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Crítica de Shorta. El peso de la ley, de Frederik Louis Hviid y Anders Ølholm

Como no sólo de cine norteamericano vive el cinéfilo, me he animado a ver Shorta, película danesa escrita y dirigida por Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid que busca ser un análisis de las tensiones raciales que vive el pais y de la brutalidad policial, convertido en un thriller que no deja un segundo de respiro.

PUNTUACIÓN: 7/10

En la Dinamarca actual, una sociedad multicultural, segregada y llena de tensiones raciales, Talib, un joven inmigrante de segunda generación, entra en coma estando bajo tutela policial. Mientras los agentes de policía Høyer y Andersen hacen una patrulla rutinaria por el gueto de Svalegarden se anuncia la muerte del joven, noticia que desata violentos disturbios en el vecindario, que se convierte en un infierno sin salida para los agentes.

Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid son los guionistas y directores de este thriller de acción danes, que supone una más que interesante opera prima. La película cuenta con fotografía de Jacob Møller, montaje de Anders Albjerg Kristiansen y música de Martin Dirkov.

Los agentes Høyer y Andersen protagonistas están interpretados por los impecables Jacob Lohmann y Simon Sears, mientras que  Tarek Zayat es el joven Amos Al-Shami detenido por los policías que se convertirá en protagonista involuntario de su intento de sobrevivir a una noche infernal.

Shorta es una palabra árabe que significa «policía». En ese sentido, se nota que una parte importante de la idea de esta película, que en cierto sentido bebe de clásicos como Asalto a la comisaría del Distrito 13 o Training day, es mostrar como cada una de las partes enfrentadas, policías por un lado y jóvenes de origen árabe por otro, ven al contrario, con una visión repleta de prejuicios que hace que el conflicto sea inevitable.

La película empieza con la policía danesa haciendo un «George Floyd» a un joven árabe. Así que no hay duda que para los directores, el racismo y la violencia policial son un problema importante también en Dinamarca. A partir de ahí, los protagonistas son dos policías casi opuestos que fueron testigos del hecho y tienen que testificar ante asuntos internos, lo que nos anticipa una clásica historia de «poli bueno, poli malo». Su patrulla por el gueto de Svalegarden cuando se anuncia la muerte del joven les convierte en víctimas inesperadas de la violencia, y todo gira en su intento de sobrevivir a la noche en este ambiente hostil. Sin embargo, los directores nos muestran también que no son víctimas inocentes, porque justo antes estaban sobrepasándose con un joven al que acaban deteniendo.

Lo mejor de la película es el ritmo frenético de Shorta y los estallidos de violencia que siempre llegan de forma inesperada y brutal. Para ser su opera prima, los directores Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid se muestran como unos directores depurados que saben crear una tensión creciente alrededor de los protagonistas. La película dura 110 minutos que son como un polvorín que sabes que está a punto de estallar pero no sabes cuando lo hará.

Otro elemento interesante es la forma en que los directores hacen que las situaciones obliguen a los policías a evaluar sus valores morales y cómo no existen soluciones perfectas en blanco y negro, ya que todo está envuelto en unos grises cada vez más complejos. En el ghetto hay gente violenta y también criminales que aprovechan la menor oportunidad para generar el caos. Pero también hay gente buena que ayudan a desconocidos porque es lo correcto. Las interpretaciones de todo el reparto me han gustado mucho y creo que dan con la clave justa de lo que la película necesita, en especial los policías interpretados por Jacob Lohmann y Simon Sears cuya vida entera y conjunto de valores morales van a ser puestos a prueba de forma brutal durante esta noche de ira.

En general, Shorta me parece una película super interesante que realiza un estupendo ejercicio de estilo que sin duda va a hacer que, si ellos quieren, los grandes estudios les ofrezcan la posibilidad de dar el salto al cine de gran presupuesto americano. Sin embargo, hay varios elementos que no me han cuadrado de la película. A partir de ahora entro en territorio de spoilers ¡estáis avisados!

Por un lado, la ubicación espacial de la acción me ha generado un problema a lo largo del visionado. Se nos dice que los policías están en un ghetto del que sólo hay una salida, pero eso no acaba de ser del todo cierto al final. Además, los protagonistas de mueven de forma aleatoria y no llegas a entender las motivaciones de lo que están haciendo y de donde se dirigen, más allá de ponerse a salvo. Que por ejemplo se dirijan a casa de Amos y una vez allí, literalmente justo fuera del portal se marchen resulta totalmente incomprensible e hizo que saltara mi suspensión de credulidad. Sobre todo cuando justo a continuación Andersen sí llegue a casa de la madre de Amos de forma milagrosa (y totalmente tramposa, también hay que decirlo). Entendiendo a la vez que si llegan, se acaba la película, la ejecución de ambas escenas me parece tramposa y ridícula. Al igual que un intento de rescate de la policía con un coche sin marcas que es abortado por jóvenes con cócteles molotov. Mi sensación fue otra vez de una escena mal construida, ya que si están casi fuera del ghetto y los policías van armados, ¿por qué no tiran para allí, no están casi saliendo del barrio? Como digo, al no tener claro la ubicación, varios momentos no me acabaron de funcionar.

Dentro que como thriller de tensión me ha gustado, cuando pienso en el mensaje que nos lanzan, no podría estar más en contra. Y es que justo tras el Black Lives Matter!, tenemos un película en la que claramente los policías son los villanos y los que provocan los acontecimientos, de forma que de alguna manera se merecen lo que les va a pasar. Usar un «George Floyd» para matar a un detenido me parece chabacano y simplista a más no poder, y me rompe con la idea de una película «seria» que intente tocar un tema complejo de forma ¿imparcial?, al trazar los directores su línea en la arena y colocar a la policía en el lado de los malos desde el minuto cero.

