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Crítica de Frank Miller American Genius de Silenn Thomas (Prime Video)

Septiembre se ha convertido en el mes de Frank Miller. Tras leer Push the Wall, el libro autobiográfico escrito por Frank Miller, llega Frank Miller American Genius, documental escrito y dirigido por Silenn Thomas que ofrece una extensa mirada al pasado y presente del genio del comic americano.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

Este documental explora el medio siglo de carrera del legendario dibujante y guionista de cómics Frank Miller. Realizada para sus fans tras una experiencia cercana a la muerte, la película profundiza en la influencia radical y decisiva de Miller en el arte, la narrativa y la cultura. Desde sus comienzos en un pequeño pueblo de Vermont hasta Nueva York, Hollywood y más allá, este documental íntimo se adentra en sus fracasos, éxitos, autodestrucción y redescubrimiento.

«La idea de este documental surgió de diversas fuentes y de los aficionados, que nos animaban a documentar la vida de este gran genio estadounidense que acababa de sobrevivir a una experiencia cercana a la muerte. Cuando iniciamos este proceso, Miller acababa de comenzar su recuperación. Tenía un claro afán por la vida, un deseo de recuperar años de «tiempo perdido» y de profundizar en su identidad artística. Antes de la pandemia, Miller había vuelto a viajar y a trabajar en una serie de nuevos proyectos. Cuanto más le seguíamos en este viaje, más descubríamos el arte de la creación de cómics. Era, y sigue siendo, un mundo inspirado por mujeres, artistas, escritores, artesanos y un grupo global de seguidores entusiastas y perspicaces. Esta película es para ellos; para que formen parte de los entresijos de su ídolo y maestro, Frank Miller, y los exploren más a fondo».

El legendario creador Frank Miller está considerado como uno de los creadores más influyentes y galardonados de la industria del entretenimiento actual; es conocido por su narrativa intensa y cruda y por su estética noir descarnada, presente tanto en cómics como en novelas y películas. Miller saltó a la fama a finales de la década de 1970 como dibujante y, más tarde, guionista de Daredevil para Marvel. A continuación vino el drama de samuráis futuristas Ronin, seguido de Batman: El caballero oscuro y Batman: Año uno, que revolucionaron para siempre a Batman. Posteriormente, cumplió el sueño de toda su vida al crear el comic noir Sin City, que fue un éxito inmediato. Recientemente, Miller ha lanzado Frank Miller Presents, una editorial independiente centrada en la creación y selección de cómics impulsados por los propios artistas. En 2015, Miller fue incluido en el Salón de la Fama de los Premios Will Eisner por su trayectoria y sus contribuciones a la industria.

Silenn Thomas, directora y productora de cine y televisión, ocupa el cargo de directora ejecutiva de Frank Miller Ink, la productora fundada por el legendario creador de cómics. El documental FRANK MILLER: AMERICAN GENIUS supone su debut como directora. Thomas trabajó por primera vez con Miller cuando ejerció de productora asociada en la adaptación cinematográfica de su obra más emblemática, 300. Entre sus otros trabajos se incluyen LAS CRÓNICAS DE SPIDERWICK, SIN CITY: UNA MUJER POR LA QUE MATAR y CURSED. Ha colaborado en diversas funciones con innumerables figuras destacadas de la industria, entre las que se encuentran Luc Besson, George A. Romero, Kathleen Kennedy, Marc Canton, Mike Figgis y Robert Rodríguez. Thomas se graduó en el prestigioso programa de dirección de la escuela de cine de la UCLA.

En muchos sentidos, este documental Frank Miller American Genius parece un complemento del libro Push the wall, el libro autobiográfico de Frank Miller. O igual no un complemento, porque propone contar más o menos la misma historia en un formato más atractivo para los nuevos públicos a los que la lectura no les resulte atractiva. Lo cual es una idea un poco extraña, porque los fans de Frank Miller a la fuerza son lectores de comics.

Miller plantea su libro como una especie de manual de creatividad en el que da a los futuros artistas que quieren entrar en el mundo del comic las claves que a él le ayudaron a triunfar, que pasan entre otros muchos aspectos por ser fiel a uno mismo. En lo relativo a la creación de comics, el libro da más detalles y son mucho más interesantes que lo que vemos en este documental. Que se queda en la superficie, siendo eso si mucho más visual.

Este documental se centra en hacer un repaso a su vida utilizando múltiples imágenes de visitas de Miller a convenciones por todo el mundo en los últimos 10-15 años. Incluida la exposición en el Louvre en que expusieron páginas suyas. Además de extensas entrevistas realizadas a Miller a lo largo de un largo periodo de tiempo, que resultan super interesante incluso aunque en algunos momentos repita cosas que ya expone en el libro, el documental es un regalo para los fans porque entrevista también, o usa videos de archivo, a profesionales del mundo del comic como Neal Adams, Jim Shooter, Klaus Janson o John Romita Jr., hablan de Miller y de su experiencia de trabajar con él. Esto consigue que el documental sea super dinámico, al aparecer decenas a profesionales del mundo del comic. Ver a Bill Sienkiewicz comentar Elektra Assassin, por ejemplo, o a Walter Simonson de los años en que compartió estudio con Miller, son un regalo absoluto. Y como estose ejemplos hay un puñado.

