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Leyendo Secret Wars de Jonathan Hickman, Esad Ribic, Ive Svorcina y Alex Ross

Tras terminarme la larguísima historia-río que Jonathan Hickman planteó en Vengadores y Nuevos Vengadores (puedes leer las partes uno, dos, tres, cuatro y cinco en los links respectivos), resulta obligatorio recuperar Secret Wars, el evento de Marvel de 2015/16 con dibujo de Esad Ribic, color de Ive Svorcina e icónicas portadas de Alex Ross que nos dio una de las historias más satisfactorias del siglo XXI.

PUNTUCIÓN: 8.5/10

¡El mayor evento de la historia de Marvel! La Incursión final tiene lugar. El Universo Marvel colisiona con el Universo Ultimate. Cuando ambos hayan desaparecido, todo lo que quedará será… Mundo de Batalla, una nueva realidad gobernada por el único hombre que pudo salvar los restos de la destrucción: Victor Von Muerte.

Publicada en Estados Unidos entre mayo de 2015 y enero de 2016, Marvel anunció esta miniserie inicialmente como de ocho números, pero finalmente amplió la serie con un noveno número final. Aunque los tres primeros números salieron con periodicidad quincenal, finalmente el resto de números se publicaron mensualmente, con un salto de un mes entre los números 5 y 6 que permitió a Ribic coger aire y recuperar el ritmo de publicación hasta el final de la serie.

Jonathan Hickman comenta que la idea de hacer unas Secret Wars con un Mundo de Batalla la tenía en la cabeza desde mucho antes de empezar a trabajar en Vengadores. De hecho, era un tema de conversación recurrente con el editor Tom Breevort, que la encontraba interesante pero creía que la idea necesitaba ser más trabajada y esperar al momento adecuado para lanzarla. Estamos hablando de 2009-2010, mucho antes de que Hickman desembarcara en Vengadores. De hecho, durante un tiempo Hickman planteó un escenario en el que su etapa en 4 Fantásticos presentara el concepto de las Incursiones y culminara en estas Secret Wars. Finalmente, la idea tuvo que ser aparcada hasta más adelante.

Las Secret Wars originales se publicaron en 1984-85 y es una de esas ideas que los fans recordamos con cariño incluso reconociendo que la historia dejaba bastante que desear. Aparte de la realidad de saber que la maxiserie fue un masivo elemento de promoción para convencer a Mattel de que apostara por los personajes de Marvel y lanzara su propia línea de figuras de acción. Figuras y naves que yo compré cuando salieron en España, las cosas como son. Dicho esto, el comic de Jim Shooter, Mike Zeck y Bob Layton sigue siendo una de las historias de mayor importancia histórica para Marvel por todo lo que supuso para sus personajes y la forma en que lanzó la idea de eventos dentro del universo Marvel desarrolladas en miniseries fuera de las colecciones normales.

A la hora de recrear las Secret Wars en el siglo XXI, Marvel y Hickman plantearon repetir la idea de un Mundo de Batalla creado de retazos de otros mundos, con la diferencia de ser creado por Victor Von Muerte en lugar de por el Todopoderoso de la historia original. Aprovechando la última Incursión que marcó el final de la etapa de Vengadores y Nuevos Vengadores que provocaría la destrucción de todos los universos, se creaba el marco narrativo perfecto para plantear un evento a gran escala que repitiera el concepto (y el éxito) de la Era de Apocalipsis (1995-96) dentro de la franquicia mutante, pero ampliado a todo el Universo Marvel.

El principal problema que le veo al final de la etapa de Hickman en Vengadores, aparte de los personajes fuera de su caracterización icónica (te miro a ti, Steve Rogers) es que planteó un NO final en ambas colecciones, al dejarlo todo abierto de cara a las Secret Wars. Sin embargo, como lector de Secret Wars la situación es la contraria, ya que todo el primer número está planteado para narrar el choque de realidades de las tierras 616 (la normal del universo Marvel) y la 1610 (el universo Ultimate), culminando el comic con la destrucción de todas las realidades y la formación del Mundo de Batalla en el segundo número. De esta forma, Secret Wars da información suficiente para entender la historia sin necesidad de haber leído los comics previos de Vengadores, que se convierten en un largo prólogo del evento. Obviamente, si los lees la experiencia mejora porque conoces porqué Thanos y su Cábala se encuentran en el universo 1610 y son aliados del joven y amoral Reed Richards de esa realidad, o cómo llegan Muerte y el Hombre Molécula a su enfrentamiento con los Beyonders (Todopoderosos) al comienzo del comic. Pero el comic puede entenderse sin problemas y la miniserie de nueve números forma una historia unitaria autocontenida en si misma. Lo cual es algo que tiene mucho mérito.

Como pasó con la Era de Apocalipsis, durante los meses de evento la mayoría de comics de la editorial dejaron de publicarse y fueron sustituidos por miniseries ambientadas en los diferentes reinos del Mundo de Batalla. Unas pocas series englobadas con el branding «Last Days» contaban los últimos días / horas de los héroes de esa cabecera antes de la incursión, pero la mayoría de comics de Marvel estaban englobados dentro del Mundo de Batalla. La lectura de estas miniseries junto a la serie principal enriquecía un montón la experiencia de este Mundo de Batalla durante los meses en que se publicaron, y hay algunas miniseries super chulas. Pero la realidad es que excepto Thors de Jason Aaron y Chris Sprouse, ninguna de estas series son necesarias para seguir la historia central de Hickman. De hecho, ahora que volví a leer esta maxiserie, sólo eché de menos leer la serie de Thors que cambia la lealtad del cuerpo de policías de Muerte de cara al climax de la colección.

