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Crítica de Oblivion Song vol. 6 de Robert Kirkman y Lorenzo de Felici

Oblivion Song de Robert Kirkman y Lorenzo de Felici, con color de Annalisa Leoni, termina en el sexto volumen que acaba de publicar Image Comics, y nos han ofrecido un final perfecto repleto de emoción para esta historia de ciencia-ficción.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

Hace una década, 300.000 ciudadanos de Filadelfia se perdieron repentinamente en el olvido. Ahora, la historia se ha repetido. Otras tres ciudades han intercambiado sus dimensiones, provocando la guerra final entre los humanos y Ghozan. Los Kuthaal han invadido y la Tierra no está preparada. Nathan Cole puede ser la única persona capaz de enfrentarse a las fuerzas de los Kuthaal, pero ¿será suficiente?

Este sexto volumen comprende los números 31 a 36 de la serie regular USA publicada por el sello Skybound de Robert Kirkman.

Ha pasado un año desde que me llegó el quinto volumen de la serie, y la verdad es que la espera ha merecido la pena. El final de Oblivion Song ha sido perfecto, super satisfactorio y lleno de emoción, y resume a la perfección todas las virtudes de Robert Kirkman como escritor. Su premisa de ciencia ficción es super inteligente y en estos 6 volúmenes han pasado un montón de cosas y ha evolucionado muchísimo la historia desde su inicio.

La narrativa de Kirkman hace que todo se sienta importante porque lo es para la trama, no hay fill-ins ni nada que se le parezca. Y en este climax en el que asistimos a la guerra total de la raza humana contra los invasores Kuthaal, además de la espectacularidad Kirkman guarda tiempo para momentos emocionantes relacionados con los hermanos Cole protagonistas que me pusieron el corazón en un puño. Como siempre en los tomos de Skybound, los comics vienen sin separar las diferentes grapas, y reconozco que el no tener todas las portadas es el detalle menos bueno de esta edición. Pero dicho esto, hay que flipar con la sensación que ofrece Kirkman de que todo es una única historia como si fuera una novela o película en la que no hay cortes hasta que terminas. Unido a que cuando ves donde estaban los finales de cada grapa aprecias la habilidad de Kirkman para crear cliffhangers bestiales que están perfectamente integrados en la historia.

Me ha gustado mucho el dibujo de Lorenzo de Felici y colores de Annalisa Leoni en este comic. Empezando porque da gusto leer una serie de 36 números en las que el 100% del comic ha estado dibujado por el mismo equipo creativo, transmitiendo una integridad artística perfecta. Pero aparte de esto, la capacidad de crear mundos y seres super distintos al nuestro ha sido otro de los hitos de Oblivion Song, porque el aspecto visual y los diseños de personajes me han flipado de forma increíble. Si a eso tenemos a un perfecto narrador que consigue contar esta aventura de la forma más emocionante y espectacular posible, porque la sensación de escala en el comienzo del comic con el inicio del asalto de los Kuthaal a la Tierra me parece super épico al nivel de un ESDLA o un Vengadores Endgame, no hay duda que tenemos una combinación ganadora.

No se me ocurre nada malo de este comic. Creo que Kirkman y de Felici han triunfado con esta propuesta que ha sido diferente a todo lo que estaba publicando en Estados Unidos durante estos años y que ha durado lo justo y necesario para contar la historia de la forma que Kirkman vió más adecuada. Comic que dentro de ser ante todo entretenimiento, se guarda en la manga una última crítica final a la depredadora sociedad humana que arrasa con todos los recursos naturales que ha significado la guinda del pastel. Ojalá todos los comics que leo tuvieran esta brillantez en todos los aspectos.

Comparto las primeras páginas de este sexto y último volumen:

Oblivion song ha sido un comic estupendo con un Kirkman demostrando que no ha perdido el toque tras TWD e Invencible con un apartado artístico maravilloso. Ojalá pueda leer muchos más tebeos tan redondos y satisfactorios como este.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

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Crítica de The Magic order vol. 2 de Mark Millar y Stuart Immonen (Image Comics)

Mark Millar vuelve a juntarse con un dibujante de excepción para publicar el segundo volumen de The Magic Order, su comic en la que mezcla el mundo de la magia tipo Harry Potter con el género de mafiosos. Y el resultado final sube muchos enteros gracias al dibujo del mega-estrella Stuart Immonen.

