Crítica de Community temporada 6 (Prime Video)

Community ha sido un sueño hecho realidad para un fan de la cultura friki como yo. Y ver el último episodio de la sexta temporada disponible en Prime Video ha sido una experiencia super emocionante y un poco triste. Hoy comparto mis impresiones del final de esta maravillosa serie creada por Dan Harmon.

PUNTUACIÓN: 9/10

Con el comienzo de un nuevo curso escolar, en esta sexta temporada asistimos a la presentación de nuevos protagonistas, Francesca «Frankie» Dart (Paget Brewster) una consultora contratada por el decano Pelton para ayudar a mejorar Greendale y el inventor y experto informático retirado Elroy Patashnik (Keith David).

Estos nuevos personajes se uniran a los clásicos Jeff Winger (Joel McHale), Abed Nadir (Danny Pudi), Britta Perry (Gillian Jacobs), Annie Edison (Alison Brie), el decano Craig Pelton (Kim Rash) y el loquísimo Ben Chang (Ken Jeong). Si, habéis leído bien, tras el abandono de Donald Glover y el despido de Chevy Chase en la temporada anterior, en esta sexto Yvette Nicole Brown también abandona la serie y solo veremos a Shirley Bennett brevemente en el primer y último episodio.

Dan Harmon continúa como Showrunner de esta sexta y última temporada, que contó con 13 episodios que fueron emitidos entre marzo y junio de 2015 por el ahora cancelado canal online Yahoo Screen tras ser cancelada de la parrilla de la NBC. Junto a Harmon, la serie contó como productores con Chris McKenna, Russ Krasnoff and Gary Foster. Están acreditados como guionistas de estos episodios Dan Harmon, Chris McKenna, Alex Rubens, Monica Padrick, Matt Lawton, Dean Young, Matt Roller, Carol Kolb, Clay Lapari, Ryan Ridley, Dan Guterman, Mark Stegemann, Briggs Hatton.

En lo relativo a los directores, tenemos a Rob Schrab (6 episodios) , Jim Rash & Nat Faxon (2), Bobcat Goldthwait, Jay Chandrasekhar (2), Victor Nelli, Jr., Adam Davidson. Schrab fue el director del episodio final escrito por Dan Harmon & Chris McKenna, que significó el número 110.

Comencé a ver Community el pasado septiembre, y ocho meses después ya forma parte de mi vida. Y lo mejor es que no es el final, ya que siempre podré volver a revisitar los mejores episodios y alucinar con las maravillosas locuras con las que nos han entretenido a los largo de estos 110 episodios. Ahora que llegué al final, solo me queda unirme a la marea de fans que mantienen el hastag #6seasonsandamovie vivo cinco años después de finalizar su emisión. Aún conociendo la futilidad del gesto y que realidad es que pasados todos estos años ya es casi imposible que esta película llegue a realizarse.

Hay muchas cosas que me han gustado mucho de Community, pero quizá lo mejor sea el elemento meta-textural encarnado por Abed, el saberse un personaje de una obra de ficción destinada al entrenimiento del público. Y en esta sexta temporada, este elemento se ha convertido en un elemento cada vez más importante, entiendo que debido al convencimiento del propio Harmon de que tras varios años consiguiendo renovar la serie por los pelos, esta sexta temporada iba a ser la última.

El último episodio «Emotional Consequences of Broadcast Television» en el que Abed ante el final de curso y de temporada pidió a sus amigos que imaginaran cómo sería una hipotética séptima temporada creo que es historia viva de la televisión. Un episodio en el que la tristeza me embargó en muchos momentos y estaría personalizada en Jeff, en apariencia el cínico mujeriego, que ve como sus amigos siguen con sus vidas fuera de Greendale mientras él se queda en Greendale. Y como al final asume y acepta que el papel que le queda por jugar es ese, ser el profesor que ve como los estudias vienen y van.

