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HBO Max anuncia una ventana de 45 días en los cines para las películas de Warner Bros en Europa en 2022

HBO Max ya está disponible en España desde el pasado 26 de octubre. Uno de los anuncios estrella que hicieron los representantes de HBO durante su presentación fue el anuncio que todas las películas de Warner Bros estarán disponibles en su plataforma de streaming tan sólo 45 días después de su estreno en salas comerciales a partir de 2022. Hoy quiero hablar de mi afición al cine y analizar las repercusiones que puede tener este anuncio en el hobby de ver cine en pantalla grande, sobre todo si esta ventana se extiende y se convierte en norma del sector.

Mis dos grandes aficiones son los comics y el cine. Desde que tengo uso de razón recuerdo la experiencia de ir a una sala de cine para ser deslumbrado por historias más grandes que la vida, aventuras increíbles, dramas, comedias, terror o ciencia ficción. Durante muchos años todas las semanas iba al cine al menos una vez, muchas veces sin importar la película en cuestión. Dentro de esta afición, tan importante como la historia era la experiencia de verla en pantalla grande, con el plus añadido que esas historias sólo podían verse en los cines ya que tardaban meses en llegar a los video-clubs, y luego a las tiendas en sus versiones en DVD primero y blu-ray actuales. Y si hablamos de su estreno en las cadenas generalistas de televisión, los plazos se alargaban años (exceptuando la revolución que supuso en su día el nacimiento en España del canal de pago Canal+). Reconozco que esta batallita es casi arqueología, desde luego historia antigua, porque la irrupción de Netflix a partir de 2013 lo ha cambiado todo.

La forma en que el streaming ha modificado en los últimos 5 años los hábitos de ocio a nivel mundial me parece algo revolucionario. En medio de un debate cíclico (y algo estéril) sobre lo caro que era el hobby de ir al cine en España, a menudo expresado por gente que sin embargo no tiene problema de pagar 10 €uros por un gin-tonic premium o incluso más por una entrada de fútbol, Netflix desató una tormenta perfecta, al ofrecer una suscripción mensual por menos de lo que cuestan dos entradas de cine. La necesidad de ir al cine a ver una película “normal” empezó a dejar de tener sentido cuando en Netflix tenías contenidos similares todas las semanas que podías ver cómodamente en cualquier dispositivo en casa o fuera de ella. El razonamiento de “para qué ir al cine a ver una película malilla cuando en casa tengo lo mismo” se ha ido extendiendo entre todos los segmentos de población, y no es una locura afirmar que hoy en día más gente ve cine en sus móviles de forma regular que en las salas comerciales.

Prime Video de Amazon y Disney+ se lanzaron a disputarle el dominio del streaming a Netflix, multiplicando la oferta de ocio disponible para los consumidores sin salir de casa. Y eso sin contar a Filmin, a la propia HBO o propuestas de momento minoritarias como Apple TV. Por menos de 20 €uros al mes (el precio de dos suscripciones) hay factualmente más oferta interesante que ver en estas plataformas, eligiendo cada consumidor las que más le encajan, que tiempo para hacerlo.

Estas plataformas llevaron un paso más su estrategia de creación de contenidos originales y se lanzaron también a ofrecer películas “de prestigio”, contratando a directores reconocidos para que crearan con ellos sus últimas propuestas. A raiz de esto, muchos de los premios de cine de los últimos años han recaído en películas producidas por el streaming. Poder ver las últimas películas de Scorsese o Cuarón en casa ofrecía a sus suscriptores un contenido “objetivamente” mejor que las películas que se estrenaban en el cine ese mismo fin de semana.

La consecuencia a grandes rasgos es que los estudios de cine han dejado de producir películas “normales” de presupuestos medios de 40-50 millones, dado que es cada vez más complicado recuperar la inversión de una comedia o un drama genéricos si los espectadores no van al cine a verlos, al tener en casa películas similares que cumplen la misma función de entretenimiento ligero. Los estrenos cinematográficos en los últimos años se han segmentado en grandes blockbusters palomiteros que ofrecen un espectáculo visual que de momento sólo podía disfrutarse en pantalla grande en toda su amplitud, y producciones de bajo presupuesto que pueden ofrecer una gran rentabilidad a los estudios. Ejemplo paradigmático de esto último serían las películas de terror de Blumhouse que por regla general nunca superan los 10 millones de presupuesto, con lo que a poco que funcionan generan casi siempre grandes beneficios para la productora.

Hasta 2019 las películas de Marvel Studios, Disney o Star Wars marcaban records de recaudación a nivel mundial, estrenando películas-evento que transmitían con éxito la idea que era un acontecimiento que tenía que verse sí o sí en pantalla grande. Gracias a esto Vengadores Endgame se convirtió durante varias semanas en la película más taquillera de la historia a nivel mundial, recaudando más de 2700 millones. La clave para vender una película no es vender que es buena, sino que es “importante”.

La llegada del COVID paralizó la industria durante meses y ha acentuado los cambios en los hábitos de ocio. Ahora es casi más normal ver series o películas en las pantallas de los móviles o tablets que en la televisión del comedor de casa, y se ha extendido la idea tras estar varios meses confinados sin ir al cine, que teniendo el streaming el ir al cine no es ya un hobby que merezca la pena. (Yo no lo creo, pero entendedme).

