tras él. Cualquier cosa de valor que se encuentre en el mar suscita el interés del pirata Manta Negra. Y todo lo que atraiga a este llama también la atención de Arthur Curry, alias Aquaman, su enemigo de toda la vida. Pero que Dios los ampare cuando las puertas del horror del Punto Nemo se abran de par en par a fin de recibirlos…

El guionista Ram V y el dibujante Christian Ward someten a Arthur Curry a una situación de puro terror psicológico que doblegaría la voluntad de cualquiera. ¡Incluso la de un rey!

Ram V es un autor y creador de cómics y novelas gráficas nominado a los premios Eisner, como GRAFITY’S WALL, Costas Salvajes, The many deaths of Laila Starr y la ganadora del Eisner BLUE IN GREEN. Desde la publicación de su primer libro en 2016, el trabajo de Ram ha ido cosechando éxitos de crítica y popularidad, ganando múltiples premios. Además de crear obras originales, Ram también ha escrito para personajes icónicos & títulos como Swamp Thing, Justice League Dark, Catwoman y Veneno en DC Comics y Marvel. Ram vive en Londres, le gustan los perros, los garabatos y la melancolía argumental.

Christian Ward es dibujante y guionista de cómics. Sus obras incluyen la ópera espacial cósmica ODY-C, que cocreó con Matt Fraction, además del cómic de Marvel Rayo Negro, galardonado con un Eisner, junto a Saladin Ahmed. Aparte de Invisible Kingdom, trabaja en la actualidad en Tommy Gun Wizards, también publicado por Dark Horse. Vive en Shrewsbury (Inglaterra) con su esposa, Catherine, su hija pequeña y un perro llamado Thor.

Me gustó mucho la miniserie de Rayo Negro que Christian Ward dibujó hace algún tiempo con guion de Saladin Ahmed para Marvel Comics. (Buff, ¿De verdad ese comic es de 2019? ¿Han pasado cuatro años? Maaaadre mía, como pasa el tiempo). Reconozco que su dibujo fue el principal motivo que me impulsó a comprar esta serie Black Label de Aquaman, planteada por el guionista Ram V como una historia cerrada de Aquaman completamente libre de continuidad que puede leerse sin tener apenas conocimiento del personaje.

Y debo reconocer que tras la lectura de este comic la sensación en un poco decepcionante. Y es que Ward es un ilustrador fantástico que crea algunas imágenes super potentes con una expresividad bestial que me han encantado. De alguna manera sólo por la personalidad que tiene el apartado gráfico me ha compensado la compra de esta miniserie que desde luego se sale de lo normal, justificando además su publicación dentro de la línea Black Label de DC. Pero junto a los aspectos positivos hay que sumar un gran problema de narrativa que hace que el comic sea antipático de leer, con un dibujo que no acaba de contar bien la historia de Ram V, resultando confuso en varios momentos. A eso hay que sumar que junto a páginas maravillosas que quitan el hipo hay un montón de viñetas en los que los personajes están apenas abocetados, por ejemplo sin facciones en su rostro o dibujando apenas siluetas en algunos momentos, lo que de alguna manera me transmite una idea de vagancia que no mola nada. Y esto es un gran problema también, porque me deja la sensación que esta historia se podría haber contado en imágenes mejor de lo que lo ha hecho Ward.

Ram V plantea una historia de Aquaman en la que Arthur Curry es de alguna manera secundario en su propio comic, al hacer que la protagonista sea Yvette Verne, una bióloga marina y experta en ciencias del comportamiento cuyo padre murió en el mar hace años, que forma parte de la tripulación del Andrómeda que se dirige al fondo del mar a investigar la misteriosa señal que se se ha activado allí. La forma en que plantea V la figura de Aquaman como un mito que pocos conocen de su existencia permite que sus apariciones sean super potentes en el comic, ofreciendo varios momentazos para el lucimiento de Ward.