Aunque Jeff y Abed son los grandes protagonistas (como siempre), en esta sexta de gustó ver como Annie también cobra bastante protagonismo. También me parece que los nuevos personajes Frankie y Elroy dan mucho juego al cambiar la dinámica del grupo y ofrecen, sobre todo Frankie, momentos buenísimos.

Aunque destaco sobre todo el último episodio que me parece redondo y super brillante, debo decir que los otros 12 también son una chulada. Y aparte de una nueva partida de paintball, la serie se atreve a tocar temas como la corrección política que fuerza a los gays a salir del armario, el product-placement o la posibilidad de que Abed estrene su primera película, aún a sabiendas que es basura.

Hay un montón de momentazos en esta sexta temporada y creo que voy a echar de menos a estos personajes: las tonterías de Chang, las locuras y juegos de palabras del decano Pelton de su nombre en inglés (Dean / decano), la agobiante perfección de Annie o la reividicativa Britta mientras vive a costa del dinero de sus padres.

Yvette Nicole Brown aparece brevemente como Shirley en el último episodio, lo que me parece un bonito gesto. En ese sentido, la única pena que tengo es que Donald Glover o Chevy Chase no hayan aparecido aunque fuera brevemente a modo de despedida. Eso hubiera sido la guinda de un pastel que, como decía antes, me ha parecido maravilloso.

Comparto el trailer de esta última temporada:

Community es para mi una de las mejores comedias de la historia. No puedo expresar con palabras lo buena que es, sólo te recomiendo que la pruebes y la experimentes por ti mismo.

 

PUNTUACIÓN: 9/10

 

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¡Saludos a todos!

Locke and Key, de Joe Hill y Gabriel Rodríguez

El estreno en Netflix de la decepcionante adaptación televisiva de Locke and Key ha servido para recordarnos lo maravilloso que es el comic de Joe Hill y Gabriel Rodríguez, que personalmente está dentro de mis 5 comics favoritos de este siglo XXI.

PUNTUACIÓN: CLÁSICO, NO TE LO PUEDES PERDER

(Artículo sin spoilers)

El aclamado autor de El traje del muerto, la novela de terror que ha sorprendido a todos los amantes del género, salta al cómic con una obra que te sobrecogerá. En Nueva Inglaterra hay una vieja mansión cuyas fabulosas puertas transforman a todo el que se atreve a cruzarlas. El pasado de la familia Locke vuelve para atormentar a sus actuales miembros, en un escalofriante cómic en el que Hill demuestra una capacidad narrativa equiparable a la de su padre, Stephen King. Guión de Joe Hill. Dibujo de Gabriel Rodríguez.

Conocí a Joe Hill gracias a Locke & Key, y gracias al comic descubrí su faceta de escritor y sus estupendas novelas El traje del muerto, Horns o Fuego. Hill es el segundo hijo de Stephen King y decidió usar una abreviatura de su nombre completo, Joseph Hillstrom King, para intentar triunfar por sus propios méritos y no por ser el hijo de. Hill tiene 47 años y no hay duda que ha recibido los genes de su padre, ya que escribe historias de fantasía y terror que saben apelar a nuestros miedos más profundos y las cosas que más queremos, como la familia.

Gabriel Rodríguez es un artista chileno nacido en 1974 que estudió arquitectura e incluso llegó a trabajar como tal durante varios años hasta que pudo cimentar su carrera como dibujante de comics y obtener la suficiente independencia económica. Locke and Key es su trabajo más celebrado, pero obtuvo también una nominación a los Eisner por su comic «Little Nemo: Return to Slumberland». Más recientemente, ha escrito y dibujado La espada de las eras, un comic de fantasía que busca reinventar las leyendas artúricas y que tengo muchas ganas de comprar y leer en cuanto tenga ocasión.