Cuando lees Secret Wars, te das cuenta que Hickman empezó a pensar en ella durante su etapa en los 4 Fantásticos, porque se siente como una historia de la Primera Familia ampliada centrada en la rivalidad de Victor von Muerte y Reed Richards y con una gran importancia de Susan Richards, Valeria y Franklin. De hecho, sorprende un poco que Steve Rogers y Tony Stark, que fueron el centro de sus Vengadores, no es que no tengan importancia en la historia, es que ni siquiera aparecen. En la maxiserie original Muerte robaba los poderes al Todopoderoso, así que tenía todo el sentido que fuera él el creador del Mundo de Batalla en este reboot, siendo a todos los efectos el Dios de este mundo. A pesar de que Muerte salvó la realidad y eso es un hecho positivo innegable, su empeño de borrar de la existencia a Reed Richards y adueñarse de su vida casándose con Susan indica una obsesión que condena al fracaso su experimento. Sobre todo cuando los problemas empiezan a aparecer en el Mundo de Batalla dentro de las balsas salvavidas provenientes de las realidades anteriores. A pesar de todo, si hay un personaje que sale reforzado de esta miniserie, ese sería Muerte, ya que su complejidad e incluso nobleza está muy presente en todo el relato, incluso a pesar de quedar al final por debajo de Reed.

Los nueve números de la serie son un prodigio de síntesis narrativa y ofrecen un entretenimiento de primer orden, planteando un montón de conceptos en cada grapa mientras construye el Mundo de Batalla (y luego mientras lo destruye), dejando siempre unos cliffhangers super chulos que nos dejaban con ganas de más. El final del segundo número con la sorpresa de la identidad de los usuarios de la balsa que llegan al Mundo de Batalla es un momentazo increíble, uno de los mejores del comic.

Además del trío Richards (los Reeds de 616 y 1610) y Muerte y de los integrantes de los 4F, hay otros protagonistas interesantes en las Secret Wars como Stephen Extraño, T´Challa o Namor, algo que confirma la sensación que siempre tuve sobre que donde realmente Hickman se encontraba a gusto era en el comic de los Nuevos Vengadores (los Illuminati, vaya), frente a la que se suponía que era la serie principal de Vengadores. En los villanos, aunque sea en un rol secundario, Hickman utiliza bastante a Mr. Siniestro, algo que repitió en su relanzamiento de la franquicia mutante. Y junto a ellos, un Miles Morales que tras esta miniserie daría el salto del universo Ultimate al tradicional 616.

Secret Wars es un comic super entretenido que me deja una sensación super satisfactoria. Por ponerle un pero, quizá la resolución resulta un poco apresurada. Por ejemplo, el final del Reed Richards del universo Ultimate es, por decirlo suavemente, anticlimática. En ese sentido, se explica que Muerte no actúa casi nunca siendo omnipotente porque su principal preocupación está en mantener la existencia del Mundo de Batalla, pero al final echas un poco de menos que no haya usado sus habilidades en más ocasiones. Dicho esto, las veces que SI los usa con Stephen Extraño, Fénix o Thanos resultan unos momentazos increíbles.

Además de la compleja y satisfactoria historia de Hickman, Secret Wars triunfa por un apartado artístico sobresaliente. Empezando por las maravillosas portadas de Alex Ross, que son ya historia viva de la editorial. Junto a Ross, Esad Ribic y el colorista Ive Svorcina ofrecen uno de sus mejores trabajos de sus carreras.

Ribic ha dibujado grandes comics como Thor con Jason Aaron, Silver Surfer Requiem con J. Michael Straczynski o Loki con Robert Rodi. Pero la escala y la épica que plantea en Secret Wars, el worldbuilding del Mundo de Batalla y las decenas de personajes que aparecen en cada grapa que siempre se muestran en una versión icónica y reconocible, convierten este trabajo en el más exitoso y satisfactorio de su carrera. Se recuerda mucho y con razón las portadas de Ross, pero el dibujo interior de Ribic y el color de Svorcina son magia pura.

Además de la llegada de de Miles Morales al universo Marvel (y de otro personaje que ni siquiera aparece en esta miniserie aunque es nombrado en un par de ocasiones) y la transformación de Muerte en un héroe que intenta ser «mejor» tras pedírselo Reed en el climax final de la serie, el gran cambio que trajo estas Secret Wars fue la desaparición del comic de los 4 Fantásticos por primera vez desde su estreno en 1961. Hay que reconocer que los tiempos de gloria de la Primera Familia de la primera etapa de Stan Lee y Jack Kirby en los que el grupo era el centro del universo Marvel hacía tiempo que había pasado. Y quizá Mark Waid y Mike Wieringo fueron los autores de la última gran etapa del grupo en los primeros años del siglo XXI antes que Jonathan Hickman les devolviera al estrellato entre 2009 y 2011.