De hecho, a pesar del «poli bueno – poli malo» al que aludía antes, la película nos indica que el poli bueno también es malo, porque podría haber actuado y no lo hizo, quedándose mirando mientras alguien moría. Aunque los protagonistas sí tienen valores morales diferentes y ahí si hay un elemento interesante, el shock final no acaba de impactar (a mi no me impactó) porque está telegrafiado y se ve a la legua, ya que refuerza el tema central que TODA la policía es el problema. Que justo una película europea se una a la campaña «Defund the police» que vimos en Estados Unidos en 2020 me parece una lección peligrosísima, ya que tengo claro que siendo imperfecta, la policía es la mejor (única) opción de las sociedades modernas de defender el orden y la paz. Sin policía, lo que habría es aún más caos, vandalismo y destrucción, y yo no quiero eso y me sorprende ver una película que nos traiga ese mensaje aunque sea en segundo plano, al dejar claro que toda la policía es mala, racista y violenta.

Comparto el trailer de la película:

Shorta es un buen thriller que me parece super interesante incluso reconociendo que no he encajado con algunos elementos de la historia que entran en los conceptos de lo políticamente correcto actual.

PUNTUACIÓN: 7/10

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Crítica de Expediente Warren. Obligado por el demonio de Michael Chaves

La serie de Expediente Warren se ha convertido en un clásico del género de terror. Y aunque se nota que James Wan no dirige esta tercera parte “Obligado por el demonio”, su director Michael Chaves realiza un estupendo trabajo con esta película inspirada en hechos reales.

PUNTUACIÓN: 7,5/10

Ambientada en los años 80. Ed y Lorraine Warren deberán afrontar un nuevo caso que se presenta con un hombre, Arne Cheyne Johnson, que es acusado de asesinato tras haber sido poseído por un demonio.

Expediente Warren. Obligado por el demonio es la tercera parte de The Conjuring (en el original) y la octava de la serie de películas de terror producidas por James Wan, contando las tres películas Annabelle, La Monja y La Maldición de La Llorona. Y precisamente en la producción de La Llorona, James Wan conoció al director Michael Chaves, y supo que era el hombre adecuado para sustituirle en la dirección de esta película, dado que renunció a dirigir esta película debido a sus múltiples compromisos.

Obligado por el demonio cuenta con un guión de David Leslie Johnson-McGoldrick a partir de una historia de Johnson-McGoldrick y James Wan, basados en el juicio de Arne Cheyenne Johnson, un juicio por asesinato que tuvo lugar en Connecticut en 1981, además de El diablo en Connecticut, un libro sobre el juicio escrito por Gerald Brittle. Con fotografía de Michael Burgess y música de Joseph Bishara, la película se rodó en Georgia durante el verano de 2019, siendo otra de tantas películas con fecha de estreno de 2020 que vieron su estreno pospuesto un año.

El principal interés de la película viene de ver a Patrick Wilson y Vera Farmiga retomando sus papeles del matrimonio Ed y Lorraine Warren, una pareja de investigadores paranormales que adquirieron cierta notoriedad en los Estados Unidos en los años 70 y 80. La película cuenta también con Ruairi O’Connor, Sarah Catherine Hook y Julian Hilliard como protagonistas.

Expediente Warren. Obligado por el demonio es una película estupenda que mezcla el terror sobrenatural con el thriller criminal, lo que supone un soplo de aire fresco frente a las típicas películas de casas encantadas y serial-killers que suelen dominar el género de terror. Hay que reconocer que Michael Chaves no es James Wan y en ese sentido obviamente se nota la falta de la brillantez visual de Wan, pero dicho esto que resulta obvio, Chaves me gusta mucho como director y creo que realiza un despliegue visual super interesante, manteniendo un ritmo modélico en todo el metraje con una tensión creciente que me ha dejado super satisfecho del visionado. En concreto, la escena en la morgue me ha parecido brillante y me sugiere que Chaves va a tener un futuro que ya es presente super prometedor dentro del género.

Como en las dos anteriores partes de The Conjuring, Obligado por el demonio cuelga el cartel de “inspirado en hechos reales”, aunque está claro que a partir de unos hechos más o menos concretos, toda la investigación y el thriller que vemos entran en el ámbito de la invención más fantástica. Sin embargo, el tono y la forma en que se plantea esta historia como una investigación de un crimen en la que hay que encontrar pruebas físicas de la existencia de fuerzas sobrenaturales me ha parecido que crea un marco muy interesante a partir del cual James Wan y New Line Cinema van a poder hacer todas las películas que quieran, repplicando en el ámbito sobrenatural las series de Misión imposible o 007, cada película con un caso.

Patrick Wilson y Vera Farmiga me chiflan como actores. Su carisma y la química que comparten en pantalla me parece alucinante y, como comentaba antes, para mi es de largo lo mejor de la película. Gracias a su presencia, merece la pena ver este nuevo Expediente Warren, incluso reconociendo que quizá esta tercera parte no es tan potente tampoco en lo relativo a la historia comparada con las dos películas previas dirigidas por James Wan. Pero no pasa nada, incluso siendo así la humanidad y el carisma de esta pareja me compensa el precio de la entrada. Junto a ellos, considero que el resto del reparto también está muy bien y cumplen con las exigencias de este tipo de cine.

Otro elemento que me ha gustado además de las interpretaciones y el apartado visual de Chaves es la edición de sonido, que me provocó un par de sustos increíbles al comienzo de la película. Quizá es debido a que no veo todo el terror que se estrena y me limito a ver ¿8/10 películas al año? De este género, pero he visto una película más que digna que sabe el tipo de entretenimiento que es y nos lo ofrece sin duda.

Realmente no tengo un pero hacia esta película. Quizá lo único es que como digo dentro que me ha gustado no me voló la cabeza como sí consiguió James Wan en las dos películas precedentes. Pero dado que eso ya estaba claro desde antes de entrar en la sala, no es algo que me haya molestado en modo alguno ni me haya impedido disfrutar de la historia. De hecho, creo completamente que es un película super recomendable.