Locke And Key fue publicada en Estados Unidos por la editorial IDW entre febrero de 2008 y diciembre de 2013. El formato elegido para su publicación fueron seis miniseries, que aqui en España Panini publicó entre 2009 y 2014. Las seis miniseries fueron Bienvenidos a Lovecraft (febrero-julio 2008) y Juegos mentales (enero-junio 2009), que formarían el primer acto, mientras que Corona de Sombras (noviembre 2009 – abril 2010) y Las llaves del reino (agosto 2010 – marzo 2011) formarían el segundo acto. El tercer arco con el climax final llegó con  Mecanismos de relojería (junio 2011 – abril 2012) y Alfa y Omega (noviembre 2012 – diciembre 2013). Todas las miniseries tuvieron una duración de seis números excepto Alfa y Omega que tuvo siete, algo necesario e imprescindible para cerrar todo de forma satisfactoria. De esta forma, podría decirse que Locke and Key se publicó con una periodicidad de un volumen anual.

El formato de miniseries sucesivas permitió a los autores a realizar el mejor trabajo posible sin la presión añadida de tener que cumplir con un plazo de entrega mensual como pasa por ejemplo en los comics de Marvel o DC. Y la diferencia se nota, consiguiendo Gabriel Rodríguez, junto al colorista Jay Fotos, realizar un despliegue artístico maravilloso.

Locke & Key es la historia de la familia Locke. Tras la muerte de su padre, Tyler, Kinsey y Bode Locke se mudan con su madre a la finca de la familia, Keyhouse, situada en Lovecraft, Massachusetts. Allí, los niños descubrirán que la casa es un nexo de energías sobrenaturales que oculta unas llaves que les otorgarán habilidades que les servirán para descubrir la historia oculta de su familia y del mundo que les rodea.

El primer elemento a destacar de Locke and Key es que se trata de una historia de fantasía oscura que utiliza muchos elementos de las historias de terror. En el comic existe una sensación de aventura mientras los niños van descubriendo las llaves y sus habilidades, pero el tema general es ver cómo los Locke asumen la pérdida de su padre y esposo, algo que cada miembro de la familia interioriza de una forma diferente. En este sentido, la muerte y otros temas escabrosos como las relaciones tóxicas o el abuso juegan un papel fundamental y explican los traumas de varios personajes, notándose en este aspecto la influencia que las historias de Stephen King han tenido en su hijo.

Además, Joe Hill crea un puzzle maravilloso en la que todo, incluido el detalle más nimio y a priori insignificante, tiene su razón de ser y juega una función en la historia, haciendo que el final fuera perfecto y super satisfactorio, en el que todo encaja pero que además consigue ser super emocionante.

Hay números como «Febrero» en el cuarto volumen «Las llaves del reino» que transmiten un maravilloso sense-of-wonder mientras vemos las habilidades que los niños adquieren con las llaves mientras luchan contra el malvado Lucas «Bode» Caravaggio, que busca la llave para abrir la Puerta Negra. Además, en otros números, como «Gorrión» Hill y Rodríguez cambian de estilo imitando lo que sería una tira de Calvin & Hobbes para contar la historia desde el punto de vista de Bode, un niño de 8 años. Otros números super chulos son por ejemplo los contados desde el punto de vista de Rufus, un chaval retrasado mental amigo de Bode, que adquieren forma de comic-book de hazañas bélicas.

La contrucción de los deferentes personajes me ha parecido maravillosa. Tyler es un adolescente claramente traumatizado que se culpa a si mismo de la muerte de su padre debido a las discursiones que tuvo con él antes de su muerte. Su personalidad y acciones muestran claramente que tiene un trauma que le impide ser feliz, al igual que su hermana Kinsey, cuyo mecanismo de defensa para intentar sobrevivir tras quedar paralizada cuando mataron a su padre es quitarse el miedo y las lágrimas de la cabeza (literalmente), algo que la ofrece cierta felicidad en el corto plazo hasta que descubra que hay que aprender a vivir con tus miedos.

El hermano pequeño Bode también me parece una pasada. Hill y Rodríguez nos cuentan de maravilla lo que significa ser un niño que ve y experimenta cosas increíbles y la frustración inicial cuando nadie le cree o no le dejan intentar ayudar. Además, su joven mente funciona de forma sencilla y no puede evitar ser engañado y utilizado durante la historia. Por último, la madre ha caído en la bebida como forma de evitar enfrentarse a la muerte de su marido, una salida muy poco ejemplar a sus problemas, pero muy real.