Pero siendo esto cierto, da pena que el elemento clave del cierre de su colección no fuera editorial o creativo, sino el boycott que Ike Perlmutter (Presidente de Marvel en ese momento) impuso hacia los personajes cuyos derechos cinematográficos estaban en manos de 20th Century Fox como la Patrulla X. Fruto de esto vino el ostracismo que sufrieron los mutantes durante esos años, al intentar la editorial sustituirles por los Inhumanos en importancia mediática. Algo que obviamente acabó en fracaso estrepitoso. Los mutantes eran una franquicia demasiado grande como para dejar de publicarla, y sus personajes, demasiado conocidos e icónicos. Sin embargo, los 4 Fantásticos al final eran una única colección, y en los últimos años ni siquiera una que vendiera demasiado bien.

A pesar de esta imposición política, la verdad es que Hickman les da un gran final a la familia Richards, resaltando la faceta de imaginautas y exploradores en las que siempre se movió tan bien el grupo, siendo este un estupendo punto y aparte en su vida editorial. Habría que esperar dos años y medio hasta septiembre de 2018 para volver a tener un comic de los 4 Fantásticos, al iniciarse entonces la etapa de Dan Slott, una etapa recién finalizada que lamentablemente no ha acabado de cuajar. Pero esa es otra historia.

Volver a leer Secret Wars ha sido una alegría y la confirmación que estamos ante uno de los mejores eventos de Marvel del siglo XXI. Unas aventuras super recomendables que no puedes dejar de leer.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

POSDATA: Ahora que he leído la serie principal de Secret Wars que cierra la etapa de Jonathan Hickman en Marvel entre 2012 y 2016, no puedo evitarlo y me voy a leer las series que compusieron el Mundo de Batalla. La semana que viene comparto con vosotros mis impresiones.

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¡Saludos a todos!

Crítica de Thor 26 y Hulk 8 de Donny Cates y Martín Coccolo (Marvel Comics – Panini

Termina Bandera de Guerra, el cruce entre Thor y Hulk que celebra el 60 aniversario de ambos personajes realizado por Donny Cates, Martín Coccolo y Matt Wilson, más unas estupendas portadas de Gary Frank. Comento las dos últimas grapas de este crossover, Thor 26 y Hulk 8.

PUNTUACIÓN: 6/10

THOR 26 de Donny Cates, Martín Coccolo y Matt Wilson

Cuarta parte del cruce de Thor con Hulk. Gracias a Odín, Thor comprende ahora la gravedad de la situación de Banner y su conexión con el misterioso y violento incidente de El Paso. Pero después de que la interferencia de Iron Man cause más daño que otra cosa, el sino de la batalla no hace sino cambiar. 

Este número contiene Thor #26 USA.

HULK 8 de Donny Cates, Daniel Warren Johnson, Martín Coccolo y Matt Wilson

El desenlace del cruce de Thor con Hulk. ¡Ha llegado la hora de la victoria! Por fin responderemos cuál de los dos héroes es el más fuerte. Pero, en una lucha entre dioses, monstruos y hombres, ¿en qué se transforma el vencedor? ¿Y el perdedor? ¿Y quién será la autoridad que la decida? Las revelaciones sobre el pasado de Hulk y las decisiones que tendrá que tomar Thor sacudirán el Universo Marvel. 

Esta grapa contiene Hulk 8 USA.

Tengo claro que el comic de superhéroes es entretenimiento escapista, y a un comic cuyo reclamo es ver el último enfrentamiento entre Hulk y Thor no se le debería pedir mucho más que eso mismo. Dicho esto, el final de este crossover titulado «Bandera de Guerra» me ha resultado super decepcionante. Empezando por el dibujo de Martín Coccolo, que me ha parecido super montonero y que no ha estado a la altura del enfrentamiento de estos colosos de Marvel Comics. Un dibujo en el que han primado primeros planos de los personajes y unos nulos fondos y que no me ha gustado. Las cosas como son. Y que es algo que obviamente me ha impedido disfrutar de estos comics como me hubiera gustado. En el último número de Hulk hay una sorpresa al ayudar Daniel Warren Johnson a Donny Cates en el guion. Sólo de pensar lo que hubiera podido ser este comic si DWJ lo hubiera dibujado abre unas posibilidades que casi mejor no pensar en ello.

Pero no es que la historia de Donny Cates haya sido mucho mejor. La idea que la personalidad y la ira del Hulk oscuro pueda salir de la mente de Banner y poseer a otras personas, lo que provocó los sucesos en El Paso por los que Banner es perseguido al principio de la serie, es algo loquísimo (y tontísimo), y me ha roto completamente la suspensión de credulidad. Tampoco la aparición de Tony Stark buscando sangre en el arco me ha cuadrado demasiado. Y si ya sigo con lo tonto que es que Odin habite a Mjolnir que acabamos de ver en Thor y que ha tenido una importancia capital en este arco, encontramos a un Donny Cates que empezó muy fuerte en las colecciones de Thor y Hulk, pero que se ha desinflado a una velocidad terrible.

El comic hay que reconocer que es honesto en lo que nos indicaba que íbamos a encontrar, en ese sentido no pudo decir que Marvel o Panini me hayan engañado, pero sí lamento que estos comics no hayan sido más redondos, desde luego con un dibujo, pero también con una historia que fuera mejor.

Comparto las primeras páginas de estas grapas:

En resumen, dentro que el propio concepto prometía ostias como panes y eso mismo lo hemos tenido en grandes cantidades, no puedo dejar de lamentar que el dibujo o la historia no hayan estado mejor. Una lástima de cruce.

