La etapa de Jane Foster como Thor, Diosa del Trueno ha terminado de forma magistral con la saga «La muerte de Thor». La historia de Jason Aaron y Russell Dauterman, junto a otros autores, va a quedar como una de las mejores de toda la historia de los comics Marvel.
PUNTUACIÓN: 9/10
Corría el año 2014 cuando Thor Odinson dejó de creerse digno de portar su martillo, unas dudas que demuestran lo gran personaje que es. Durante esta caída de gracia, un nuevo héroe ocupó su lugar, una Diosa del Trueno que demostró ser digna de portar Mjornil y vivió aventuras por todo el cosmos durante estos cuatro años, llegando a unirse incluso a Los Vengadores.
En su momento fue una sorpresa mayúscula conocerse la identidad de la nueva heroina, Jane Foster, la antigua novia del Dios del Trueno. Con el añadido de que Jane sufría cáncer, y con cada transformación se hacía más difícil su curación.
Además, Malekith el Maldito, el elfo oscuro ha iniciado la guerra de los nueve Reinos que está arrasando planetas enteros y parece imparable a pesar de los múltiples esfuerzos de nuestros héroes.
Llegamos a 2018 y como parte de la iniciativa Legacy se inició «La muerte de Thor», una historia cuyo título no dejaba lugar a dudas: La última aventura de Jane Foster está próxima. Mangog ha llegado. Y con él comienza un baño de sangre imparable, mientras la batalla de Jane contra el cáncer llega a su peor momento. Así se inicia una cuenta atrás, y ningún martillo salvará a Thor esta vez.
A lo largo de estos siete últimos números descubriremos como una humana demostrará ser más digna que los propios dioses. Jane había accedido a abandonar su identidad de Thor para luchar contra el cancer y salvar su vida. Sin embargo, la amenaza de Magog es más poderosa que todos los Asgardianos, incluido el poder combinado de Thor Odinson y su padre Odin.
Jason Aaron ha creado un final de fiesta brutal, una historia repleta de épica y tensión in-crescendo que consiguió sacarme lágrimas de emoción ante el heroismo mostrado en estas páginas. Esta serie es un final excelente para un personaje ha merecido el descanso en el Valhalla de los héroes. Thor la Diosa del Trueno es un personaje que recordaremos durante muchos años.
Russell Dauterman realiza sus últimas páginas en esta serie, y son espectaculares. Quizá estos últimos números no son los mejores de toda su etapa, ya que algunas composiciones de algunas páginas son algo confusas, pero consigue transmitir toda la emoción y épica de la historia de Aaron, creando algunas imágenes para el recuerdo.
Pero el show debe continuar, y ya está en marcha el nuevo volumen de la serie, de nuevo protagonizado por Thor Odinson y que estará dibujado por Mike del Mundo. Un volumen que debe significar el retorno a la grandeza del personaje y el final de la guerra de los nueve Reinos, que sigue en marcha y que de momento tienen un único ganador: Malekith.
Una serie que promete emociones fuertes en el que puede ser el último arco de Jason Aaron con el personaje, y que tengo muchísimas ganas de leer.
Thor es la mejor serie de Marvel de los últimos años, con un nivel de calidad que recordaremos durante años. Y dentro de este nivelazo, el arco de la Thor Jane Foster será uno de los más apreciados.
No me voy a andar con rodeos: Misión Imposible: Fallout es una pasada super entretenida. La sexta película de la franquicia protagonizada por Tom Cruise está de nuevo dirigida por Christopher McQuarrie, y verla en el increíble formato 4DX hizo que este peliculón se convirtiera en toda una experiencia.
PUNTUACIÓN: 8.5/10
Sexta entrega de la saga. En esta ocasión presenta a Ethan Hunt (Tom Cruise) y su equipo IMF (Alec Baldwin, Simon Pegg, Ving Rhames), con algunos aliados conocidos (Rebecca Ferguson, Michelle Monaghan), en una lucha contrarreloj después de que una misión salga mal.