La idea de crear una tripulación que tendrá que enfrentarse a sus miedos más profundos y sus pecados del pasado es algo que me recuerda a la película Event Horizon. Dicho esto en positivo, dado que es una película que me encanta. Todo en la historia de V funciona relativamente bien, aunque la narrativa widescreen oscura de Ward hace que el comic no pueda tener una gran profundidad en las caracterizaciones, mostrando lo justo para construirles pero sin conseguir que empaticemos prácticamente con nadie de la tripulación, al notarse demasiado que son carne de cañón. En este sentido, la idea de estar ante un comic de terror psicológico tampoco llega a funcionarme demasiado por la aproximación gráfica de Ward y por una historia de V que se queda también en la superficie de lo que podría haber sido, tal vez por falta de páginas en este proyecto Black Label en 3 volúmenes de 48 páginas.

Quizá lo menos bueno de la historia es la utilización de Black Manta, el clásico villano de Aquaman, que parece que está presente por obligación de cara a posibles espectadores de la estupenda película de James Wan que se acercaran a este comic tras verlo en FNAC (o librerías generalistas similares), aunque realmente no pinta nada ni tiene una función relevante en la historia. El final del comic en lo relativo a este personaje da un poquito de pena, dejando clara su irrelevancia.

Por cierto, hace unos días escribía el post Black Label vs Universo DC (gracias a todos lo que lo habéis leído), en el que reflexionaba sobre la forma en que el éxito de los comics Black Label en los que se da mayor libertad creativa a sus autores para crear historias fuera de continuidad, de alguna manera está erosionando las ventas de los comics «normales» de DC Comics dentro de su universo super heroico. En este sentido, este Aquaman: Andrómeda me parece un perfecto ejemplo de esto, ya que la actual colección mensual de Aquaman me da una pereza enorme de leer, y sin embargo SI me animé a comprar este comic. De hecho, mira que le ha dado oportunidades a la colección regular de Aquaman, pero es super montonera y sin interés. Qué lejos quedan los tiempos de Geoff Johns e Iván Reis, la verdad.

Por cierto, el otro día en mi reseña de Legión de X de Simon Spurrier y Jan Bazaldua me quejaba un poco por la falta de personalidad del comic en su apartado gráfico, con un dibujo de Bazaldua correcto pero sin chispa, carisma o espectacularidad. Dentro que como veis le he puesto más de un pero a Aquaman: Andrómeda, desde luego la falta de personalidad no es uno de sus problemas. Más bien al contrario, la personalidad es su principal virtud y en este caso el motivo principal que genera la compra. Hablando del mundo del comic mainstream, algo que no me gusta nada es la sensación de producción industrializada de Marvel que genera artistas intercambiables sin que el desempeño se resienta demasiado, partiendo que sus comics no pasan de correctos en el mejor de los casos. Es en este contexto que cuando se encuentra un comic como el actual Castigador de Jason Aaron con un apartado gráfico se mantenga estable con Jesús Saiz, Paul Azaceta y Dave Stewart, el comic parezca algo especial muy diferente al resto de la línea editorial. En este sentido, tengo claro que siempre preferiré un comic que con sus cosas tenga personalidad, como Castigador o el Aquaman: Andrómeda objeto de esta reseña, que cualquier comic «industrial» fabricado en una línea de producción como parecen tantos comics actuales.

No puedo terminar esta reseña sin hablar del precio de la edición española de ECC Ediciones, un comic en cartoné con un precio de 13.50 €uros por número. El tamaño más grande de los comics Black Label en este caso sirven para que Christian Ward se luzca en los momentos más espectaculares, lo cual para mi es otro plus a la hora de comprar este comic. Pero me parece una pasada comprobar que la edición americana de DC Comics tiene literalmente la mitad de precio. LA MITAD DE PRECIO. Entiendo que habrá lectores que no entienden el inglés o no tienen acceso a librerías que traigan material americano, pero el abuso en los precios de la actual tenedora de los derechos de DC en España me parece una barbaridad. De hecho, ante este exceso yo reconozco que compré los comics en su versión inglesa, pudiendo además leer la resolución de esta historia antes que los lectores españoles.

