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Crítica de Locke and Key temporada 1 (Netflix)

Locke and Key de Joe Hill y Gabriel Rodríguez en uno de mis comics favoritos del siglo XXI. Lamentablemente, el visionado de la primera temporada televisiva estrenada en Netflix convierte a esta serie en el último ejemplo de adaptación que queda como una ocasión perdida, una decepción que elimina todo lo que hacía especial el comic, desaprovechando el maravilloso potencial de la historia para convertirla en un drama adolescente de instituto genérico.

PUNTUACIÓN: 4/10

Después de la muerte de su padre, los tres hijos de la familia Locke regresan a la casa ancestral de su padre en Nueva Inglaterra para descubrir que están rodeados de magia que sólo ellos pueden ver y contra la que están destinados a pelear para terminar con los horrores que pueblan la ciudad de Matheson, Massachusetts. (FILMAFFINITY)

La adaptación televisiva de Locke and Key ha tenido una compleja vida hasta que hemos podido verla en Netflix. Alex Kurtzman y Robert Orci rodaron un primer piloto para Fox entre 2010-2011 que no consiguió luz verde para rodar la serie. Tras unos años intentando convertir la serie en películas, finalmente Kurtzman y Orci abandonaron el proyecto. En 2017, IDW la editorial que publicó el comic de Locke and Key puso en marcha un segundo intento para el canal de cable/online Hulu, con Carlton Cuse de Showrunner, Joe Hill de productor y supervisando los guiones y con Scott Derrickson (Doctor Strange) de productor y director del episodio piloto. Finalmente, Derrickson tuvo que abandonar el proyecto por problemas de agenda, rodando el piloto Andrés Muschiety (IT). La cosa pintaba bien, pero finalmente Hulu tampoco confirmó la serie.
Tras estos intentos, finalmente Netflix sí dio luz verde al proyecto en julio de 2018, manteniéndose Carlton Cuse como Showrunner junto a Meredith Averill y Aron Eli Coleite. Saber que Joe Hill mantenía labores de productor y que iba a escribir algún episodio hizo que mis expectativas estuvieran por todo lo alto. ¡Menudo chasco!!

Los diez episodios de esta primera temporada han sido dirigidos por Michael Morris, Tim Southam, Dawn Wilkinson, Mark Tonderai y Vincenzo Natali (Cube) los dos últimos. Joe Hill escribió junto a Aron Eli Coleite el guión del primero episodio que marca el tono de la serie, que cuenta con guiones de Carlton Cuse, Albert Torres, Meredith Averill y Elizabeth Ann Phang. Checco Varese, Tico Poulakakis y Colin Hoult son los directores de fotografía que realizan, como toda la serie, un mediocre y montonero trabajo de nivel televisivo. La música ha sido realizado por Torin Borrowdale, y hay que detacar (para mal) la terrible selección de canciones pop que tiene esta serie.

En lo relativo al mediocre y televisivo casting, Locke and Key está interpretada por Darby Stanchfield (Nina Locke, la madre de los niños), Connor Jessup (Tyler, el hijo mayor), Emilia Jones (Kinsey, la única hija de la familia), Griffin Gluck (Bode, el niño pequeño), Bill Heck (el padre fallecido Rendell, al que conoceremos mediantes flashbacks) y Aaron Ashmore (Duncan, hermano de Rendell y tío de los chavales).

Fuera de la familia Locke, tenemos a Laysla de Oliveira como Dodge, la Dama del Pozo y “villana” de la serie, Sherri Saum como Ellie Whedon amiga de instituto de Rendell y profesora de Tyler y Kinsey, Coby Bird como Rufus, hijo de Ellie con una discapacidad mental que trabaja cuidando la mansión Locke, Petrice Jones como Scot Cavendish, estudiante inglés del intituto que se hará amigo de Kinsey, y Felix Mallard como Lucas Caravaggio, el mejor amigo de Rendell en el instituto.