Christopher McQuarrie se ha convertido en un seguro de vida para Tom Cruise. El actor y productor capta enseguida el talento y no lo deja escapar. La relación entre ambos nació a partir de Valkiria (Brian Singer, 2008), película con guión de McQuarrie, y ha continuado con Misión Imposible: Protocolo Fantasma de Brad Bird (2011), en la que McQuarrie participó reescribiendo el guión, y ya como director en Jack Reacher (2012), Misión Imposible: Nación secreta (2015) y ahora con Fallout, la sexta entrega de la saga que demuestra que Tom Cruise tiene cuerda para rato.
La película es excelente y no te deja un segundo de respiro. Las escenas de acción son su principal atractivo, y en este aspecto, Fallout es de diez. Como ya ocurrió tras ver Mad Max, cuando ves y sientes que actores han rodado físicamente en escenarios reales, aún cuando luego se inserten vehículos y elementos digitales, el visionado tiene un plus. Y Tom Cruise se ha convertido en el nuevo Jackie Chan con su «obsesión» de rodar todas las escenas peligrosas. La media hora en París es para enmarcarla, con Tom Cruise en moto cruzándose la ciudad para intentar escapar de varios perseguidores. Pero no solo esta persecución, el tiroteo en Berlín, el salto base o la pelea de la discoteca son brutales, así como el alucinante climax con persecución de helicópteros incluida.
Aunque nacido escritor, McQuarrie se ha demostrado como un perfecto narrador visual que sabe siempre cómo presentar la historia desde el mejor punto de vista, con una fluidez asombrosa. Los escenarios se convierten en otro personaje, y consigue que siempre esté claro donde está cada personaje y sus movimientos son lógicos y entendibles.
Pero no sólo triunfa McQuarrie en las escenas de acción. Hay escenas brutales como el prólogo o una escena sin sonido en la que Ethan Hunt anticipa cual puede ser el resultado de una misión, que son excelentes ejemplos de narrativa cinematográfica.
Otro hecho importante es que aunque se puede ver como una misión independiente, Fallout es continuación directa de Nación Secreta y cierra tramas abiertas desde Protocolo Fantasma. Es la primera vez en la franquicia de Misión: Imposible que se utiliza una narrativa serializada, y el resultado es sencillamente genial, creando una verdadera sensación de peligro y de que Ethan Hunt puede fallar. La historia es clara y tiene numerosos giros, y tiene la complejidad justa para que no parezca algo muy obvio y tampoco te pierdas. Además, consigue que haya una tensión in-crescendo que culmina con una misión que implica tres acciones simultáneas, lo que quedará en los anales de la saga.
Respecto al casting, Tom Cruise está impresionante como siempre, llenando la pantalla con sus stunts reales. Junto a él, los habituales Simon Pegg («Benji» Dunn) y Ving Rhames (Luther Stickell) tienen un papel más importante que en anteriores películas. A ellos se les unen Alec Baldwin como el jefe del FMI Alan Hunley y Angela Basset como la directora de la CIA Erica Sloan.
Ante el fallo de Hunt en la misión anterior, la CIA ordenará que su agente August Walker (Henry Cavill) acompañe y supervise a Hunt en la misión. Walker es lo opuesto a Hunt, un martillo para una misión en la que se requiere un escalpelo, y sirve de interesante contrapunto para Hunt. Junto a él Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), presentada en Nación Secreta, volverá a ser el elemento «rogue» con una misión propia que amenace la de Hunt.
Sean Harris como Solomon Lane es el mejor villano de toda la saga y vuelve a mostrarnos el porqué. Incluso estando en prisión, sus planes siguen su curso y pueden amenazar con destruir a Hunt y todos los que ama, incluida su ex-esposa Julia (Michelle Monaghan).
Por cierto, es una pena comprobar que el pobre Jeremy Renner se ha quedado sin sitio en esta franquicia. Aunque es muy buen actor, no es una estrella y no tiene el carisma de Cruise, Robert Downey Jr. o Chris Evans, por poner algunos compañeros de reparto. Aunque siempre cabe la posibilidad de que sea recuperado en próximas películas, quien sabe.