Como pasa en las mejores historias de terror, Locke and Key es cruel con los personajes. Al igual que pasa en la vida real los buenos no siempre ganan ni sobreviven aunque hagan lo correcto. Hay en ese sentido algunos momentos muy duros emocionalmente ante el destino de varios personajes, y sobre todo en el clímax final hay una verdadera sensación de amenaza y de que cualquiera puede morir.

Dodge, el villano de la historia, es un ser amoral verdaderamente peligroso, pero es su inteligencia la cualidad más destacable. De hecho, la realidad es que a pesar de algunos retrasos provocados por los niños, es refrescante ver cómo sus planes van teniendo éxito mientras engaña a todo el mundo y les manipula para obtener lo que desea.

Esto, unido a ver a unos adolescentes que sufren, se equivocan, cometen errores y aprenden de ellos son elementos que hicieron de la lectura algo muy especial. Porque es cierto que el elemento fantástico y terrorífico funciona, pero lo hace porque  Hill y Rodríguez han creado a una familia que se siente muy real, con personalidad, virtudes y defectos con la que es muy fácil empatizar y preocuparnos por ellos. Y esa personalidad se forja también por la forma en que afrontan sus problemas y sus errores.

Comentaba al comienzo que el apartado artístico me parecía maravilloso. Y es que Gabriel Rodríguez con la ayuda de Jay Fotos en los colores ha creado un comic espectacular, de una narrativa limpia en la que siempre cuenta todo de la forma más clara posible. Su lápiz construye de maravilla la personalidad de todos los personajes y consigue en los pequeños detalles la magia de que todos parezcan reales. Además, consigue que el paso del tiempo se note en sus caras, algo muy difícil también de conseguir.

Además de una sobresaliente caracterización, Rodríguez consigue que toda la historia tenga el tono perfecto en todo momento, transmitiendo el sentido de maravilla cuando los niños usan sus llaves, pero también el terror ante los abusos y los momentos dramáticos que sufren varios personajes, creando situaciones super perturbadoras. No sólo eso, hay algunas muertes que son super gores e impactan muchísimo, y sus seres de sombra transmiten un feeling realmente terrorífico. La vida y la muerte parecen elementos «baratos» en otras historias, aquí el peso de cada vida cuenta, y nos duele cada una que se pierde. Y se pierden muchas.

La guinda del pastel es además la habilidad de Rodríguez en la creación de espacios que se sienten reales. En este aspecto se notan sus estudios de arquitectura, porque la mansión Keyhouse, cuyo plano se incluye en uno de los cómics,  y toda la orografía de la finca con las cuevas en el acantilado se convierten en elementos fundamentales en la historia, y están perfectamente reflejadas en la historia. De esta manera, cuando un personaje se mueve por la casa sus movimientos siempre están claros y sabemos dónde están y hacia donde se dirigen. Esto es otro plus importante, acostumbrado como estoy a otros comics casi sin fondos en los que los personajes se mueven por espacios genéricos sin personalidad.

No quiero terminar sin destacar otro elemento fundamental de Locke and Key y es su propia condición de cómic, que permite una narrativa única difícilmente trasladable a otros medios y que hacen que este cómic sea algo muy especial.

Empezando por las elipsis que se producen entre viñetas donde somos los lectores los que rellenamos los huecos. Por ejemplo, cuando vemos a Kinsey sufrir ante la perspectiva de empezar las clases en Lovecraft y lo absurdo de hacer amigos que puede acabar perdiendo, en una única página con tres viñetas Hill y Rodríguez condensan toda la ansiedad del momento, una página super chula que funciona porque está muy bien contada y porque los lectores rellenamos los huecos con nuestras propias experiencias, de forma que no tenemos que ver cada clase a la que asiste para sentir que está sufriendo.