Comparto el trailer de la película:

Expediente Warren. Obligado por el demonio es una estupenda película que confirma que la saga de la familia Warren en el cine está más viva que nunca y puede dura lo que les apetezca a sus productores.

Puntuación: 7,5/10

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Crítica de Xtremo de Daniel Benmayor (Netflix)

Recientemente descubrí que Netflix había producido una película española de acción y artes marciales y mi alegría no podía ser mayor. El resultado: Xtremo de Daniel Benmayor, protagonizada por el especialista en artes marciales Teo García.

PUNTUACIÓN: 4/10

Dos años después de que su hermano Lucero traicionara a la familia, matando a su padre y dejándolo casi muerto, Max está listo para ejecutar su venganza. Su plan, cuidadosamente planeado, se adelanta cuando los hombres de Lucero regresan a la ciudad.

Hablar de Xtremo es hablar de un sueño hecho realidad. Y es que Teo García, experto en artes marciales y gran fan del cine de acción de los años 70, 80 y 90 siempre tuvo el sueño de hacer una película en España que pudiera mirar de tú a tú a las producciones americanas. «Yo tenía el sueño de hacer una película de acción en España. Era prácticamente imposible pero los sueños se cumplen y hoy tenemos para el cine español Xtremo, así que espero que la disfrutéis como nosotros hemos disfrutado haciéndola.«

Tras rodar un primer teaser casero, contactó con Oscar Jaenada, al que convenció para unirse a su proyecto imposible. Juntos rodaron un corto de 15 minutos que se presentó en Sitges 2006. Tras años moviendo el proyecto y frente al consenso que un película de acción de esas características era más factible de hacerse en inglés y en Estados Unidos, García contactó con Vicente Canales y Showrunner Films, que a su vez supieron vender el proyecto a Netflix y Juan Vaine, que dieron luz verde a esta película y aceptaron costear su producción.

Para la película, los productores contrataron a Daniel Benmayor, un director y productor español que previo a Xtremo había dirigido Paintball (2009), Bruc. El desafío (2010), Algo concreto (2013) y Tracers (2015). A partir de una idea original de Teo García y Genaro Rodríguez, el guión definitivo de la película viene de la mano de Iván Ledesma. Xtremo fue rodada en Barcelona durante siete semanas a finales de 2019 y cuenta con fotografía de Juanmi Azpiroz, montaje de Peter Amundson y música de Lucas Vidal.

Junto al mencionado Teo García como Max, la película cuenta con Óscar Jaenada como Lucero, el malvado hermanastro de Max y jefe mafioso, Óscar Casas (hermano de Mario) como Leo, un adolescente que trapichea con drogas y se hará amigo de Max, Andrea Duro como María, hermanastra de Lucero y Max, Sergio Peris-Mencheta como Finito, un asesino sanguinario a sueldo de Lucero, y por último Alberto Jo Lee como Chul Moo, experto en artes marciales guardaespaldas de Lucero.

Empezando con los elementos positivos, hay que aplaudir que se haya dado luz ver a una película de acción y artes marciales de gran presupuesto en España. O al menos, con un presupuesto importante. Esto en sí mismo creo que es un gran logro y le deseo la mayor de las suertes a Xtremo en su recorrido comercial en Netflix, para que con suerte Netflix y otras productoras se animen a hacer más películas de acción en nuestro país, un género que hasta hace nada era un género tabú en España.

Como comentaba antes, Xtremo es una película en la que se nota que Netflix ha invertido mucho dinero, algo que se ve y se siente en todos los valores de producción, sus localizaciones en exteriores de Barcelona, no tener la película confinada en 3 almacenes interiores donde sucede toda la acción, y en general en la calidad de las imágenes que en ningún momento transmite una sensación “cutre” como pasa en muchas películas de serie B. Es motivo de alegría cuando un equipo humano cuenta con todos los recursos necesarios para llevar a la realidad un proyecto soñado durante tanto tiempo.

Y en este sentido, la propia historia personal de Teo García y ver como su sueño de toda una vida se ha hecho realidad me parece algo super chulo, y me alegro muchísimo por él. Por su fe en el proyecto y por no abandonar tras tantos años en los que parecía un sueño imposible. Que esto haya pasado en España con una película de artes marciales realmente es una pasada.

Entrando en la película en si, me han gustado bastante tres de las escenas de acción de combates cuerpo a cuerpo, que confirman que se puede hacer buen cine de acción en España si se cuenta con un presupuesto adecuado. También hubieron momentos puntuales en otras coreografías de acción con detalles chulos que merecen destacarse.

En general, Xtremo creo que es una película que gustará a los fanáticos del cine de artes marciales y me gusta que sea tan honesta y que tenga tan claro el tipo de entretenimiento que ofrece, planteando una historia de acción de forma seria alejada del humor y sin el tono irónico o macarra que tan acostumbrados nos tiene el cine español cuando se trata de mostrar cine de género.

Llegados a este punto, y alegrándome como digo que esta película se haya hecho y deseando que tenga mucho éxito y sirva de lanzamiento de más películas de acción Made in Spain, no sabéis lo mucho que me fastidiar tener que explicar lo mala que es y la decepción que ha supuesto su visionado.

Voy a intentar razonar mi punto de vista de la forma más respetuosa posible, porque como digo me alegro por la historia personal de Teo García, y lo que ello supone para cientos ¿miles? de fans del cine de acción y artes marciales en España. Pero la realidad es que, reconociendo que sin García no habría película, él no da la talla como protagonista de una película de estas características. Incluso descontando que no es buen actor, algo comprensible y entendible y que tampoco es un elemento fundamental en este tipo de historias, me parece que quedando claro que tiene los conocimientos en artes marciales necesarios, no tiene el carisma ni la presencia que un action-hero debe tener. Y lamentablemente esto lastra la mayoría de escenas porque García no acaba de quedar bien en pantalla enfrentado a oponentes mucho más grandes que él. Y es una pena, y se que es un elemento tremendamente subjetivo, pero a mi no me funciona.