Globalmente, diría que Protocolo Fantasma sigue siendo la mejor película de la saga, no solo por sus indudables cualidades cinematográficas, sino además porque marcó las bases del renacimiento de la franquicia: más humor mezclado con acción increible, Hunt cometiendo fallos y mostrando que es humano, gadgets que fallan en mitad de la misión que obliga a improvisar sobre la marcha, una misión con una tensión in-crescendo hasta el final. Todo eso es Misión Imposible y Fallout lo muestra de manera brillante, hasta el punto de que está película queda muy, muy cerca de Protocolo Fantasma.
Y luego está el visionado en 4DX en Kinépolis Valencia. Esta novedosa tecnología de momento sólo está disponible en Madrid y Valencia, y hace que la película sea toda una experiencia. La combinación de un 3D de última generación con un asiento móvil y numerosos efectos como viento en la cara y los pies, agua, olores, vibraciones o incluso relámpagos en la sala, consiguen que te sientas en medio de la acción.
En los choques te sientes como si estuvieras subido en una montaña rusa, pero lo que más me ha gustado de esta tecnología son los efectos menos vistosos pero mucho mejores para el disfrute de la acción. Durante las persecuciones y los travelings, los asientos se inclinaban y con el aire en la cara y el 3D sentías que estaban dentro de la película, creando una experiencia brutal.
Destacar también el perfecto 3D de la película, que lucía genial durante la película, y la sobresaliente calidad de imagen y sonido de esta sala. Lamento decir que en mi localidad de residencia he tenido muy malas experiencias con salas en mal estado que hacen que ni la imagen si el sonido tengan la calidad mínima exigible. Esto ha hecho que en película seleccionadas no me importe desplazarme hasta Valencia para asegurarme que voy a ver Vengadores Infinity War con la máxima calidad posible. Ahora con el 4DX, voy a ser más habitual si cabe.
Otros efectos más anecdóticos pero muy chulos son por ejemplo, cuando entran en la discoteca el asiento vibra al ritmo de la música, y la sala despide un olor que fue sorprendente e interesante a la vez. O los rayos cuando se tiran en salto base.
Si tengo que ponerle un pero es que para sentir los efectos de la silla debías estar quieto toda la película, y al tener Fallout 145 minutos, esto hizo que el asiento se me hiciera algo incómodo. Entiendo que en películas «normales» de 100/120 minutos esto no pasará.
Además, al terminar la película nos sentiamos como si nos hubieran dado una paliza, debido a todo el «machaque» sufrido durante dos horas y media. Esta sensación no es mala, de hecho, es brutal haber visto una película super entretenida y acabar con esta sensación.
En mi caso, me quedé super satisfecho de la experiencia del 4DX y la recomiendo a todo el mundo. Creo que la diferencia de precio está super justificada en esta película y que vale la pena el desembolso extra.
Dicho esto, también creo que el 4DX sólo valdrá la pena para dos o tres películas como máximo al año, aunque ojala los estudios tengan en cuanta las posibilidades que esta tecnología abre para el visionado de las películas y lo tengan en cuenta en sus rodajes. De momento, la próxima película que probablemente veamos en 4DX será Aquaman de James Wan, que se estrena estas navidades.
Comparto el trailer de esta nueva Misión: Imposible.
Mision Imposible: Fallout es la película del verano, con permiso de Los Increíbles 2. Una película super entretenida que mantiene a Tom Cruise como la mayor estrella del cine comercial de acción. Si te gusta este tipo de cine, debes ir a verla en la pantalla más grande que puedas. Y si puedes, prueba el 4DX, creo que te gustará.
El equipo creativo de Ed Brubaker y Sean Phillips, unidos a la colorista Elizabeth Breitweiser, ha cerrado de forma sorprendente y magistral su última serie en Image Comics, Kill or Be Killed, en su número 20, creando un nuevo clásico del comic americano.
PUNTUACIÓN: 9/10
Kill or be killed es la historia de Dylan, un joven estudiante que de la noche a la mañana se ve forzado a asesinar a gente malvada, lo que le llevará a una espiral de violencia mientras se adentra en el mundo criminal de Nueva York. Dylan tendrá que ocultar su doble vida a sus seres queridos mientras intenta escapar de la policía, la mafia rusa y sus propios demonios internos.