De igual modo, en el ya comentado cómic «Febrero», los hermanos viven maravillosas aventuras mientras experimentan con diferentes llaves, pero esas aventuras quedan condensadas en muchos casos a una única viñeta con el momento más potente de la aventura, de forma que, como comento, seamos los lectores los que imaginemos los detalles no mostrados. Un recurso maravilloso.

Además, las páginas del cómic marcan un ritmo de lectura y generan una sorpresa cada vez que pasas la página. El ritmo puede acelerarse o frenarse en función de lo que pasa y se van creando cliffhangers estupendos a medida que avanza la historia, y en todos estos aspectos Hill y Rodríguez muestran su gran habilidad como storytellers, como contadores de historias.

Durante estos seis tonos hay un montón de giros inesperados y sorpresas impactantes mientras vamos conociendo toda la historia y como se crearon las llaves, pero en todo momento mantenemos la sensación de reloj perfectamente ensamblado que nos lleva en volandas hasta el emocionante final.

Por tanto, es la propia naturaleza de cómic lo que ayuda a que esta historia sea tan maravillosa y especial, y como vimos en la desastrosa serie de televisión, hay cosas que se pierden en la adaptación que solo son posibles en los cómics.

Joe Hill y Gabriel Rodríguez crearon una historia muy especial que merece todas las alabanzas del mundo. Si no la has leído todavía no lo dudes, Locke  and Key es una maravilla, un clásico que ningún fan de la literatura fantástica y el terror debería perderse.

PUNTUACIÓN: CLÁSICO, NO TE LO PUEDES PERDER

 

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Crítica de Train to Busan, de Yeon Sang-ho (Prime Video)

Escribiendo ayer la crítica de Seoul Station, me di cuenta que no había hablado en el blog sobre la estupenda Train to Busan (Yeon Sang-ho, 2016) dado que no pude verla hasta varios años después que se estrenara. Aprovechando estos días de confinamiento y que está disponible en Prime Video, quiero aprovechar para recomendarla, no hay excusa para no verla.

PUNTUACIÓN: 8/10

Un virus letal se expande por Corea del Sur, provocando violentos altercados. Los pasajeros de un tren KTX que viaja de Seúl a Busan tendrán que luchar por su supervivencia. (FILMAFFINITY)

Yeon Sang-ho (1978) es un director y escritor surcoreano que empezó en el mundo de la animación con películas como The King of Pigs (2011) y The Fake (2013). Consiguió el reconocimiento a nivel mundial gracias a su ópera prima en imagen real, la notable Train to Busan (2016), dirigiendo a continuación de nuevo en animación Seoul Station (2017), película que sirve de precuela de esta, tras la que estrenó Psychokinesis (2018), una película en imagen real de superhéroes desde el punto de vista coreano. Peninsula (2020) es su última película, no tanto una continuación de Train to Busan como una nueva historia ambientada en el mismo universo.

Train to Busan cuenta con un guión del propio Yeon Sang-ho junto a Park Joo-suk, y cuenta con fotografía de Lee Hyung-deok, montaje de Yang Jin-mo y música de Young-gyu Jang.

Los principales protagonistas de la película son Gong Yoo como Seok-woo, un broker obsesionado con su trabajo, Kim Su-an como Su-an, la hija pequeña de Seok-woo que tiene que ir en tren a Busan para estar con su madre, Ma Dong-seok como Sang-hwa, un duro trabajador de clase media-baja, Jung Yu-mi como Seong-kyeong, la esposa embarazada de Sang-hwa, Choi Woo-shik como Yong-guk, un adolescente jugador de baseball, Sohee como Jin-hee, amiga de Yong-guk y cheerleader del equipo y Kim Eui-sung como Yon-suk, un rico y egoista empresario que consigue subir al tren antes de que estalle el ataque zombie.

Train to Busan se convirtió en un verdadero fenómeno en Corea en 2016, convirtiéndose en la primera película que consiguió más de 10 millones de espectadores, un éxito brutal que vino acompañado además de unas críticas mayoritariamente positivas.