PUNTUACIÓN: 6/10

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Crítica de Patrulla X 12 de Gerry Duggan, Pepe Larraz y Marte Gracia (Marvel Comics – Panini)

Termina la primera temporada de Patrulla X de Gerry Duggan con su número 12, un número maravillosamente dibujado por Pepe Larraz y color de Marte Gracia que cierra varias de las tramas abiertas desde el comienzo de la etapa y que abre unas interesantes posibilidades para la franquicia mutante de cara a una nueva temporada que se iniciará tras la nueva Gala Fuego Infernal 2022.

PUNTUACIÓN: 8/10

En la víspera de la Gala Fuego Infernal, las amenazas cercan a La Patrulla-X en todos los frentes. Las maquinaciones secretas del Doctor Estasis, el terror de Mundojuego e incluso los propios secretos del equipo… ¡todo ha conducido a esto!

Doce números han dado para mucho en Patrulla X. Gerry Duggan ha planteado una temporada modélica en esta colección, con aventuras más grandes que la vida y unos mutantes comportándose como los héroes que se supone que deben ser y que hicieron que me enamorara de estos personajes en primer lugar. Héroes que no vimos en casi dos años de Jonathan Hickman mientras planteaba un worldbuilding que no llegó a dar sus frutos.

Este duodécimo número sirve para cerrar la trama de Mundojuego y Cordyceps Jones que que llevaba activa desde el primer número, así como la investigación de Ben Urich sobre las resurrecciones mutantes. El primer elemento permitía a los mutantes enfrentarse a amenazas planetarias que les permitían ser vistos como héroes por toda la humanidad, mientras que la investigación de Urich sobre la inmortalidad mutante muestra a un Scott Summers empeñado en hacer lo correcto sin importar las consecuencias, en el convencimiento cierto que mentir a la humanidad sería peor que decir la verdad. Por supuesto, yo siempre he creído que Cíclope tenía razón.

Además, en la mejor tradición mutante desde Claremont, Duggan mantiene la amenaza del Dr. Éstasis asociado a Orchis activa con nuevas revelaciones impactantes. Conocer que Éstasis es el Nathaniel Essex humano original abre muchos interrogantes, lo que me invita a pensar que Siniestro va a ser un personaje importante en el futuro mutante. Personalmente no puedo entender la fascinación que la oficina mutante tiene con Siniestro, un villano de tres al cuarto que nunca me gustó y tampoco ahora.

Un elemento menos bueno dentro de un comic que me ha gustado mucho es la forma un tanto artificial como han planteado el final de esta temporada. Si esta colección surgió a partir de la Gala Fuego Infernal 2021, la publicación este mes de la Gala de 2022 servirá para presentar a la nueva alineación del grupo. Y es que a pesar de tener un grupo que funciona a las mil maravillas, los editores han decidido que Polaris, Lobezna, Pícara y Fuego Solar deben abandonar la colección en busca de nuevos destinos dentro de la franquicia, de forma que tendremos que esperar a dicho especial para saber qué personajes acompañarán a Cíclope, Chica Maravillosa y Sincro en el segundo año de la colección. Un segundo año que empezará marcado por el inicio del evento El Día del Juicio que enfrentará a Eternos, Patrulla x y Vengadores, cuyo inicio veremos el mes que viene. He comentado en varias ocasiones que no conecto con los mutantes de Krakoa, pero este comic de Patrulla X sin duda me ha introducido en vena el tipo de entretenimiento que me gusta leer.

Y es que junto a un buen trabajo de Duggan en la colección, tener a Pepe Larraz es un lujo que ningún fan de los comics de superhéroes se puede perder. Y eso aún teniendo en cuenta que Larraz ha dibujado únicamente 7 de los 12 números de esta colección. A pesar del descubrimiento de Javier Pina realizando la mayoría de los fills-ins, los números dibujados por Larraz son una maravilla y si un pero tiene esta colección, es que Larraz no consiga tener una mayor regularidad.

Tener al dibujante madrileño nos regala detalles como el de esta grapa en la que la Patrulla X salva Madrid de la amenaza del Hombre-Top, con una splash-page de la Gran Vía que merece ser colgada en nuestras paredes a modo de poster. El dinamismo de sus páginas, los planos dinámicos con los que cuenta la acción y la personalidad de sus personajes hacen que Larraz sea ahora mismo EL dibujante de superhéroes. Junto al colorista Marte Gracia forman un combo perfecto que confío que siga trabajando en Marvel durante muchos años.

Como digo, Duggan y Larraz nos ofrecen un comic que es 100% Marvel y 100% mutante, y mientras se mantengan en la colección, yo seguiré comprándola.

Comparto las primeras páginas de este comic:

La Patrulla X de Gerry Duggan, Pepe Larraz y Marte Gracia es el standard de calidad que el resto de colecciones mutantes deberían aspirar, con unos primeros 12 números modélicos.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Leyendo Los Vengadores de Jonathan Hickman – Parte 5: Time runs out

La etapa de Jonathan Hickman en Vengadores y Nuevos Vengadores terminó en una monumental saga final: Time runs out, unos comics que nos dejaron a las puertas de Secret Wars y que toca valorar en este artículo que cierra la serie de artículos en los que he analizado esta etapa de Hickman, y que puedes en estos links (Parte uno, dos, tres y cuatro)

LOS VENGADORES 35-44 de Jonathan Hickman, Stefano Caselli, Mike Deodato Jr., Mike Mayhew, Jim Cheung, Paco Medina, Nick Bradshaw, Dustin Weaver y Kev Walker(Septiembre 2014 – Abril 2015)

Hickman planteó Time runs out, el último arco en Vengadores y Nuevos Vengadores como una historia unitaria con múltiples situaciones y personajes que saltaban de una colección a la otra. Estamos hablando de 20 grapas publicadas a lo largo de ocho meses que culminaron en un final abierto que nos lanzó de cabeza a las Secret Wars.