Si empiezo por lo positivo de esta serie, el diseño de producción tiene elementos geniales. La mansión Locke, la principal localización del comic, es clavada en su versión televisiva y consigue transmitir cierto malrollo y que cualquier cosa es posible dentro de sus paredes. También el acantilado y las cuevas junto al mar están muy bien representadas. En ese sentido, sobre todo en los primeros episodios hay escenas puntuales que son clavadas al comic y que son de largo lo mejor de la temporada. Sin embargo, a medida que la serie avanza y se separa del original, la cosa decae hasta niveles sonrojantes.

Aunque la serie cambia el orden en que Bode encuentra las llaves mágicas (primero en solitario y luego ya junto a sus hermanos) y su influencia en la trama, debo decir que excepto por algunos momentos puntuales que luego comentaré, en general me ha gustado la forma en que muestran las habilidades de cada llave.

Como positivo también comentaré las interpretaciones de Emilia Jones como Kinsey y Griffin Gluck como Bode, el pequeño de la familia. Kinsey muestra la confusión, el dolor de una adolescente que debe asumir la pérdida de su padre que se transforma en adolescente despreocupación, mientras que Bode es genial como un niño frustrado porque nadie le cree cuando empieza a descubrir la magia que rodea la mansión Locke, así como sus amenazas.

Y esto es todo lo positivo que puedo decir. Aunque la serie pudiera parecer muy fiel al comic en el apartado estético, es todo un espejismo. Esta versión de Locke and Key es un sucedáneo descafeinado que nada tiene que ver con la maravilla creada por Joe Hill y Gabriel Rodríguez en la editorial IDW. A pesar de algunos destellos puntuales, globalmente estamos ante una adaptación fallida porque se olvida del tono y todo lo que convirtió el comic en algo especial para convertirlo en una historia en la que todo es genérico y sin personalidad.

Una aclaración, no soy de los que me quejo de forma puntillosa de cualquier mínimo cambio respecto a la historia original, entiendo que cualquier adaptación implica inevitablemente cambios, y siempre que se mantenga el espíritu de la obra en principio me vale. De hecho, a pesar de los numerosos cambios, los dos o tres primeros episodios si consiguieron mantenerme interesado, a pesar de que algunas cosas no acababan de cuadrar. Pero seguí dándole el beneficio de la duda.

Pero el comic es una fantasía oscura centrada en una familia que tiene que asumir la pérdida de su padre y esposo, y en la que la muerte y temas escabrosos como las relaciones tóxicas o el abuso juegan un papel fundamental. Además, Joe Hill crea un puzzle maravilloso en la que todo, incluido el detalle más nimio y a priori insignificante, tiene su razón de ser y juega una función en la historia, haciendo que el final fuera perfecto y super satisfactorio.

No hay nada de eso en la serie de televisión. El primer pecado original es que los showrunners Carlton Cuse, Meredith Averill y Aron Eli Coleite eliminan cualquier elemento oscuro para transformarla en “family-friendly”. Hay por ejemplo unas muertes mostradas super explícitas en el comic que impactan precisamente por lo inesperadas que son que aquí directamente desaparecen. Pero obviamente eso sería un detalle sin importancia si la historia fuera la correcta, cosa que no es así.

Frente al núcleo del drama familiar, la serie traslada gran parte de la acción al instituto donde Tyler y Kinsey tienen aventurillas con sus nuevos amigos, van a fiestas y realizan actividades sin interés mientras usan las llaves por motivos egoístas, convirtiendo la serie en una serie adolescente del montón, ni siquiera una buena, con un montón de escenas redundantes que no aportan nada a la trama principal y que se sienten como autenticos “minutos de la basura” usando un término baloncestístico.

Una de las cosas buenas que me gustó de Lauren Schmidt Hissrich, la guionista y showrunner de The Witcher, es que desde el primer momento tenía claro que The Witcher NO era una serie planteada para gustar a todo el mundo, y de hecho pensaba que intentar algo así no tenía sentido. Cuse, Averill y Coleite obviamente no piensan igual porque parece que creyeron que quitando todos los elementos que pudieran resultar “conflictivos” conseguirían agradar a más gente, consiguiendo justo lo contrario.