Es curioso como el visionado de Seoul Station y Train to Busan me hace ver que la película de animación realiza una crítica social mucho más despiadada, mientras que Train to Busan se queda en una película más genérica centrada en el entretenimiento zombie. Yeon comenta que quería representar la ira colectiva de la sociedad de una «manera simple y poderosa» al hacer una película de zombis en la que los zombis se encuentran entre las personas que protestan por el empeoramiento en la situación social del pais. Obviamente, en toda película del género hay algo de crítica social, y en Train to busan tenemos por ejemplo al rico empresario que manipula en el tren a la gente asustada en su propio beneficio, pero creo que sirve para el argumento general y no se plantea como un intento de hacer “sangre” con los defectos de la sociedad y el país (si me permitís la metáfora), como sí parece que intenta hacer Seoul Station.

Visualmente, Train to Busan tiene momentos super chulos durante todo el metraje. En lo relativo a los zombies, merece la pena destacar que Yeon Sang-ho plantea unos muertos vivientes corredores como vimos en Guerra Mundial Z y que parece que se ha impuesto en otras películas recientes. Esto aleja a la película de las versiones más clásicas del género pero consigue amplificar la sensación de peligro y que todos pueden morir.

En conexión con The Walking Dead (el comic y la serie de televisión), el verdadero problema no está en un zombie aislado, sino que la formación de mareas de zombies corriendo al unísono crea una amenaza imparable que arrasa con todo. Las escenas en las estaciones de trenes son unos notables ejemplos que dejan momentos para el recuerdo.

La principal novedad de Train to Busan ese encuentra en las escenas dentro del tren, que suponen un espacio cerrado pequeño y claustrofóbico y que permiten mostrar escenas brillantemente resueltas que transmiten las ganas de hacer cosas diferentes dentro de un género que parecía muy trillado y condenado a la repetición.

Quizá el elemento menos bueno son los personajes, que tal vez debido al gusto coreano no tienen una verdadera personalidad, quedándose en arquetipos: El duro y seco trabajador que ama sobre todo a su mujer, el broker que no tiene tiempo para su hija, el jugador de baseball y la grupie… En una película de zombies ya se sabe que la mayoría de personajes no van a sobrevivir, pero al no conseguir que empaticemos con nadie (con casi nadie, pero no digo con quién por los spoilers), la mayoría de muertes se me quedaron bastante planas.  Destacar eso si en la trama el papel de las dos hermanas ancianas, que ofrecen uno de los climax de la película.

Además, como ya me pasó en Seoul Station, la película muestra el machismo de la sociedad coreana con unos personajes femeninos que no hacen nada proactivo y tienen que ser siempre salvadas por los hombres. En este sentido, entendería que hubiera gente a la que este aspecto pudiera incluso molestarla. En todo caso, creo que este hecho es un tema menor conociendo la idiosincrasia cultural del pais, algo que los fans del cine asiático sin duda conocen de sobra, y que no impide el difrute de la película.

En resumen, Train to Busan resuelve de forma brillante todos los desafíos narrativos que plantea y que ofrece un más que buen entretenimiento para estos días de confinamiento.

Comparto el trailer de la película:

Train to Busan significó un interesante añadido a los mitos del cine de zombies planteado desde el punto de vista coreano. Una película que ningún fan del género de zombies debe perderse.

PUNTUACIÓN: 8/10

 

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Crítica de Zero, Zero, Zero (Prime Video)

He podido ver Zero, Zero, Zero, serie de televisión estrenada en Prime Video creada por Stefano Sollima basada en la novela de Roberto Saviano (Gomorrah) sobre el negocio del tráfico de drogas, y aunque no me ha enamorado, si he encontrado elementos bastantes interesantes.