La apertura de los cines con restricciones de aforo y los retrasos en las fechas de estreno provocaron que los estudios de cine buscaran fórmulas novedosas para rentabilizar sus inversiones. En algunos casos, los estudios optaron por llegar a acuerdos con Netflix, Prime, etc para estrenar sus películas directamente en las plataformas. Disney probó una experiencia piloto de estrenar simultáneamente sus grandes estrenos Mulan, Viuda Negra y Jungle Cruise en salas comerciales y simultáneamente en modo alquiler dentro de Disney+, con un precio de alquiler alto de 21,99 €uros que marcaba una clara diferencia respecto al precio de una entrada normal de cine. Esto en lo referido a sus grandes blockbusters, porque los estrenos de Pixar Soul o Luca se estrenaron de forma gratuita en la plataforma, una solución de compromiso para dotas de contenido a una cadena que sufrió en 2020 por la falta de nuevos contenidos originales. Tras 90 días, estas películas que ya no estan en los cines pasan a estar disponibles en Disney+ dentro del paquete normal de contenidos incluidos con la suscripción normal.

Warner y HBO son propiedad de AT&T. El gran conglomerado mediático lanzó su propio canal de streaming HBO Max en mayo de 2020 en Estados Unidos (y que ahora llegó a España). Tras varios meses con unas cifras de suscripciones muy inferiores a las de Netflix, Prime Video o Disney+, el lanzamiento corría el riesgo de ser considerado un fracaso, algo impensable para estas grandes empresas que cotizan en bolsa. AT&T WarnerMedia lanzó una idea radical durante todo 2021 en Estados Unidos para intentar reflotar HBO Max, estrenando todas las películas de Warner en streaming el mismo día que se estrenan en los cines SIN COSTE ADICIONAL, incluidas en dentro del precio normal de la suscripción. Algo que se hizo con la excusa del COVID y teniendo en cuenta las limitaciones de aforos de los cines y los reparos de una parte de los consumidores en entrar en una sala con más gente,

La gratuidad del visionado de estas película de Warner al estar incluidas en la suscripción standard ha sido la gran novedad respecto a las películas Disney estrenadas en modo alquiler. El precio alto del alquiler de Disney hacía que muchos espectadores (yo por ejemplo) hayamos preferido pagar para ver Viuda Negra o Jungle Cruise en los cines, no en casa, para disfrutar de la experiencia widescreen de las salas comerciales, algo que no tengo en casa. Y el experimento le salió bien a Disney al menos en el caso de Viuda Negra, NO en el de Jungle Cruise, de forma que Marvel consiguió obtener beneficios cuando sumamos los ingresos de la taquilla en los cines con el acceso Premium de Disney+.

Sin embargo, en el caso de HBO Max y para sorpresa de nadie, todos los estrenos de Warner en los Estados Unidos han fracasado en taquilla, con la excepción de Godzilla vs Kong y a falta de ver el resultado de Matrix 4 estas navidades. ¿Quien va a pagar por ver Maligno o Cry Macho en el cine cuando la tienes de forma gratuita en streaming? Casi nadie, obviamente. Pero no solo ha fallado el cine “normal”, los grandes blockbusters de Warner The Suicide Squad o Dune que para mi merecen ser vistos en patalla grande también han fracasado y no van a cubrir costes con las recaudaciones de los cines. Apostar por la captación de suscriptores ha provocado un año de pérdidas, un año perdido para Warner. Calificarlo de desastre es poco.

De cara a 2022, HBO Max NO va a estrenar simultáneamente las películas de Warner, menos mal, pero en lugar de los 90 días actuales de ventana de exhibición que por ejemplo Disney respeta, ha anunciado que lo reduce a la mitad, tan sólo 45 días. Y si bien esto es menos malo que si lo comparamos a lo vivido en Estados Unidos este año, es un clavo más en el ataúd del hobby de ver cine en salas de cine, una nueva traba que puede hacer que se convierta en una actividad en peligro de extinción.

Porque excepto los muy fans del cine de superhéroes que vamos a ver las películas el fin de semana de estreno, la mayoría de espectadores no tiene ninguna urgencia en ver una película. De hecho, en muchos casos hasta que el boca a boca no empieza a funcionar ni siquiera saben que la película está en cartelera para empezar. Hacer que en apenas 6 semanas la película esté disponible en streaming tengo clarísimo que va a provocar que muchos espectadores no hagan el esfuerzo de ir al cine si en 2/3 semanas la van a poder ver en casa. El efecto, si se extiende a otros estudios puede ser catastrófico para el negocio de las salas comerciales.

Las películas que mayoritariamente atraen público a las salas se engloban en el cine comercial de efectos especiales para todas las edades tipo Endgame, Star Wars o la franquicia de James Bond. Un tipo de cine carísimo de producir que necesita de grandes taquillas para conseguir ser rentables. La tendencia de este 2021 muestra que debido a las disminuciones de espectadores / taquilla en Estados Unidos, películas de este tipo como The Suicide Squad o Dune con presupuestos superiores a 150 millones de dólares van a terminar con pérdidas su periodo de exhibición comercial. Lo lógico es pensar que una vez se estrenen las películas que actualmente están en producción y que aún sufren los retrasos provocados por el Covid (por ejemplo Top Gun 2), las nuevas producciones tengan en cuenta una previsión de ingresos acorde a la nueva realidad menguante. Esto provocará que películas con presupuestos de 200 millones o más que hace 4/5 años se les hubiera dado luz verde no llegarán a hacerse.