PUNTUACIÓN: 7/10

Vivimos en un mundo en el que nunca hemos visto un monstruo, y The Magic Order es la razón por la que dormimos seguros en nuestras camas. La magia se une a la mafia, cuando cinco familias de magos -que han jurado proteger nuestro mundo durante generaciones- deben luchar contra un enemigo que los está eliminando uno a uno. Durante el día, viven entre nosotros como nuestros vecinos, amigos y compañeros de trabajo, pero por la noche, son los hechiceros, magos y magas que nos protegen de las fuerzas de la oscuridad… a menos que la oscuridad los atrape primero.

¡Una guerra territorial mágica como nunca se ha visto antes! El capítulo londinense de la Orden Mágica ha entrado en escena, y estos duros gánsteres al estilo de Guy Ritchie tienen un problema con los Brujos de Europa del Este que se trasladan a su territorio. ¿Podrá la nueva líder Cordelia Moonstone mantener la paz?

La esperada secuela del exitoso primer volumen de MARK MILLAR y OLIVIER COIPEL. Este nuevo arco está dibujado por el inigualable STUART IMMONEN (Empress, Star Wars, Los Nuevos Vengadores) y es tan enorme y cautivador como el primer volumen.

Este segundo volumen recopila la serie THE MAGIC ORDER 2 #1-6 USA editado por Image Comics.

El Mark Millar más formulaico de los últimos años regresa al mundo de estas familias de magos que mantienen a los seres oscuros alejados del mundo de los humanos. Si el primer volumen me pareció muy chulo gracias a Olivier Coipel, en este Stuart Immonen aplica su virtuosismo para una historia que resulta correcta y a la que el dibujante añade el salto de calidad. Sobre la vieja pregunta de si ¿puede un comic con mal dibujo ser calificado de «bueno»? Millar lo tiene claro y se asegura que sus comics principales al menos en lo gráfico sean irreprochables. De esta forma, aunque su historia no vaya a pasar a los anales de la historia por su originalidad, sabe que con el buen dibujo de Immonen el comic se disfruta el doble.

A Stuart Immonem le acompañan los colorista Sunny Sho en los dos primeros números, y David Curiel en el resto de la serie, y debo reconocer que no he encontrado un salto apreciable entre ambos. Aunque Immonen está muy bien, en este caso diría que ha abordado el encargo (que al final es un work-for-hire igual que los de Marvel o DC) como lo que es, un trabajo alimenticio muy bien pagado. Y aunque todo está bien, no he encontrado la brillantez artística de otros trabajos en los que jugaba con la narrativa, la distribución de viñetas y los puntos de vista de cámara. En todo caso, estamos hablando de un notable alto en lugar de un sobresaliente, dado que Immonen sigue siendo mejor que el 99% de artistas de la industria mainstream.

Pero quizá el problema de The Magic Order es que a pesar de todo Millar no ha sabido quitarle la sensación de obra derivativa del universo Harry Potter, al que ha añadido la combinación con el género de gangsters, para una historia que entraría en el sub-género de la «guerra de bandas» por el control del mundo mágico. Como en todo comic de Millar, hay algunos giros curiosos en la trama que conectan perfectamente todos los elementos, y varios momentos punkies, por ejemplo el arranque del comic en Rumanía, pero globalmente al comic le falta un plus de originalidad o frescura. Lo cual no tengo claro si es problema de este comic en concreto o del hecho que al haberle leído tantas historias de Millar, te ves venir todos los giros como si los anunciara con fuegos artificiales.

Los comics de Millar son creados a partir del «high-concept» y otro elemento que le noto es que pecan de unos personajes super arquetípicos, empezando por la protagonista a la que vemos en la primera viñeta borracha y desnuda tras haber disfrutado de una noche de juerga con un desconocido. Todos tienen que ser tan molones super-cool y a la vez malotes y peligrosos, que acaban siendo personajes sin personalidad con los que es imposible empatizar.

Con todo, The Magic Order es un comic creado con oficio que sería el equivalente de un buen blockbuster veraniego que tiene claro que su objetivo es entretener, cosa que consigue de principio a fin. Así que en ese sentido, el objetivo de Millar e Immonen está más que conseguido.