El documental hace también un gran repaso a las películas creadas a partir del trabajo de Miller. Empezando por la influencia que Miller ha tenido en varias generaciones de autores de Batman de comic y en las películas. Se detiene mucho con Sin City, ofreciendo escenas de making-off que conectan el comic con las películas. Y lo mismo para 300. Añadiendo además entrevistas a Robert Rodríguez, Jessica Alba o Zack Snyder, entre otros. Y frente al libro, el documental no oculta el fracaso monumental que fue la película The Spirit dirigida por Miller, que sufrió entre otros problemas que el público se había cansado de las películas «tipo Sin City».

Otra de las cosas que me gustan mucho de este documental es que Miller no oculta su problema con el alcohol y que es un alcohólico. De hecho, se dice específicamente que el documental nace a partir de una situación en la que Miller estuvo a punto de morir, un momento que supuso un cambio radical en la vida de Miller, tras lo cual el genio de Vermont volvió a disfrutar de la vida.

Por contra, si hay algo que no me gustó es que no se comenta apenas nada del Batman Year One que hizo con David Mazzucchelli. Ni del Daredevil Born Again, que pueden ser dos de los mejores comics de Miller. Desde luego, de los que más me gustan a mi. Cierto es que no los dibujó, pero es llamativo que aparezca Chris Claremont para hablar del comic de Lobezno y Mazzucchelli casi no sea ni nombrado. Me parece muy raro, pensando en que luego si aparecen numerosos artistas que han trabajado con Miller empezando por Dave Gibbons o Geoff Darrow, entre otros.

Una vez comento esto que no me gustó, lo cierto es que American Genius es magia pura para un fan de Miller como yo. El documental tiene una duración de 110 minutos es una maravilla tras otra, como cuando pude ponerle cara a Joëlle Jones. Si eres un fan de los comics de Miller, este es un documental imprescindible que no te puedes perder.

Comparto el trailer de este documental:

Frank Miller American Genius es un excelente documental imprescindible para todos los fans del maestro Miller.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

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Crítica de Push the wall de Frank Miller

La guinda a mi viaje a Edimburgo fue conseguir una copia firmada de Push the wall: My life, drawing and the art of storytelling de Frank Miller, un libro en el que el maestro habla de su vida, sus influencias y el proceso creativo que le ha convertido en un icono del comic mainstream USA. Un libro imprescindible para los amantes de los comics de Miller.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

CONOCES A BATMAN.

¿PERO CONOCES A FRANK MILLER?

En Push the Wall, Frank Miller narra la creación de sus obras más emblemáticas, como Sin City, 300, Ronin, Daredevil, Wolverine y, sobre todo, Batman: El regreso del Caballero Oscuro, que, junto con Batman: Año Uno, sirvió de base para todas las adaptaciones cinematográficas y animadas de Batman de los últimos cuarenta años.

Miller revela cómo consiguió sus primeras oportunidades, cómo volcó su propia vida en sus personajes de oscuro realismo, cómo luchó contra la censura de los cómics a principios de la década de 1980 y cómo introdujo la narrativa al estilo manga entre los lectores estadounidenses una década antes de que el anime y el manga populares comenzaran a abrirse paso en la cultura pop. Miller transformó la forma de contar historias en los cómics y así es como lo hizo.

Push the Wall es una clase magistral sobre el arte de contar historias y una mirada íntima a la mente y la vida de un genio creativo. Con más de una docena de ilustraciones, seleccionadas de momentos clave de la obra de Miller y organizadas en torno a las dieciséis lecciones que más significaron para él, este libro nos descubre al hombre que hay detrás de algunas de las historias más emocionantes de nuestra época.

Frank Miller (Olney, Maryland, 1957) es uno de los talentos creativos fundamentales de los años 80 y 90 que impulsó el mundo del comic USA a nuevos niveles de calidad y originalidad. Trabajó en Daredevil entre 1979 y 1983, una etapa que le catapultó a la fama y en la que pasó de ser sólo dibujante a autor completo., y en la que creó a Elektra y a los villanos de La Mano. Volvió a Daredevil en 1986, para Daredevil: Born Again, la historia definitiva del personaje junto al dibujante David Mazzuchelli. Posteriormente, redefinió a Batman con la miniserie Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1986) y Batman: Año Uno (1987), de nuevo con David Mazzuchelli.

Miller también escribió series de creación propia al margen de las grandes franquicias de superhéroes: Ronin (1983-1984), Sin City (1991-1992), 300 (1998), Give me liberty (1990-2007) con Dave Gibbons, Hard Boiled (1990-1992) con Geoff Darrow. Como respuesta a los ataques a Nueva York del 9/11, Miller creó Holy Terror (2011), su obra más polémica.

La trayectoria cinematográfica de Miller incluye la redacción de los guiones de RoboCop 2 y RoboCop 3, compartir la dirección con Robert Rodríguez en Sin City y Sin City: Una dama por la que matar, producir la película 300 y dirigir la adaptación cinematográfica de The Spirit. Sin City obtuvo una nominación a la Palma de Oro.

Los cómics de «Sin City» han obtenido numerosos premios, entre ellos dos premios Harvey a la «Mejor obra gráfica original» en 1998 y a la «Mejor serie en curso» en 1996; y seis premios Eisner, entre los que se incluyen los de «Mejor guionista y dibujante», «Mejor reedición de novela gráfica», «Mejor dibujante», «Mejor diseñador de portadas», «Mejor serie limitada» y «Mejor relato corto». En 2015, Miller fue incluido en el Salón de la Fama de los Premios Will Eisner por su trayectoria profesional y sus contribuciones al sector.