Esto a la vez puede generar una bola de nieve, porque si hay pocos espectáculos widescreen aún menos espectadores irán a los cines, generando recaudaciones aún menores que a su vez provocarán que los estudios sólo produzcan películas cada vez más económicas, lo que atraerá a menos espectadores… empeorando aún más la situación del negocio de exhibición. Esta previsión catastrofista sólo con Warner / HBO Max no creo que vaya a suceder, aunque diría que las cuentas de Warner van a sufrir en durante 2022. Sin embargo, si otros estudios como Sony, Paramount, Dreamworks o la propia Disney incorporara esta ventana de 45 días, no tengo duda que muchas cadenas de cines estarán abocadas al cierre por falta de negocio.

Creo que el futuro y el presente del entretenimiento pasa por el streaming. Este análisis se centra sólo en el hobby de ver cine en pantalla grande, en ningún caso creo que el cine en general esté en peligro, seguiremos viéndolo en un formato u otro. De hecho, el streaming trajo como positivo que se produjeran películas como Roma o El Irlandés que no se hubieran estrenado por los canales normales de distribución en salas comerciales debido a su coste estratosférico. Pero una cosa es eso y otra que una gran empresa como AT&T WarnerMedia ponga en riesgo el exitoso negocio cinematográfico de Warner Bros, que en 2023 cumplirá un siglo desde su fundación, por conseguir más suscriptores.

Como espectador y consumidor de cine que soy, lo único que puedo hacer es seguir mi filosofía de fan friki, poniendo mi cartera donde pongo mis opiniones. Eso significa que en la medida de mis posibilidades, seguiré yendo al cine siempre que pueda, llevando a mi familia para compartir la experiencia. Si reconozco que mantengo una actitud crítica con aquellas obras o autores que no conecten con mis gustos, aunque intento ver obras que me saquen de mi zona de confort como me pasó con Titane. Pero sin boycotts absurdos que sólo van a empeorar la situación. Esta iniciativa de AT&T favoreciendo a HBO Max frente a Warner me parece penosa, pero no por ello voy a dejar de ir a ver Matrix 4 en el cine cuando se estrene estas navidades. Que mi dinero hable por mi.

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¡Un saludo a todos!

Oats Studios de Neill Blomkamp (Netflix)

Netflix ha estrenado casi por sorpresa unos interesantes cortometrajes dirigidos por el director sudafricano Neill Blomkamp en su estudio Oats Studios.

PUNTUACIÓN: 7/10

El director Neill Blomkamp produce una serie de cortometrajes experimentales que imaginan mundos postapocalípticos y escenarios aterradores.

Neill Blomkamp (Johannesburgo, Sudáfrica, 1979) es un director de cine y guionista sudafricano. Su cine se caracteriza por un estilo documental, cámara en mano, que utiliza efectos naturalistas y realistas generados por ordenador y una temática social. Actualmente reside en Vancouver.

El director se hizo famoso en 2009 gracias a District 9, su primera y mejor película que se convirtió en una realidad gracias a que Peter Jackson vio su cortometraje «Alive in Joburg» y se decidió a producir el largometraje. District 9 y Alive in Joburg cuentan la historia en formato de falso documental de un grupo de extraterrestres que tienen que sobrevivir en un ghetto de Johannesburgo años después del primer contacto. En esta película, Blomkamp ya muestra lo que se van a convertir en sus señas de identidad. Unas historias de ciencia ficción planteadas con una gran crítica social rodadas con cámara en mano al estilo documental que combinan de manera brillante numerosos efectos mecánicos reales con otros generados por ordenador. La película fue un éxito de crítica y público, siendo nominada a los Oscars de 2010 en las categorías de Mejor Película, Mejores Efectos Visuales, Edición y Guión Adaptado.

Tras ella, Elysium (2013) fue una pequeña decepción. A pesar de un increíble diseño de producción, otro de sus puntos fuertes, y de una historia planteada a partir de la lucha de clases sociales en un mundo futuro en el que los pobres malviven en la basura de un mundo contaminado mientras los ricos viven es oasis en las nubes, la historia no acabó de cuajar. Contar con Matt Damon de estrella hizo que la película tuviera una buena recaudación pero sin ser el taquillazo que fue District 9. Chappie (2015) fue un intento de volver a los orígenes, en este caso con un robot que intenta sobrevivir en una Johannesburgo con muchas similitudes a la vista en District 9, y pasó bastante desapercibida.

Tras varios años en los que su nombre ha estado asociado a numerosas películas, entre otras el reinicio e Aliens o de Robocop, que han acabado en nada, Blomkamp fundó en 2017 Oats Studios, un estudio en el que poder plasmar sus inquietudes respecto a la ciencia ficción, creando unos cortos que muestren la potencia de su imaginación a los estudios de cine (y a los espectadores), a ver si volvía a sonar la flauta y alguno de estos conceptos conseguían convertirse en una película como pasó con Alive in Joburg. Son estos cortos, creados entre 2017 y 2020, los que ha estrenado Netflix este mes. Y como digo, más que «cortos experimentales» como nos vende la publicidad, lo que tenemos aquí son prácticamente unos storyboards ampliados para vender su siguiente película.