Comparto las primeras páginas del comic:

The Magic Order vol. 2 está bien sobre todo por el dibujo de Immonem, pero no acaba de ser genial por un mundo mágico que no acaba de sacarse la sensación de ser derivativo de tantas y tantas cosas. Con todo, sólo por el dibujo merece la pena leerlo. ¡Qué listo eres, Millar!!

PUNTUACIÓN: 7/10

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Crítica de El Cabronazo (The Scumbag) vol. 2 de Rick Remender y vv. aa. (Image Comics)

El Cabrozano (The Scumbag) de Rick Remender aprovecha el segundo volumen de su serie para continuar con su crítica a la actual sociedad americana y en especial a la dictadura de lo políticamente correcto que parece querer controlar todos los aspectos de nuestra vida, utilizando un humor super exagerado y over-the-top.

PUNTUACIÓN: 8/10

La Central de Inteligencia envía a Ernie a la Luna para detener a Madam Hive, la líder de una secta empeñada en lavar el cerebro del mundo para que se ame. Ernie, que nunca ha rechazado el «amor libre», se encuentra en conflicto. ¿Es el agente Scumbag capaz de hacer lo correcto? ¿Será capaz de saber lo que es?

Este segundo volumen de Scumbag recopila los números 6-10 USA.

Rick Remender creó Scumbag junto al dibujante Lewis Larrosa. El dibujante abandonó el comic tras dibujar únicamente el primer número debido a un problema de espalda, lo que obligó a Remender, como solución de emergencia para sacar adelante el comic, a contratar a diferentes dibujantes para que dibujaran una grapa cada uno. Si quieres saber más sobre este tema y la polémica entre ambos, te invito a que visites mi reseña del primer volumen.

Para los cinco comics que componen este segundo volumen, Remender ha contratado a Bengal (dibujante con Remender de Death and Glory, nº 6), Francesco Mobili (Daredevil, n.º 7), Alex Riegel (n.º 8), Jonathan Wayshak (Devolution con Remender, n.º 9) y Matías Bergara (Coda, n.º 10), Cinco artistas más que competentes a los que el colorista Moreno Dinisio se encarga de intentar de acoplar lo más posible con una paleta de color uniforme.

Es bien conocido lo mucho que me molesta el baile de dibujantes en el mundo mainstream de Marvel y DC, porque muestra sin tapujos que a las editoriales NO les importa la unidad gráfica de sus comics y que todo vale con tal de sacar a tiempo sus grapas, alternando sin sentido artistas de primer nivel con fill-ins de una calidad impropia de los comics más populares. Dicho esto, tengo que reconocer que en el caso de Scumbag, y puesto en el contexto en que se ha editado el comic, me han gustado los cinco artistas elegidos para dibujar estos números. Aparte de contar con Moreno Dinisio en el color para ayudar a integrar los diferentes estilos, estos dibujantes muestran diferentes versiones del protagonista y su mundo que vistas en su conjunto enriquecen la experiencia.

Un tema importante es que todos estos artistas entienden el tono de farsa over-the-top que es el comic, y saben contar la historia añadiendo este intangible a la narrativa. En este sentido, dentro que me han gustado los cinco dibujantes, diría que Bengal, Jonathan Wayshak y Matías Bergara son los que mejor han entendido el humor super bestia que tienen entre manos. Por cierto, seguro que el color de Dinisio ayudó, pero la mayor sorpresa me la he llevado con Francesco Mobili, artista que no me gustó nada como artista fill-in en el Daredevil de Chip Zdarsky y Marco Checchetto, pero que aquí realiza un trabajo estupendo, no desentonando en absoluto. Lo mismo podría decir de Jonathan Wayshak, artista que ha evolucionado muchisimo desde sus tiempos de Devolution con Remender y que también está super bien.

Por cierto, me ha parecido curioso que la portada de este volumen sea de Greg Tocchini (otro de los colaboradores habituales de Remender que también se ha pasado por este comic), que realizó esta portada alternativa, en lugar de utilizar algunas de las portadas «oficiales» de estos cinco números. No tengo ni idea de los motivos, igual es simplemente porque es la que más le gustó a Remender, pero igual si la eligió fue para no crear favoritismos entre los cinco colaboradores de Remender en este volumen.