Otro problema fundamental es que en lo relativo a las escenas de acción, Xtremo está terriblemente mal rodada, y además de mal rodada, peor montada. Siendo como es García fan del cine de artes marciales se me hace incomprensible ver escenas de acción en las que por ejemplo proyecciones que deberían ser mostradas en un único plano, en el 99% de las escenas el montaje atroz fuerza tres y cuarto cortes que quedan cutre y destacan que no han sabido rodar la escena como se debería. Puestos a imitar el cine de acción bueno, ¿por qué no imitar a Gareth Edwards, por poner un nombre actual? No, se fueron a lo peor del cine montonero de acción, al Pitof de Catwoman con miles de cortes en todas las escenas para tapar lo mala que era Halle Berry en la película.

Los fans del cine de acción lo que queremos es The Raid o John Wick, largas coreografías en las que si es posible todo sucede en un único plano y en las que se ve perfectamente lo que hacen los luchadores. Con el desastroso montaje de Xtremo en la mayoría de los casos no se ve bien lo que pasa, ni sabemos donde están los personajes y cómo se mueven en el espacio, siendo la mayoría de escenas una decepción tremenda. Y eso en las peleas hombre a hombre, en los tiroteos la sensación es aún peor, con unas nulas coreografías y unos personajes que aparecen y desaparecen de escena. Como digo, hay ¿tres? escenas de acción buenas en Xtremo, la inicial en casa de Max, la pelea entre él y Chul Moo o la pelea final con katanas, pero el resto me muestran a un director y a un montador que realmente no deben ser fans del cine de artes marciales y entregan unos trabajos montoneros siendo generosos. Y si lo son, desde luego no saben trasladarlo a su labor profesional.

La historia original de Teo García y Genaro Rodríguez sobre un típica historia de venganza tras una traición no inventa nada, pero bien realizada podía dar un entretenimiento más que correcto. Sin embargo, el guión de Iván Ledesma también me parece muy malo. No sólo en la historia en si y los hechos que desencadenan que la acción pase de A a B y luego a C, sino especialmente con unos diálogos terribles que son de juzgado de guardia.

Sobre el reparto, Oscar Jaenada y Sergio Peris-Mencheta se nota que se lo han pasado genial y plantean sus personajes como un over-the-top que me encaja con el 99% de los villanos de serie B, por lo que entiendo que realizan un buen trabajo y cumplen con lo que se espera de ellos. En especial Jaenada, con un look yakuza que me mola mucho y con un carisma que él si transmite cuando aparece en pantalla.

Eso en lo positivo, porque reconozco que todo lo relacionado con el personaje interpretado por Óscar Casas (hermano de Mario) me parece terrible. Recordando lo que comentaba antes de Netflix y la necesidad de buscar que la película sea vista por la mayor cantidad de gente posible, puedo entender su fichaje para captar al público más joven, pero la interpretación de Casas no me ha gustado nada, partiendo que lo que el guión hace hacer al personaje es de juzgado de guardia, ya que aparte de ser un pegote que frena la acción principal, tiene un rollo poligonero chungo impostado que queda fatal.

Andrea Duro hace lo que puede con el papel de hija a la que le matan al padre y busca venganza, confinada al estereotipo actual de mujer inteligente y dura que puede vencer a cualquiera. Lo malo es que realmente ella no transmite eso en pantalla en ningún momento porque se nota que no controla de verdad las artes marciales. No quiero entrar en lo embarazoso de su momento ducha, pero si destacar que debido a la obligación que ella protagonice el climax final junto a Max, la escena que se supone clave de la película está rodada con teleobjetivo desde la otra parte de la sala para que no se vea lo evidente, que ella no sabe luchar. Un climax que probablemente sea la peor escena de la película y que provocó un bajón en el visionado.

Este detalle relacionado al climax pone de relevancia un elemento triste. Y es que parece que o bien el director y productores no saben del género que están tratándolo, o sabiéndolo les da igual que una escena (varias) queden cutres pudiéndolas hacer bien. Y en este caso no es un tema de dinero, sino de habilidad o de interés en hacer el mejor producto posible. Y esto si que es imperdonable.

He leído a gente opinar como positivo que la película busca emular el espíritu de las películas de la Canon de los 80, películas con las que García y otros miembros del equipo crecieron. Yo también. Y no se si es el caso pero, recuerdo que la Canon hizo las películas que pudo con presupuestos absurdamente bajos, lo cual no es el caso de Xtremo, que desde luego podía y debía aspirar a algo mejor. Y puestos a imitar cosas, ¿en serio me dices que copias lo malo y lo cutre involuntario a propósito pudiendo contar lo mismo mejor con una sensibilidad del siglo XXI? Ostras, si es el caso, me parece que se están tirando piedras en su propio tejado y no están quedando demasiado bien. Como decía antes, que alguien plantee copiar cine de artes marciales y en lugar de mirar The Raid se ponga el ejemplo de El Guerrero Americano me parece flipante. A no ser, claro, que esa sea la excusa a posteriori que plantean tras escuchar algunas críticas.

Eso me recuerda una de las escenas más tontas y fallidas de la película, una pelea en los baños de una discoteca en la que Max utiliza a un jefecillo mafioso de protección y punching-ball frente a dos esbirros que no dejan de golpearle mientras Max les machaca. Entiendo que es una escena que busca imitar las clásicas y maravillosas coreografías de Jackie Chan, y por ese lado me parece guay. Pero al final la escena NO funciona aparte de por lo mal rodada que está (no quiero repetirme en ese aspecto), porque las películas de Chan estaban planteadas desde la COMEDIA de acción, y eso que en una aventura ligera funcionaba, cuando lo intentas trasladar a una historia SERIA como Xtremo va a quedar como un huevo y una castaña que. Y más allá del homenaje, alguien debería ser lo suficientemente conocedor del género como para saber qué cosas pueden encajar en la película y qué cosas mejor dejar fuera o buscar otra forma mejor de contarlo por muy guay que piensen que puede quedar en el papel.