ECC tiene cosas buenas, por ejemplo el precio de sus grapas está mucho más ajustado respecto a los de Panini. Y tiene líneas como DC Pocket que son comics realmente económicos que me parecen estupendos para que nuevos lectores se puedan aproximar a los personajes DC y leer los principales comics de estos personajes a un precio imbatible super bueno. Pero la sensación que ECC se está aprovechando de un posible prestigio de estos comics para cobrarlos a un precio exagerado dado que estima que el carismático dibujo de Ward hará que el comic se venda independientemente del precio, me parece también una idea terrible.

Aquaman: Andrómeda es un comic de gran personalidad que no me sabe mal haberlo comprado, consiguiendo que los menos buenos pesen menos que las cosas positivas que me he encontrado.

Comparto las primeras páginas del comic:

Aquaman: Andrómeda me ha parecido un buen comic pero a la vez me ha fastidiado un poco que el dibujo de Ward no me haya flipado como esperaba.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

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¡Saludos a todos!

Black Label vs. el Universo DC

Mi hermano Fernando no pudo evitar comprar Batman & The Joker – The Deadly Duo #1 de Marc Silvestri al verlo en una librería de Barcelona. Y no hay duda que Batman + Marc Silvestri = COMBINACIÓN GANADORA. El hecho de ser un comic típico de la línea Black Label de DC Comics en la que la editorial da mayor libertad creativa al autor para crear la historia que prefiera fuera de continuidad, me ha llevado a reflexionar ante el estado de DC Comics en la actualidad.

Desde el traslado de DC Comics a Burbank (California) en 2015 desde su sede de toda la vida en Nueva York, las cosas no acaban de funcionar del todo bien para la editorial de Batman y Superman. Previamente a eso, el reinicio de toda su línea editorial de 2011 (Los Nuevos 52) empezando desde cero casi todas las colecciones ofreciendo versiones más jóvenes y cool de los personajes clásicos, provocó un aumento de ventas puntual durante unos pocos meses a lo que siguió un enorme abandono de lectores enfadados por unos cambios que no mejoraban lo existente y que en la mayoría de los casos demostraba muy poco respeto de DC Comics por su propia historia y algunos de sus personajes más queridos.

Mi hermano Fernando y yo aprovechamos precisamente el traslado de las oficinas de DC a California en 2015, dos meses que fueron ocupados por el «evento» Convergencia que no era más que un gran fill-in sin interés, para abandonar el barco definitivamente y dejar de comprar series regulares de DC en continuidad. Eso no quiere decir que no compremos o leamos comics de DC, gracias a varios amigos hemos podido leer lo que nos ha interesado en cada momento, a lo que hay que sumarle el auge del sello Black Label que ofrece historias fuera de continuidad de autores TOP trabajando en sus personajes favoritos. Por ejemplo, Wonder Woman Dead Earth de Daniel Warren Johnson es uno de mis comics favoritos, y reconozco que compramos mensualmente el Nightwing de Tom Taylor y Bruno Redondo y que acabo de leer el Hawkman de Robert Venditti y Bryan Hitch y me ha gustado mucho.