El año pasado aproveché el final del segundo arco para recomendar esta serie. Por aquel entonces, no tenía ni idea que Brubaker y Phillips tenían planeado el cierre tan sólo 10 números más tarde. Una vez cerrada la historia, puedo decir que el final me ha parecido perfecto. Un final que no deja títere con cabeza y que es una crítica en toda regla al personaje del Vigilante justiciero que se toma la justicia por su mano y que hemos visto explotado hasta la saciedad en cine, televisión, novelas o comics como Punisher.
Otro hecho que quiero destacar de Kill or be killed es que Brubaker crea una historia super chula que incluso mejora con la lectura mensual de sus episodios. El comic, a diferencia de la novela gráfica, implica contar una historia construida a partir de la evolución de los personajes y el conflicto al que se enfrentan, pero también con sorpresas y cliffhangers que obligan al lector a esperar un mes para conocer lo que le va a pasar al protagonista. Brubaker demuestra de nuevo ser un maestro con los tiempos, los giros y las revelaciones que nos ha ido ofreciendo, de forma que nunca pudimos anticipar lo que iba a pasar a continuación, la lectura era siempre super satisfactoria y nos dejaba siempre en vilo.
Kill or be killed transita entre la típica historia de vigilantes justicieros, un retrato de un joven con problemas que busca su lugar en el mundo y el cuento sobrenatural. Pero aunque toca muchos palos diferentes y en muchos momentos empieza a sugerirnos alguna obra previa, siempre consigue salir a flote como una lectura original que te absorbe. Además, aunque hay varias críticas muy evidentes, el final permite varias interpretaciones, lo que añade un plus a la historia y me dejó muy satisfecho.
La narración en primera persona de de Brubaker y Phillips consigue que nos metamos en la mente de Dylan, pero además, Brubaker aprovecha Kill or be killed para subvertir muchos de los clichés del género negro en general y de este tipo de narración en primera persona. Así, Dylan empieza la historia con un inicio impactante para enganchar al lector, algo muy visto en cine y televisión, para luego contar su historia y como llegó hasta ese momento a modo de flashback. Solo que el comic no consigue llevarnos hasta ese momento y Dylan reconoce ser el peor narrador de la historia, rompiendo la cuarta pared y comentando la jugada con los lectores en varias ocasiones. Y cuando por fin llegamos, resulta que no es el climax que esperábamos que fuera, ya que la historia gira hacia otros derroteros totalmente inesperados. Y por si fuera poco, dado que hay dudas sobre su salud mental, acaban existiendo muchas dudas de si todo lo que estamos viendo es real o una alucinación.
Otro recurso literario muy bien utilizado es el uso de páginas con una única viñeta a modo de splash page y un denso texto lateral para conseguir dar mucha información sobre cómo piensa Dylan y, por extensión, algunos temas que supongo preocupan a Brubaker. Por estas páginas hemos leído sobre cómo la lucha entre republicanos y demócratas esconde que el debate debería ser entre el pueblo normal y los ricos que reescriben las leyes para beneficiarse. También ha hablado sobre los efectos del calentamiento global que parecen no importar a nadie. O como todos sabemos lo que está bien o mal, pero con el paso de los años nuestra mente se nubla ante la evidencia de que “la vida es así y no hay nada que podamos hacer para cambiarla”. Aunque Dylan a lo mejor está loco, en el fondo muestra con una claridad que asusta ante algunos de los males que acosan a la sociedad americana, que no tienen una solución mágica y que seguirán existiendo cuando nosotros ya no estemos.
Globalmente, Kill or be killed me ha parecido una crítica muy clara al concepto mismo del comic de superhéroes o del justiciero vengativo tipo Punisher. En estas historias, seguimos a un protagonista que nos cuenta su punto de vista, de forma que el lector toma sus acciones como lógicas y coherentes, compartiendo su punto de vista. Sin embargo, por muy mal que esté nuestra sociedad, si de verdad pensamos que la única solución que nos queda es asesinar a sangre fría, eso sólo demuestra que igual no estamos muy bien de la cabeza. Me encanta leer los comics de Punisher, pero en el mundo real no hay duda que sería un peligroso sociópata al que encerrar y tirar la llave, y este comic lo ilustra de forma clara y directa.