Frank Miller es un icono del mundo del comic USA. Tiene demasiados comics que son obras maestras absolutas que redefinieron de una manera u otra la forma en que se realizaban los comics en los años 80 y 90. Hay muchos autores que tienen una gran obra que merece el reconocimiento absoluto de medio. Jeff Smith con Bone, Stan Sakai con Usagi Yojimbo, Bryan Lee O’Malley y su Scott Pilgrim, Paul Chadwick con Concrete. Además de Daredevil y Batman, Miller creó Ronin, Sin City, 300, Give me liberty, entre otras. Qué barbaridad.

Además, la obra de Miller ayudó a cambiar la forma en que el público en general percibía a los comics. Medio creativo que nunca fue únicamente «para niños» pero que necesitaba el empuje creativo que Miller, Alan Moore y tantos otros generaron en los años 80. Calificado a si mismo como «libertario», Miller ha sido una firme defensor contra la censura en los comics, ayudando y financiando al Comic Book Legal Defense Fund.

En sus últimos años, tengo que reconocer que no conecto con la obra de Miller. Pero eso no significa que no valore todo lo que nos ha dado a los amantes del noveno arte. Por eso la compra y lectura de este libro era obligada. Y la he disfrutado de principio a fin.

Quizá lo más llamativo de Push the wall es que no es una biografía al uso, ya que Miller está más interesado en compartir lo que para él son los aspectos más interesantes de su forma de contar historias. Sobre todo en los capítulos iniciales si habla en bastante profundidad de su vida en Vermont antes de mudarse a Nueva York para ser un profesional de los comics, y sus primeros años en los que sufrió hambre y penurias hasta que Neal Adams empezó a ayudarle corrigiéndole de forma dura, para luego conseguirle los primeros trabajos pagados antes de empezar a trabajar para Marvel. De alguna manera, Miller afirma que este libro es la forma de reparar lo que Adams hizo por él, al transmitir sus conocimientos a la siguiente generación de artistas.

Miller habla de la creación sus obras más populares, y es super interesante. Por ejemplo sus conversaciones con Jenette Khan (Editora en Jefe de DC), a la que pidió para Ronin además de libertad creativa, mejorar la impresión, el tipo de papel y el color. Miller estaba obsesionado con el comic europeo y querí crear una obra que pudiera mirarles de tu a tu. Pensando en que Ronin lleva reimprimiéndose a lo largo de todos estos años, diría que lo consiguió. Incluso a pesar de que Ronin en su momento fue considerada un fracaso de ventas, al no alcanzar las cifras esperadas. En perspectiva, Miller no sólo creó un trabajo super icónico que era arriesgado e innovador, abrió la puerta a la mejora de la calidad de un medio que hasta ese momento era impreso de la forma más barata y cutre posible.

Pero casi es más interesante leer las partes personales en las que habla de los artistas que le influyeron, algo a lo que dedica una gran parte de este libro. También me flipa como la apertura en Nueva York en 1981 de la tienda de Forbidden Planet le abrió las puertas a Miller y a sus amigos y colaboradores de estudio, al mundo del comic europeo y japonés. Descubrir a Moebius o el Akira de Katsuhiro Otomo, por no hablar del Lone Wolf & Cub de Kazuo Koike y Goseki Kojima le volaron la cabeza a Miller.

En el libro habla también de su paso por Hollywood y del rodaje de Robocop 2, película de la que Miller escribió el guion y que sufrió múltiples reescrituras y cambios sobre la marcha. Miller habla en positivo de esta experiencia, entendiendo el aspecto colaborativo del mundo del cine y aceptando que todas las presiones y cambios que le pedían eran una forma de enseñanza de cómo moverse en ese mundo. También se extiende en el rodaje de Sin City con Robert Rodríguez, a pesar de que Miller creó Sin City con la idea que era una obra única que no podía ser adapatada a otros medios. Se equivocaba. La energía contagiosa de Robert Rodríguez, que luchó para que Miller fuera acreditado como co-director, y la colaboración con los actores marcó también a Miller.

Todo lo que nos cuenta Miller es super interesante. Me ha encantado. Y quizá el único pero que le puedo poner es que el libro tiene apenas 200 páginas y se lee en un suspiro. Apenas una sentada. Y te das cuenta que Miller deja grandes huecos en su vida novelada. Por ejemplo, si explica en un par de líneas que su paso por California le puso en contacto con lo mejor y lo peor del mundo del cine, y acabó convertido en un alcohólico que abusó de las drogas, el sexo y todo lo que nos podamos imaginar. Durante años me he preguntado los motivos por los que su apariencia es tan delgada y frágil, apareciendo casi encorvado en sus apariciones, y el libro no acaba de aclarar los motivos. Dentro que sí dice explícitamente que sus años en Hollywood fueron un exceso de alcohol y drogas.

Miller habla de Robocop 2, pero no comenta nada de Robocop 3, cuyo guion también es suyo. E imagino que lo hizo porque cobró un gran cheque con muchos ceros, pero hubiera estado bien que al menos hubiera hecho una mención al respecto. Miller comenta que se convirtió en director único con la película de The Spirit. Pero no comenta nada sobre el tremendo fracaso que fue la película o que usó una tecnología que el público ya consideraba obsoleta.