Pero eso no quita que las ventas de DC Comics no han parado de disminuir, al menos en el canal de las librerías especializadas que hasta hace dos años distribuía Diamond. (Inciso, se que no es el único canal de ventas, pero de momento sigue siendo el principal para la venta de grapas mensuales). Si en 2011 durante el reinicio de los Nuevos 52 DC llegó a superar en ventas a Marvel durante dos meses, lo cierto es que en los últimos años ya no existe competencia, llegando Marvel en algunos meses de 2019 a doblar las ventas de DC. Actualmente el cambio en la distribución de los comics de Marvel y DC ha hecho que ya no hayan cifras de ventas como las que en su día recopilaba todos los meses Comichron, haciendo que el análisis y la comparación sean casi imposibles. (Otro inciso, también se que lo importante no es estar en un puesto u otro en un ranking sino si tus comics son rentables y la empresa tiene beneficios vendiéndolos). Los comentarios de libreros sugieren que Marvel sigue manteniendo un dominio arrollador, aunque no exento de problemas, con DC con unas ventas cada vez menores (nada se vende fuera de la Batfamilia) en un lejano segundo puesto más interesado en no ser superado por Image Comics, la tercera editorial del mercado USA, que en intentar acercarse a Marvel.

La actualidad del universo DC en continuidad, hasta donde yo se, es que se ha apostado y ampliado el Multiverso comiquero como marco donde desarrollar sus historias. Varios multiversos, en realidad. Esto es su forma de decir que todas las historias jamás publicadas existen y tienen su importancia, pudiendo situarlas si no en la Tierra principal, seguro si en alguno de estos universos. Esta decisión que en si misma me parece correcta y que es lógica con la historia de los comics de DC a lo largo de las décadas anteriores, viene lastrada por un problema fundamental de falta de calidad de los autores de DC, a nivel general. Y no me malinterpretéis, en DC trabajan estupendos guionistas como Tom Taylor, Robert Venditti, Mark Waid o Geoff Johns, a cuyos comics no les pongo un pero. Pero aparte de esta minoría, el resto en un páramo desértico terrible para los lectores: Tini Howard, Joshua Williamson, Matthew Rosenberg, Leah Williams, Evan Narcisse… la lista de escritores incapaces que no solo no consiguen crear historias interesantes sino que parece que no conocen ni habían leído nada previo del personaje que se supone escriben, es abrumadora. Convirtiendo el intento de leer un comic de DC actual en una misión imposible.

Justo en este momento, el auge de estos comics Black Label pone de alguna manera en cuestión la importancia de los comics de DC en continuidad, en mi opinión resaltando su condición de «secundario o menos importante», cuando debería ser completamente al revés. Por ejemplo, en un momento en el que los comics de Batman estaban de capa caída, Sean Murphy ofreció una interesante vuelta de tuerca a sus mitos en su comic Batman: Caballero Blanco, que dio lugar a la creación de un Murphy/WhiteKnightverso con varias miniseries sucesivas. En general, cada vez que un equipo creativo TOP es anunciado en una miniserie Black Label con libertad creativa y pudiendo dar su versión de su personaje favorito en una historia autoconclusiva, de alguna manera se desmerece los comics «normales» en continuidad indicando que los Black Label son los comics buenos del personaje o grupo en cuestión. ¿Quién quiere comprar el comic mensual de Batman con dibujantes intercambiables y que muy probablemente te va a obligar a compras que no quieres cada pocos meses al involucrarle en crossovers y eventos sucesivos, cuando puedes comprar un comic de Batman dibujado por Marc Silvestri, Andrea Sorrentino o Dustin Nguyen, que ofrecen una lectura completa y satisfactoria en si misma? Por poner dos ejemplos más o menos recientes de artistas de gran personalidad que están trabajando o han trabajado recientemente en comics Black Label del Caballero Oscuro. En un momento en que Aquaman languidece en la mediocridad, tenemos una versión Black Label llena de personalidad de Ram V y Christian Ward. O un Swamp Thing de Jeff Lemire y Doug Mahnke. Y la lista sigue y sigue…

