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El problema de Netflix con las adaptaciones de comics

A pesar de lo incorrecto de la afirmación, el mundo del comic y en concreto el comic de superhéroes siempre ha sido considerado de alguna manera el “hermano pequeño” del cine y la televisión.  Y es incorrecto porque antes incluso que Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros autores dieran inicio a la Marvel Age of Comics en 1961, los comics de superhéroes ofrecían en las páginas impresas un nivel de espectáculo, épica, ambientaciones fantásticas y acción más grande que la vida imposible de recrear en imagen real, ofreciendo un tipo de entretenimiento que el resto de medios no podía igualar.

Esto fue así durante más de 40 años, hasta que el director Sam Raimi nos mostró en 2002 a un Spiderman en imagen real que miraba de tú a tú a su versión comiquera.  El avance exponencial de la calidad de los efectos especiales no se ha detenido y la ventaja en espectacularidad de los comics respecto al cine se ha ido acortando con cada film. En 2019 se estrena Avengers Endgame y pocos podrán discutir que su batalla final es mucho más espectacular que la mayoría de las peleas que podemos encontrar en los comics. Pero para conseguir este nivel de espectáculo visual, es necesaria la inversión de enormes sumas de dinero, algo que no está al alcance de todas las producciones.

El avance de los efectos especiales desde los años 90 y sobre todo en el siglo XXI ya permiten crear cualquier cosa que un director pueda imaginar. Los comic con temática fantástica y superheroica se han convertido de esta manera en un filón de historias en las que los grandes estudios de cine invierten grandes presupuestos que suelen ser recompensados con buenos resultados de taquilla y rentabilidad.

En los últimos años los superhéroes también han saltado a la pequeña pantalla y cada vez hay más series de este género en la televisión. Las primeras series de este tipo también solían ser éxitos, a pesar de tener presupuestos menores, ya que la curiosidad que generaba el poder ver a tus personajes favoritos en imagen real suplía la falta de efectos especiales y medios. Pero cada vez hay más series superheroicas y cada vez más series fracasan en su búsqueda de audiencia debido a la saturación de contenidos que ofrecen todos los canales.

Y esto es lo que le ha pasado a Jupiter´s Legacy, la serie de Netflix que adapta los comics de Mark Millar y Frank Quitely. Como ha quedado demostrado, Netflix no es infalible y la serie ha sido cancelada tras la emisión de su primera temporada. En mi opinión este es el último ejemplo de una forma de hacer televisión que busca aprovecharse de la popularidad de las obras originales del mundo del comic, pero olvidándose en muchos casos de los motivos por los que esos comics son queridos y populares en primer lugar. Y no es un caso único. En los meses previos los lectores de comics sufrimos numerosas decepciones con las adaptaciones a imagen real de comics muy queridos como The Umbrella Academy (comic creado por Gerard Way y Gabriel Bá) o Locke and Key (de Joe Hill y Gabriel Rodríguez), entre otros muchos.

El primer y más obvio motivo de queja es que el comic es ante todo un medio visual en el que el lector disfruta de la acción espectacular que viven los personajes. Partimos que trasladar las aventuras y peleas de seres super poderosos a imagen real resulta muy caro, en caso de que quiera hacerse bien. Y excepto casos muy puntuales como el final de Juego de Tronos, The Mandalorian o las series de Marvel Studios estrenadas en Disney+, las cadenas de televisión no tienen a su disposición150-200 millones de dólares para producir una serie de televisión. De forma que lo que en los comics es un despliegue de imaginación y acción más grande que la vida, en las adaptaciones a la pequeña pantalla quedan convertidos en sitcoms con cabezas parlantes que ocupan el 90% del metraje del episodio, repletos de diálogos redundantes que repiten situaciones que funcionarían mejor con una imagen potente.

Esa limitación presupuestaria acaba convirtiendo las historias superheroicas en dramas en los que los personajes verbalizan sus sentimientos y la trama avanza a partir de dichos diálogos, no de la acción que se supone deberían mostrarnos. Casi parece que Netflix sabe que los espectadores durante los fines de semana tenemos la televisión puesta mientras limpiamos, cocinamos o hacemos labores de la casa, por lo que la sensación que están creando “series para escuchar” aumenta con cada nuevo visionado decepcionante.

La prueba del algodón para separar las buenas series de televisión del fast-food es muy sencilla: ¿Cuánto tiempo pasan estas series en las mismas tres localizaciones? ¿Cuánto metraje se destina a conversaciones rodadas en plano-contraplano genéricos? Cuando ves The Mandalorian o Wandavision, es imposible despegar los ojos de la pantalla porque las imágenes son las que cuentan la historia y consiguen que a los espectadores nos interese lo que está sucediendo. Con Jupiter´s Legacy, puedes tender la ropa o poner el lavaplatos y no te pierdes nada esencial porque los personajes verbalizan las situaciones y convierten lo que debería ser especial en mundano y sin chispa.

Esto por supuesto es todo lo contrario de lo que debería ser, y acaba generándose una sensación pobre, de un producto que no está a la altura del original. Si hay una constante que debería ser obligatoria es la aventura y el espectáculo. Y lamentablemente, cada vez es más habitual ver una serie con capítulos de 50 minutos en los que la falta de presupuesto hace que sólo muestren una única escena de acción y efectos especiales por episodio.

Existe otro problema añadido que es el de las escenas de acción. Te gustarán más o menos, pero son algo consustancial al género y no rodarlas bien transmite un feeling mediocre. Puestos a tener que mostrar acción espectacular, querer rodarla bien debería ser lo más importante para los productores y creativos, y sin embargo habitualmente se nota que se plantea como un trámite que hay que despachar de la forma más mecánica, impersonal y barata posible, copiando la película de moda en ese momento. Por ejemplo, John Wick.

Otro de los elementos fundamentales que explica las diferencias entre las series de televisión y los comics es la capacidad de síntesis. En las 20 páginas mensuales del comic los autores tienen que condensar las escenas más potentes y los mejores diálogos que ayuden a contar la historia, con la obligación añadida de dejar a los lectores con ganas de volver a comprar el comic el mes siguiente gracias a unos cliffhangers que son otro elemento consustancial del medio. Sin embargo, cuando ves que un comic de 6 números que se lee en 30 minutos se intenta convertir en una serie de televisión de 8-10 episodios  y al menos 45/50 minutos de duración, ya puedes intuir que la cosa no puede acabar bien.

El virus “Lost” es otro problema que aqueja a una parte de la narrativa televisiva de género. Debido a la influencia de la histórica serie creada por Damon Lindeloff, las series dividen en dos sus historias, una mitad en el presente de los personajes y la otra en un pasado que explica su origen y los posibles problemas emocionales que sufren, y que debería servir para dar pistas del misterio al que se enfrentan. Realmente esta técnica narrativa es correctísima si se utiliza bien, pero lamentablemente en los casos a los que me refiero su mala utilización hace que las historias queden partidas en dos y ninguna de las dos contiene elementos interesantes que me apetezca saber cómo terminan.