A destacar que Blomkamp ha estrenado este 2021 Demonic, película en la que combina el cine de terror con la ciencia ficción que aún no he podido ver.

Entrando al visionado de estos 10 cortometrajes, hay dos que me han parecido realmente buenos y que si parecen estar pensados para convertirse en película. De hecho, no sorprende que sean los dos primeros de esta serie mostrada por Netflix, ya que son los más potentes visualmente y desde el punto de vista de sus valores de producción, así como en lo referido a la construcción de los mundos que nos presentan:

Rakka, cortometraje de 2017 de 21 minutos escrito y dirigido por Blomkamp que cuenta con el gran de reclamo de Sigourney Weaver como protagonista. La historia está ambientada en un futuro postapocalíptico en el que la humanidad se prepara para la batalla final contra una invasión alienígena de seres reptiloides que está terraformando el planeta.

El corto muestra lo mejor del estilo de Blomkamp, con escenas super potentes visualmente, una perfecta integración de CGI con efectos prácticos como prótesis y maquillajes, y una historia que si bien no es original, al menos tiene conceptos que merecerían la oportunidad de ser desarrollados en largo metraje.

Firebase (La base militar), el segundo corto de Oats Studios también de 2017, es una locura ambientada en la guerra de Vietnam que muestra género bélico con terror y altas dosis de body-horror, cuando un soldado americano descubre que hay algo en la jungla aún más aterrador que el Vietcong. No, no es un predator.

Como si Blompkamp fuera un alumno aventajado de Cronemberg, en este corto tenemos mutaciones terroríficas en las que soldados son transformados desde el interior de su cuerpo en seres extraños con extremidades afiladas como si de insectos se tratara. En cuanto a historia, este corto es el más interesante y el que cuenta con elementos que resultan más novedosos.

Cigoto, el quinto episodio, es una historia de terror con conexiones a La Cosa de Carpenter, rodado en un ambiente claustrofóbico en el que asistimos a la huida de dos personas de una criatura alienígena mutada con adn humano que les persigue. El cortometraje está protagonizado por Dakota Fanning y en él que volvemos a ver el gusto de Blomkamp por el body-horror, al tener un monstruo gigante formado de los cuerpos de la gente que ha ido matando y asimilando, creando un gigante con 30 piernas y brazos y un aspecto general de estar sacado de nuestra peor pesadilla.

El pero de esta serie de cortometrajes estaría precisamente en que estos tres episodios están realmente bien, de hecho los dos primeros me parecen fantásticos, pero los restantes 7 son super chorras y se sienten como historias de relleno sin el impacto de estos primeros, casi creados por compromiso para recordar a la gente que el estudio seguía haciendo cosas. De hecho, que ninguno supere los 10 minutos de duración cuando estos tres primeros superaban los 20 ya indica la falta de ambición en la realización de los mismos.

Sin embargo, cuando brilla, Blomkamp brilla a un nivel altísimo, y realmente me deja con ganas de que alguna de estas dos ideas llegue a convertirse en largometraje. Si el objetivo de estos cortos era recordarnos la potencia visual de Blomkamp, está más que conseguido.

Comparto el trailer de esta serie:

Oats Studio es una irregular muestra del trabajo de Neill Blomkamp, pero sólo por los 3 mejores cortometrajes, creo que merece la pena el visionado.

PUNTUACIÓN: 7/10

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¡Saludos a todos!

El problema de Netflix con las adaptaciones de comics

A pesar de lo incorrecto de la afirmación, el mundo del comic y en concreto el comic de superhéroes siempre ha sido considerado de alguna manera el “hermano pequeño” del cine y la televisión.  Y es incorrecto porque antes incluso que Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros autores dieran inicio a la Marvel Age of Comics en 1961, los comics de superhéroes ofrecían en las páginas impresas un nivel de espectáculo, épica, ambientaciones fantásticas y acción más grande que la vida imposible de recrear en imagen real, ofreciendo un tipo de entretenimiento que el resto de medios no podía igualar.

Esto fue así durante más de 40 años, hasta que el director Sam Raimi nos mostró en 2002 a un Spiderman en imagen real que miraba de tú a tú a su versión comiquera.  El avance exponencial de la calidad de los efectos especiales no se ha detenido y la ventaja en espectacularidad de los comics respecto al cine se ha ido acortando con cada film. En 2019 se estrena Avengers Endgame y pocos podrán discutir que su batalla final es mucho más espectacular que la mayoría de las peleas que podemos encontrar en los comics. Pero para conseguir este nivel de espectáculo visual, es necesaria la inversión de enormes sumas de dinero, algo que no está al alcance de todas las producciones.

El avance de los efectos especiales desde los años 90 y sobre todo en el siglo XXI ya permiten crear cualquier cosa que un director pueda imaginar. Los comic con temática fantástica y superheroica se han convertido de esta manera en un filón de historias en las que los grandes estudios de cine invierten grandes presupuestos que suelen ser recompensados con buenos resultados de taquilla y rentabilidad.