Que quede claro que aplaudo el esfuerzo y el amor de Teo García por sacar adelante este proyecto y poner las artes marciales en el mapa del cine español, es una pena que Showrunner Films no haya sabido estar a la altura y la ejecución de la película haya dejado tanto que desear.

Me gustaría a pesar de todo mirar el vaso medio lleno y desear que Xtremo sea un éxito y podamos ver más cine de artes marciales hecho en España. Lo único eso si, puestos a pedir pediría que le dejaran el trabajo a otros profesionales más hábiles y que conozcan mejor el género, que sean capaces de ofrecernos un mejor producto final.

Comparto el trailer de la película:

Le deseo éxito a Xtremo, y ojalá se hagan más películas de artes marciales en España, pero no puedo más que considerar la película como una ocasión perdida y una decepción.

PUNTUACIÓN: 4/10

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¡Saludos a todos!

Crítica de Mutafukaz de Shôjirô Nishimi y Guillaume Renard (Prime Video)

Gracias a una recomendación tuitera de @TUCHpodcast de descubierto Mutafukaz, película de animación de 2018 disponible en Prime Video dirigida por Shôjirô Nishimi y Guillaume Renard que me ha parecido una chulada absoluta.

PUNTUACIÓN: 7,5/10

Tras un accidente de moto, Angelino, un bala perdida en medio de Dark Meat City, comienza a experimentar violentos dolores de cabeza y extrañas alucinaciones. Al menos eso es lo que él cree, pues quizá sus imaginaciones tienen algo de verdad: unos hombres de negro le persiguen, y Angelino terminará descubriendo algo terrible sobre su propia esencia. (FILMAFFINITY)

Mutafukaz es una película de animación para adultos que combina elementos de noir, fantasía oscura y ciencia ficción, basada en el de cómic Mutafukaz de Guillaume «Run» Renard y el cortometraje Mutafukaz: Operation Blackhead del Team Chman. La película fue una coproducción franco-japonesa entre Ankama Animations y Studio 4°C y está dirigida por Shōjirō Nishimi y Guillaume «Run» Renard, creador del comic que además escribe el guión. Mutafukaz tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy de 2017, estrenándose en Francia y Japón en 2018. La película cuenta con música de The Toxic Avenger y Guillaume Houzé.

Guillaume «Run» Renard en un grafista e ilustrador apasionado por la ciencia ficción, la cultura Z y la cultura popular latinoamericana, que ha triunfado como guionista de cómic en su propio sello, Ankama. Fue durante cinco años director artístico de la célebre agencia multimedia Teamchman, donde fue un precursor de contenidos por Internet y trabajó en proyectos publicitarios para grandes marcas (Warner Music, Swatch, Adidas…). En 2002 su cortometraje Mutafukaz opération blackhead, anuncio del cómic del mismo título, dio la vuelta al mundo y obtuvo una nominación en el Sundance Film Festival de Salt Lake City. Desde 2006, RUN trabaja en la editorial francesa Ankama, donde ha publicado el primer tomo de Mutafukaz. En el año 2008 lanzó el sello Label 619, donde reunió a los peores crápulas del cómic, como Florent Maudoux o Guillaume Singelin. Su última obra es The Grocery, en 2015.

Mutafukaz me ha encantado. La película tiene una animación bestial con una arquitectura llena de personalidad, basada en cierta forma en unos Los Angeles que se han ido al infierno con reminiscencias a Otomo, y con unas escenas de acción super frenéticas e impactantes. La animación unida con una música repleta de ritmos urbanos crea escenas chulísimas, y me gusta que incluso jueguen con el color y el blanco y negro, rompiendo el tono para bien en algunos momentos puntuales, consiguiendo un apartado visual excelente.

El movimiento de Angelino, el protagonista, por los barrios bajos de Dark Meat City ofrece un listado de lugares comunes del noir y la ciencia ficción a mostrarnos a un huérfano perdedor perseguido en un barrio hostil por poderosos con conexiones con un pasado que había olvidado y que volverá a golpearle con fuerza. Es curioso que dentro de una animación y unos personajes y diseños de secundarios bastante realistas, Angelino y sus amigos Vinz y Willy tienen un diseño super cartoon que choca con las escenas de ultraviolencia que vamos a vivir en una ambientación casi como si estuviéramos en South Central de L.A. Me parece un elemento curioso y, dentro que sigo sin tener claro si me han funcionado estos diseños, sí veo claro que son elementos irreales que ayuda a dar a la historia un toque sobrenatural imprescindible para que la historia funcione.

Con 90 minutos de duración, Mutafukaz tiene la duración perfecta para darnos el chute de adrenalina deseado y no caer en escenas redundantes que no aporten a la historia principal. Sin embargo, entiendo que hay un importante worldbuilding detrás de muchos personajes secundarios como los luchadores de Lucha Libre que estoy seguro que han salido rde forma recurrente en el comic y están planteados para dar mucho juego de cara a una posible continuación.

Dentro que la animación de nuevo tengo que decir que me ha flipado, tengo que reconocer que el guión me parece funcional sin más. Como comentaba antes, la historia a pesar de la gran personalidad y la fantástica ambientación de la animación, está en todo momento circulando por los lugares comunes del noir y la sci-fi, con situaciones que sientes que ya has visto en numerosas películas y comics previos en los que personajes escapan de un pasado desconocido y una organización secreta super poderosa.

No he visto en lo relativo al guión elementos especialmente novedosos, pero reconozco que la animación es tan flipante y sus escenas de acción tan potentes que me compensan de sobra este elemento más correcto, y me declaro super fan del creador RUN y me quedo con ganas de leer más obras suyas.

Comparto el trailer de la película:

Mutafukaz me ha encantado, si te gusta la animación para adultos la película se convierte en un must-see obligatorio.