El que Steve Rogers recordara en el anterior arco de Original Sin la traición de los Illuminati al comienzo de la etapa de Hickman destrozó el statu-quo de los Vengadores, al poner a uno de sus miembros principales contra Tony Stark (miembro fundador) y partiendo el grupo por la mitad, con un enfrentamiento que llegará hasta el último número de la colección. Pero antes, el inicio de Time runs out plantea la primera gran trampa narrativa de Hickman de lo que se supone era el climax de una etapa iniciada hacía casi dos años, al plantear un salto temporal de 8 meses entre el final de Vengadores 34 y inicio de Vengadores 35. Un salto temporal que pretendía sorprender al lector con la nueva situación del universo Marvel pero que resulta totalmente fallida porque resulta el concepto clave no te lo acabas de creer.

Y es que en estos 8 meses Roberto DaCosta ha comprado I.M.A. con el poder económico de Industrias DaCosta y dirige sus esfuerzos científicos desde la Tierra Salvaje para intentar derrotar a las fuerzas cósmicas que han puesto en marcha las incursiones, formando los que serán los «Multiversal Avengers» con Thor, Hiperion, Ex Hihilo, Abyss, Starbrand y Nightmask. Mientras, Sam Guthrie y Smasher han sido padres y viven en Chandilar, hogar de los Shi´Ar, aunque pronto volverán a la Tierra. Estos dos elementos entran dentro de lo normal y no son problemáticos. El problema es que descubrimos que en estos 8 meses Steve Rogers ha tomado el control de SHIELD y tiene su propio grupo de «SHIELD Avengers» formado por Capitana Marvel, Capitán América (Sam Wilson), Ojo de Halcón y Máquina de Guerra entre otros, formando un grupo paramilitar centrados en detener a unos Illuminati ampliados que han tenido que esconderse y actuar desde la clandestinidad. Unos Illuminati formados por Reed Richards, T´Challa, Bestia, Hulk Doc Green, Capitán Britania, Chaqueta Amarilla, Rayo Negro, Amadeus Cho y unos desaparecidos Iron Man y Doctor Extraño. Y mientras, Namor y la Cábala de Thanos siguen a lo suyo masacrando mundos con cada nueva incursión sin la menor interferencia de Rogers. Una locura total.

Y es una locura porque el recuerdo de Civil War (2006-2007) de Millar y McNiven estaba aún muy presente entre los lectores. Y si Millar consiguió que Tony Stark fuera claramente el «villano» que se enfrentaba a un Steve Rogers que claramente estaba haciendo lo correcto, Hickman tiene el dudoso honor de convertir a Rogers, en ese momento en su versión envejecida tras lo vivido en la etapa de Rick Remender en su colección, en un casi dictador fascista que hará lo que sea por detener a los Illuminati simplemente por haber hecho todo lo que estuvo en su mano para evitar la destrucción de la Tierra 616 tras una incursión, mientras mira hacia otro lado ante la Cábala de Thanos que sigue realizando masacre tras masacre sin que Rogers se inmute. Si, se que me repito, pero es que esto es muy, muy loco, y totalmente absurdo.

Debo reconocer que no recuerdo ahora mismo un salto temporal de este calibre -8 meses- en una serie principal del Universo Marvel (o de DC) que haya resultado satisfactorio. Y tampoco lo es la historia planteada por Hickman. No sólo porque este statu-quo no tiene reflejo en ninguna otra serie del universo Marvel durante esos meses. Por ejemplo, en los 4 Fantásticos. Pero lo principal es que no me creo que SHIELD pueda ser controlada de esta manera por un Rogers casi-fascista durante tantos meses sin frutos, pero tampoco me creo que los Illuminati puedan eludirles durante tanto tiempo, ni las muestras de extrema inteligencia y previsión de hechos futuros que hacen Doc-Hulk y Bestia, que bordean la omniscencia. En estas páginas tenemos al peor Hickman de engranaje, al que le dan igual los personajes con tal que la trama llegue donde se supone que tiene que llegar, y que usa el salto temporal para adelantar tramas de forma artificial.

Es muy sintomático que cuando por fin tenemos la reunión (enfrentamiento) de los tres grupos de Vengadores, SHIELD AVENGERS, New Avengers de Roberto DaCosta y los ILLUMINATI, sea la inteligencia de Reed y Susan Storm los que consigan detener la lucha. Y sean los Illuminati los que plantean un plan para detener la cábala de Thanos, algo que al Rogers enfadado le daba completamente igual. Hickman sí se muestra como un experto en la utilización de grandes cantidades de personajes, ya que en este momento añade al Universo Ultimate (1616), que tendrá una gran importancia de cara a las Secret Wars al ser ambos mundos los últimos de todo el multiverso. Una Tierra 1616 en la que el Reed Richards «malvado» del universo Ultimate tiene también sus propios planes para salvar SU realidad.