En general, Brubaker siempre ha mostrado en muchas de sus obras un punto de vista un poco cínico y negativo hacia el mundo en que vivimos, mezclado con cierta melancolía hacia el pasado y la niñez, y tristeza al no poder entender cuando se torció todo. Esta obra no es una excepción. Puede que este tono sea en parte repetitivo viendo el global de su obra, pero dado que sólo se lo leo a él, no me importa tener una lectura así todos los años. De hecho, agradezco que haya sabido crear esta voz suya tan característica, unido a Sea Phillips.
En el apartado artístico, Sean Phillips se encuentra en un momento de madurez creativa encomiable. Junto a la colorista Elizabeth Breitweiser crea páginas que cuentan la historia sin necesidad de bocadillos que son un ejemplo de fluidez narrativa. Además, fruto de sus ganas de experimentar, aprovecha las obras de arte creadas por el padre de Dylan, que se suicidó cuando él era un crío, para regalarnos unas excelente páginas pintadas a modo de homenage a las portadas de los magazines de los años 50/60, con pin-ups de damas en peligro.
Se nota que Phillips no quieren aburrirse en el trabajo y sigue con ganas de experimentar narrativamente con elementos diferentes, y destacaría entre otros momentazos el uso que hace de la nieve que cae en el último número de la serie, que actúa de perfecta metáfora del final de la historia de Dylan y del punto de vista que ha compartido con los lectores durante estos 20 números.
Comparto algunas páginas del número 11, el primer episodio del tercer arco, que se parecen mucho al inicio de la serie y que refuerzan el carácter circular de la historia.
Kill or be killed es otra gran obra del tándem creativo formado por Ed brubaker y Sean Phillips. Mientras mantengan este nivel, que cuenten conmigo para seguir comprando todo lo que publiquen.
No sabía nada de Hereditary, ópera prima del guionista y director Ari Aster. No había visto ni una imagen ni leído ninguna crítica, no sabía que esperar de ella. Y puedo decir que es una buena película que merece verse en pantalla grande.
PUNTUACIÓN: 7.5/10
Cosas extrañas comienzan a suceder en casa de los Graham tras la muerte de la abuela y matriarca, que deja en herencia su casa a su hija Annie. Annie Graham (Tony Collette), una galerista casada (con Gabriel Byrne) y con dos hijos, no tuvo una infancia demasiado feliz junto a su madre, y cree que la muerte de ésta puede hacer que pase página. Pero todo se complica cuando su hija menor (Milly Shapiro) comienza a ver figuras fantasmales, que también empiezan a aparecer ante su hermano (Alex Wolff).
Aunque voy a intentar que mi crítica sea lo más libre de spoilers posible, por si acaso, te recomiendo que veas la película y después vuelvas a leer mi opinión. Al final, casi todo es spoiler.
Hereditary es larga, dura 147 minutos y tiene un ritmo lento que construye paso a paso la psicología de Annie, una espectacular Tony Collette que merecería la nominación al Oscar. Gabriel Byrne simplemente es el árbol sólido en el que se apoya la familia, aunque no tiene momentos para lucirse, cosa que sí tienen los niños. La niña Milly Shapiro con su cara malrollera y su característico sonido bucal lo hace genial y su presencia, incluso cuando no está en pantalla, es omnipresente. Y el chaval Alex Wolff, con su rango de sentimientos, apatía, indiferencia, dolor, rabia, preocupación, y su contenida actuación me ha parecido de lo mejor del film junto a Toni Collette.
Como su nombre indica (Hereditary = hereditario), gran parte de la película gira en torno a si la familia define nuestro futuro o si podemos labrar nuestra propia historia. Pero a la vez, asistimos al viaje vital de una mujer que ha sufrido problemas mentales en el pasado y no sabe si la realidad que ella observa es real, o sólo una construcción de una mente que no llegó a sanar. Ari Aster , el director y guionista, hace que Annie se dedique obsesivamente ha construir maquetas con pasajes de la vida de su familia, aparte de por el mal rollo que crea, para resaltar que no somos dueños de nuestro propio destino.