Por poner un ejemplo no demasiado importante, la relación tóxica de Ellie y Lucas en el comic se construye a partir que Lucas ayuda a Ellie a matar a su anciana madre, que la mantenía atrapada en una relación tóxica de control. Este asesinato convierte a Ellie en una persona torturada y rota por dentro, lo que la hacía bastante interesante. Obviamente, nada de esto aparece en la serie de televisión, Ellie ayuda a Lucas básicamente porque fue su crush de instituto y a pesar de todos los años transcurridos no le ha podido olvidar. Sin más.

Pero además de que los cambios no mejoran lo ya publicado, es que la sensación de puzzle perfectamente diseñado también se pierde desde el primer momento, con un montón de situaciones que pasan porque si que luego no implican nada. Esto se convierte en un problema grande cuando compruebas que el final super satisfactorio del comic se lo cargan por la obsesión de alargar la historia para poder hacer una segunda temporada, que creo que ya está confirmada.

Aunque visualmente comentaba al principio que la mansión Locke y algunos detalles puntuales estaban bien, globalmente la serie es super plana con una preocupante falta de personalidad en todos los aspectos. Además, los efectos especiales cantan por todos lados, haciendo que escenas como las del plano astral o el ataque de las sombras del episodio 10 un mal chiste comparado con muchos video juegos actuales. Además, destacaría para mal la horrenda selección de canciones pop de la serie, que lamentablemente suenan en el peor momento y matan cualquier intento de conseguir una tensión dramática.

Y encima tenemos un problema enorme con el casting, de una calidad muy baja aún para el standard televisivo. Laysla de Oliveira como la Dama del Pozo Dodge puede ser fácilmente la peor y más terrible actuación de una actriz para un papel de “villana” que recuerdo en mucho tiempo, haciendo imposible que haya la menor sensación de peligro. Diría lo mismo de Felix Mallard como Lucas Caravaggio, pero él casi no sale en esta primera temporada, por lo que su impacto negativo queda amortiguado.

Connor Jessup como Tyler es otro error de casting de libro. En el comic Tyler es un chaval claramente traumatizado que se muestra además incómodo con su gran fuerza y su enorme cuerpo, que no le sirvió en el momento clave para salvar a su padre. Para la serie han elegido al típico guaperas de serie de instituto y el guión le convierte no en alguien traumatizado, sino en un estúpido que se dedica a caer mal a todo el mundo, además de la mala interpretación. Seguiría con el resto de actores, pero no quiero que esta reseña se haya eterna. Globalmente, el casting de esta serie ha sido un desastre completo.

Suelo dejar que cada cual juzgue por si mismo y se haga una opinión de una película,s erie, comic, etc… Pero en este caso, si has leído el comic original, de verdad te sugiero que NO veas esta serie porque te vas a llevar un chasco importante. E incluso sin haber leído el comic, varios compañeros de trabajo y mi mujer califican la serie de “entretenidilla sin más”, tan visible como rápidamente olvidable. Esto se está convirtiendo en un peligroso problema en lo referido a Netflix, cuya política obviamente está centrada en la cantidad antes que en la calidad, provocando que las series decepcionantes sean muchas más que las de HBO o Amazon.

Comparto el trailer de esta serie:

Antes los fans de los comics nos alegrábamos cuando se confirmaba que se iba a hacer una serie de televisión. Parece claro que si es Netflix, habrá que echarse a temblar y dudar incluso si merece la pena verla. Que pena.

PUNTUACIÓN: 4/10

 

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Crítica de Hap and Leonard temporada 2 (Prime Video)

En los últimos años los espectadores estamos siendo inundados por tal cantidad de estrenos que es inevitable que series perfectamente visionables que encajan con nuestros gustos acaben pasando completamente desapercibidas. Este es el caso de Hap and Leonard, serie ambientada en el Sur rural de los años 80 creada por Nick Damici y Jim Mickle adaptando las novelas de Joe R. Lansdale, cuya segunda temporada he disfrutado en Prime Video.

PUNTUACIÓN: 7/10

Tras encontrar Leonard (Michael Kenneth Williams) unos huesos de niño debajo de la casa de su tío fallecido, él y Hap (James Purefoy) son acusados de un crimen que no han cometido, y solo la inteligente abogada Florida Grange podrá ayudarles a arreglar las cosas. Este cuerpo es sólo la punta del iceberg de decenas de niños afroamericanos desaparecidos durante años en la comarca que nunca importaron a la policía.