La colección de Vengadores cierra con un ataque a la Tierra de los reinos espaciales en un último intento de salvar la realidad en la creencia que destruyendo a la Tierra se arregla el problema. El ataque es repelido por el hasta ese momento casi desaparecido Tony Stark poniendo en marcha todos los planes iniciados casi desde el inicio de la etapa de Hickman, la esfera de Dyson alrededor del Sol y la Tierra alternativa fusionada con nuestro planeta en Rogue Planet (nº 24.1). Tras el evento AXIS Tony se convirtió en una versión aún más prepotente y sobrada de si mismo, protagonizada una serie Superior Iron Man cuyo adjetivo (recordando la celebrada etapa de Dan Slott en Spiderman) ya dejaba claro el tipo de persona. Y en ese sentido tiene cierto sentido el Tony gilipollas que tenemos en estas páginas.

Pero lo que me molestó sobremanera, y lo sigue haciendo a día de hoy tras volver a leerme estos comics, es el final de Vengadores 44 en el que Steve abandona su puesto ante la inminente incursión de la Tierra 1616 para darse de hostias con Stark. Durante 8 meses intentó detener a Stark por intentar salvar la Tierra 616 de una forma que a él no le gustó, y ahora le quiere zurrar porque aparentemente todo lo que los Illuminati plantearon no va a ser suficiente para salvar el universo de la última incursión. Steve siempre ha buscado ayudar y construir, esta versión de Hickman en la que prefiere ver el mundo arder con tal de tener su venganza contra Stark NO es mi Capitán América. Me parece penoso, la verdad, y es un final terrible a este volumen de Vengadores. Un final que además es un NO-final, al dejar todo abierto ante una última incursión que será desarrollada en el primero número de Secret Wars, lo cual no hace sino aumentar mi frustración ante el final de una etapa que resultó super anticlimática y decepcionante.

Luego hay que comentar el tema del baile de dibujantes. La etapa se inició en Vengadores 35 dibujado por Jim Cheung, Paco Medina, Nick Bradshaw y Dustin Weaver, cada uno contando una de las tramas del comic. En los 9 números restantes tenemos a Stefano Caselli en cinco (el último número nº44 ayudado por Kev Walker), Mike Deodato Jr. en tres (a los que hay que sumar tres números más de Nuevos Vengadores) y a Mike Mayhew. Y dentro que Caselli y Deodato no son malos en absoluto, les veo en estos comics sólo correctos, no se si por la sobrecarga de personajes que hay en estos comics o por los propios plazos de entrega.

Dado que Time Runs Out tiene un orden de lectura alternando Vengadores y Nuevos Vengadores, la sensación gráfica de este arco de 20 números es de batiburrillo total, algo que no ayuda a disfrutar de la experiencia lectora. A Caselli, Deodato y otros en Vengadores hay que sumar en Nuevos Vengadores al propio Deodato en tres números, Kev Walker en cuatro, Valerio Schiti, Simon Kudranski y Dalibor Talajic. Excepto en el caso de Deodato que dibuja Vengadores 39 y la mitad de Nuevos Vengadores 28 (la otra mitad está dibujada por Mike Perkins) donde se narra el enfrentamiento entre los SHIELD AVENGERS y los ILLUMINATI, no hay dos comics seguidos seguidos dibujados por el mismo dibujante. Gráficamente, me parece un desastre.

Por estos motivos, la relectura de este Time runs out en la parte de Vengadores ha resultado super decepcionante, incluso reconociéndole a Hickman el mérito de haber planteado una historia tan ambiciosa y compleja. Pero la complejidad sin carisma ni empatía hacia los personajes a mi al menos no me funciona.

PUNTUACIÓN: 6/10

NUEVOS VENGADORES 24-33 de Jonathan Hickman, Kev Walker, Mike Deodato Jr., Valerio Schiti, Simon Kudranski, Mike Perkins y Dalibor Talajic (Septiembre 2014 – Abril 2015)

Aunque como ya he comentado las tramas de Vengadores y Nuevos Vengadores se están cruzando a lo largo de Time Runs Out, en esta parte de la reseña me voy a centrar en los sucesos que tienen lugar en el multiverso fuera de la Tierra 616. Por un lado con los Multiversal Avengers liderados por Thor e Hyperión viajando por el multiverso para derrotar a los que se cree que son los causantes de las incursiones y la contracción del multiverso, los poderosos Black Priests y Rabum Alal, El gran Destructor. A eso hay que añadir el destino de un Doctor Extraño que llevaba meses perdido y de un Doctor Muerte que va a tener una importancia capital en todo lo que vamos a leer a partir de este momento, y sobre todo en las Secret Wars posteriores.

Hickman en positivo plantea tramas complejas que se van alternando de forma que mantiene el interés a nivel general. Pero con la relectura veo que ha planteado tramas y personajes que sugerían una importancia que luego no han tenido en realidad, siendo de nuevo el engranaje necesario para que la historia-río avance hasta donde debe llegar. En este sentido, resulta hasta ridículo la resolución de los Black Priests, unos seres super poderosos que se creía eran villanos pero realmente estaban destruyendo realidades porque creían que haciéndolo detendrían la contracción y salvarían el multiverso. Con el añadido de encontrarse los Multiversal Avengers que el Doctor Extraño es ahora el señor que los controla, un giro super loco como digo necesario para la trama que sirve para borrar de un plumazo a esta raza.