Netflix cambió el paradigma televisivo con su concepto de “binge-watching” o estrenar sus series en su totalidad el día del estreno para permitir que los espectadores puedan verse la serie entera en modo maratón. Al principio, poder ver series como House of Cards o la primera temporada de Daredevil se convirtió en un vicio tremendamente adictivo. Pero lo que antes era un acontecimiento ha mutado a una saturación de contenidos en los que Netflix estrena cada semana varias series y películas simultáneamente que hace imposible estar al tanto de todo. Mucho menos verlo.

La sensación de “serie de la semana” y que a Netflix le da igual qué serie emite mientras sigamos conectados, genera una sensación “montonera” e intercambiable en la mayoría de sus estrenos recientes de fantasía y género superheroico. Con el añadido (a peor) que en Disney+, Prime Video o HBO el estreno semanal ayuda a que el boca a boca de los espectadores genere interés por su estreno, de forma que las audiencias en muchos casos crecen semana a semana a medida que se va emitiendo. Sin embargo, Netflix prácticamente sólo promociona una serie o película la semana de su estreno y, excepto pelotazos puntuales, pasan a segundo término casi inmediatamente ante la necesidad de promocionar el estreno de la semana siguiente, con lo que el posible impacto que pudiera tener se reduce, quedando oculto entre el propio catálogo. Jupiter´s Legacy se estrenó en Mayo y a los 15 días nadie se acordaba de ella. Loki terminó en Julio y aún seguimos analizando las consecuencias de lo que ha sucedido en esa serie y sus repercusiones en el MCU.

Y esto no quiere decir que Netflix no tenga series muy disfrutables, El Método Kominsky o Gambito de Dama por ejemplo me han encantado. Pero en lo referido a adaptaciones en imagen real de historias nacidas en el mundo del comic, la cadena de streaming está mostrando una preocupante falta de calidad y personalidad.

La personalidad, o la falta de ella, es otro problema recurrente en estas adaptaciones de Netflix. Los comics reflejan ante todo la personalidad de sus autores, y no se entiende Locke & Key sin la imaginación oscura de su dibujante Gabriel Rodríguez o Jupiter´s Legacy sin el poderío visual de Frank Quitely y los golpes de efecto de Mark Millar. Sin embargo, cuando se estrenaron las series de televisión, buscando un producto que pueda gustar a un público mayoritario de todas las edades eliminaron precisamente todo lo que hacía especial el comic, consiguiendo unos personajes planos y un aspecto visual mediocre, que casi podría intercambiarse con el de otras series de la cadena.

Quizá lo primero que habría que pedir a Netflix es que si realmente quieren seguir produciendo series basadas en comics de superhéroes o de temática fantástica, que inviertan en ellas para que luzcan de la mejor manera posible. Pero no es sólo cuestión de dinero, también influye la calidad de los profesionales contratados y si realmente son fans del género y conocen qué es lo que hace que la historia sea especial, o estamos ante alguien con un contrato “alimenticio” al que le da igual hacer esto mientras le paguen y probablemente estuviera más a gusto en otro tipo de historias.

También es importante recordar que el aspecto visual por supuesto es importante, pero lo es incluso más crear historias potentes que resalten los valores que poseen los personajes. Superman o el Capitán América no han sobrevivido 80 años desde su creación por lo llamativo de sus uniformes o sus poderes, sino por el carisma y la personalidad que han transmitido a varias generaciones de lectores que queremos seguir leyendo sus aventuras, porque nos interesan Clark Kent y Steve Rogers.

Lamentablemente, mientras la política de Netflix siga siendo la de inundar la parrilla de novedades en lugar de cuidar cada uno de sus estrenos, no veo un final feliz a la vista. Si mantienen esta tendencia y no saben crear personajes interesantes que se enfrenten a amenazas originales con historias visualmente atractivas, tal vez sea mejor seguir disfrutando de los superhéroes en su medio natural, el comic.

**Escribí este texto el pasado mes de junio para la revista – fanzine El Colmo editada en Alcora (Castellón). Problemas de producción han provocado que la revista aún no haya sido publicada por lo que, debido el tiempo transcurrido, he decidido compartirlo en el blog para que llegue a más lectores y no se pierda. Espero que os guste.

Espero vuestros comentarios. Y si gustó este artículo, te invito a que lo compartas en redes sociales, y que te suscribas al blog para que te lleguen las notificaciones de las próximas publicaciones.

¡Saludos a todos!

Leyendo Batman de Tom King números 28-43 ECC Ediciones (54-85 USA)

Hoy voy a probar algo distinto en el blog. En lugar de realizar la típica reseña al uso, quiero compartir mis impresiones a nivel general del final de la etapa de Tom King en Batman, que finalizó hace unos meses en el número 85 USA (nº 43 ECC Ediciones).

PUNTUACIÓN: 5/10

ARTÍCULO CON SPOILERS.

Hace dos años y medio de mi última entrada sobre el Batman de Tom King. En ese momento, me quedé justo a continuación de su polémica boda con Catwoman, con el maravilloso arco Días Fríos con Lee Weeks publicado en el número 27 de ECC Ediciones (nos. 51-53 USA). Y en ese artículo ya comentaba que King nos había dado lo mejor y lo peor en esos números, con números sueltos brillantes pero una gran historia río que aunque se notaba de gran ambición, empezaba a flaquear.

Gracias a mi amigo Félix he podido leer las 16 grapas de ECC que completan la etapa de King en Batman, a falta de la miniserie Batman & Catwoman que aún se está publicando, correspondientes a los números 28 a 43 españoles, en los que se incluyen los números 54 a 85 USA y varios especiales. Un primer elemento a resaltar es este precisamente, que teniendo un amigo que me podría dejar las grapas de Batman en cualquier momento, yo dejé de comprar Batman tras el final de la decepcionante etapa de Snyder y Capullo, durante todos estos meses no sentí la necesidad o la curiosidad de leer estos comics, dado que cada vez conecto menos con el estilo y la narrativa de King.

Ahora que encontré la tranquilidad mental para afrontar esta larga etapa, me he decidido a leer de un tirón estas 32 grapas USA, en el convencimiento que la experiencia mejoraría frente a la lectura mensual fraccionada.

En estos 35 números hemos tenido varios arcos narrativos. Tras un número unitario centrado en la relación de Bruce Wayne y Dick Grayson dibujado por el genial Matt Wagner (número 54 USA), King nos plantea Bestias de carga (55-57 USA), un arco dibujado por Tony Daniel en el que KGBestia hiere gravemente a Nightwing y Batman empieza a entrever que SI hay una mente maestra que ha estado manejando los hilos de sus últimas desgracias. Estos cuatro números son ilustrativos de la inteligencia de Tom King y su dominio del ritmo narrativo y el drama, al presentar un número centrado en Dick para que recordemos (por si hiciera falta) lo mucho que nos gusta el personaje previo a que le pegue un tiro en la cabeza y le haga perder la memoria, quitándole de en medio para lo que estaba por venir.

Tras este shock para Batman, Alas de tiranía se desarrolla en los números 58 a 60, con dibujos de los maravillosos Mikel Janin y Jorge Fornés. Un arco en el que King analiza la relación de Batman y el Pingüino, mientras éste intenta compartir la información clave clave que posee sobre el dominio de Bane de Arkham y como ha puesto un plan para destruir a Batman, como ya vimos en el epílogo del número 50 de la boda.