Tampoco habla de su divorcio con Lynn Varley, de la que ni siquiera dice que fue su esposa y a la que sólo nombra creativamente, llenándola de halagos. Imagino que sucedió en estos años convulsos y llenos de excesos de Miller, pero igual hubiera sido más valiente reconocer sus fracasos personales. Dentro que este libro no va tanto del aspecto personal de Miller, sino en cómo su vida y sus enseñanzas le dieron las herramientas para crear sus comics más populares. De alguna manera, este libro no va de la vida de Miller, sino de su proceso creativo y su obra más importante.

Me encanta que Miller se considere antes de nada un contador de historias, y todas sus enseñanzas pasen primero de todo por contar una historia de forma clara y entendible para los lectores. También la idea de tomar riesgos creativos y de aprender de las equivocaciones, pero siempre buscando la excelencia mediante la creación de una personalidad única.

Me hubiera gustado que Miller hubiera escrito otras 200 páginas, pero el grueso de su impulso creativo si está perfectamente reflejado en este libro. También todas las figuras cuyo trabajo han influido en Miller, incluso aunque en realidad no se aprecien en las páginas de sus trabajos.

Push the wall es una obra de lectura obligada para todos los fans de Frank Miller. El disfrute ha sido máximo.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

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Crítica de 300 de Zack Snyder

Tras Amanecer de los muertos, Zack Snyder dirigió 300, película de 2007 basado en el increíble comic de Frank Miller y Lynn Varley. Una película que hoy en día sigue siendo espectacular y que inició la conexión de Snyder con el mundo del comic.

PUNTUACIÓN: 8/10

Adaptación del cómic de Frank Miller (autor del cómic ‘Sin City’) sobre la famosa batalla de las Termópilas (480 a.C.). El objetivo de Jerjes, emperador de Persia, era la conquista de Grecia, lo que desencadenó las Guerras Médicas. Dada la gravedad de la situación, el rey Leónidas de Esparta (Gerard Butler) y 300 espartanos se enfrentaron a un ejército persa que era inmensamente superior. (FILMAFFINITY)

300 sigue siendo una película casi perfecta que traslada a imagen real la poderosa e impactante novela gráfica de Frank Miller y Lynn Varley. Además, la película es también claramente deudora de Sin City (2005), la película de Robert Rodríguez y Frank Miller adaptando el histórico comic de género negro de Miller que copió literalmente las viñetas del comic a imagen real. El increíble éxito de taquilla de Sin City abrió la puerta a que en este caso Warner se animara a producir la adaptación de otro comic de Miller, utilizando el mismo concepto visual. Y acertaron, porque a partir de un presupuesto de 70 millones de dólares, la película recaudó más de 450 millones en todo el mundo.

Para adaptar la novela gráfica, los productores contaron con Oscar Luna Barrera, Kurt Johnstad, Michael Gordon y el propio Zack Snyder para escribir el guión. Snyder fue contratado en 2004, nada más terminar Amanecer de los muertos, y precisamente había intentado hacerse con los derechos de la obra de Miller, por lo que se lanzó para venderse como director cuando se enteró que el productor Gianni Nunnari se había hecho con los derechosos. La película cuenta con un diseño de producción de James Bissell, una fotografía de Larry Fong, montaje de William Hoy y música de Tyler Bates, cumpliendo todos con nota ante el desafío que se les planteó.

Gerald Butler se fue directo al estrellato gracias a Leonidas. Compone un portento de carisma, potencia física y vocal y frases lapidarias que ya es parte de la historia del cine. Junto a él, tenemos a Lena Headey como la Reina Gorgo, Rodrigo Santoro como el rey persa Jerjes I, David Wenham y Michael Fassbender como los guerreros espartanos Dilios y Stelios, y Dominic West como el traicionero senador Theron.

Me impresiona la forma en que Snyder recrea las viñetas directamente a la película. Visualmente Snyder triunfa. Las cosas como son. Las batallas, los planos y la iluminación, las coreografías, todo es un acierto en la película. La vuelvo a ver y me flipa saber que todo fue rodado con croma, lo que significa un portento visual. Esto en si mismo ya vende la película y hace que merezca la pena el revisonado.

Frente a la corrección formal de Amanecer de los muertos, Zack Snyder en 300 encuentra la conjunción planetaria perfecta para mostrar los que van a ser sus señas de identidad posterior. A partir de la potencia de las imágenes de Frank Miller que Snyder recrea literalmente, empezamos a ver planos en cámara lenta, imágenes siempre buscando el máximo efectismo y unas estupendas y sangrientas escenas de acción que buscan apabullar al ojo del espectador. Gustará más o menos, pero es indudable que Snyder tiene una voz propia que ha ido ampliando película a película.

Entendiendo el motivo del añadido, me sobra el subargumento de la reina Gorgo que no estaba en la novela gráfica de Miller, pero Lena Headey tiene tanto carisma que no solo no molesta, se disfruta mucho. Es cierto que no son el único añadido, dado que hay varios combates contra un Rinoceronte o un hombre gigante monstruoso que tampoco aparecen en el comic, pero en mi opinión estos son elementos que hacen que los combates no resulten repetitivos y redundantes, ayudando a que la experiencia cinematográfica sea aún mejor.

Y es que 300 ofrece una experiencia única. La música de Tyler Bates, la potencia de las imágenes y una duración de casi dos horas que termina en un final que creo que es perfecto, todo colabora en que el visionado haya sido una autentica chulada.