Y si los artistas funcionan, el disfrute total es con un Rick Remender desatado que está firmando uno de sus mejores guiones en años (a falta de ver si cierra satisfactoriamente Deadly Class, con que espero). Su protagonista Ernie Ray Clementine es en apariencia la suma de todos los males de la sociedad, un redneck buscavidas drogadicto y machista. Pero una vez rascamos en la superficie, es alguien que quiere vivir su vida a su manera y ve como todo el mundo se ha aprovechado de él durante toda su vida y ahora le quieren forzar a ser alguien que no es. Y ojo que esto no evita que Remender plantee un giro buenísimo cuando conocemos el origen real de Ernie, que niega la narrativa de algunos de estos grupos identificándose como víctimas “del sistema” que los oprime.

Para Remender (y para cualquier persona decente), los nazis de ultraderecha son asquerosos. Eso está descontado de inicio. Pero sobre todo en este segundo volumen vemos que los buenistas liberales tampoco son mejores, ya que no entienden lo que significa el concepto de “libertad individual” y quieren imponer su visión de la vida a todos los que no piensan como ellos. A pesar de estar maquillado con el mensaje de «queremos que todo sea el mundo feliz», no oculta que son ellos los que quieren imponer qué es correcto o incorrecto, con qué puedes ser feliz o no. La crítica bestial de Remender a la dictadura de lo políticamente correcto que está manejando de forma errónea la solución a los múltiples problemas de la sociedad americana me parece una locura alucinante, sobre todo al estar planteado por alguien como Remender que se identifica con postulados más a la izquierda que los demócratas.

El comic es super entretenido y Remender tiene claro que ese el objetivo primero y principal, pero la forma en que lanza sus dardos contra todo utilizando la farsa y el humor exagerado de alta carga sexual, que sigue siendo un tabú en los Estados Unidos, me parece brillante. También contra una industria del comic de superhéroes endogámica que no hace más que repetir cíclicamente los mismos conceptos sin interés en hacer avanzar el género o la industria. Dicho esto, hay que reconocer que igual este tono de farsa y el over-the-top no sea del gusto de todo el mundo y haya que acercarse a este comic con el estado mental adecuado. En mi caso, he conectado completamente con este Remender desatado.

Comparto algunas páginas del número 10 dibujadas por Matías Bergara:

Scumbag (El Cabronazo) me está pareciendo un comic sobresaliente. Y este segundo volumen me ha dejado con muchísimas ganas con hacerme con el tercer volumen que cerrará la historia, que en unos pocos meses estará disponible. Un final que no creo que vaya a ser bueno para el pobre Ernie Ray. Pero esa, es otra historia…

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Ice Cream Man vol. 6 de W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O´Halloran (Image Comics)

Tras unos meses de descanso, vuelvo al mundo nihilista y descorazonador de Ice Cream Man, la antología creada para el sello Image Comics por parte de W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O´Halloran, con un sexto volumen que nos ofrece cuatro nuevas historias que destacan por su originalidad.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Aquí llega el heladero para otra ración de dulces amargos: otras cuatro historias de sufrimiento y supervivencia que inducen a la caries, con ilimitados aderezos para los helados. Intenta que no se te pudran los dientes con estos enfermizos bocados secuenciales que, si no tienes cuidado, podrían alojarse bajo las encías, en lo más profundo de las raíces, más allá del alcance incluso del mejor dentista. Ahora, abre bien los ojos…

Este sexto volumen recopilar los números 21 a 24 USA.

W. Maxwell Prince escribe en Brooklyn y vive con su esposa, su hija y dos gatos. Es autor de ICE CREAM MAN, KING OF NOWHERE, ONE WEEK IN THE LIBRARY, and THE ELECTRIC SUBLIME.

El artista argentino Martín Morazzo hizo su gran debut en los cómics estadounidenses con la saga de ciencia ficción ambiental de 2012, Great Pacific, la primera serie de Image Comics que co-creó con Joe Harris. Desde entonces, Martín ha co-creado Snowfall, una epopeya de ciencia ficción, nuevamente con Joe Harris e Image Comics, y la elegante serie de aventuras criminales, The Electric Sublime, con el escritor W. Maxwell Prince en IDW Publishing. Ice Cream Man, su nueva colaboración con W. Maxwell Prince, está siendo publicada por Image Comics. She Could Fly, una miniserie con el escritor Christopher Cantwell, co-creador y showrunner de Halt and Catch Fire de AMC, y la editora Karen Berger, también está siendo publicada por Berger Books, una editorial de Dark Horse Comics.