Hasta este momento, estos 4 comics españoles me estaban gustando, dentro del ritmo pausado de King y los enormes monólogos que acompañan las páginas que empezaban a hacérseme bola. El primer gran problema de esta etapa viene del siguiente arco: Pesadillas (61-63, 66-69 USA), publicados en los números 32, 34 y 35 de ECC. Y es que en medio de este arco, y como ejemplo de una cuestionable planificación de DC, se publicó en los números 64-65 USA de Batman y Flash en crossover El Precio, que continúa la reunión de estos personajes que inauguró “La chapa”, unos números con guiones de Joshua Williamson.

Volviendo a Pesadillas, tras el anticlimático final de Alas de tiranía, Bane y el Batman de Flashpoint Thomas Wayne de una realidad alternativa han vencido a Batman ¡fuera de plano! y le mantienen en Arkham sedado. Durante los larguísimos 7 números de este arco, Batman tendrá que darse cuenta que está durmiendo y viviendo situaciones que no son reales, pero a la vez le permitirán enfrentarse con sus demonios internos, como lo que provocó que Selina Kyle le abandonara antes de la boda. Estos siete números están maravillosamente dibujados por Travis Moore, Mitch Gerads, Mikel Janin, Jorge Fornés, Lee Weeks, Amanda Conner y varios artista y Yanick Paquette. Pero se me hicieron eternos con una verborrea que hacía que los comics se hicieran antipáticos de leer, con una trama que claramente King había alargado en demasía.

Tras despertarse del sueño, Batman inicia el que hubiera sido el contraataque contra Bane y Thomas Wayne, de no ser porque es barrido del mapa de forma humillante, lo que nos lleva a La caída y los caídos (70-74 USA, 36-38 ECC), un arco centrado en la relación entre Bruce y Thomas Wayne, en el que el Batman Flashpoint intenta modelar a Bruce a su imagen y semejanza, mientras veremos la diferencia entre las vidas que vivieron estos Waynes tan diferentes y a la vez, tan parecidos. Con los estupendos dibujos de Mikel Janin y Jorge Fornés, a pesar del enfrentamiento final entre ambos, al final de este arco tenemos a un Bruce Wayne roto que no representa una amenaza para Bane.

Esto nos lleva a Ciudad de Bane, el larguísimo arco final de Tom King en Batman, desarrollado en 11 largos números (números 75-85 USA, 38-43 ECC). Con dibujos de Tony Daniel (2), Mitch Gerads, John Romita Jr (2), Mikel Janin (2), Clay Mann (2) y Jorge Fornés, a pesar de la calidad individual de cada dibujante, el resultado final es un batiburrillo a la que le falta la más mínima consistencia.

Mientras Thomas Wayne se llevó al desierto a Bruce, Bane se ha hecho con el control de Gotham gracias a un ejército de supervillanos que han derrotado a todas las fuerzas del orden y a los miembros de la Bat-Familia. Y para que Bruce pueda volver, antes tendrá que recomponerse física y emocionalmente. La llegada de Selina en el momento justo permitirá a la pareja recomponer su relación, pasar página del dolor que provocó su ruptura recordando que son almas gemelas destinadas a compartir un amor eterno mientras sigan con vida, y poner en marcha una jugada maestra preparada por Bruce antes incluso de su caída que derrote a Bane. Sin embargo, la victoria final de Batman frente a Bane y Thomas Wayne quedará empañada por la muerte de Alfred, uno de los personajes más queridos por los fans de Batman, lo que hace que se abra una nueva situación inédita en los 40 años que llevo leyendo las aventuras del Caballero Oscuro en continuidad.

En lo positivo, hay que agradecer las ganas de King de contar una historia diferente de Batman, y la ambición ante su idea de hacer una gran historia río de 100 números, que finalmente fueron recortados y se quedaron en 85. Toda la etapa de King está planteada para desmontar la frase clave que Joker le dijo a Catwoman y que provocó que le abandonara en el altar: “Él no puede ser feliz. Y seguir siendo Batman.” Tras un calvario a manos de Bane y Thomas Wayne, Bruce aceptará que SI puede ser feliz con Selina y seguir siendo Batman y defendiendo a los ciudadanos de Gotham. Esta clave, permitir que Bruce sea feliz, rompe una dinámica de ¿40 años? en el que DC impuso el Batman oscuro y afligido probablemente a partir de The Dark Returns y Batman: Año Uno de Frank Miller y David Mazzucchelli, cosa que por ejemplo no pasaba en los 70 durante las etapas de Denny O Neil y Marshall Rogers.

La relación de Bruce y Selina es un amor maduro y sereno que me parece una de las grandes historias de DC de los últimos años. Una relación que ha estado tan bien contada y en la que hemos conocido tan bien la psicología de Bruce y Selina que hace que recuerde con vergüenza ajena anteriores representaciones de esta relación como el penoso Catwoman 1 de 2011, en el reinicio de los Nuevos 52, en el que convirtieron a Selina en un pedazo de carne sexualizada que visto ahora da mucha grima. Pensando en las estúpidas normas que la DC de Dan Didio impuso durante el reinicio de 2011 de los Nuevos 52 con restricciones a que los héroes se casaran o tuvieran hijos porque eso les haría parecer mayores ante las nuevas generaciones de lectores, me alegra que DC se haya atrevido a quitarse complejos y permitiera a King contar esta historia. Demostrándose una vez más que no hay malas historias (o personajes), sino autores y editores mediocres que no saben qué hacer con ellos.

La historia de King se siente como una única historia río en la que todo parece previsto de antemano y todos los secundarios tienen su importancia. Un ejemplo de esto es el detalle de la kriptonita metálica presentada en unas páginas de complemento en un Batman: Secret Files que muchos meses después va a ser el mcguffin que solucione el problema de Gotham Girl con sus poderes. Como ese ejemplo los hay a montones, con escenas sueltas que parece no pintan nada cuando se publicaron inicialmente que luego conectan y sirven para construir y dar un nuevo significado más adelante. Debido a la extensión, creo que no me equivoco si digo que esta etapa de Batman va a ser el trabajo más complejo que King ha realizado como escritor.

También debo reconocer que a veces es mejor apuntar al sol y quemarse como Icaro a pasar inadvertido. En este sentido, no dudo que King prefiere mantenerse en el escaparte mediático pudiendo escribir los comics que elija en cada momento a costa de generar polémica y división de opiniones entre los fans del Hombre Murciélago. Pero incluso a pesar de no conectar con la forma en que nos ha contado esta historia, no dudo que seguro King tiene un público fiel que agradece sus ticks y su narrativa super descomprimida.

También dentro de lo positivo, Batman es el comic más vendido de DC de largo de los últimos 20 años, así que no hay duda que los dibujantes van a ser unos fuera de serie. Y en este sentido, poder disfrutar de los españoles Mikel Janin y Jorge Fornés, o John Romita Jr y Lee Weeks, ha sido una pasada. Tony Daniel menos, las cosas como son. Aunque igual que digo esto, la falta de consistencia artística de esta etapa, publicada en Estados Unidos de forma quincenal, también acaba siendo un pero que hace que no disfrute de estos comics como me hubiera gustado.