En los últimos años los superhéroes también han saltado a la pequeña pantalla y cada vez hay más series de este género en la televisión. Las primeras series de este tipo también solían ser éxitos, a pesar de tener presupuestos menores, ya que la curiosidad que generaba el poder ver a tus personajes favoritos en imagen real suplía la falta de efectos especiales y medios. Pero cada vez hay más series superheroicas y cada vez más series fracasan en su búsqueda de audiencia debido a la saturación de contenidos que ofrecen todos los canales.

Y esto es lo que le ha pasado a Jupiter´s Legacy, la serie de Netflix que adapta los comics de Mark Millar y Frank Quitely. Como ha quedado demostrado, Netflix no es infalible y la serie ha sido cancelada tras la emisión de su primera temporada. En mi opinión este es el último ejemplo de una forma de hacer televisión que busca aprovecharse de la popularidad de las obras originales del mundo del comic, pero olvidándose en muchos casos de los motivos por los que esos comics son queridos y populares en primer lugar. Y no es un caso único. En los meses previos los lectores de comics sufrimos numerosas decepciones con las adaptaciones a imagen real de comics muy queridos como The Umbrella Academy (comic creado por Gerard Way y Gabriel Bá) o Locke and Key (de Joe Hill y Gabriel Rodríguez), entre otros muchos.

El primer y más obvio motivo de queja es que el comic es ante todo un medio visual en el que el lector disfruta de la acción espectacular que viven los personajes. Partimos que trasladar las aventuras y peleas de seres super poderosos a imagen real resulta muy caro, en caso de que quiera hacerse bien. Y excepto casos muy puntuales como el final de Juego de Tronos, The Mandalorian o las series de Marvel Studios estrenadas en Disney+, las cadenas de televisión no tienen a su disposición150-200 millones de dólares para producir una serie de televisión. De forma que lo que en los comics es un despliegue de imaginación y acción más grande que la vida, en las adaptaciones a la pequeña pantalla quedan convertidos en sitcoms con cabezas parlantes que ocupan el 90% del metraje del episodio, repletos de diálogos redundantes que repiten situaciones que funcionarían mejor con una imagen potente.

Esa limitación presupuestaria acaba convirtiendo las historias superheroicas en dramas en los que los personajes verbalizan sus sentimientos y la trama avanza a partir de dichos diálogos, no de la acción que se supone deberían mostrarnos. Casi parece que Netflix sabe que los espectadores durante los fines de semana tenemos la televisión puesta mientras limpiamos, cocinamos o hacemos labores de la casa, por lo que la sensación que están creando “series para escuchar” aumenta con cada nuevo visionado decepcionante.

La prueba del algodón para separar las buenas series de televisión del fast-food es muy sencilla: ¿Cuánto tiempo pasan estas series en las mismas tres localizaciones? ¿Cuánto metraje se destina a conversaciones rodadas en plano-contraplano genéricos? Cuando ves The Mandalorian o Wandavision, es imposible despegar los ojos de la pantalla porque las imágenes son las que cuentan la historia y consiguen que a los espectadores nos interese lo que está sucediendo. Con Jupiter´s Legacy, puedes tender la ropa o poner el lavaplatos y no te pierdes nada esencial porque los personajes verbalizan las situaciones y convierten lo que debería ser especial en mundano y sin chispa.

Esto por supuesto es todo lo contrario de lo que debería ser, y acaba generándose una sensación pobre, de un producto que no está a la altura del original. Si hay una constante que debería ser obligatoria es la aventura y el espectáculo. Y lamentablemente, cada vez es más habitual ver una serie con capítulos de 50 minutos en los que la falta de presupuesto hace que sólo muestren una única escena de acción y efectos especiales por episodio.

Existe otro problema añadido que es el de las escenas de acción. Te gustarán más o menos, pero son algo consustancial al género y no rodarlas bien transmite un feeling mediocre. Puestos a tener que mostrar acción espectacular, querer rodarla bien debería ser lo más importante para los productores y creativos, y sin embargo habitualmente se nota que se plantea como un trámite que hay que despachar de la forma más mecánica, impersonal y barata posible, copiando la película de moda en ese momento. Por ejemplo, John Wick.

Otro de los elementos fundamentales que explica las diferencias entre las series de televisión y los comics es la capacidad de síntesis. En las 20 páginas mensuales del comic los autores tienen que condensar las escenas más potentes y los mejores diálogos que ayuden a contar la historia, con la obligación añadida de dejar a los lectores con ganas de volver a comprar el comic el mes siguiente gracias a unos cliffhangers que son otro elemento consustancial del medio. Sin embargo, cuando ves que un comic de 6 números que se lee en 30 minutos se intenta convertir en una serie de televisión de 8-10 episodios  y al menos 45/50 minutos de duración, ya puedes intuir que la cosa no puede acabar bien.

El virus «Lost» es otro problema que aqueja a una parte de la narrativa televisiva de género. Debido a la influencia de la histórica serie creada por Damon Lindeloff, las series dividen en dos sus historias, una mitad en el presente de los personajes y la otra en un pasado que explica su origen y los posibles problemas emocionales que sufren, y que debería servir para dar pistas del misterio al que se enfrentan. Realmente esta técnica narrativa es correctísima si se utiliza bien, pero lamentablemente en los casos a los que me refiero su mala utilización hace que las historias queden partidas en dos y ninguna de las dos contiene elementos interesantes que me apetezca saber cómo terminan.