La película es ante todo una historia de acción de entretenimiento. NO es, ni pretende ser, una clase de historia o filosofía, sino que simplemente es una película acción adaptación de un comic creado por un autor norteamericanos basado en hechos históricos acaecidos en otro continente y otra cultura. Alucino como aún hoy en día sigo leyendo comentarios sobre que la película hace apología de una cultura, la espartana, violenta y sangrienta que no aporta valores positivos «democráticos», lo cual es una soberana tontería cuando hablamos de una cultura que vivió hace más de 2000 años.

Además, el compendio de frases lapidaria de Leonidas siguen creando una «macho-movie» bestial que ya forman parte de la historia del cine, y también carne de meme: «This is Sparta» «Give Them Nothing… But take from Them Everything», «Our arrows will blot out the sun! -Then we will fight in the shade», «Prepare for Glory» y, por supuesto «Tonight, we dine in hell!». Entiendo que esta masculinidad extrema de los espartanos no encaja con la moda políticamente correcta y la sororidad femenina que se impone en nuestra sociedad actual, pero ver la película tras varios años reconozco que me ha dejado gritando… AU, AU, AU!!!

Como digo, 300 es lo que es. No es una película para gente que no le guste el cine de acción, pero para todos los fans el disfrute sigue siendo monumental. Todos los demás, abstenerse.

Comparto el trailer de la película:

300 es, junto a Amanecer de los muertos, las dos mejores película de Zack Snyder, si tienes ocasión no lo dudes y regálate el visionado de ambas.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Give Me Liberty de Frank Miller y Dave Gibbons (Dark Horse Comics – Norma Editorial)

Comienzo el mes de diciembre recordando Give Me Liberty, el comic de Frank Miller y Dave Gibbons publicado por Dark Horse Comics, en España Norma Editorial, ganador de un Premio Eisner que 30 años después de su publicación se mantiene de plena vigencia y se muestra casi como visionaria de lo que iba a ser la realidad de nuestros días.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

En los años noventa, Frank Miller y Dave Gibbons se unieron para revolucionar las bases de la ciencia ficción con GIVE ME LIBERTY, una historia que muestra un mundo distópico y posible, peligrosamente parecido al nuestro, donde la frontera que separa la libertad y la esclavitud es casi invisible. Premio Eisner 1991 a la mejor serie Limitada.

Para muchos, la explosión del comic independiente americano mainstream tuvo lugar en 1992 con el nacimiento de Image Comics y la publicación de comics como Youngblood, Savage Dragon, Spawn o Wild C.A.T.s. Sin embargo, la realidad es que varios años antes editoriales como Dark Horse Comics empezaron a disputar la atención de los principales profesionales de la industria, publicando comics exitosos que abrieron la puerta a que otros autores se plantearan la posibilidad de realizar comics de creación propia alejados de Marvel o DC.

Give Me Liberty es un claro ejemplo de esta tendencia. Publicado en 1990 en Estados Unidos, fue el primer trabajo en el ámbito independiente de Miller tras sus obras maestras The Dark Knight (1986), Daredevil: Born Again (1986) y Batman: Año Uno (1987). Lo mismo para Gibbons, que venía de dibujar Watchmen (1986-87) y Batman: La Broma Asesina (1988), ambas con Alan Moore.

Miller había salido rebotado de DC Comics tras una disputa sobre tarifas y lo que Miller entendía que era una ataque contra la libertad de los autores, y declaró que a partir de ese momento se concentraría en desarrollar comics de creación propia sobre los que conservaría los derechos de la obra. Para ello, la recién fundada Dark Horse Comics de Mike Richardson, creada en 1986, resultó ser el espacio perfecto. Junto a Give Me Liberty, en 1990 Miller empezó la publicación de Hard Boiled con Geoff Darrow, a las que continuaron Sin City en 1991, Big Guy and Rusty the Boy Robot de nuevo con Darrow en 1995 o la también mítica 300 en 1998.

David Chester Gibbons es un artista y escritor británico, nacido en Londres en 1949. Profesional de amplísima experiencia, empezó a trabajar en el medio en 1977 en series británicas como 2000AD y Doctor Who para Marvel U.K., antes de dar el salto a DC Comics en 1982, donde fue sobre todo conocido por su Green Lantern junto a Len Wein, la etapa en la que conocí al personaje y me enamoré de su lore. En 1985, Gibbons colaboró con Alan Moore, con el que ya había trabajado en Inglaterra, en el icónico Annual nº11 “Para el hombre que lo tenía todo”, al que siguió la ya mítica Watchmen.

Merece la pena comentar que mientras Miller rompió con DC durante esos años y se centró en los comics de creación propia, Gibbons siguió colaborando con la editorial, hasta el punto que la publicación de este Give Me Liberty coincidió en el tiempo con su miniserie World´s Finest, de la que fue escritor colaborando con Steve Rude. Gibbons también escribió en 1991 el primer crossover Batman vs Predator dibujado por los hermanos Kubert.

En su dilatada carrera, ha ganado entre otros los premios Inkpot Award de 1986 y Kirby en 1987, siendo incluido en Hall of Fame de los Premios Harvey en 1988.