Esta segunda temporada adapta la novela “Mucho Mojo” de Joe R. Lansdale y vuelve a contar con Nick Damici y Jim Mickle como showrunners. La serie fue estrenada por la cadena Sundance TV de la AMC, y en España yo vi la primera temporada en Movistar+ y ahora esta segunda en Prime Video. La serie contó con una tercera y última temporada estrenada en 2018, que seguro veré en los próximos meses.

Hap and Leonard es un thriller ambientado en el Sur rural de los años 80 y está inspirada en la serie de novelas escritas por Joe R. Lansdale.

Hap Collins (interpretado por James Purefoy) es el típico perdedor de buen corazón al que la vida ha golpeado fuerte una y otra vez. Fue a la cárcel por negarse a ir a la guerra de Vietnam y malvive con trabajos esporádicos. Es tranquilo y callado, e intenta vivir con la conciencia tranquila.

Leonard Pine (Michael Kenneth Williams) es su opuesto, un gay de color ¡en el Texas de los 80!, que sí fue a luchar a Vietnam y tiene graves problemas para controlar su ira. Aunque son como el ying y el yang o el perro y el gato, harán lo que sea el uno por el otro.

Mientras que la primera temporada estuvo centrada en Hap, esta segunda está centrada en Leonard, su familia y el entorno en el que creció. En esta segunda temporada conoceremos a la inteligente y guapa abogada Florida Grange (Tiffany Mack), que comparte con Leonard su mismo origen humilde, además del Sheriff Valentine Otis, interpretado por el veterano Brian Dennehy.

Esta segunda temporada fue emitida originalmente en marzo – abril de 2017. Los showrunners Nick Damici y Jim Mickle escribieron el primer y último episodio, mientras que el propio Joe R. Lansdale escribió el quinto. El resto de episodios fueron escritos por Abe Sylvia, John Wirth y Ione Lloyd. Los 6 episodios de esta segunda temporada fueron dirigidos por Maurice Marable, Abe Sylvia y Tim Southam. Aunque la acción se ambienta en la ficticia localidad de LaBorde en East Texas, realmente se rodó en localizaciones de Baton Rouge, Lousiana.

Hap and Leonard es una serie estupenda apoyado por unos excelentes personajes con los que conectas desde el primer minuto y un misterio bien escrito que va a provocar un montón de giros y sorpresas durante cada uno de los seis episodios. El dolor que transmite Michael Kenneth Williams al personaje de Leonard me parece una pasada y como en el Sur el hacer lo correcto no evita que la policía te vea como un culpable… si eres afroamericano. Junto a Williams, James Purefoy comparte un química perfecta de dos personas super diferentes que no tendrían por qué ser amigos, pero la vida les reunió y ahora nada les separará.

Me ha gustado también la forma en que están construidos los secundarios, incluso los más pequeños, siempre mostrando mucha humanidad, aunque no necesariamente cualidades positivas.

Al estar la serie ambientada en los años 80, el racismo es casi un personaje más de la serie, y sobre todo hay un momento  dolorosamente real con la aparición del KKK. Y sin embargo, muchas veces los crímenes más horribles tienen su origen demasiado cerca de casa…

Este tipo de noir de perdedores es el tipo de historias con las que conecto sin problemas. Sin embargo, flipo al comprobar que ví la primera temporada ¡hace tres años! Y aun quedando contento, por una cosa o por otra (entre ellas darme de baja de Movistar donde empecé a verla) no me había puesto con esta segunda. Dado el satisfactorio final y que ahora ya la tengo localizada en Prime Video, no tengo duda que en unas semanas me pondré de nuevo con ella.

Comparto el trailer de esta segunda temporada:

Hap & Leonard me parece un estupendo noir de perdedores que intentan hacer lo correcto en un ambiente que golpea siempre a las buenas personas. Además de una buena historia, hace un buen comentario del racismo y la dificultad que los afroamericanos tenían -y tienen- para (sobre)vivir en el sur.