Y está claro que el objetivo de DC es vender comics, y es más probable que un lector compre un comic de Batman de Marc Silvestri que de cualquier otro dibujante. (Y eso que al menos en lo referido al dibujo Batman no tiene queja en los comics mensuales, al tener a Jorge Jiménez, Mikel Janín y tantos otros artistas estupendos, sin duda lo mejor de lo mejor de la DC actual). Pero al final el lector no puede comprar todo y DC parece que prioriza y pone por delante a los comics Black Label frente al resto de ofertas normales. Entre otros motivos por su indudable gancho comercial y que los tomos recopilatorios de estas historias tienen una rotación enorme en el canal de las librerías generalistas, lo que puede suponer mayores ventas que las del canal de librerías especializadas de comic. Pero lo sorprendente no es tanto que DC busque a autores TOP para su línea Black Label, sabiendo que estos comics se van a vender estupendamente, sino que el nivel de calidad de los autores que trabajan en la DC normal sea tan mediocre y tras varios años en esta situación, parece que los editores no les importe que sus comics se vendan cada vez menos.

Y es curioso, pero esta apuesta editorial por los Elseworlds frente a los comics normales en continuidad es algo que de alguna manera se ha visto trasladado al mundo del cine, con un Universo compartido de DC Comics en imagen real que no llegó nunca a despegar por culpa del desastre de Zack Snyder, mientras que la trilogía de Batman de Christopher Nola, el Joker de Todd Phillips o el reinicio de The Batman de Matt Reeves triunfan en la gran pantalla siendo historias sin conexiones con otras películas que forman sus propios universos autónomos. O tal vez es al revés, dado que los ejecutivos de DC Comics ven como las películas de directores de prestigio usando a sus personajes como ellos prefieren sin interferencias triunfan, eso mismo es lo que habría que plantear en los comics.

Aunque las comparaciones son odiosas, es curioso como Marvel Comics ha construido toda su narrativa de estos 60 años a partir de las ventajas de la continuidad y como todas las historias realmente cuentan y son importantes. De momento, justo como el MCU. Sin embargo, con la apuesta de DC Comics por los comics Black Label y con sus comics en continuidad en la UVI creativa, los editores de DC parece que manejan la continuidad como un lastre del que hay que desembarazarse lo antes posible. Y lo cierto es que no hay una única opción correcta y la otra es errónea. Al final todo se reduce a un problema de calidad de los autores y editores que deciden las líneas maestras de los comics, y lo cierto es que en ese aspecto los comics actuales de DC en continuidad son muy deficientes. De nuevo, recordando que dentro de todo el catálogo de DC por supuesto hay comics muy buenos como Nightwing de Taylor y Redondo, o Batman y Superman: Los mejores del mundo de Mark Waid y Dan Mora. Pero la calidad media restante es super deficiente.

En este sentido, tiene narices que los mejores comics de Wonder Woman de los últimos cinco años no estén en sus numerosos comics regulares, sino en la versión de Daniel Warren Johnson. Ni me acuerdo cuando fue la última vez que Flash tuvo un comic leíble, y lo mismo podría decirse de la Liga de la Justicia y un sinfín de personajes, con el añadido en este caso que NO me gusta el estilo o el tipo de historias que nos cuentan guionistas como Scott Snyder, Tom King o un Brian Michael Bendis que ya abandonó la editorial.

Si los autores que trabajan en Black Label son mejores y tienen más libertad creativa que los que trabajan en el universo DC tradicional, la única ventaja que le quedaba a estos comics era la propia experiencia de pertenecer a un universo compartido de héroes e historias entrelazadas. Pero en el momento en que los editores de DC se cargaron esta experiencia puteando durante años a héroes muy queridos como fue el caso de Wally West y desmereciendo la historia de los personajes al reiniciarlos una y otra vez, consiguieron que los lectores desconectáramos completamente del universo DC. Y da igual las llamadas al legado y a recuperar el espíritu clásico, prefiero volver a mis grapas de Mark Waid de Flash que comerme el marrón de los comics actuales del velocista. Porque alguno he leído, y madre mía… Aparte de estar desenganchado de la actualidad en continuidad, excepto cosas puntuales, es que cuando leo un comic de DC no encuentro nada que me invite a querer leer el siguiente número, con historias deficientes en la mayoría de los casos. Y cada vez es más difícil que nada de lo que hagan me interese, ya que cuando abandoné la compra mensual de DC descubrí que no lo echaba de menos porque sigue habiendo buenísimos comics que disfrutar, lo que ya fue el último clavo en el ataúd.