PUNTUACIÓN: 7/10

Serie basada en el libro homónimo de Roberto Saviano que sigue los pasos de un cargamento de cocaína, desde el momento en el que un poderoso cartel de criminales italianos decide comprarlo hasta que la mercancía es entregada y pagada. A través de sus protagonistas, la serie explica los mecanismos a través de los cuales la economía ilegal pasa a formar parte de la legal, y de cómo ambas están conectadas a una despiadada lógica relacionada con el poder y el control, algo que afecta directamente a la vida de los ciudadanos. Desde los carteles mexicanos a los sindicatos del crimen italiano pasando por los negocios estadounidenses, todos están involucrados de una forma u otra en el beneficio que produce el negocio de la cocaína. (FILMAFFINITY)

Roberto Saviano obtuvo fama mundial tras la publicación de Gomorrah, en la que narraba detalles de la camorra tras infiltrarse durante meses, motivo por el que aún hoy vive con protección policial. Saviano volvió al ámbito criminal en 2013 con su novela Zero, Zero, Zero en la que ampliaba el foco al mundo de la droga y sus conexiones económicas a nivel mundial.

Para esta adapación televisiva, los creadores Leonardo Fasoli, Mauricio Katz y Stefano Sollima, director de la notable Sicario, el día del soldado, contrataron a un reparto internacional encabezado por Andrea Riseborough, Dane DeHaan, Gabriel Byrne (aunque en un pequeño papel), Giuseppe De Domenico, Adriano Chiaramida y Harold Torres.

Sollima dirige los dos primeros episodios, para mi los más potentes de la serie, mientras que los otros seis fueron dirigidos por Janus Metz y Pablo Trapero.

La historia está dividida en tres partes, en Italia un anciano capo siciliano, Don Minu (Adriano Chiaramida) contrata un cargamento de droga a unos narcos mexicanos, los Leyra. La llegada de esta droga consolidará su poder que está siendo puesto en duda por su propio nieto Stefano (Giuseppe De Domenico).

Para llevar a cabo el transporte de la droga, Don Minu se pone en contacto con su broker habitual de Nueva Orleans Edward Lynwood (Gabriel Byrne), en cuya empresa de transporte y naviera trabajan también sus dos hijos, Emma (Andrea Riseborough) y Chris (Dane DeHaan). Lo que no saben los Lynwood es que este negocio será más complicado de lo habitual, empezando porque el ejército mexicano tiene a los Leyra en su punto de mira y ha encargado su detención a sus fuerzas especiales, en cuyas filas se encuentra Manuel Contreras (Harold Torres), uno de los soldados de élite.

De esta forma, la serie irá saltando en sus ocho episodios desde México, donde seguiremos los pasos de Manuel Contreras, Italia donde se vive una lucha por el poder, y las visicitudes de la familia Lynwood por todo el mundo para asegurar que su cargamento llega a su destino.

Zero, Zero, Zero me ha parecido que está contada desde un punto de vista diferente que me ha resultado interesante, que es el de los brokers. Narrativamente los saltos de un lugar a otro consiguen no aburrir y mantener el interés.

Uno de los detalles narrativos que me han parecido más chulos es que dividen los diferentes episodios como en un libro en el que cada capítulo se centra en un personaje, de forma que cuando dos personas se separan, primero vemos todo seguido lo que hace uno y luego, cuando se vuelven a encontrar, volvemos atrás en el tiempo para ver qué hizo el otro personaje durante ese mismo periodo de tiempo, algo que no es habitual y que desde luego me ha parecido llamativo.

Con una excepción que luego comento, me ha parecido que todo el reparto cumple correctamente su función, y todos los aspectos técnicos de esta producción italiana de Sky en colaboración con Canal+ y Prime Video brillan a un gran nivel.

El visionado de esta serie ha conseguido mantener mi interés de principio a fin y muestra el negocio de la droga desde un prisma diferente al habitual. Dicho esto, debo reconocer que me ha faltado fuerza en las tres historias. La parte mexicana aporta las mayores dosis de acción y violencia, pero la historia de Manuel Contreras al final me ha parecido super intrascendente y un poco de relleno de las partes más interesantes, que son las otras dos.

Los Lynwood son el hilo conductor del relato, pero mientras Emma (Andrea Riseborough) me ha gustado dentro de su estoicismo general, no aguanto a Dane DeHaan como su hermano Chris. En Zero, Zero, Zero es un palo inexpresivo al que «inventan» una enfermedad para que pueda realizar un despiegue de tics que no me convencieron en ningún momento. Para mi, DeHaan es lo más flojo de toda la serie.