PUNTUACIÓN: 7/10

 

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Crítica de Titanes temporada 2 (Netflix)

Netflix ha estrenado este mes de enero la segunda temporada de Titanes, serie basada en los personajes de DC Comics, una temporada horrible que echa por tierra su notable primera parte.

PUNTUACIÓN: 4/10

La llegada a la Tierra de Trigon, el padre de Rachel (Raven), amenaza con destruir a la humanidad. Será necesaria la unión de los Titanes del pasado Dick Grayson, Donna Troy, Hawk & Dove y del presente Gar Logan (Beast Boy) y Kory (Starfire), así como del nuevo Robin Jason Todd para intentar detener esta amenaza. Y si sobreviven, el mercenario asesino a sueldo Deathstroke les espera para recordarles sus pecados del pasado.

Creada por Greg Berlanti, Akiva Goldsman y Geoff Johns, Titanes está basada en los famosos personajes de comic de DC Comics, que disfrutaron de una edad de oro en los años 80 gracias a la recordada etapa de Marv Wolfman y George Perez. En 2003 la serie tuvo una nueva vida gracias a la excelente etapa de Geoff Johns y Mike McKone, lo que demuestra que Johns era la persona perfecta para transmitir la esencia del grupo a la pequeña pantalla. A estos tres showrunners se les unen como productores ejecutivos para esta segunda temporada Sarah Schechter, Greg Walker y John Fawcett.

El reparto de Tinas está formado por Brenton Thwaites como Dick Grayson / Robin / Nightwing, Anna Diop como Koriand’r / Kory Anders, Teagan Croft como Rachel Roth. Ryan Potter como Gar Logan. Curran Walters como Jason Todd / Robin, Conor Leslie como Donna Troy / Wonder Girl, Minka Kelly como Dawn Granger / Dove y Alan Ritchson como Hank Hall / Hawk. En esta segunda temporada tenemos las nuevas incorporaciones Esai Morales como Slade Wilson / Deathstroke, Chelsea Zhang como Rose Wilson (hije de Slade) y Joshua Orpin como Sujeto 13 / Conner Kent.

Para esta segunda temporada, además del episodio inicial, tenemos de guionistas de los otros doce capítulos a Richard Hatem, Tom Pabst, Jamie Gorenberg, Bianca Sams, Bryan Edward Hill, Kate McCarthy, Jeffrey David Thomas, Jamie Gorenberg y Greg Walker. Diez escritores para doce episodios, casi uno diferente por capítulo.

A pesar de mis dudas iniciales, la primera temporada de Titanes me gustó mucho y fue una de las mejores series basadas en personajes de comic estrenada el 2019. Y eso aún a pesar de un final de temporada anticlimático provocado porque el último episodio que debía cerrar la serie fue retrasado para poder mejorar los efectos especiales de Trigon, dejando el season-ending completamente colgado. Por tanto el primer episodio de esta segunda temporada es realmente el último de la primera que da cierre (de momento) a la historia de Trigon, además de presentar el nuevo status-quo para los personajes en San Francisco. Como último episodio de temporada, este 2×01 escrito por los showrunners Akiva Goldsman, Geoff Johns y Greg Walker funciona de maravilla. Como primer episodio de una temporada… no tanto.

Y es que no voy a perder tiempo: Esta segunda temporada tiene un guión de vergüenza ajena. De hecho, me ha parecido tan mala que te recomiendo que si viste la primera temporada y te gustó, que veas sólo este primer episodio que da cierre al arco y no sigas.

La primera temporada tuvo un guión orgánico que fue presentando poco a poco a cada personaje y justificaba su unión, creando situaciones lógicas que molaban y que llevaban a otras situaciones interesantes. Las relaciones eran naturales y su evolución era gradual, con sorpresas mayúsculas como Hawk & Dove cuyos personajes me parecieron más interesantes y complejos que sus contrapartidas comiqueras.

Todo eso se va al traste en esta temporada. Los personajes repiten diálogos expositivos redundantes y se ven inmersos en situaciones que no son interesantes y, lo que es peor, absurdas cuando piensas en ellas. En este sentido, Hawk & Dove son ilustrativos de los problemas de esta temporada, pasando de ser de lo mejor de la temporada a literalmente unos figurantes que están allí sin nada interesante que hacer o decir la mayor parte del tiempo.