Entrando en el comic en si, Give Me Liberty nació fruto de un encuentro de ambos autores en la San Diego Comicon de 1998, en un momento en que sobre todo Miller era lo más parecido a una estrella del rock dentro del mundo del comic. Y tampoco es que Gibbons se quedara corto, ya que su colaboración con Moore había producido dos de los comics más importantes e influyentes para la industria americana. Sin embargo, la colaboración se hizo esperar, tardando casi dos años en materializarse.

Give Me Liberty es una historia de aventuras ambientada en el futuro cercano -para la época- de 2009-2012 (aunque la protagonista Martha Washington nació en el inminente 1995). Un futuro cercano distópico con unos Estados Unidos al borde de la secesión, con numerosos desastres ecológicos por todo el mundo, en el que minorías raciales como los nativos americanos se encuentran al borde de la extinción, se inician guerras por motivos económicos y para acallar los problemas internos del pais y un presidente populista, Rexall, se perpetuó en el cargo más allá de los dos mandatos constitucionales. Elementos todos ellos que han acabado teniendo numerosas correspondencias con nuestro mundo de treinta años después.

Martha Washington es la personificación de víctima de discriminación en Estados Unidos, al ser mujer, afroamericana y nacida en un ghetto urbano de Chicago que para salir adelante sólo tiene la opción de alistarse en el ejército. La forma en que se levanta frente a todas las adversidades y rompe todas las barreras resulta realmente inspirador. Martha es la mujer definitiva, que hace lo mismo que un hombre, y a menudo incluso mejor, sin necesidad de envolverse en ninguna bandera reivindicativa de nada. En ese sentido Martha transmite también los valores americanos liberales ya que sólo hace lo que tiene que hacer sin plantearse valores superiores más allá de “hacer lo correcto”. Y por supuesto, no rendirse jamás.

Bajo el prisma del clásico lema de “show, don´t tell”, el futuro de Miller nos muestra un montón de situaciones terribles que el lector sabe interpretar sin necesidad que nadie nos venga a contar “mira que malo es el racismo, la destrucción del medio ambiente, etc…” como lamentablemente nos pasa en obras de comic, cine y televisión actuales que dejan de ser entretenimiento para convertirse en panfletos políticos infumables con la excusa de tratar temas “importantes”.

Give Me Liberty es junto a Watchmen, probablemente el mejor trabajo de Dave Gibbons de toda su carrera, que en este comic contó con la colaboración del colorista Robin Smith. Si en Watchmen el simbolismo y la potencia de sus imágenes, así como su composición, crearon momentos que ya son historia para el mundo del comic, en esta obra Gibbons saca el máximo partido a la mayor libertad que Miller le ofrece para narrar la historia, de forma que vemos una narrativa desatada que no está constreñida por la rígida estructura de 9 paneles establecida por Moore.

La narrativa de Gibbons es maravillosa como siempre, pero encuentro que el toque de humor negro y de ironía con que Miller adornaba su historia le permite ofrecer un catálogo de grandes momentos visuales junto a pequeños detalles de personajes que dan contexto a sus actos y motivaciones además de ofrecer elementos de humor, con el añadido de un diseño futurista genial, con detalles loquísimos como el Robot gigante de Fat-Burger o la representación de los Nazis-gays.

En todo caso, Miller no plantea Give Me Liberty como una ciencia ficción anticipatoria, sino que traslada y exagera en su comic elementos históricos que él estaba viviendo o había conocido a lo largo de su vida. Por ejemplo, la crisis del petróleo, el calentamiento global, la deforestación del Amazonas y el aumento del nivel de los océanos que inunda Nueva York son temas que surgieron ya en los años 70 y llevan en el ideario político de los partidos de izquierdas y verdes desde entonces. El presidente Rexall no anticipaba a Trump, aunque parezca mentira, sino que es una versión llevada al extremo de Ronald Reagan y su populismo. Al igual que el Presidente Howard Nissen que le sustituye nos sugiere claramente a Jimmy Carter, el presidente anterior a Reagan, y que resume los que parece Miller son los problemas históricos de los demócratas, que aunque tienen siempre la mejor de las intenciones, son «blandos» y acaban creando los mismos problemas que los republicanos o incluso peores.

Los paralelismos son clarísimos y nada sutiles, componiendo un cuadro en el que Miller critica mediante la exageración la historia reciente de los Estados Unidos de finales de los años 80. Sin embargo, justamente para evitar caer en el pastiche político, Miller y Gibbons plantean a partir de ahí una aventura super loca, entretenida y sin complejos, como si desde el primer momento quedara claro que para ellos lo primero y principal es entretener.

Para ello, Martha Washington tendrá que enfrentarse a un superior en el mando que es un blanco asqueroso machista y racista de buena familia con aspiraciones políticas, la amenaza de las grandes empresas cárnicas que buscan deforestar el amazonas, o unos nazis-gays que se hacen con el control de un satélite orbital que puede atacar cualquier blanco e la Tierra, incluida la Casa Blanca. Las situaciones suelen ser super over-the-top pero funcionan de maravilla gracias al tono irónico que Miller transmite a su historia y al extraordinario trabajo artístico de Gibbons.

Esto no quiere decir que el comic no tenga momentos dramáticos, ya que sobre todo en los dos primeros números hay un montón y consiguen ponerte el corazón en un puño. Además, la descripción que Gibbons hace del horror de la guerra y las secuelas que deja en los supervivientes me parece una barbaridad, con unas páginas con una fuerza expresiva alucinante.