Netflix cambió el paradigma televisivo con su concepto de “binge-watching” o estrenar sus series en su totalidad el día del estreno para permitir que los espectadores puedan verse la serie entera en modo maratón. Al principio, poder ver series como House of Cards o la primera temporada de Daredevil se convirtió en un vicio tremendamente adictivo. Pero lo que antes era un acontecimiento ha mutado a una saturación de contenidos en los que Netflix estrena cada semana varias series y películas simultáneamente que hace imposible estar al tanto de todo. Mucho menos verlo.

La sensación de “serie de la semana” y que a Netflix le da igual qué serie emite mientras sigamos conectados, genera una sensación “montonera” e intercambiable en la mayoría de sus estrenos recientes de fantasía y género superheroico. Con el añadido (a peor) que en Disney+, Prime Video o HBO el estreno semanal ayuda a que el boca a boca de los espectadores genere interés por su estreno, de forma que las audiencias en muchos casos crecen semana a semana a medida que se va emitiendo. Sin embargo, Netflix prácticamente sólo promociona una serie o película la semana de su estreno y, excepto pelotazos puntuales, pasan a segundo término casi inmediatamente ante la necesidad de promocionar el estreno de la semana siguiente, con lo que el posible impacto que pudiera tener se reduce, quedando oculto entre el propio catálogo. Jupiter´s Legacy se estrenó en Mayo y a los 15 días nadie se acordaba de ella. Loki terminó en Julio y aún seguimos analizando las consecuencias de lo que ha sucedido en esa serie y sus repercusiones en el MCU.

Y esto no quiere decir que Netflix no tenga series muy disfrutables, El Método Kominsky o Gambito de Dama por ejemplo me han encantado. Pero en lo referido a adaptaciones en imagen real de historias nacidas en el mundo del comic, la cadena de streaming está mostrando una preocupante falta de calidad y personalidad.

La personalidad, o la falta de ella, es otro problema recurrente en estas adaptaciones de Netflix. Los comics reflejan ante todo la personalidad de sus autores, y no se entiende Locke & Key sin la imaginación oscura de su dibujante Gabriel Rodríguez o Jupiter´s Legacy sin el poderío visual de Frank Quitely y los golpes de efecto de Mark Millar. Sin embargo, cuando se estrenaron las series de televisión, buscando un producto que pueda gustar a un público mayoritario de todas las edades eliminaron precisamente todo lo que hacía especial el comic, consiguiendo unos personajes planos y un aspecto visual mediocre, que casi podría intercambiarse con el de otras series de la cadena.

Quizá lo primero que habría que pedir a Netflix es que si realmente quieren seguir produciendo series basadas en comics de superhéroes o de temática fantástica, que inviertan en ellas para que luzcan de la mejor manera posible. Pero no es sólo cuestión de dinero, también influye la calidad de los profesionales contratados y si realmente son fans del género y conocen qué es lo que hace que la historia sea especial, o estamos ante alguien con un contrato “alimenticio” al que le da igual hacer esto mientras le paguen y probablemente estuviera más a gusto en otro tipo de historias.

También es importante recordar que el aspecto visual por supuesto es importante, pero lo es incluso más crear historias potentes que resalten los valores que poseen los personajes. Superman o el Capitán América no han sobrevivido 80 años desde su creación por lo llamativo de sus uniformes o sus poderes, sino por el carisma y la personalidad que han transmitido a varias generaciones de lectores que queremos seguir leyendo sus aventuras, porque nos interesan Clark Kent y Steve Rogers.

Lamentablemente, mientras la política de Netflix siga siendo la de inundar la parrilla de novedades en lugar de cuidar cada uno de sus estrenos, no veo un final feliz a la vista. Si mantienen esta tendencia y no saben crear personajes interesantes que se enfrenten a amenazas originales con historias visualmente atractivas, tal vez sea mejor seguir disfrutando de los superhéroes en su medio natural, el comic.

**Escribí este texto el pasado mes de junio para la revista – fanzine El Colmo editada en Alcora (Castellón). Problemas de producción han provocado que la revista aún no haya sido publicada por lo que, debido el tiempo transcurrido, he decidido compartirlo en el blog para que llegue a más lectores y no se pierda. Espero que os guste.

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¡Saludos a todos!

Crítica de Misa de Medianoche de Mike Flanagan (Netflix)

La nueva serie de televisión de Mike Flanagan (The haunting of Hill House, Doctor Sleep) se ha convertido en un auténtico acontecimiento para todos los fans del terror, y me alegra poder comentar que Misa de Medianoche (Midnight Mass), estrenada en Netflix, no decepciona.

PUNTUACIÓN: 8/10

CRÍTICA SIN SPOILERS.

Miniserie de TV (2021). 7 episodios. Una comunidad al borde de la extinción y ávida de fe recibe la llegada de un carismático sacerdote, que trae consigo milagros, misterios y un renovado fervor religioso.

Mike Flanagan se ha convertido en uno de los grandes nombres del terror actual. The Haunting of Hill House, Gerald s Name, The Haunting of Bly Manor y Doctor Sleep conforman una obra envidiable a la que ahora se suma esta Misa de Medianoche.