La temporada gira sobre el enfrentamiento contra Deathstroke, que fue el causante de la separación de la primera alineación de los Titanes cinco años antes. Los motivos que provocaron dicha separación y su influencia en el presente son el hilo conductor de la temporada, junto a la persecución que Cadmus (empresa de investigación científica propiedad de Lex Luthor) organiza para recuperar al fugado Conner (Superboy) al final de la primera temporada.

Lo malo es que ambas historias son ridículas hasta decir basta, con especial énfasis en las acciones situadas en el pasado. Es un guión absurdo en el que todo vale que genera sorpresas vacías que no se sostienen si se analizan un segundo.

A CONTINUACIÓN, SPOILERS:

Los Titanes Robin, Wonder Girl, Hawk y Dove se separaron cinco años atrás, algo terrible pasó que provocó que incluso 5 años después estos los héroes no se sintieran bien cuando tuvieron que volver a reunirse. ¿Qué fue tan terrible para separar al grupo?

En esta segunda temporada conoceremos brevemente a Garth / Aqualad (interpretado por Drew Van Acker ) miembro de los Titanes y sobrino de Aquaman, y a Jericho Wilson (interpretado por Chella Man), hijo de Slade con poderes de posesión a otras personas cuando hace contacto visual con ellos.

El giro dramático viene provocado porque Deathstroke mata a Aqualad en el mismo episodio en que es presentado. Ante la imposibilidad de encontrarle y llevarle ante la justicia, Dick Grayson se hace amigo de Jericho con la esperanza de que les conduzca hasta su padre.  Tras matar Deathstroke a varias amazonas amigas de Donna y dejarla malherida y derrotada, Deathstroke mata accidentalmente a Jericho cuando este se interpone entre él y Dick, que fue solo a enfrentarse a Slade.

Así que, cinco años antes Deathstroke mató a Aqualad, un miembro fundador de los Titanes, a Jericho un adolescente que se hizo amigo de ellos y quería usar sus poderes para el bien, además de a las amazonas familia de Donna, a la que deja malherida. ¿Cual fue la reacción de los Titanes? Obviamente, aumentarían sus esfuerzos para detener a Deathtroke para detener este reguero de muertos, ¿no?

Pues no, en un giro increíblemente estúpido, los Titanes SE SEPARAN culpando a Dick de la muerte de Jericho!!! Dejando libre a Slade para que continúe matando con total impunidad. Con amigos como estos, no quiero pensar cómo trataran a sus enemigos. Y como Dick se sigue sintiendo culpable cinco años más tarde, agrede a unos policías para ser enviado a prisión, porque cree que merece estar entre rejas para pagar por este pecado, a pesar que ¡fue Deathstroke quien mató a Jericho!!! Buff!! Estoy escribiendo esto y me pongo malo pensando en lo estúpido y sin sentido que es todo. Y ni siquiera entré a comentar nada de Cadmus, otra historia increíblemente tonta.

Los villanos Deathstoke, el Doctor Luz y la doctora Mercy Graves de Cadmus sinceramente no están a la altura. El traje de Deathstroke es feo, aunque no tanto como el horroroso Doctor Luz, pero lo peor es la interpretación de Esai Morales como Slade Wilson, muy floja y sin intensidad dramática ninguna. Como villano, Deathstroke en los comics es uno de los principales «bad-ass» de DC Comics, un villano realmente aterrador que es el prototipo de humano mejorado perfecto. En la serie, nunca da sensación de peligro o amenaza imponente.

Si los villanos y el guión son malos, encima las coreografías de acción son también super flojas, como si tuvieran menos presupuesto o tiempo para rodarlas, o les diera igual que estas escenas lucieran peor que en la anterior temporada. Todas son peleas genéricas en las que todos los héroes luchan igual y hacen giros molones ante la cámara que no tienen demasiado sentido.

No se me ocurren cosas buenas que comentar, incluso la sorpresa de conocer el nuevo traje de Nightwing me resbala ya que aparte que no es todo lo chulo que podría ser, el viaje interior de Dick para llegar a esta nueva identidad es de lo más ridículo de toda la temporada. Al igual que la aparición por fin de Bruce Wayne / Batman, que queda super intrascendente durante todos los episodios.