PUNTUACIÓN: 7,5/10

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¿Qué simboliza el Capitán América del MCU?

Si algo puede decirse del Capitán América del Marvel Cinematic Universe (MCU), desde que Steve Rogers despertó en 2012 tras pasar más de 60 años en el hielo, es que ha sido un héroe anti-establishment centrado en hacer lo correcto, no lo más conveniente para el poder.

En Capitán América: Soldado de Invierno (Hermanos Russo, 2014), Steve Rogers se enfrentó a SHIELD cuando descubrió que Hydra la había colonizado. Steve creyó que Shield estaba demasiado corrupta y tenía que caer, sin importar los problemas que ello generara, en contraste con un Nick Fury que inicialmente quería salvarla, aunque tuvo que rendirse ante las palabras de Steve.

En Capitán América: Civil War (Hermanos Russo, 2016), Steve se enfrentó a la ONU y a sus propios compañeros al creer que los Acuerdos de Sokovia iban en contra de la libertad individual. Lo fácil hubiera sido ceder, pero cuando uno sabe que tiene razón, se mantiene firme en sus convicciones. “No, muévete tú”, en palabras de Sharon Carter. Esa negativa a renunciar a sus valores, unido a intentar salvar a Bucky Barnes cuando había sido incriminado injustamente por Zemo y las autoridades habían puesto una diana a su cabeza, fueron lo que provocó que Steve, Sam Wilson y Bucky Barnes entre otros pasaran varios años en la clandestinidad convertidos en fugitivos, tras liberar Steve a sus amigos de La Balsa.

En Vengadores: Infinity War (Hermanos Russo, 2018), Steve le dice al Secretario de Defensa / General Ross “Yo no busco el perdón, y ahora ya paso de pedir permiso… Hemos venido a luchar, y si quiere interponerse, lucharemos contra usted.” Steve, el Capitán América en el MCU, jamás se ha aliado con el poder. Siempre que tuvo que elegir entre mantener el status-quo o hacer lo correcto, la balanza siempre cayó del lado de lo que moralmente había que hacer.

Como dijo el Doctor Erskine, lo importante no era ser un buen soldado, “sino ser un buen hombre”. Esa es la clave del Capitán América, no su fortaleza física. Y estoy hablando exclusivamente del MCU y lo que se ha visto en sus películas, no de los más de 60 años de historias de los comics. Por eso no puedo dejar de pensar en la serie Falcon y el Soldado de Invierno emitida hace unas semanas en Disney+ y en cómo su guionista en jefe Malcolm Spellman tergiversa la figura del Capitán América para intentar convertirlo en lo que no es para forzar su mensaje identitario.

El guionista demuestra que no conoce ni entiende al Capitán América, cuando hace que varios personajes malinterpreten su figura repetidamente en la serie sin réplica alguno de aquellos que sí le conocen. Y como digo, ni siquiera se le pedía a Spellman que leyera los comics, hubiera sido suficiente con haber visto las películas y entender la figura heroica que los anteriores directores y guionistas habían construido.

¿Qué simboliza el Capitán América? Que un buen hombre, no el más fuerte ni el más listo, sino alguien con el corazón en el sitio adecuado, puede marcar la diferencia. En este sentido, NUNCA se ha dicho que tenga que ser un hombre BLANCO, sino una BUENA persona. Sam Wilson encaja sin duda en esta definición. Soldado, veterano, trabajador social y hombre comprometido en ayudar siempre que puede, en la medida de sus posibilidades. Y si, también afroamericano.

Por eso, cada vez que un personaje verbaliza lo problemático que es que un afroamericano sea el Capitán América en este MCU, es un diálogo que no funciona porque ¡El Capitán América nunca fue el defensor del sistema que ellos dicen que es! La forma en que intentan colar elementos del mundo real y del Black Lives Matter en el MCU es terriblemente errónea.

Cuando en el tercer episodio Sharon Carter dice “sabes que ese rollo del héroe es una coña. La forma en que renunciaste a ese escudo, en el fondo es hipocresía. No os tragáis toda esa chorrada de las barras y estrellas…” La respuesta de Sam debería haber sido: “Pero ¿de qué estás hablando. Sharon? ¡Claro que Steve es un héroe! De hecho, tú estabas allí viéndole enfrentarse al gobierno de los USA en manos de Hydra. ¿Qué me estás contando? Que el gobierno se comporte bien o mal no tiene nada que ver con el Capitán América.”

En el cuarto episodio, Sarah, la hermana de Sam le dice a KarlyYo no le elegí (al Capitán América). A América no le preocupa mi mundo, ¿por qué iba a preocuparme por su mascota?” En este caso puede entenderse que está hablando de John Walker, nombrado por el gobierno. Pero al final es otro mensaje contra la figura del Capitán América, que se une a los ya expresados durante la serie por otros personajes. Y aunque Sarah no llegara a conocer a Steve Rogers, no puede no saber que Sam y él se convirtieron en fugitivos por oponerse al gobierno. Sarah sabe que el Capitán América NO es una mascota de los poderosos.

De hecho, recordando Capitán América: El Primer Vengador (Joe Johnson, 2011), incluso en su primera aventura en la 2ª Guerra Mundial vimos una primera muestra de rebeldía, cuando desafiando sus órdenes y a unos políticos que le querían usar únicamente con fines propagandísticos, Steve se escapó de su base para salvar al batallón de Bucky que había sido hecho prisionero. Ni siquiera entonces, cuando era un miembro de las fuerzas armadas americanas y se debía la jerarquía militar, Steve fue la mascota de nadie.

Pero claro, Spellman nos coloca su mensaje, reforzando la idea de que los afroamericanos no deben apoyar a un Capitán América blanco, ya que no les representa. Algo que no se corresponde con las acciones de Steve Rogers y si con el mensaje identitario más radical que está imponiéndose en los USA.