Misa de Medianoche está creada, producida, dirigida, montada y escrita por Mike Flanagan, esto último con la colaboración de James Flanagan, Jeff Howard, Dani Parker y Elan Gale. Aunque tiene muchas conexiones con la obra de su amado Staphen King, estamos ante una idea original suya que plantea una historia más orientada hacia el drama psicológico que al terror más al uso. Para esta serie, Flanagan cuenta con Michael Fimognari como director de fotografía y con The Newton Brothers en la música, con los que ya ha colaborado en obras anteriores.

También resulta interesante comprobar cómo Flanagan repite con varios actores que ya han aparecido en Hill House o Bly Manor. Empezando por su esposa Kate Siegel, que interpreta a Erin Greene, una joven embarazada que vive en la pequeña comunidad de Crocket Island, Rahul Kohli, que interpreta al Sheriff Hassan, un padre musulman que es mirado con suspicacia por muchos de los vecinos, y Henry Thomas como Ed Flynn, un marinero del pueblo, padre de Riley y Warren.

Junto a Kate Siegel, los grandes protagonistas de Midnight Mass son Zach Gilford como Riley Flynn, un joven amigo de la infnacia de Erin que regresa a Crockett Island después de pasar cuatro años en prisión por un accidente por conducir ebrio, Samantha Sloyan como Bev Keane, una miembro de la Iglesia de San Patricio y figura influyente en la comunidad, Annabeth Gish como la Dra. Sarah Gunning, la doctora local de la ciudad y amiga cercana de Erin, y el descubrimiento de Hamish Linklater como el padre Paul Hill, el enigmático nuevo sacerdote de la iglesia de San Patricio, que llega para reemplazar temporalmente al anciano Monseñor Pruitt.

Midnight Mass es una serie de siete episodios de una hora aproximadamente. Este número de capítulos un tanto extraña me sugiere que Flanagan ha podido contar la historia que ha querido al ritmo más adecuando, siendo estas siete horas la duración que él estima la adecuada. Con lo que estoy de acuerdo.

Misa de Medianoche es una seriaza que no te puedes perder. Como comentaba antes, más que una historia de terror, Mike Flanagan plantea su historia como un drama de personajes que intentan entender su lugar en el mundo, además de un interesante estudio de la línea que separa la fe religiosa del fundamentalismo más extremo. Con unos diálogos increíbles y unas escenas en las que todo lo que cuentan tiene importancia en la resolución de la historia, esta serie puede ser el mejor guión de Flanagan de los que ha realizado hasta la fecha.

Los personajes de esta serie me parecen maravillosos. Las conversaciones que comparte Riley Flynn con el Padre Hill o con su amiga Erin Greene me parecen algunos de los momentos más interesantes y profundos que he visto en televisión este año, mientras hablan de la vida, la muerte, la fe, la culpa o la posibilidad de expiar los pecados del pasado y la existencia de los milagros en el mundo real. También los sermones del padre Hill desde el púlpito son de los que dejan poso y te hacen querer analizar bien las ideas que nos lanzan a los espectadores.

Los habitantes y la propia isla de Crockett Island son elementos con gran importancia en la serie, y ayudan a dar el toque de verosimilitud que la serie necesitaba. Y sobre todos ellos se alza la tremenda Bev Keane, la beata que existe en todos los pueblos pequeños que es más integrista y radical que el propio cura local, y que ofrece momentos terribles si pensamos que realmente existe gente así en el mundo real. Gente que piensa que está bien quemar a pecadores o que ella/ellos pueden ser una raza elegida que de alguna forma están por encima de los que para ellos son diferentes.

Técnicamente, la serie me ha parecido una pasada. Con largos planos secuencia, una fotografía estupenda y una música que nos mete completamente en la historia, en la tensión de cada momento y en las numerosas liturgias religiosas, todo me transmite que estamos ante una de las producciones televisivas del año. Acorde con la temática de drama, Flanagan imprime un ritmo lento, pero jamás aburrido, que ayuda a que empaticemos con todos los habitantes del pueblo, en especial con aquellos que más errores han cometido.

No quiero chafar el enorme giro de la serie, pero sólo comentar que la forma en que Flanagan conecta el elemento religioso y los milagros que sucederán en el pueblo con uno de los mitos más clásicos del terror me ha volado la cabeza porque no lo esperaba para nada y me ha parecido brillante. Además, dentro que como digo es más drama que historia de terror, hay algunos momentos super tremendos y algunos personajes sufren unas muertes injustas que me dolieron mucho.

La serie tiene sorpresas impactantes, toca temas interesantes y transmite el amor que sienten los personajes, encuentro que la parte emocional la tienen más que bien cubierta.

Una vez he comentado lo mucho que me ha gustado Misa de Medianoche y que te recomiendo que veas la serie si estas suscrito a Netflix ¿hay alguien que no lo esté?, también tengo que reconocer que Flanagan en mi opinión no acierta el final. Y me va a resultar difícil justificarlo, porque los arcos de los principales personajes sí creo que están bastante bien desarrollados, pero sin embargo, la tensión que se acumulaba no estalla en un climax, sino más bien en un anticlimax.

Anticlimax si hablamos de la amenaza en la sombra, pero también en lo referente a los viajes vitales de varios vecinos que simplemente se apagan sin más. La presencia de un elemento sobrenatural es tomado como la prueba irrefutable de la existencia de Dios, cuando es en realidad otra cosa más oscura. Eso es un giro interesante a lo que hubiera podido ser una historia trillada de locos en un espacio pequeño, pero al final no acaba de ser explotada, y no cabe duda que a pesar de todo los habitantes del pueblo conservan su fe al final. Imagino que esto es una idea consciente de Flanagan de alejarse los típicos finales del género de terror, pero la forma en que las cosas pasan y de repente fin no se si me ha encajado.