En este sexto volumen de Ice Cream Man nos encontramos cuatro historias que vuelven a resaltar por su originalidad y diferencia entre si, algo que merece todos los elogios del mundo, pensando que estamos ya en la segunda docena de historias publicadas. En el número 21 W. Maxwell Prince hace su particular homenaje a las historias noirs de detectives que buscan resolver un caso mientras su vida personal está punto de desaparecer al abandonar completamente a su mujer.

Sólo Ice Cream Man puede plantear un comic como el número 22 que combina el calendario de adviento con el drama del aborto, dejándonos con cierta sensación de esperanza de cara al futuro, un final relativamente positivo que resulta una rara avis en la serie. El mundo de los talk-shows es el atrezzo en el número 23 para una historia super surrealista que mezcla prosa con narración con splash-pages que pone de manifiesto que «shit happens» y que a menudo buscamos una explicación y una moraleja a situaciones que no las tienen, ya que las cosas pasan porque si sin importar si fuiste bueno, malo, o cualquiera de los pasos intermedios.

Por último, el número 24 es una historia angustiosa que pone la vida humana por debajo de la audiencia de un programa televisivo, conectando de alguna manera con el cosmic-terror de Lovecraft y el existencialismo de Kafka con unas personas que son (somos) meros peones de seres más poderosos que nosotros para los que nuestra vida no vale nada, sólo es parte de su juego.

W. Maxwell Prince crea unas historias con reminiscencias a los cuentos populares que no tienen por qué terminar bien y que a pesar de su aparente ligereza y facilidad de lectura, nos golpean con momentos perturbadores en cada número. El caso es que no estamos ante un comic de terror al uso, más bien sería un drama existencial ante el descubrimiento que estamos solos en el universo, nadie cuida de nosotros, y nada bueno nos espera aparte del vacío y la nada. Me gusta esta sensación de no intentar vendernos nada y no ofrecer un mensaje moralizante, sólo romperte un poco por dentro al ir cayendo por la madriguera de conejo hacia este deprimente y depresivo mundo en el que está situada la acción.

Hay que reconocer que una gran parte del éxito de las historias de Prince es sin duda gracias al estupendo artista argentino Martín Morazzo. El dibujante tiene un dibujo de narrativa perfecta, y su estilo naturalista de línea fina contrasta con los shocks a los que se enfrentan unos protagonistas que transmiten humanidad desesperanzada y sin esperanza, y esa cualidad del «vecino de al lado» que hace que sientas que estas pesadillas pueden suceder a nuestro alrededor.

Morazzo y el colorista Chris O´Halloran tienen una estupenda colaboración en Ice Cream Man a la hora de crear las escenas de pesadillas y los numerosos momentos malrolleros que encontramos en cada historia, creando unas imágenes que se quedan grabadas en las pupilas que están a medio camino entre el realismo y el expresionismo. Las portadas de este volumen son además un buen ejemplo del intento de hacer que Ice Cream Man destaque en las estanterías como el comic único que sin duda es.

En este mundo del comic maintream americano dominado por los arcos argumentales de 5/6 números para su posterior publicación en tomo, y de largas historias río, es refrescante poder leer un comic que en 24 páginas cuenta una historia autoconclusiva y satisfactoria. Aunque sean historias tan desasosegantes, deprimentes y nihilistas como las que nos proponen Prince, Morazzo y O´Halloran.

Dentro que me encanta la filosofía detrás de esta antología de historias, tengo que reconocer que son tan deprimentes (aunque en este volumen podría decirse que hay dos finales felices), que deben ser leídas con el estado mental adecuado. Cada volumen de Ice Cream Man me deja siempre un poco roto por dentro, y aunque en Estados Unidos ya se ha publicado el séptimo volumen, siempre necesito tomarme un respiro de unos meses antes de volver a este comic. Sin embargo, si eres de los que te gustan las historias diferentes a todo, este creo que te encantará .

Ice Cream Man es una rareza maravillosa dentro del mundo del comic mainstream americano. No tengo ni idea si los creadores tienen un final a la vista para esta antología, pero yo estoy disfrutando muchísimo este comic.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

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Crítica de Do a Powerbomb 1 de Daniel Warren Johnson (Image Comics)

Tener en mis manos el nuevo comic de Daniel Warren Johnson es un acontecimiento. Y por lo visto en el primer número de Do a powerbomb, con color de Mike Spicer, creo que con permiso de Nightwing, estamos ante mi comic favorito de 2022.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

El creador de MURDER FALCON y Wonder Woman: Dead Earth lanza una nueva serie limitada!