Por esto, el diálogo clave del quinto episodio entre Sam y Bucky no funciona. Porque el Capitán América NO es un símbolo del gobierno de los USA, sino el ideal de que un buen hombre en el sitio justo en el momento adecuado puede cambiar la historia y mejorar la vida de la gente. Un buen hombre no movido por partidismo alguno, sino por lo que es correcto. Que Steve Rogers le diera el escudo a Sam enfatizaba el mensaje que un buen hombre continuaría su trabajo porque Sam lo merece por méritos propios, algo para lo que la raza no tuvo jugó ningún factor. La idea que porque existe racismo sistémico en los Estados Unidos “ningún negro con amor propio querría serlo”, en palabras de Isaiah Bradley, es sencillamente ofensivo para los fans del personaje entre los que me encuentro.

Pero esa idea es repetida por varias personas en varias ocasiones sin obtener una réplica adecuada por parte de Sam. “Se hace raro cogerlo otra vez. El legado de este escudo es complicado.” Dice Sam. ¡FALSO!!! Es justo al revés, aceptar el escudo es la demostración que no es un tema de raza, sino de valores morales. ¿Por qué es complicado? De nuevo, es falso que el Capitán América represente al gobierno o al racismo en los USA. Justo porque existe racismo es importante que un afroamericano se convierta en el Capitán América.

Cuanto Steve me contó su plan, ninguno de los dos nos dimos cuenta lo que significaba para un hombre negro recibir este escudo. ¿Cómo podíamos? Te debo una disculpa. Lo siento.” Dice Bucky. ¡¡FALSO!! Darle el escudo a Sam confirmaba que un AFROAMERICANO MERECE SER EL CAPITÁN AMÉRICA y puede inspirar a TODOS los americanos, independientemente de su raza. Transmite un mensaje de concordia entre todos los americanos. Cualquier persona normal no fanatizada que haya visto las películas entendiendo lo que ha simbolizado el Capitán América vería que esto es así. A no ser claro que vengas con un prejuicio previo de casa. ¿Verdad, Malcolm Spellman?

Esto conecta con el primer episodio y el discurso de Sam en el Smithsonian “El mundo ha cambiado para siempre. Necesitamos nuevos héroes. Adecuados para los tiempos que corren. Los símbolos no son nada sin las personas que les dan significado. No creo que exista un símbolo mejor, pero es más por el hombre que lo sostenía, y él ya no está. Así que hoy honramos el legado de Steve, pero también miramos hacia el futuro. Así que gracias Capitán América, pero esto te pertenece.” Realmente, esta decisión abría unas posibilidades interesantes, porque sugería que Sam quería ser un héroe en sus propios términos, forjarse su propio futuro y su propio legado. Además, como vimos en ese episodio, Sam es un héroe que sigue haciendo lo correcto y trabaja con la Fuerza Aérea de los Estados Unidos como Falcon. Sam NO ha abandonado su trabajo como super-héroe en ningún momento, por lo que en ese contexto tiene sentido que quiera seguir siendo Falcon y no quiera desprenderse de la que ha sido su identidad durante todos estos años.

Sin embargo, tras los numerosos mensajes repetidos en todos los episodios sobre por qué Sam, un afroamericano NO debería ser el Capitán América, realmente no llegamos a escucharle por qué cambia de idea y ahora SÍ elige empuñar el escudo y convertirse en el Capitán América. ¿Qué le ha hecho cambiar de opinión? ¿Ahora ya no cree eso de “Necesitamos nuevos héroes. Adecuados para los tiempos que corren.”?

Desde luego, que toda la justificación que se nos dé a los espectadores sea “¿de qué serviría todo el dolor y el sacrificio si no estuviera dispuesto a seguir luchando?”, no es suficiente para justificar este cambio de opinión. Y, como decía antes, es un momento y una justificación que no funcionan porque él nunca ha dejado de luchar como FALCON al lado del ejercito americano. ¿Por qué ahora sí toca ser el Capitán América? ¿Qué espera conseguir Sam como Capitán América que no puede hacer como Falcon? Esas preguntas quedan sin respuesta en la serie. Y si al final todo se redujera a algo tan sencillo como «para que el gobierno le de el escudo a Walker o a otra persona, me lo quedo y lo utilizo yo», ¿por qué no se dice y ya está?

En esa misma conversación, Sarah le dice “¿Dejarás que Isaiah Bradley se meta en tu cabeza, que él decida qué harás a continuación?” Y momentos antes, Sam le había dicho a Bucky “Deja de mirar a los demás para que te digan quién eres”. Algo que se entiende que también se lo dice a sí mismo. Y es una idea perfecta super adecuada tanto para Bucky como para Sam, pero finalmente fracasa narrativamente porque no llegan a decirnos nunca quién es ahora Sam Wilson y por qué ha tomado las decisiones que toma.

La pregunta clave de ¿por qué un afroamericano SÍ que puede ser el Capitán América?, queda sin respuesta en la serie. No solo puede, sino que DEBE. Y la sensación que da la narración es que no se responde porque Malcolm Spellman no sabe la respuesta. O que esa respuesta no encajaría con su discurso identitario, expresado repetidamente. En este sentido, es importante que Spellman dice explícitamente no querían que la serie dijera que Isaiah Bradley pudiera estar equivocado en sus ideas. Sam de hecho expresa que “Isaiah ha vivido un infierno, si yo hubiera pasado por lo que él, opinaría lo mismo que él”. Me parece alucinante que Sam confirma y entiende a Bradley aunque no opine igual. Y al mismo tiempo, no llegamos a saber realmente bien cual es el punto de vista de Sam en este tema tan importante para la serie.