Como tampoco que después de tantos análisis religiosos, al final no sepamos qué enseñanzas han aprendido los protagonistas, si es que han aprendido algo. Lo cual resulta curioso, porque frente a la dicotomía entre fe religiosa y confianza en la existencia de algo más allá de la muerte y ser ateo porque no hay nada más, finalmente la historia parece que se decanta por la primera opción.

Como historia de alarma hacia los integrismos que convierten ideas de fe y amor en excusas para el apocalipsis, creo que funciona razonablemente bien. Pero quizá me dejó la sensación que frente a la complejidad de todos los protagonistas, la beata Bev es quizá la más acartonada y peor planteada debido a su unidimensionalidad. Lo que es una pena.

En todo caso, que no me haya cuadrado ese final no significa que no haya disfrutado mucho con esta Misa de Medianoche. Y en este caso, creo que el estreno en Netflix le va de maravilla a la serie, ya que su ritmo pausado igual hubiera provocado que mucha gente no acabara de verla en caso de haber estrenado episodios semanalmente. En mi caso, vi la serie en tres bloques de tres, dos y dos episodios, y pude disfrutar de la opción de ser yo el que marcaba los ritmos del visionado.

Comparto el trailer de la serie:

Me encanta Mike Flanagan y Misa de Medianoche para mi es un triunfo. No puedo recomendarla más.

PUNTUACIÓN: 8/10

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Crítica de Cuentos al caer la noche de David Yarovesky (Netflix)

Con producción de Sam Raimi, Cuentos al caer la noche dirigida por David Yarovesky estrenada en Netflix, es una estupenda película para introducir a los niños al cine de terror con una fantasía oscura muy disfrutable.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

Cuando Alex (Winslow Fegley), un chico obsesionado con las historias de miedo, es encerrado por una joven bruja malvada (Krysten Ritter) en su moderno apartamento de Nueva York, conoce a Yasmin (Lydia Jewett), que también está atrapada y se da cuenta de que debe contar una historia de miedo nueva cada noche para sobrevivir.

David Yarovesky, director de la estupenda El Hijo, dirige esta nueva película de terror para todos los públicos estrenada en Netflix. La película adapta el libro Nightbooks de J.A. White, con un guión de Mikki Daughtry y Tobias Iaconis. La película de 100 minutos de duración cuenta con fotografía de Robert McLachlan, música de Michael Abels y montaje de Peter Gvozdas.

La película está protagonizada por los niños Winslow Fegley y Lidya Jewett como Alex y Yazmin, dos niños secuestrados por una bruja malvada que vive en una casa que se mueve por todo el mundo secuestrando niños. Krysten Ritter (la recordada Jessica Jones de la serie de televisión de Netflix), interpreta a la malvada bruja Natacha.

Cuando pinchas para ver Cuentos al caer la noche en Netflix, la calificación por edades indica que la película es +7 años, básicamente un “para todos los públicos” teniendo en cuenta que diría que es una película planteada como una fantasía oscuro con toques de terror juvenil. Y lo cierto es que sin necesidad de muertes macabras ni gore de ningún tipo, Cuentos al caer la noche ofrece un catálogo de sustos estupendos que consiguieron sobresaltarme en un par de ocasiones.

En muchas ocasiones el principal problema de las películas protagonizadas por niños es que te suelen caer gordos y acaban resultando un poco repelentes. No es el caso en esta película, en el que Winslow Fegley y Lidya Jewett resultan un estupendo acierto de casting. Krysten Ritter realiza un over-the-top de libro y diría que ha disfrutado haciendo de la bruja del cuento, con el plus del giro de la película que aporta al personaje una dimensión más dramática de lo esperable en una obra para todos los públicos como esta.

David Yarovesky me sorprendió con la versión oscura del nacimiento de Superman que fue El Hijo. En esta película realiza una perfecta transición del gore y las punkarradas máximas a las limitaciones de una película prácticamente para todos los públicos. Además, hay un par de momentos con sustos un poco “pringosos” y asquerosos que me recordaron para bien los primeros clásicos de Sam Raimi y que creo que también gustará muchos a los niños cuando lo vean.

No tengo el dato del presupuesto de la película, y aunque a priori parece una película pequeña con prácticamente 3 personajes en el 95% del metraje rodado todo en estudio, la verdad es que hay unos sets estupendos que transmiten de maravilla la fantasía oscura que nos están contando, además de un par de bichos creados con CGI que están razonablemente bien y me sugerirían que la película tuvo más presupuesto del que me creía a priori.

La película creo que cumple de sobra con lo que se espera de ella y ofrece un estupendo entretenimiento. Si le tengo que poner un pero, diría que la sinopsis de Netflix da en 2 líneas más información de la que hubiera sido deseable, señalando uno de los giros de la película.

Comparto el trailer de la película:

Cuentos al caer la noche es una película muy disfrutable para ver con niños de más de 10 años a los que les gusten las emociones fuertes y hacerse los mayores. E incluso sin ellos, la he disfrutado.

PUNTUACIÓN: 6.5/10

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