En el caso del dibujo, la verdad es que gracias al nivel de los artistas españoles la media sube respecto al guion, pero excepto casos super puntuales como Jorge Jiménez en Batman, no lo suficiente como para comprar el comic únicamente por el dibujo. Que es precisamente lo que SI hicimos en el caso de Marc Silvestri, comprar un comic sin saber nada de la historia simplemente porque él lo dibujaba. Y que nos ofrece en su primer número en Batman y Joker un dibujo super potente. Y entiendo que en cierto sentido es super injusto comparar un comic mensual en el que artistas competentes sufren por cumplir los plazos de entrega mensuales, lo que obliga a múltiples fill-ins al cabo de un año, con un comic como el antes mencionado Batman & Joker – The Deadly Duo en el que si las crónicas no nos engañan Silvestri ha empleado varios años para poder terminarlo (aunque seguro que no estuvo trabajando sólo en eso, sigue siendo como es el dueño de Top Cow), momento en el que DC ha empezado a publicarlo. Pero, por otro lado… ¿Cómo no compararlos? Ambos son productos de entretenimiento mainstream, y ambos tienen un precio elevado teniendo en cuenta el contenido que ofrecen que demandan mi tiempo y dinero para consumirlo. ¡Claro que deben ser comparados!

El lector ocasional no sabe nada de continuidades y sólo quiere ser entretenido aquí y ahora con una buena historia con un buen dibujo a un precio razonable. Unido a esto, la idea de tener que volver a una librería cinco o seis veces en meses sucesivos para conocer el final de la historia es visto como una locura imposible en unos tiempos en los que Netflix te lo da todo a la vez de golpe. Este cambio cultural me apena, porque yo crecí en los 80 con los comics como principal afición, y la parte de la búsqueda del tesoro era una parte importante de dicho hobby. (Dicho esto, benditas librerías y bendito Previews en su día que evitaban que me perdiera ningún comic que me interesaba). La proliferación de los tomos recopilatorios va en esta dirección y ofrece una lectura completa a nuevos y viejos lectores, y creo que es el futuro en el que los lectores nos vamos a sentir más a gusto.

Creo que la popularidad de los diferentes comics Black Label están diluyendo y perjudicando al universo tradicional, porque cuando un lector va a una FNAC a comprar un comics de Batman, ¿quién le dice qué comic es el bueno? ¿Dónde pone que un comic está en continuidad y el otro no? Ambos están ahí disponibles para su compra. Y al final, el «bueno» será el que esta persona acaba comprando, que se ajusta a sus gustos. De esta forma, la importancia y la preponderancia de las historias «en continuidad» irá disminuyendo a medida que aumenten los Black Label, creando un efecto que se retroalimenta a si mismo y que seguirá perjudicando a las colecciones de grapas tradicionales. En este contexto, entiendo que los comics Black Label ofrecen historias y el formato perfecto para estas ediciones recopilatorias, de forma que no veo que vayan a disminuir en el futuro. Más bien al contrario, lo normal es que DC apueste por los comics que se venden y veamos cada vez más más historias Black Label.

Por todo lo anterior y puesto a especular, aunque me apenaría por lo que supondría para mi yo lector de toda la vida, realmente no me extrañaría si Warner Discovery, propietarios de DC, anunciaran dentro de uno o dos años ante ventas cada vez menores que cierran el universo DC tradicional y centran la actividad de DC (con un staff super reducido) en publicar arcos de los diferentes personajes fuera de continuidad con versiones icónicas más o menos reconocibles. Los comics Black Label, vamos. Esperemos que esta especulación no llegue a suceder, pero tengo claro que en caso de tener que elegir, los dueños de DC optarán sin duda por los comics que se venden por encima de los que no lo hacen.

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