Reconozco que el despojar estos hechos delictivos de una intención moralizante me parece un acierto, teniendo en cuenta que si acaso, el único mensaje que se puede extraer es que mientras la droga mueva tantísimos millones, seguirá existiendo aunque cambien los actores. Los carteles o la mafia pueden cambiar de mano o incluso desaparecer, pero siempre otros tomarán su lugar, una triste realidad que queda aquí también reflejada.

Comparto el trailer de esta serie:

Zero, Zero, Zero ofrece un punto de vista interesante del negocio de la droga centrado en la lucha por el transporte y la distribución. No me ha maravillado, pero que su punto de vista ha sido bastante original.

PUNTUACIÓN: 7/10

 

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Crítica de Seoul Station de Yeon Sang-ho (Prime Video)

Gracias a Prime Video he descubierto Seoul Station (2017) película de animación que sirve de precuela de la mítica película coreana Train to Busan (2016) que ha sido escrita y dirigida por su director Yeon Sang-ho.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Es de noche en Seúl, y la estación central se convierte en un hogar para los mendigos. Uno de ellos muestra síntomas de lo más extraños. Mientras, una chica rompe con su novio y busca refugio en la estación, pero ahí solo encuentra una horda de vagabundos convertidos en zombis. Su padre y su novio deberán encontrarla en medio del caos. (FILMAFFINITY)

Esta película de animación ha sido escrita y dirigida por Yeon Sang-ho, el director de Train to Busan, y cuenta con música de Young-gyu Jang.

Entrando en materia, aunque la acción de la película nos remite a una historia típica de zombies, bajo la superficie Yeon Sang-ho lanza unos proyectiles super certeros a la línea de flotación de una sociedad cada vez deshumanizada que merece lo que le está a punto de suceder.

En muchos momentos Seoul Station parece gente tonta haciendo tonterías por las decisiones que parecen tomar. Y desde el punto de vista occidental diría que resulta hasta bastante machista dado que la única protagonista femenina se pasa llorando toda la película y necesitando que otras personas, hombres todos, la salven. Entiendo que esto muestra la sensibilidad asiática en general y coreana en particular, bastante más atrasado que el que tenemos en España, además que dejar claro que es una película de 2017 anterior a la explosión del feminismo actual.

Pero frente a este comentario superficial, lo cierto es que bajo el paraguas de la historia de zombies se desliza una crítica social bestial. En general ante una sociedad que mira hacia otro lado ante los pobres y los sin techos, dándole igual si viven o mueren. Además, Yeon Sang-ho es especialmente crítico contra una juventud vaga y pusilánime a los que muestra como unos inútiles y unos parásitos que no hacen nada productivo y no saben reaccionar cuando empiezan los problemas.

Y por si fuera poco, frente a un desarrollo crítico pero bastante genérico, Yeon Sang-ho se guarda un giro final bestial que sirve de tiro de gracia a esta sociedad que merece ser arrasada a ver si lo que venga después es mejor. El final es super duro y cínico, y consigue dejarte en lo más alto.

En lo relativo a la animación, aunque no me parece ninguna maravilla, me parece que cumple correctamente las necesidades narrativas que exige la historia, sin recrearse en detalles gores tipo The Walking Dead. De hecho, Seoul Station tiene una calificación por edades de +13 frente al +16 que tenía Train to Busan, que obviamente me parece que tiene momentos mucho más sangrientos que esta.

Comparto el trailer de la película:

Seoul Station es una más que correcta película que comparte el mismo tono crítico con nuestra sociedad actual, sirviendo de perfecto complemento de Train to Busan mientras esperamos noticias de su continuación cinematográfica. En estos días de confinamiento, estamos ante una película muy recomendable para los fans del cine de zombies.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

 

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Repaso a mi Sci-fi favorito: comics, películas, TV y libros