Y hasta aquí, lo positivo. Realmente me gusta mucho la relación de Bruce y Selina, y reconozco la complejidad de la propuesta de King. Pero la ejecución me ha parecido lamentable. Empezando obviamente por la duración. 85 números para esta historia han sido demasiados, de hecho es quedarme muy corto. King simboliza actualmente lo peor del decompressing storytelling, contando en una grapa la nada y haciendo que arcos de 5 o 6 números te dejen siempre con la sensación que eso mismo podría haberse contado mejor con la mitad de páginas.

Que la historia tenía problemas narrativos queda claro desde el momento que DC cortó por lo sano y no dejó llegar a King hasta la mágica y soñada cifra de 100 comics como guionista de Batman, algo que King afirmaba que quería conseguir una y otra vez en las entrevistas de la época. Incluso Mikel Janin comentaba en un Salón del Comic de Barcelona que estaba seguro que King llegaría hasta el número 100 y le había contado sus planes para llegar hasta ahí. Incluso siendo Batman, el comic más vendido de DC Comics, entiendo que la editorial vio que el alargamiento excesivo estaba perjudicando las ventas de sus serie estrella por lo que optó por acortar los plazos y forzar el final anticipado.

Hay una corriente de opinión que dice que dado que los comics son un hobby caro (lo es), las grapas deben ser densas para que al menos nos cueste leer el comic un rato. Entiendo el sentido de esta opinión, porque es realmente frustrante leer un comic (¿he oído Bendis?) y comprobar que contiene dos escenas que se leen literalmente en tres minutos. Pero eso es una cosa y otra es el pomposo y sobrecargado estilo literario de King que convierte las páginas de los comics casi en historias ilustradas, empleando numerosas splash-pages para poner larguísimos diálogos en voz en off de personajes que no están en la escena y cuentan una historia diferente a lo que estamos viendo en imágenes. Algo que incluso sabiendo que al final todo adquiere sentido, convierte la experiencia de lectura en desagradable.

King estuvo tan concentrado con la complejidad general y en conseguir que todo cuadrara que se olvidó de lo principal que debe ser un comic de superhéroes: ENTRETENIDO. Y lamentablemente, un montón de grapas se convierten en un coñazo. Literalmente. Como digo, me gusta la relación de Bruce y Selina. Pero no son necesarios dos comics enteros de ellos hablando y dándole vueltas a los mismos temas redundantes para mostrarla a los lectores. Pensaba que la experiencia lectora mejoraría si leía todos estos comics de un tirón, pero es justo lo contrario. Esta sobrecarga de Tom King hizo que aún le viera más claramente todas sus costuras narrativas y todos los momentos alargados que alguien debería haberle hecho ver que se podrían haber contado mejor si fueran más cortos.

Pero más allá del continente o del estilo de King como escritor, el problema es que la historia en si, una vez la has leído de un tirón y piensas en ella, es ridícula hasta decir basta, haciendo que la suspensión de credulidad salte por los aires en numerosos momentos. El comic se caracteriza por estar repleto de personajes inteligentísimos que maquinan sus planes con meses de adelanto sin equivocarse nunca en nada. Empezando por un Bane que ¿se deja derrotar en “Yo soy Bane” para que Batman le encarcele en Arkham para así hacerse con el control de Gotham desde dentro? Ridículo. O qué decir de Batman, que descubrimos que empezó a planear su contra-ataque ya contando con ser derrotado en primer lugar y que esa derrota le permitiría aprender los conocimientos para derrotarles más adelante. En serio, es que este comic es así todo el rato con todos los personajes. Thomas Wayne también es así, lo que al final resulta cargante, redundante y muy poco entretenido.

Y qué decir de Alfred. Su muerte me ha dolido, porque es un personaje que me ha acompañado toda la vida. Pero peor es descubrir que él también planeaba por adelantado y se deja matar porque sabe que con su muerte Batman podrá salir victorioso frente a Bane y Thomas Wayne y si estuviera vivo sería un elemento de chantaje que provocaría la muerte de Bruce. Es emocionante la despedida en la que vemos una vez más que Alfred quiere a Bruce como si fuera su hijo. Porque lo es. Pero la forma en que nos cuentan su sacrificio me pareció patética. Y aparte del shock que esta muerte provoca, ¿realmente era necesario matar a Alfred? Sinceramente, me pareció algo de cara a la galería, como si King estuviera desesperado por intentar que se le recuerde por algo importante, la relación de Bruce y Selina no debe serlo, y para lograrlo acudiera al shock que la muerte de Alfred sabía que iba a provocar. Aunque obviamente algo así no puede hacerse sin el beneplácito de los editores, así que en este caso la responsabilidad es compartida, no sólo de King.

Inicié el artículo reconociendo que cada vez conecto menos con al forma de hacer historias de Tom King. Sin embargo, también es cierto que empecé a leer estos comic confiando que me gustaran. Cosa que no llegó a suceder. Pero si realmente hubiera pensado de antemano que no me iban a gustar os aseguro que no hubiera comenzado, desde luego tengo cosas mejores en emplear mi tiempo de ocio que leyendo 30 y tantas grapas que no me gustan. Dicho esto, una vez llegué hasta el comienzo de Ciudad de Bane, ahí si leía los comics por obligación, porque para entonces ya me habían perdido.

Porque esa es otra, Ciudad de Bane, el gran climax a 74 comics previos, al final es un bluf detrás de otro que se desinfla hasta niveles terribles, terminando la etapa de King en su momento más flojo. A pesar de los intentos de generar interés con cada una de las grapas y sus cliffhangers, el arco de 11 números se me hizo eterno y, a la vez, los finales a cada uno de los arcos, decepcionante.

Una vez acabada la etapa de King en Batman, y tras comprobar que su Mister Milagro me dejaba frío, comprenderéis que no tenga prisa en leer Rorschach o Strange Adventures. Aunque tampoco descarto hacerlo cuando tenga el estado mental adecuado.

En todo caso, no puedo más que exponer una vez más mi decepción ante esta larguísima y estirada etapa de Tom King en Batman. De hecho, esta larguísima extensión creo que a la larga también va a jugar en su contra y va a desanimar a muchos lectores a empezar a leerla en tomo. Aunque por supuesto puedo equivocarme, se me hace muy difícil imaginar un futuro en que alguien califique esta etapa como una de las ¿5/10 mejores? etapas del personaje.

PUNTUACIÓN: 5/10

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¡Saludos a todos!

La revolución Substack para los autores de comic

Analizo en mi nueva columna de opinión la revolución que Substack puede significar para la independencia económica y creativa de los autores de comics.

El pasado agosto una noticia revolucionó el mundo del comic mainstream americano, al anunciar James Tynion IV que abandonaba su puesto como guionista de los comics de Batman y Joker de DC Comic para centrarse en publicar sus propias obras de creación propia utilizando el servicio / web de creación de newsletters de pago Substack. Tras el anuncio de Tynion, otros autores también anunciaron que se unían a Substack (aunque con diferencias a las que luego volveré): Jonathan Hickman, Chip Zdarsky, Saladin Ahmed, Scott Snyder, Donny Cates y Ryan Stegman, Jeff Lemire o Skottie Young. Un autentico all-star de profesionales del mundo del comic con un importante apoyo de los fans.