Algo similar nos pasa con Rabum Alal, el Gran Destructor y creador de las Black Swams que resulta ser… Victor Von Muerte, que ha viajado por el tiempo y el multiverso junto al Hombre Molécula para impedir la destrucción que plantean los verdaderos villanos de todo, los Yvory Kings. Y es que el problema es que en estos números asistimos a una situación en la que la historia previa nos había informado que los grandes villanos eran unos (Black Priests y Rabum Alal), para de repente descubrir que realmente no son ellos, sino los Yvory Kings, que resultan pertenecer a la raza de los Beyonders (Todopoderosos, recodando el creador de las Secret Wars originales de los años 80). Esto al final es una forma un tanto burda de complicar una trama que no era tan compleja una vez piensas sobre ello.

Si a eso le sumamos el estilo de escritura de Hickman que se caracteriza por contar la historia de forma fragmentada y no lineal, añadiendo al final detalles clave en la comprensión de la historia, me queda la sensación casi que Hickman se ha hecho trampas al solitario, planteando nuevas amenazas aún más grandes para que olvidemos que las tramas que estaban abiertas están siendo cerradas de forma anticlimática y bastante insatisfactoria.

Obviamente lo que hace Hickman es digno de elogio, porque está moviendo numerosas tramas de forma simultánea que implican a decenas de personajes, algo nunca visto a esta escala en unos comics Marvel. Y realmente no hace «trampas» aunque lo parezca, ya que estoy convencido que la mayoría de elementos y tramas estaban en su cabeza (más o menos) desde casi el comienzo de su historia-río, aunque no fueran presentados en la historia hasta el último momento. Algo que queda super patente en el arco de Muerte y el Hombre Molécula, que de alguna manera salvan la situación mientras les pone en primera línea para las Secret Wars. Pero aún aceptando que esto es así y es que la historia de Hickman es la que es, en la relectura todo el arco de Muerte resulta demasiado conveniente.

Comentaba antes el batiburrillo gráfico que son las 20 grapas de Time Runs Out. Pero por el lado de Nuevos Vengadores la cosa es aún peor, porque Kev Walker, que dibuja cuatro números, Simon Kudranski y Dabibor Talajic son dibujantes mucho más flojos que por ejemplo Stefano Caselli que dibuja en la colección vecina. Sólo Mike Deodato salva un poco los muebles de esta colección, pero al batiburrillo hay que sumarle unos dibujantes que en el mejor de los casos se quedan en sólo correctos. Algo que también ayuda a que la lectura de estos comics sea insatisfactoria.

En su etapa reciente en Patrulla X me quejaba que Hickman estaba tan centrado en el worldbuilding que se olvidaba hacer cada una de las grapas individuales una experiencia apasionante. Diría que esto mismo lo encontramos en estos comics, todo es correcto pero le falta elementos realmente potentes a lo largo de los diferentes números. La venganza de T´Challa hacia Namor es uno de esos momentos, pero el propio Hickman se encarga de borrar su importancia al poner en marcha la siguiente parte de su historia con la entrada del universo Ultimate. Para más inri, es que Hickman ni siquiera termina la historia en estas páginas, de forma que bajo cierto punto de vista estos 77 números de Vengadores y Nuevos Vengadores (más 21 de Vengadores Mundiales) al final no han sido más que un previo de Secret Wars. Un preludio obviamente demasiado largo.

En el caso de Nuevos Vengadores reconozco que este NO-final no me dejó el mismo mal sabor de boca que en Vengadores, pero sumando el dibujo y unas tramas que aparentan ser más complejas de lo que son en realidad, la relectura me deja sensación que Hickman se ha desinflado a marchas forzadas, y de alguna manera no consiguió mantener el hype que él mismo creó en los estupendos 6 números iniciales.

Realmente no son malos comics, pero no diría que sean notables. O al menos, no encajan con el tipo de comics de superhéroes que me gusta leer. Empezando por un dibujo que globalmente me parece montonero por la falta de consistencia y estabilidad.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

BONUS-TRACK. Tras leer estos comics de Vengadores y Nuevos Vengadores, obviamente me queda una última lectura y un último artículo por escribir, para analizarlas Secret Wars de Hickman, Esad Ribic e Ive Svorcina, la maxiserie donde culminó la historia río de Hickman. ¡Os espero la semana que viene!

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Crítica de The Scumbag vol. 3 de Rick Remender, Roland Boschi y Moreno Dinisio (Image Comics)

Rick Remender termina The Scumbag (El Cabronazo) en un tercer volumen repleto de mala baba y un humor negro buenísimo que me ha encantado, con un estupendo apartado artístico formado por el dibujante Roland Boschi y el colorista Moreno Dinisio.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

El mundo está atrapado en una guerra sin cuartel entre Scorpionus y Moonflower mientras ambos ponen en marcha sus planes para imponer sus versiones de la utopía a todos nosotros. Nuestra única esperanza de liberación es un metalero pervertido y drogadicto, el Agente Scumbag, y su vehículo volador.

Deja de ser un imbécil y ven a dar una última vuelta con RICK REMENDER (Seven to Eternity CLASE MORTAL), ROLAND BOSCHI (Soldado de Invierno, Motorista Fantasma) y Ernie Ray Clementine, ¡para que todo se arregle en un mundo para todos! ¡O todo lo contrario! ¿Por qué íbamos a contarte cómo acaba la historia en este anuncio?