De hecho, Antony Mackey sí da una respuesta a esta pregunta y la expresa de maravilla en el documental Marvel Studios REUNIDOS: Así se hizo Falcon y el Soldado de Invierno: “Sam, al ser un soldado, un veterano y un consejero, se da cuenta de que como pueblo, todos somos estadounidenses. Yo no soy el Capitán América negro, Steve no era el Capitán América blanco, era el Capitán América, a secas. Y como sociedad y como pais, tenemos que darnos cuenta que las personas que son ciudadanos aquí, sin importar sus orígenes, son estadounidenses. Sam ve que se merece el derecho, que se ha ganado el ser el Capitán América, y que eso no tiene nada que ver con su raza o con su pasado.“ Diez segundos de diálogo, no hacía falta más. Pero por alguna razón a Spellman no le debió parecer tan importante, porque evitó incluir una idea tan sencilla y evidente en la serie.

Por supuesto, está bien querer transmitir un mensaje anti racismo y pro igualdad de derechos de todos los americanos, independientemente de tu raza. Disney / Marvel sin duda son empresas que pueden ser consideradas “progresistas” en ese sentido. Pero la forma en que introducen el problema racial asociado a la figura del Capitán América sencillamente no funciona. Y no lo hace porque todo resulta falso y maniqueo.

Otro problema es que Spellman se ha demostrado como un pobre dialoguista, algo que se ve también en el fallido discurso de Sam tras su primera aventura como Capitán América. Cuando TODO el mundo a su alrededor le ha vitoreado en su primera misión, negros, blancos, asiáticos, hispanos… y claramente nadie está enfadado porque él sea el Capitán América, sin embargo el guión le hace decir que “Soy un hombre negro que lleva las barras y estrellas… Cada vez que cojo este escudo… (inciso, ¿cada vez?. ¡Si es la primera vez que llevas las barras y estrellas! Pues si, hay que lamentar lo flojos que son sus dialogos), sé que hay millones que van a odiarme por ello. Incluso ahora, aquí, lo noto. Las miradas, juzgándome, y no puedo hacer nada para cambiarlo. Y aún así, aquí estoy sin super suero, sin pelo rubio u ojos azules.” Obviamente, lo que dice no se corresponde con lo acabamos de ver, un Sam ovacionado por todo el mundo, por eso no puede resultar más falso y panfletario.

Si está bien y me gusta la frase en la que dice “El único poder que tengo es que YO creo que podemos hacerlo mejor.” Esa es la frase SI es lo que se espera del Capitán América, ese momento estuvo genial. Lo malo es que queda ensombrecida, ya que va acompañada con “No podemos exigirle a gente que de un paso adelante y no encontrarles a medio camino”, lo cual podría estar bien si no fuera que se está aplicando en un contexto en el que acaba de pedir compresión por unos terroristas que han puesto bombas y matado a gente inocente. ¿Hay que encontrarse a medio camino con terroristas y asesinos? Eso no suena muy correcto ni muy moral. Exagerando el símil, ¿se encontraría Steve Rogers a medio camino con Adolf Hitler? ¿Intentaría comprender sus ideas supremacistas? Obviamente no. ¿Qué quedó del «no, muévete tu» cuando alguien quería forzar a Steve Rogers a cambiar cuando él pensaba que su idea era la correcta?

Me parece terrible la forma en la que una serie familiar de Marvel / Disney ha colado al espectador la idea de que hay determinadas violencias que pueden ser justificables siempre que se hagan “por nuestro bien” o si la causa “es justa”, aunque la sufran personas inocentes. Al igual que el mensaje de que hay que entender por qué se han cometido estos delitos, en lugar de perseguirlos. Porque de hecho, no son hechos excluyentes, puede detenerse a un criminal y analizar los motivos que le llevaron a cometer dichos delitos.

¿Es esto una burda metáfora sobre los incendios, los saqueos y la destrucción que puntualmente se produjeron durante las manifestaciones del BLM en los Estados Unidos el año pasado tras la muerte de George Floyd? Unos delitos que, aunque sea una obviedad decirlo, no fueron cometidos por todos los manifestantes, sino por una pequeñísima minoría amparada en el poder del anonimato en medio de las multitudes que se manifestaban, y que empañan a un movimiento mayoritariamente pacífico. Movimiento que, también hay que decirlo porque es lo que pasó, evitó condenar estos delitos y de alguna manera se intentaron justificar. ¿Nos están diciendo que esos delitos no deben perseguirse porque su ira estaba justificada? Esa sensación da. Como el racismo es malo (y nadie duda que lo es), estoy legitimado a hacer cualquier cosa si digo que “estoy luchando contra el racismo”. ¿Es ese el mensaje que Disney nos acaba de ofrecer en esta serie mainstream?

Como veis, he centrado todo el hilo en la figura del Capitán América. Ni siquiera entro en el resto de problemas narrativos de la serie. Si queréis saber más sobre ellos, os recomiendo que leáis los posts semanales que fui publicando analizando cada uno de los capítulos de Falcon y el Soldado de Invierno.

Pero un elemento básico de cualquier narrativa es explicar la motivación del protagonista. Y eso es algo que Malcolm Spellman jamás llega a hacer de una forma correcta. Un error garrafal tremendo que explica que si esto no se considera importante como para ser expresado para el espectador, ¿por qué preocuparse de todo lo demás?

Falcon y el Soldado de Invierno me ha parecido un fail como una casa. Y no sólo en lo accesorio como es la motivación del villano, si me gustan o no las escenas de acción o si el traje de Sam siendo clavado al comic queda bien en imagen real, sino en el núcleo de la historia y porqué tras seis episodios no llegamos a saber realmente lo que piensa Sam Wilson y por qué cambió de opinión en algo fundamental que altera completamente su realidad.

Y por eso no puedo entender como a muchos fans del Capitán América, tanto del MCU como de los comics Marvel, no les ha importado este error tan tremendo en lo relativo a la caracterización del personaje clave sobre el que probablemente se construyan las siguientes fases cinematográficas y televisivas. Y es por este motivo por el que ahora mismo no puedo más que desconfiar ante la posibilidad que Spellman vaya a escribir el guion de Capitán América 4, película que de momento no tiene director ni una fecha de estreno confirmada. Alguien que no entiende a su protagonista no debería seguir escribiéndole.

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