Antes de preguntarme si el mundo editorial está en peligro, (no lo está), habría que ver primero qué es exactamente Substack. Se trata de una web para la creación de newsletters que permiten la generación de ingresos para los autores mediante un sistema de suscripción. NO se trata por tanto de una nueva editorial que vaya a competir con Marvel, DC o Image, sino un contenedor donde cada autor puede crear y publicar contenidos sobre los que mantiene el 100% de los derechos, pudiendo crear con total libertad y seguridad, dado que los ingresos que se generan les llegan antes incluso que haya publicado nada. En ese sentido, el sistema de pago de Substack tiene muchas similitudes con un crowfunding, en el que los mecenas apoyamos a un autor para que pueda realizar su obra.

A partir de la locura de interés hacia Substack, descubrí que la newsletter gratuita de Jason Aaron a la que estoy suscrito desde hace tiempo se publica desde una cuenta de Substack, por lo que queda claro que hay opción de crear contenidos gratuitos y otros de pago. Un elemento importante es que el propio hecho de suscribirse a una newsletter de un autor ya le da un montón de información, ya que soy un comprador potencial que quiere recibir información de sus próximos lanzamientos. Cuando anuncian algo, Aaron, Millar o Brubaker (a cuyas newsletters también estoy suscrito) saben que miles de lectores reciben sus anuncios y podriamos comprar los comics en cuestión cuando salgan.

Dentro del servicio de pago, Substack ofrece tres opciones de pago. El primero pagar mensualmente 7 ú 8 dólares al mes (en función del autor), realizar una suscripción anual por 70 / 80 dólares al año, (también en función de cada caso), o convertirse en suscriptor “Premium”, pagando un importe importante limitado a pocas personas, que recibirán a cambio más beneficios, algo que de nuevo recuerda a las recompensas de los crowdfundings.

La revolución para los autores radica en que aparte de mantener los derechos de su obra, Substack ofrece de forma general el 90% de estos ingresos a estos autores de forma automática, de forma que un escritor que tenga 800 suscriptores mensuales, puede cobrar en ese momento más de 4600 dólares al mes, lo cual es una gran cantidad de dinero que permite una estabilidad financiera que los autores no pueden ni soñar cuando hablamos de comics de creación propia en editoriales como Image o más pequeñas.

Kelly Sue DeConnick lo explica perfectamente en su newsletter: “Un comic de creación propia, por otro lado, podría, si tiene mucha suerte, venir con un anticipo que generalmente solo permitirá pagarle al colorista y al rotulador su tarifa completa. El artista recibe una tarifa reducida y el escritor generalmente espera hasta que el libro tenga ganancias para recibir el pago. Lo cual, si la primera edición se vende bien, significa 90 días después de que el libro llegue a las librerías. (Lo que podría ser un año después de que comenzara a trabajar en él). Pero puede llevar mucho, mucho más tiempo. Años a menudo. Conozco escritores muy exitosos en comics muy exitosos que nunca han visto un centavo de las ventas directas en el mercado de ciertos títulos. Y es lo que es, conocemos el trato cuando entramos, pero es por eso que una generación de escritores de los que venimos se ha esforzado por equilibrar el WFH (Work For Hire – los trabajos para Marvel o DC de encargo) y las obras de creación propia.”

Pero esto es a nivel general, ya que autores TOP como Tynion han recibido además un contrato “SubstrackPro” por el que además de recibir ingresos de suscriptores, Substrack les paga mensualmente como reclamo para llamar la atención de otros autores y se animen a comenzar a publicar en Substrack, que incluso incluyen extras importantes como poder contar con un seguro médico, algo vital en Estados Unidos. La web gana un porcentaje de los ingresos de los suscriptores, así que cuanta más gente publique y reciba ingresos, mejor le irá a la compañía.

El anuncio de Tynion de trabajar casi en exclusiva a través de Substrack era entendible porque supone un sueño hecho realidad para un escritor, y es que le paguen POR ADELANTADO para que haga lo que quiera, desde comics, prosa, historias largas o cortas, antologías… contenidos que el propio Tynion reconoce que son de difícil viabilidad comercial, pero que él tiene ganas de probar como creador que es y que cree que merecen ser vistos por un público ansioso de obras diferentes. Como digo, es un sueño hecho realidad, y se entiende que Tynion se lanzara a una oferta que posiblemente sea de las de “una vez en la vida”, abandonando su bien pagado trabajo en DC, por el que no tenía ninguna propiedad.

Pero la realidad es que el caso de Tynion es único, ya que el resto de autores de la lista antes mencionada NO abandonan sus trabajos de encargo en Marvel o DC, sino que lo plantean como un complemento además de su trabajo actual. Hickman de hecho salió inmediatamente a negar que su acuerdo con Substack tuviera nada que ver con su marcha de las series mutantes, algo sobre lo que ya hablé aquí, y que planeaba seguir en nómina de Marvel creando contenidos para ellos durante mucho tiempo. Algo que también van a hacer autores como Zdarsky, Cates o Lemire.

El propio acuerdo de Substack hace completamente compatible que el núcleo duro de fans de estos autores vean antes que nadie estas obras de creación propia a través de su newsletter, y el proceso como fueron creados, con que posteriormente estas obras sean publicadas en papel más adelante a través de la editorial que elijan, por lo que tampoco se trata de un acuerdo que pueda perjudicar de ninguna forma a las librerías especializadas de comics, restándoles oferta o compitiendo contra ellos.

Y este aspecto es clave, ya que el único pero que le veía de inicio al modelo de negocio Substack es que en mi caso no veía viable económicamente pagar 7/8 dólares a cada autor que me gusta sin tener claro qué tipo de publicaciones iban a hacer en un mes concreto. No tengo problema en comprar los tomos cada vez que salen, pero pagar por tener a mi disposición un making-of a mi no me encajaba. Una vez he conocido varios ejemplos de newsletters, incluso sin suscribirme a las opciones de pago, y leí varias entrevistas, tengo claro que estamos ante una fuente alternativa de ingresos para los creadores, lo cual siempre es positivo, y que cuando llegue el momento, podré leer en papel las obras que me interesen, así que todos salimos ganando.

Ed Brubaker lo explicó perfectamente en su newsletter: “No veo que los cómics de Substack sean disruptivos ni perjudiquen a los editores o minoristas. Aparte de Tynion, parece que la mayoría de los creadores que se han unido solo están añadiendo más trabajo a sus horarios y siguen haciendo comics para Marvel, DC, Image, Dark Horse, etc. Lo esto significa es que a algunos autores populares les están ofreciendo dinero (en algunos casos, MUCHO dinero) para iniciar newsletters, muy parecido a esta que estás leyendo ahora mismo, donde también publican nuevas historias de cómics en forma de serie a medida que las completan, y también ofrecen material de making-of y como han creado esta obra. Esto no es algo que tenga como objetivo enfrentarse a las grandes editoriales o competir con los cómics que venden 100.000 ejemplares en las tiendas de cómics. Se trata de creadores que encuentran a sus fans más acérrimos que quieren ver cómo se crean los libros y escuchar cómo funciona el proceso, y están dispuestos a pagar por ese acceso. No todos los lectores de cómics estarán interesados en esto, lo cual está bien, no está diseñado para atraer a todos los lectores. Se trata de una pequeña audiencia (entre 500 y algunos miles de lectores) que paga por adelantado para ver a los creadores hacer algo.”