El éxito de Give Me Liberty abrió las puertas a que Miller y Gibbons retomaran a Martha Washington en varias miniseries y especiales posteriores, que aunque entretenidas (algunas más que otras) carecieron de la fuerza de la obra original: Martha Washington goes to war (5 números, 1994), Happy birthday Martha Washington y Stranded in Space (2 one-shots de 1995), Martha Washington saves the world (3 números, 1997-98) y el especial Martha Washington dies (2007), cuyo título se explica solo.

Comparto las primera páginas del comic:

Si pensamos en los mejores comics de los años 90, Give Me Liberty sin duda es uno de ellos, y treinta años después su lectura mantuvo toda su fuerza, personalidad y sentido de la diversión y la locula. Un clásico con todas las letras que merece ser recuperado para los nuevos lectores.

PUNTUACIÓN: 9.5/10

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Robocop vs Terminator de Frank Miller y Walter Simonson (Dark Horse)

Estoy tan pendiente de la actualidad, del último estreno de cine y TV o de mi ración mensual de comics que nunca encuentro tiempo de sentarme y echar la vista atrás para disfrutar de algunos comics míticos de mi comiteca. Es por esto que estoy muy contento de iniciar una serie de reseñas de la editorial Dark Horse de finales de los 80 y principios de los 90, empezando por el maravilloso crossover Robocop vs Terminator de Frank Miller y Walter Simonson, publicado en 1992.

PUNTUACIÓN: MÍTICO

Frank Miller y Walter Simonson, dos de los mejores creadores de cómics enfrentan al robot asesino del futuro contra el policía cibernético definitivo en uno de los crossovers más famosos de la historia. Cuando el destino revela que la tecnología que construyó RoboCop conducirá a la creación de Skynet, Alex Murphy debe participar en una batalla contra el tiempo, la red informática asesina y los luchadores de la resistencia humana que quieren destruirlo.

Dark Horse Comics era una pequeña editorial fundada en 1986 por Mike Richardson, escritor y editor que empeñó todo el beneficio de su librería en Oregon para fundar su propia editorial. En las páginas de su antología Dark Horse Presents vieron la luz obras como Concrete de Paul Chadwick o Black Cross de Chris Warner. La apuesta de Richardson fue un éxito gracias a la expansión del mercado de las librerías especializadas de la época, y bajo su sello se editaron clásicos como el Hellboy de Mike Mignola o Sin City de Frank Miller, que vieron la luz por primera vez dentro del Dark Horse Presents.

En estos primeros años, Dark Horse fue creciendo poco a poco y se estaba labrando un nombre como una editorial pequeña de calidad centrada en dar voz a autores interesantes. Sin embargo, en 1988 Mike Richardson demostró tener un indudable sentido comercial al hacerse con la licencia para realizar comics de películas míticas de la ciencia ficción. Aliens (1988), Predador (1989) y el ya mítico Aliens vs Predator (1990) fueron los primeros de una una larga lista de comics superventas que convirtieron a Dark Horse en la tercera editorial más importante de los Estados Unidos, detrás de Marvel y DC Comics.

Tras el monumental éxito del Aliens vs Predator, Richardson y el editor de franquicias Randy Stradley buscaron la forma de repetir este éxito cruzando otras franquicias cinematográficas super populares, y la verdad es que la decisión de dar luz verde a esta miniserie Robocop vs Terminator, publicada en 1992, fue una jugada maestra.

Si había un autor el mundo del comic que en 1990 pudiera ser considerado una Rock-Star, ese era Frank Miller. Tras sus míticas etapas en Batman y Daredevil en los años 80, Miller se enzarzó en una lucha contra DC Comics ante lo que creía eran normas que coartaban su libertad como artista. Finalmente abandonó DC y Marvel y decidió publicar sus obras de creación propia en la emergente Dark Horse. En 1990 publicó Give Me Liberty con Dave Gibbons y Hard Boiled con Geoff Darrow, y Dark Horse presents empezó a publicación de Sin City en 1991.

En paralelo, Miller se mudó de Nueva York a California para probar suerte en Hollywood y la industria del cine, consiguiendo de hecho que sus guiones de Robocop 2 (1990, Irvin Kershner ) y Robocop 3 (1993, Fred Dekker ) llegaran a la gran pantalla. Aunque Miller quedó contento con la primera, la experiencia de Robocop 3 fue super decepcionante debido a los numerosos cambios que sufrió su guión a manos del director Fred Dekker, con el que Miller sin embargo reconoce que le unía una buena relación. Hasta tal punto quedó desencantado con la industria del cine que Miller no volvió hasta ya entrado el siglo XXI, cuando Robert Rodriguez le convenció para adaptar Sin City a la gran pantalla. De hecho, Rodríguez representaba la escena indy cinematográfica, no el establishment hollywoodiense.

Debido a la relación de Miller con Dark Horse y a haber escrito el guión de Robocop 2, Miller fue el primer y único escritor al que Richardson ofreció el trabajo. Fan declarado de ambas franquicias, antes a aceptar el encargo Miller tuvo que pensar en una historia personal que hiciera justicia a ambos universos y evitara caer en un tópico “Sarah Connor es perseguida por un nuevo Terminator y acaba en Detroit donde encuentra a RoboCop”. La idea de hacer que aquello que hace único a Murphy, la unión entre su cerebro e identidad humana y su programación robótica, pudiera ser el desencadenante de que Skynet tomara consciencia y lanzara su guerra contra la humanidad, es una idea sencilla pero que es fiel a ambos universos y me resulta genial.