Comparto el trailer de esta segunda temporada:

La segunda temporada de Titanes ha sido una tremenda decepción que hace que seguro no vea la tercera temporada. Una serie que ha bajado tantísimo el nivel que parece mentira que sea la misma serie.

PUNTUACIÓN: 4/10

 

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Crítica de Drácula de Mark Gatiss y Steven Moffat (Netflix)

Una de las últimas sorpresas del 2019 fue el estreno en Netflix de una nueva versión de Drácula creada por Mark Gatiss y Steven Moffat para la BBC. Lamento decir que es el último ejemplo de que hacer algo diferente no significa que automáticamente vaya a ser mejor.

PUNTUACIÓN: 4,5/10

Miniserie de TV de 3 episodios inspirada en el personaje de Bram Stoker, el conde Drácula, que viaja de Transilvania a Londres para saciar su sed de sangre.

Los creadores de Sherlock Mark Gatiss y Steven Moffat se atreven con otro mito de la novela victoriana con esta nueva versión del Conde Drácula, que aunque toma algunos elementos de la novela de Bram Stoker, realmente está más influenciada por las películas de la Hammer.

Esta miniserie de tres episodios ha sido dirigida por Paul McGuigan, Jonny Campbell y Damon Thomas, contando con fotografía de Toby Slater Ling y música de David Arnold y Michael Price. Imitando a Sherlock, cada uno de los tres episodios, The Rules of the Beast , Blood Vessel y The Dark Compass es un episodio autónomo que, a pesar de los estupendos cliffhangers con los que termina cada episodio, cuenta tres historias completamente diferentes, tanto en la ambientación como en el momento cronológico.

El gran descubrimiento de esta serie es la magnética y carismática presencia del actor danés Claes Bang como el Conde Drácula, además de Dolly Wells como la hermana Agatha Van Helsing, que hace las veces de irónico e inteligente contrapunto del amoral conde.

“Quien no arriesga no gana”. Ese es el dicho que hemos oído en múltiples ocasiones. Lo que no nos han contado es la segunda parte, que sería algo así como “si arriesgas y fallas, el batacazo es monumental”. Ese sería el resumen de mi impresión de esta serie, que para mi supone un importante FAIL creativo.

El primer hecho diferencial de este Dracula es que NO es una adaptación de la obra de Bram Stoker, sino que utiliza elementos de la novela para jugar con ellos y presentar una historia diferente a la que estamos acostumbrados del Conde Drácula. Entiendo que como creadores puede resultar más atractivo dar un nuevo punto de vista a una historia mega conocida que adaptarla literalmente, ya que las comparaciones serían inevitables. Esto en si mismo no es malo, claro, pero cuando vas a ofrecer algo diferente, o ofreces algo mucho mejor o tu serie no va a convencer. El Drácula de Gatiss y Moffat tiene más elementos de unión con el Christopher Lee de la Hammer que con la novela de Stoker. Este Drácula es carismático, violento y amoral, muy alejado del mito romántico de la obra maestra de la versión de Francis Ford Coppola.

Gatiss y Moffat en muchos aspectos parecen más interesados en pervertir los mitos del vampirismo y en darles una explicación “racional” que sorprenda al espectador que en crear una historia potente para esta nueva versión. En mi opinión, este es su gran problema. Además, la serie va de más a menos, y mientras los dos primeros episodios consiguieron captar mi interés cambiando la historia clásica y dejando claro que esto iba a ir en una dirección diferente, en el último se despeñan ellos solos por el desfiladero con un momentos de momentos anticlimáticos y sorpresas sin punch.

Entiendo que tener libertad creativa puede significar libertad para meter la pata, algo que hemos visto en numerosas películas estrenadas en Netflix en el pasado, y es una pena que esta serie haya sido tan decepcionante.

Comparto el trailer de esta serie:

La nueva versión de Drácula de la BBC ha supuesto una gran decepción y sin duda una ocasión perdida. Entiendo que los amantes del género de terror con un toque diferente puede que encuentren suficientes elementos diferentes que les llamen la atención, pero en mi caso no me ha convencido.