Y es que aparte del acuerdo “SubstackPro” de Tynion y otros, en la web se indica que un autor con 2000 suscriptores, una cifra realmente modesta si hablamos de ventas de comics en librerías, cobraría al mes más de 11.000 dólares cada mes, una cantidad inmensa que le permite vivir sobradamente y sólo te tengas que preocupar de crear tu mejor trabajo.

Hay otro elemento importante del modelo de negocio de Substack y cómo los autores lo consideran mejor que los algoritmos de las redes sociales. Y es que Facebook, Twitter o YouTube trabajan con algoritmos que conectan lo que ves con otros contenidos similares, de forma que ellos trabajan y buscan el engagement que genere vistas, aunque sea con “clickbaits” o contenidos polémicos que generen reacciones airadas a favor o en contra. Frente al ideal utópico del intercambio libre de información, las redes sociales se han convertido en cajas de resonancia en las que sólo recibimos aquello que confirma nuestros puntos de vista, provocando una radicalización indudable de su audiencia y una disminución efectiva del intercambio de opiniones contrapuestas.

Sin embargo, Substrack no tiene algoritmo, si te suscribes a la newsletter de Tynion sólo recibirás información suya, por lo que no es posible acabar recibiendo información de otros autores que no te interesen o que compartan ideas que no te gusten o las consideres ofensivas. Además, la web se financia con las suscripciones, por lo que está libre de publicidad, lo cual es también otro elemento importante a tener en cuenta.

Por estos motivos, no me extraña que tantos autores hayan querido participar. No todos, claro. Aaron por ejemplo afirma estar super contento con su asociación con Marvel, y Brubaker comenta que Substack les ofreció este mismo acuerdo a Phillips y a él pero que no lo aceptaron porque de hecho ya están publicando todo lo que quieren con total libertad con Image Comics, por lo que sus sueños ya se han cumplido en este aspecto.

Sin embargo, Brubaker acertó en su análisis, porque Tynion, Snyder y Hickman SI aparecen como poseedores de “miles de suscriptores”, pero otros autores como Zdarsky, Cates, Lemire o Young sólo tienen “cientos”, y otros autores como Molly Knox Ostertag simplemente aparece “creada la newsletter hace un mes”. Entiendo que obviamente hasta que no empiecen a publicar regularmente carece de sentido suscribirse y pagar, pero esto confirmaría que estamos ante una plataforma con un alcance muy limitado, pero que permite tener una mayor estabilidad financiera a los participantes, lo cual no es poca cosa para empezar. Pero estamos aún muy lejos de tener un modelo viable para autores que no sean de primer nivel con una base ya establecida de seguidores, algo que excepto en casos puntuales, sólo puede conseguirse a partir de trabajar en las grandes editoriales tipo Marvel o DC Comics.

Les deseo suerte a todos estos autores y al modelo que plantea Substack. De hecho, ojalá este negocio tenga mucho éxito y cada vez más autores puedan crear sus mejores trabajos con libertad, independencia y estabilidad financiera, lo que haga que sólo tengan que preocuparse de crear sus mejores obras, no de como van a llegar a final de mes. Todo lo que sea dar más libertad y tranquilidad a los autores será siempre bienvenido.

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Jonathan Hickman abandona las serie mutantes de Marvel Comics

Comienzo el mes de septiembre reflexionando sobre la noticia publicada hace un par de semanas de la marcha de Jonathan Hickman de las colecciones mutantes que relanzó hace apenas dos años, y lo que significa para la franquicia mutante de Marvel Comics.

La noticia no es nueva. El pasado 17 de agosto Entertainment Weekly soltó la bomba: Inferno será la última historia guionizada por Jonathan Hickman dentro de la franquicia mutante. El evento que empieza a publicarse este mes de septiembre en Estados Unidos, permitirá a Hickman cerrar varias tramas además de dejar el camino libre para la nueva etapa. En palabras del propio Hickman:

“Oh, plans have changed entirely,” Hickman says. “When I pitched the X-Men story I wanted to do, I pitched a very big, very broad, three-act, three-event narrative, the first of which was House of X. And while this loosely worked as a three-year plan, I told Marvel upfront that I honestly had no idea how long the first part would last because there were a lot of interesting ideas that I had seeded that other creators would want to play with, and so, we left this rather open-ended. I was also pretty clear with all the writers that came into the office what the initial, three-act plan was so no one would be surprised when it was time for the line to pivot.”

Hickman continues, “However, I also knew that I was cooking with dynamite, and it was very possible that what I had written in House of X, and the ideas contained within, was not actually the first act of a three-act story, but something that resonated more deeply and worked more like Giant-Size X-Men, where it would represent a paradigm shift in the entire X-Men line for a prolonged period of time. So, during the pandemic, when the time came for me to start pointing things toward writing the second-act event, I asked everyone if they were ready for me to do that, and to a man, everyone wanted to stay in the first act. It was really interesting, because I appreciated that House of X resonated with them to the extent that they didn’t want it to end, but the reality was that I knew I would be leaving the line early.”

“Marvel doesn’t really pay me to just write ongoing monthly books, there’s an expectation for me to write bigger books that have a wider reach than that,” Hickman tells EW. “In an effort to facilitate both things, we’ve all spent the last six months or so reorienting the line, me creating Inferno to assist with that, and then bringing in some new writers to add to the existing team, and then plan for the next several years of X-books. So after Inferno, I’ll be leaving to go work on my ‘Next Big Marvel Thing™’ and starting in January the X-Line will rocket forward starting with a weekly series that leads into the very cool, refocused, line of books. Yes, it’s taken us a little while to get everything assembled correctly, but the end result — everything that’s coming after Inferno — is going to be pretty great.”

Así que Hickman planteó una gran historia río para los mutantes de Marvel Comics, estructurada en tres grandes arcos argumentales con tres grandes eventos que sirvieran de puente entre cada fase, con Dinastía de X y Potencias de X como el gran inicio que reinició la franquicia mutante y puso en marcha todo. Esto planes fueron a su vez comunicados a los diferentes guionistas para que a su vez pudieran amoldar sus tramas y no les pillara de sorpresa cuando el statu-quo cambiará cuando Hickman iniciara la Fase 2 de su historia.

Sin embargo, a medida que se acercaba el momento de cambiar de fase, descubrió que los guionistas del resto de series estaban más interesados en mantenerse en la actual Fase 1 y seguir desarrollando los conceptos en sus series como hasta ahora, antes que aceptar el cambio dramático que se intuía que planeaba Hickman. Algo que supongo compartirían los editores de Marvel dadas las buenas ventas generales del relanzamiento mutante. Hickman comenta que tampoco es que estos cambios fueran inamovibles, ya que su estructura era abierta y daba margen para ser modificada a medida que se escribiera.

Así que visto lo visto, Hickman ha planteado sus últimos seis meses en la franquicia liberándola de ataduras para que los escritores y editores que se quedan la dirijan como ellos estimen oportuno a partir de Inferno. Aún cabe la posibilidad que algunas ideas de Hickman lleguen a ver la luz en algún momento, ya que los editores entiendo que conocen a grandes rasgos los hitos que Hickman planteaba para el final de cada fase, así como el final que planteaba para el final de su historia río en los mutantes. Pero esa posibilidad parece lejana y, en todo caso, estas ideas se verán diluidas con las nuevas historias que vayan a desarrollarse a partir de Inferno.