Lona Steelrose quiere ser una luchadora profesional, pero vive bajo la sombra de su madre, la mejor luchadora de la historia. Todo cambia cuando un nigromante obsesionado con la lucha libre le pide que se una al mayor torneo de lucha libre profesional de todos los tiempos, ¡que también es el más peligroso! El mundo del wrestling se encuentra con Bola de Dragón Z en una historia en la que los competidores obtienen más de lo que esperaban.

El caso es que nunca he sido fan de la lucha libre. De hecho, nunca entendí el interés de ver combates falsos, reconociendo que el elemento teatral de personajes como Enterrador, El último Guerrero o Hulk Hogan, que consiguieron un status casi de superhéroe en el mundo real. Por los ejemplos que he puesto, creo que ya veis de qué quinta soy. Así que podría decirse que no soy a priori público objetivo de un comic ambientado en el mundo del wrestling. Pero claro, Daniel Warren Johnson podría hacer un comic centrado en el mundo del ajedrez y despertar a un muerto con la emoción que imprime en sus páginas.

Do a powerbomb me ha volado la cabeza. Y no tanto por la potencia del dibujo de Johnson que eso lo daba por descontado, sino por una historia que me ha atrapado con el potente (e inesperado) drama que tiene en el centro a la protagonista Lona Steelrose, una joven que busca continuar con el legado de su madre dentro del mundo del wrestling.

No quiero comentar nada de la trama, pero si me parece relevante compartir estas palabras de Johnson a IGN «Desde que empecé a escribir y dibujar cómics, he querido hacer historias que me emocionen. Que me entusiasmen de verdad. Y no es diferente aquí con DO A POWERBOMB, donde he tratado de canalizar mi pasión y amor por la lucha profesional en un espacio 2D, para tratar de compartirlo con mis lectores lo mejor que pueda, y tal vez hacer que se emocionen también. Y, sinceramente, ¿qué mejor manera de hacer algo nuevo que combinar dos cosas que me gustan tanto? Espero que todos me acompañen en este viaje. Estoy muy orgulloso del comic.» Además, Johnson comenta en el propio comic que buscaba hacer una historia accesible incluso para aquellos lectores como yo que no somos fans del wrestling, aplicando la misma fórmula que ya utilizó en Murder Falcon para destacar su pasión por el Heavy Metal. Y lo cierto es que el resultado por lo visto en este primer número no puede ser más atractivo y emocionante.

Comentaba que no es sorpresa la potencia del dibujo de Johnson, pero es no significa que el comic no sea una barbaridad de principio a fin. Con el color de Mike Spicer y la increíble rotulación de Rus Wooton, Johnson consigue que te sientas dentro del ring con los luchadores y al lado de Lona, con una elección de planos alucinantemente dinámicos y cinéticos. Su diseño de personajes me parece también una pasada, transmitiendo una personalidad alucinante, en especial a la protagonista Lona Steelrose. Y si nos atenemos a la premisa en la que Johnson promete «Wrestling meets Dragon Ball», creo que los luchadores que vamos a conocer en los próximos comics van a ser tamvién la bomba.

La verdad es que soy super fan de Daniel Warren Johnson, pero realmente no me esperaba que un comic suyo sobre wrestling me emocionara tanto como lo ha hecho. Obviamente, la construcción de los personajes es clave en eso, y es una faceta en la que Johnson sobresale y consigue hacer fácil lo que es mucho más difícil de lo que él aparenta. Porque ante todo Do a powerbomb es una historia completa contada en 7 partes, y en esta primera parte hemos tenido acción, mucha emoción, sorpresas y un final estupendo que me ha dejado con la miel en los labios deseando poder leer pronto el segundo número. No se le puede pedir más a un primer número de una grapa.

Comparto las primeras páginas del comic:

La mezcla de acción explosiva, una narración visualmente arrebatadora y el corazón que Daniel Warren Johnson imprime a sus historias convierten a Do a powerbomb en un éxito en su estreno. Creo que voy a disfrutar mucho este comic.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

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