PUNTUACIÓN: 4,5/10

 

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Crítica de Community temporada 4 (Prime Video)

Cuando estás en lo más alto, solo se puede ir hacia abajo, como atestigua el visionado de la cuarta temporada de Community, disponible en Prime Video.

PUNTUACIÓN: 7/10

La cuarta temporada de Community estrenada en 2013 gira en torno al último año de universidad de nuestros protagonistas, que les obligará a plantearse preguntas sobre la amistad y sus futuros personales y profesionales.

Tras tres temporadas maravillosas, con la cuarta temporada llegó el escándalo a Community. Su creador Dan Harmon fue despedido por la productora Sony Pictures Televisión por su carácter irritable y despótico, lo que provocó una autentica revolución. Sony contrató a David Guarascio y Moses Port como nuevos showrunners de la serie, que vieron como otros nombres importantes de la serie abandonaban esta cuarta temporada. Los hermanos Russo abandonaron la serie para trabajar en Capitán América: Winter Soldier, y también se marcharon los productores Neil Goldman y Garrett Donovan, así como los guionistas Chris McKenna y Dino Stamatopoulos. A pesar de estas importantes bajas, la mayoría de escritores de la writers-room continuo en la serie.

En lo referido a la dirección, Tristram Shapeero, director habitual de la serie se encargó de dirigir más de la mitad de episodios de esta temporada, siendo además ascendido a productor ejecutivo. Temporada que fue reducida a casi la mitad, ya que pasó de los 23 o 24 episodios a tan solo 13. Y para terminar de complicar las cosas, una bronca en el set de rodaje provocó el abandono ¿despido? de Chevi Chase, que desaparecíó práctimente sin explicación en varios episodios.

Además de Chase como el abuelo Pierce Hawthorne, en esta temporada volvemos a ver a toda la banda formada por el egoista y ligón Jeff Winger (Joel McHale), la activista y estudiante de psicología Britta Perry (Gillian Jacobs), la madre del grupo Shirley Bennet (Yvette Nicole Brown), la inocente Annie Edison (Alison Brie), y el dúo dinámico formado por Abed Nadir (Danny Pudi9 y Troy Barnes (Donald Glover). Además de por supuesto el Decano Craig Pelton (Jim Rash) y Ben Chang / Kevis (Ken Jeong).

Y después de todas estas movidas, seguro que os estáis peguntando qué tal salió la temporada. Porque al final eso es lo importante. No lo que sucede tras las bambalinas, sino si el resultado final fue el que debería ser. Hay múltiples ejemplos de producciones en los que el director o los actores no se podían ni ver y el resultado son obras maestras.

Lamentablemente, no es el caso. Esta cuarta temporada de Community sigue siendo divertida y el carisma y la química de los personajes sigue estando ahí, pero se ha perdido algo, esa maravillosa locura que la convirtió en la “biblia” para el frikismo, homenajeando a Dungeons&Dragons en un episodio o a Doctor Who en otro, consiguiendo que todo encaje de forma maravillosa, algo que probablemente sólo Harmon podía transmitir a la serie.

No me malinterpretéis, vista como comedia sin más esta tercera temporada ofrece buenos momentos e incluso en los últimos tres episodios parece que consiguen recrear la magia de la anterior temporada. Pero siendo los mismos en pantalla, notas que no es lo mismo. Junto a estos últimos tres episodios, diría el 4×06 “Advanced Documentary Filmmaking” es el otro gran episodio de esta temporada, en el que Abed realiza un documental a partir de la búsqueda del grupo para averiguar si la “Changnesia” del señor Chang / Kevin es real o una nueva trampa del antiguo profesor.

Comparto el trailer de esta cuarta temporada:

 

Tras tres temporadas miticas, Community bajó a la tierra en esta cuarta temporada. Aunque sigue siendo una comedia muy divertida, la magia se perdió, quien sabe si para siempre. Tendré que empezar a ver la quinta temporada a comprobar si la serie consiguió remontar.

PUNTUACIÓN: 7/10

 

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