Hickman comenta además otro hecho importante: Marvel no le ha contratado como un guionista al uso, sino para desarrollar conceptos más grandes que la vida que afecten a toda la línea editorial. Esto significa que Hickman ha sido más editor que escritor en su comic de Patrulla-X, supervisando durante estos casi dos años de estancia en la franquicia mutante que todos los comics se dirigieran en la dirección correcta, manteniendo eso si su ADN propio. Este anuncio de Hickman se solapó con otra noticia importante que revolucionó el mes de agosto, y es que Hickman y otros autores han decidido publicar sus próximas obras de creación propia a través de la plataforma de newsletters Substack. Este anuncio más la marcha de los mutantes hizo temer que Hickman fuera a abandonar Marvel, pero el propio escritor negó este hecho y anunció en la entrevista que ya está preparando su siguiente gran serie para Marvel, que de momento no ha anunciado.

Como decía, la noticia se publicó el 17 de agosto. Sin embargo, ya desde el anuncio que Gerry Duggan y no Hickman iba a guionizar la nueva serie de X-Men con Pepe Larraz, que ya se intuía que algo estaba pasando y que no era normal que Hickman abandonara las joyas de la corona, por muy buena colaboración que tuviera con Duggan.

Si miramos el vaso medio lleno, no deberiamos juzgar un cambio hasta que se produzca, y nada impide a priori que aún sin Hickman, los comics mutantes a partir de 2022 puedan seguir ofreciendo un buen entretenimiento a los lectores. Sin embargo, qué queréis que os diga, la sensación de decepción no puede ser mayor. Empezando porque Hickman contó la historia que quiso en Los 4 Fantásticos o Los Vengadores, que culminaron en las sobresalientes Secret Wars en 2015. Que Marvel diera el OK a un plan a tres / cuatro años vista para los mutantes y lo haya cortado cuando sólo llevaba dos y sin haber pasado de la etapa inicial de presentación de los conceptos principales, más que decepción es una estafa. De hecho, en mis reseñas mensuales de los comics mutantes, llevaba meses comentando que muchos comics de Patrulla X eran demasiado trama y muy poco carisma de los personajes, pero que lo aceptaba pensando que las ideas que presentaba iban a ser desarrolladas más adelante. Y ahora nos encontramos que esto puede que pase, o igual no, casi parece que haya tirado mi dinero a la basura durante estos meses. Si, es una exageración, pero en parte esta sensación se ha pasado por mi cabeza en los últimos días.

De hecho, nada surge del vacío. Y aparte de las sensaciones que me transmitía la serie principal de Patrulla X, hay otro elemento clave: Hickman tenía razón, el cambio de statu-quo era imprescindible tras estos dos años de historias. De hecho, este mismo mes escribía sobre Merodeadores y Nuevos Mutantes , antes de conocer la noticia de Hickman, y destacaba que la primera había agotado el concepto inicial y daba la sensación de no dar más de si, mientras que los Nuevos Mutantes se habían convertido con Vita Ayala en un comic aburrido que no hay quien lea. La franquicia mutante tras dos años de reinicio se ha convertido en un sub-universo abarrotado de comics algunos de los cuales son de dudosa calidad y no acaban de justificar su existencia. De hecho, ahora mismo, sólo los comics escritos por Benjamin Percy, X-Force y Lobezno, me están resultando satisfactorios, a los que habría que unir SWORD de Al Ewing y Valerio Schiti, conectado con los mutantes pero también al universo galáctico de Marvel que Ewing está poniendo en marcha en los últimos meses.

Otro problema que veo es que Hickman me parece insustituible en estas largas historias río. Y reconozco que me gusta el trabajo de Al Ewing, Gerry Duggan, Benjamin Percy y Simon Spurrier, pero van a tener que compartir franquicia con escritores menos talentosos como Tini Howard, la ya mencionada Vita Ayala, Zeb Wells o Leah Williams, con lo que el nivel de calidad inevitablemente va a caer. Algo que ya era evidente en los últimos meses antes incluso del abandono de Hickman.

Con el relanzamiento de 2019/2020 empecé leyendo todos los comics mutantes porque me interesaba saber de todos los personajes, aunque en seguida decidí dejar Excalibur y Fallen Angels, sumado a no empezar a comprar Hellions. Incluso un evento como fue X de Espadas que en general me gustó, acabó siendo una crossover hinchado que nos trajo unos números bestiales (los dibujados por Larraz), junto a otros montoneros, y la sensación en muchos momentos que “diferente” no siempre es mejor, con algunos números planteados para romper expectativas que acabaron siendo un WTF?! de libro, con algunos elementos presentados que al final no tuvieron ninguna importancia en la resolución de la historia.

Con el abandono de Hickman y la confirmación que Marvel ha preferido alargar el chicle, he perdido completamente el interés por la nueva historia río. Igual no está mal, pero es imposible que pueda ser igual que la de Hickman. De hecho, es que veo el concepto de nuevos comics anunciados como Children of the atom o XCorps, y no pueden apetecerme menos. Eso unido a descubrir que comics como X-Factor cierra por bajas ventas en su número 11, me muestra que Marvel está matando la gallina de los huevos de oro, y hubiera sido mejor mantener 5 comics buenos de verdad en lugar de estas 8/9 series mensuales que más o menos se llevan publicando en los últimos meses.

Justo ayer comentaba en mi post sobre DCsos: Planeta Muerto de Tom Taylor y Trevor Hairsine que uno de los motivos del éxito de este comic era que DC había aceptado que Taylor cerrara la historia en su tercer miniserie, ofreciendo un final satisfactorio. Lo bueno si breve, dos veces bueno, comentaba. Claramente Marvel no piensa lo mismo. Y es un pena. Y lo que es peor, nos muestra la peor cara de La Casa de las Ideas, que hará lo que sea para poder “colarnos” un evento más, una saga que nos obligue a comprar chorrocientos comics que a priori no nos interesaban.

De momento, por supuesto compraré los nuevos X-Men de Duggan y Larraz, pero se acabó de dar a la franquicia mutante un crédito que no se ha ganado durante este 2021. En el momento que un comic dos o tres meses seguidos me parezca montonero, lo dejaré de comprar y buscaré nuevos comics que me enganchen. A falta de que Inferno llegue a España en 2022, es una pena tener que dar por muerta y enterrada antes de tiempo a la etapa de Jonathan Hickman en la franquicia mutante. ¡Qué pena!

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¡Saludos a todos!