Este tercer y último volumen de THE SCUMBAG recopila los números 11-14 USA

En mi reseña del primer volumen de The Scumbag (El Cabronazo) ya expliqué el problema que Rick Remender tuvo que solucionar al abandonar Lewis LaRosa, el artista original y creador con Remender, la serie tras dibujar únicamente el primer número. Remender optó por una solución extraña dentro del mundo editorial indy, al hacer que nueve dibujantes diferentes dibujaran los comics siguientes pertenecientes a los volúmenes uno y dos del comic. Sin embargo, para estas cuatro últimas grapas que cierran la historia Remender contrató a Roland Boschi, dibujante francés que ya había dibujado el cuarto número, para que estas últimas páginas tengan la consistencia gráfica que el comic no había tenido hasta este momento. Y la verdad es que el resultado gráfico de Boschi junto al colorista Moreno Dinisio está super bien y es uno de los varios factores que hacen que la lectura haya sido super satisfactoria. Boscho triunfa además de con su narrativa al conseguir transmitir el tono de farsa over-the-top que plantea la historia de Remender, consiguiendo que el final del comic sea perfecto.

Leyendo The Scumbag, uno se da cuenta que Remender tenía pensado esta historia con este final tan satisfactorio desde el principio. De hecho, casi diría que a partir del impactante giro final de la historia, Remender plantea toda la historia para poder llegar a ese momento de la forma más adecuada, consiguiendo un final de 10.

Leyendo entrevistas a Remender, él ha comentado en muchas ocasiones que de joven formó parte de la escena punk y anarquista de la Costa Oeste, (mal) viviendo en casas de amigos hasta que pudo empezar a trabajar como animador en películas como El gigante de hierro (1999) Titán A.E. (2000). Su mentalidad antisistema es algo que hemos leído en comics suyos como Deadly Class o más recientemente Death or Glory, no es algo que sorprenda o que sea un cambio reciente. Y es por esto que es normal que el liberal y libertario Remender vea lo que está pasando en la sociedad americana de la actualidad y no pueda estar de acuerdo ni con lo que hacen los simpatizante republicanos de Trump que entrarían de lleno en la ultraderecha, ni tampoco con la deriva de la izquierda radical americana. Y es precisamente contra ambos grupos contra los que Remender dirige una acertadísima crítica planteada como una historia over-the-top que bordea la farsa en muchos momentos.

Todas las personas normales sabemos que los nazis son lo peor, no hay ninguna duda sobre ello. Y Remender realmente se ríe sin pudor de sus villanos para esta historia, Scorpionus, Unos nazis de opereta que resultan especialmente penosos y que enlazan además con los villanos de Spectra de las películas clásicas de James Bond, un género que The Scumbag plantea parodiar.

En este volumen Remender plantea otro puntazo super bueno al echar por tierra esa idea nostálgica sobre que «en los 50 la vida era perfecta». Perfecta, excepto para los afroamericanos y otras minorías, claro. Y tampoco para homosexuales o personas con ideologías políticas de izquierda. El mundo del entretenimiento está sumido en un revival continuo ya que el pasado familiar vende. Y Remender va también contra esto porque no es cierto que los años 50 fueran idílicos, ya que realmente se silenciaron muchas voces discrepantes.

Pero Remender acierta al mostrar a la secta Moonflower que quiere propagar una ideología de amor total, lo que sobre el papel no está nada mal, como unos radicales igual de malos al querer imponer su visión de cómo tiene que ser el mundo, anulando la libertad individual. Esta secta sirve para críticar de forma super certera a todos los integrantes de la filosofías woke radicales que buscan imponer por la fuerza de las cancelaciones su punto de vista siempre bajo el pretexto que es por nuestro bien. Me gusta mucho que Remender se atreva criticar a la ultra-izquierda porque ahora mismo reirse de los nazis es lo super sencillo, pero hay que tener agallas para criticar a estos grupos que en seguida te montan campañas de acoso con la excusa de calificarte como __ista.

Scumbag ha resultado un comic super exagerado en todo, partiendo de su protagonista Ernie Ray Clementine, un loser que quiere conservar su libertad para poder drogarse y emborracharse, un retrato muy poco favorecedor de esas personas de mentalidad libertaria que en cierta forma están viviendo de espaldas a la realidad de la sociedad actual. Como véis, me gusta que Remender tire contra todo el mundo y no escatime en críticas a todos aquellos que él entienda están haciendo que la sociedad americana esté yéndose al infierno con cada elección que pasa.

Entiendo que esta crítica de brocha gorda igual no encaja a todo el mundo, pero la verdad es que yo he disfrutado este comic una barbaridad, no puedo dejar de recomendarlo, en especial a todos aquellos lectores que tengan una mente abierta y no vean el mundo real como un lucha en blanco y negro en la que yo (ellos) tienen siempre la razón y los demás están siempre equivocados. Igual algún lector que peque de sectario hacia uno u otro lado se ve representado y le ofende alguna de las bromas de Remender hacia «los suyos», lo cual igual significa que deberías mirar cuales son prioridades y si de verdad crees que «vive y deja vivir» es una buena filosofía de vida.

Comparto las primeras páginas de este comic:

The Scumbag creo que ha sido un comic super divertido que ha cumplido más que de sobra su función y que ha sabido dar cera a las dos vertientes más radicales del espectro político de forma brillante.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

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