Por su parte, Walter Simonson tampoco era ajeno al mundo de las adaptaciones de películas, ya que realizó en 1979 junto a Archie Goodwin la mítica adaptación al comic de Alien (Ridley Scott, 1979) que fue publicada por Heavy Metal.

Un año antes, en 1978, Simonson fundó Upstart Studios, probablemente uno de los estudios más chulos de la historia del comic americano junto a Jim Starlin, Howard Chaykin y Val Mayerik. Poco tiempo después, Frank Miller se unió al estudio cuando Starlin cambió de residencia, de forma que en los años que Simonson estaba creando Thor para Marvel, en la misma sala Miller estaba haciendo historia en Daredevil y Chaykin rompía moldes con American Flagg. De hecho, un hecho comentado por todas estas leyendas es que trabajar junto a otros autores y ver su trabajo les hacía esforzarse más para ser ellos mismos al menos igual de bueno que sus compañeros.

A pesar de compartir estudio y una gran amistad, curiosamente Robocop vs Terminator es la primera y única colaboración de ambos autores. Teniendo en cuenta que Miller y Simonson son ambos escritores e ilustradores, resulta muy interesante descubrir qué tal resultado tuvo su trabajo en equipo, y la verdad es que el resultado es insuperable.

 

Robocop vs Terminator es una miniserie de 4 números que es para mi la mejor continuación de Terminator 2 (James Cameron, 1991) y la primera RoboCop (Paul Verhoeven, 1987). De hecho, este comic es muchísimo mejor que todo lo que vino a continuación en ambas franquicias.

Un primer elemento a destacar de este comic es que tanto Miller como Simonson entienden desde el primer momento que este es un trabajo de encargo y que su objetivo primero y único es el de ofrecer un buen entretenimiento al lector. Y ambos consiguen un resultado extraordinario, con una historia de Miller que se siente en todo momento fiel a ambos universos y unas páginas de Simonson llenas de personalidad con un montón de momentazos icónicos para el recuerdo.

 

Simonson cuenta con su colaborador John Workman como rotulador, creando sus ya históricos efectos de sonido y una rotulación super característica, además de colores de Rachelle Menashe en los tres primeros números y Steve Oliff en el último.

Miller y Simonson colaboraron siguiendo el estilo Marvel: Simonson dibujaba a partir del argumento de Miller, que tras recibir las páginas de Walt escribía el guión definitivo con los textos para los bocadillos. Miller comenta que gracias a tener estilos gráficos tan diferentes, cada página de Simonson le ofrecía unas soluciones narrativas que le abrían nuevas opciones para narrar la historia de la mejor manera posible, y por su parte, Simonson comenta que para él desde el punto de vista creativo ésta es la forma de trabajo más satisfactoria para todos los creativos involucrados.

Ahora que los viajes en los tiempos han vuelto a ponerse de moda y películas como Vengadores Endgame y Tenet han jugado a crear una dinámica «más realista» respecto a películas clásicas como Regreso al futuro o la propia Terminator, resulta chulísimo volver a leer un comic que juega sin vergüenza ninguna a crear una historia en la que los hechos presentes afectan al futuro, hasta el punto de poderse borrar personajes o incluso líneas temporales enteras al cambiarse el pasado.

Dentro de que Miller plantea este comic como un gran blockbuster palomitero de acción non-stop, su historia cuenta con numerosos elementos super chulos, como la forma en que la voz en off cambia en función de si vemos las acciones de la humana XXX, de Murphy o de los Terminators, así como los numerosos  momentazos que encontramos en cada número para que Simonson se luzca.

Aunque es una historia dramática con el destino de la humanidad en juego, Miller encuentra la forma de añadir unos detalles de humor muy chulos aprovechando al robot ED209 de Robocop, aprovechando su escasa inteligencia y diseño tosco, que funcionan de maravilla y conectan con el tono cínico de la película de Paul Verhoeven.

Además de un montón de giros y sorpresas, la historia emplea de forma super interesante la repetición de viñetas y páginas enteras para resaltar que estamos ante una repetición del continuo espacio-temporal porque algún jugador intenta cambiar el pasado a su favor.

Simonson comenta que le costó encontrar el tono y que por eso el primer número es quizá el más flojo, con unas viñetas más abocetadas y estáticas de lo normal. Hecha esta pequeña salvedad, sus páginas me parecen una barbaridad, congelando siempre la imagen en el momento más icónico y narrando la historia de forma modélica, en la que pasan muchísimas cosas y en realidad hay pocas páginas para hacerlo.

Además, dentro de estar ante una obra de encargo, Miller y Simonson emplean todas sus energías para crear la historia definitiva para ambos mundos, ofreciendo un final super satisfactorio a ambos universos. De hecho, este final es de largo mucho mejor de lo que hemos ido viendo en las posteriores películas / reboots / remakes que hemos sufrido en los últimos años.

En resumen, este comic de Robocop vs Terminator posiblemente no invente nada, pero nos permite disfrutar de dos iconos del comic americano en plenitud creativa que sacaron el máximo partido a estos personajes del cine mejor que lo que hicieron los productores de Hollywood, creando una obra que 30 años después sigue siendo super disfrutable que ningún fan de estos personajes se debe perder.

PUNTUACIÓN: MÍTICO

 

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