Crítica de Los Cuatro Fantásticos. 60 años explorando el Universo Marvel, de Pedro Monje, Lidia Castillo, David Aliaga y Sergio Aguirre (Dolmen Editorial)

Esta semana se ha cumplido el 60 aniversario de la publicación del primer números de Los 4 Fantásticos de Stan Lee y Jack Kirby, y poder leer el libro Los Cuatro Fantásticos: 60 años explorando el Universo Marvel de Pedro Monje, Lidia Castillo, David Aliaga y Sergio Aguirre ha sido la forma perfecta para disfrutar de este aniversario. Si a esto le uno que este artículo es el número 500 desde que empecé a publicar contenidos diarios sin faltar ni un día a mi cita, tengo motivos de sobra para estar de doble celebración.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

LOS CUATRO FANTÁSTICOS. 60 años explorando el Universo Marvel.  En agosto de 1961, una nave espacial emprendió rumbo a las estrellas con un objetivo imposible, iniciar una nueva era en la industria del cómic USA. Del humo de aquel aterrizaje surgieron Míster Fantástico, la Chica Invisible, la Cosa y la Antorcha Humana. Habían sobrevivido a la experiencia, pero los rayos cósmicos les cambiaron para siempre. Bautizados como los Cuatro Fantásticos, prometieron utilizar sus nuevos poderes para defender a la humanidad y cartografiar esa galaxia de viñetas recién nacida y conocida como Marvel Comics

Durante 60 años y desde aquel viaje iniciático capitaneado por las leyendas Stan Lee y Jack Kirby, los mandos de la astronave fantástica han pasado por las manos de grandes autores como Roy Thomas, John Byrne, Walter Simonson, Tom DeFalco, Carlos Pacheco, Mark Waid o Jonathan Hickman. Gracias a ellos, la serie se ha convertido en una montaña rusa emocional y creativa no exenta de turbulencias y aterrizajes forzosos. Dentro de las páginas de este libro se encuentra un análisis del origen, evolución, adaptaciones, autores y grandes polémicas de los Cuatro Fantásticos.

Conozco a Pedro Monje desde hace un montón de años, cuando escribía en la web Zona Negativa. Su gran conocimiento comiquero, su gusto por las cifras de ventas y la vertiente del negocio de la industria y no tener miedo de entrar en el barro cuando la situación lo requería eran aspectos que me gustaban mucho de sus textos, a los que siempre sabía darle el toque justo de información pero también de entretenimiento. De ahí descubrí su faceta comunicadora en Dolmen, y más reciente en la web sala de peligro, que se ha convertido en mi principal fuente de información en castellano sobre el mundo del comic.

Otro ilustre escritor y divulgador del mundo del comic al que conozco desde su etapa en Zona Negativa es Sergio Aguirre, cuyos conocimientos enciclopédicos me maravillan con cada podcast en el que participa. Lidia Castillo es una escritora e ilustradora que colabora con Panini escribiendo artículos sobre Marvel. Reconozco que yo la descubrí gracias también a Sala de peligro, en la que ha escrito unos estupendos artículos sobre los principales comics de personajes como Wanda Maximoff y Visión y Loki, además de ser una habitual de sus podcasts. David Aliaga es novelista, escritor, editor y divulgador del mundo del comic, y diría que siente especial predilección por el Doctor Extraño, viendo los artículos que ha ido publicando en la web de Sala de Peligro.

Además de la web de Sala de Peligro, gracias a su fantástico podcast centrado en el mundo del comic me he aficionado a escuchar podcasts comiqueros. Y disfruto mucho escuchándoles a ellos y también a colaboradores como Enrique Machuca o Íñigo Rodríguez. El porcentaje de podcasts en que aciertan completamente con mis gustos me parece increíble, rayando la telepatía.

Hecha esta introducción, no es de extrañar que cuando descubrí la existencia de este libro la compra fuera obligada, sobre todo porque me considero fan de Los Cuatro Fantásticos, aunque no haya comprado todos los comics que se han publicado.

Más allá de lo majos que me caen los autores en su web, los podcasts o en sus cuentas de Twitter, la verdad es que leer este libro sobre Los Cuatro Fantásticos ha sido una pasada. Como comentaba antes, aunque me considero fan de los 4F, no soy de los fanáticos que compran todo lo que se publica aunque no me guste el contenido. De hecho, dejé de comprar la serie varios años tras el final de la etapa de Simonson durante una etapa con la que no conectaba nada. En los últimos años he comprado etapas concretas, como las de Waid y Wieringo, Millar y Hitch, Jonathan Hickman y, más recientemente, el inicio de la etapa de Dan Slott, teniendo varios agujeros en mi comiteca.

Lo bueno de este libro no es que rellena los huecos que tengo en las etapas que no compré en su día, como las de Lobdell y Larroca o la serie de Roberto Aguirre-Sacasa en el sello Marvel Knights. Aunque realmente si me ha venido muy bien para conocer y recordar todo lo bueno y no tan bueno que nos ha dado este comic a sus lectores durante todos estos años. No, para mi lo mejor que han hecho Monje, Castillo, Aliaga y Aguirre es que nos introducen de forma modélica en la intrahistoria, en los líos editoriales y en el contexto histórico que explica muchas de las decisiones, acertadas y equivocadas por igual, que los editores de Marvel fueron tomando con el paso de los años.

Otro elemento que me gusta mucho del libro es la forma en que presentan y contextualizan muchas de las polémicas, empezando por la propia creación de la serie en los años 60 y la disputa por su autoría por Lee y Kirby años después, dando la información disponible pero sin llegar a posicionarse en un bando entendiendo que ambos autores probablemente hicieron cosas muy buenas pero también cometieron errores, dejando que cada lector lleguemos a nuestras propias conclusiones. Unido a esto, hay comics que son historia viva del medio, pero eso no significa que sus autores fueran ejemplos de virtud. Volver a leer sobre el ego de John Byrne o los líos que provocó Jim Shooter en los 80 (o Bill Jemas en 2000) en el Bullpen Marvelita me ha maravillado.

Además de Reed, Sue, Ben, Johnny y el resto de la familia, me ha encantado ver que autores como Jonathan Hickman, Mark Waid, Steve Englehart o editores como Tom Breevort (por poner algún ejemplo) se convierten también en protagonistas mientras el libro navega de forma cronológica por la historia del grupo y sus vaivenes editoriales a lo largo de los años.

En general hay bastantes anécdotas sobre La Primera Familia y sus autores que ya conocía, otras muchas no. Pero sin duda agradezco tener ahora un libro de referencia en el que básicamente puedo encontrarlo todo, ya que es imposible recordar cada artículo, podcast o video sobre el tema que he visto a lo largo de los años. Me gusta también que se paren aunque sea brevemente para hablar sobre las películas o las series de animación protagonizadas por los 4F, que también están llenas de anécdotas y detalles super interesantes. Por no hablar de la etapa negra, que también es historia del grupo, en la que Marvel dejó de publicar el comic de los 4 Fantásticos por mandato de Ike Perlmutter por la disputa de Marvel y Fox por los derechos cinematográficos de los personajes.

Realmente me ha gustado mucho este libro y lo he disfrutado un montón. De hecho, tengo que alabar la cuidada edición de Dolmen en tapa dura, con un precio que creo que está super ajustado, y unas casi 400 páginas de contenidos que sin duda valen el precio que pagué por él.

Los Cuatro Fantásticos: 60 años explorando el Universo Marvel es un libro imprescindible para todos los amantes de los comics Marvel en general, y de La Primera Familia en particular. Si te gustan Reed, Sue, Ben y Johnnie, no te puedes perder este volumen.

Excelsior!

PUNTUACIÓN: 8.5/10

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