Hereditary me ha gustado, pero no me ha flipado. De hecho, aún siendo buena película, estoy asombrado de las exageradas alabanzas generalizadas de la crítica. No creo que marque un antes y un después para el cine de terror, ni que sea el Exorcista para la nueva generación. Lo que sí ha conseguido Ari Aster es construir una película original tomando elementos de clásicos del género como El Exorcista, La Semilla del diablo, o las más recientes Babadook o La bruja. La historia y su austera pero elegante puesta en escena, consiguen que aunque estas similitudes existan, no pienses en ningún momento durante el visionado que estas viendo una «copia de…».
Debo decir que la película tiene una sorpresa monumental a mitad del visionado que fue totalmente inesperada. Si hubiera visto el trailer podría decir que el director había jugado al despiste, ya que evita completamente esta sorpresa. Esto mola mucho, ya que estoy cansado de ver trailers que spoilean el 80% de la película. Al mismo tiempo, dado que NO había visto nada de la película, aunque la escena es brutal, es una continuación coherente de la historia, que en mi caso, diría que telegrafía hacia donde se dirige al final.
Visualmente, la película es muy buena. La fotografía de Pawel Pogorzelski, el diseño de producción de Grace Yun, decorados de Brian Lives, la dirección artística Richard T. Olson y la música de Colin Stetson consiguen crean una atmósfera opresiva en la que la familia va descubriendo de forma progresiva que sus vidas no son realmente suyas para disponer de ellas. El director Ari Aster demuestra tener una enorme habilidad de coger estos elementos técnicos para construir unas escenas que trasmiten miedo y mal rollo sin necesidad de emplear los típicos trucos de la pelis de terror. Además, su habilidad en el encuadre de las imágenes, el ritmo narrativo y la puesta en escena al servicio de la historia y la tensión le convierten en un valor en alza del que habrá que estar muy atento a sus próximos trabajos.
Si tengo que decir algo menos bueno, diría que al igual que La Bruja, la película tiene un tono realista que se rompe el llegar el climax finax, en el que, metafóricamente, se abren las puertas del infierno para recibir a la familia. Aunque es un buen final y el guión construye de forma hábil la tensión in-crescendo para llegar a ese punto inevitable, me pareció en parte una rallada y un todo vale, en especial con una muerte sucedida en la parte final. En todo caso, esto es un pequeño matiz, ya que Hereditary globalmente me ha gustado bastante.
Comparto el trailer de la película que afortunadamente puedo decir que juega al despiste.
Aunque Hereditary no es tan buena como leo en diversos nedios, sí es una muy destacable película de terror que destaca aún más teniendo en cuenta que estamos ante una película de un director novel. Si te gusta el terror, te la recomiendo.
Westworld , la serie de la HBO creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy a partir de la película de Michael Crichton de 1973, fue una de las mejores series de 2016. Tenía muchísimas ganas volver a disfrutar de esta serie, pero lamento decir que esta segunda temporada no ha estado al mismo nivel.
PUNTUACIÓN: 6.5/10
La web de HBO España describe Westworld como una ambiciosa serie de ficción repleta de imaginación que eleva el concepto de las aventuras y las emociones fuertes a un nuevo nivel de peligrosidad. En el futurista parque temático conocido como Westworld, un grupo de androides-servidores se desvían de las secuencias programadas meticulosamente por los informáticos y adoptan un comportamiento anormal. Con un reparto espectacular encabezado por Anthony Hopkins, Ed Harris, Evan Rachel Wood, James Marsden, Thandie Newton y Jeffrey Wright, Westworld está basada en la película de 1973 escrita y dirigida por Michael Crichton (Parque jurásico), y ha sido creada para la televisión por los productores ejecutivos Jonathan Nolan (Interstellar, El caballero oscuro) y Lisa Joy (Criando malvas, Último aviso).
Tras la revuelta de los androides al final de la primera temporada, en esta segunda el Caos toma el control. Dolores (Evan Rachel Wood) prosigue su revolución contra los humanos, mientras Maeve (Thandie Newton) intenta recuperar a su hija de una vida anterior. Mientras, William (Ed Harris) el único humano dentro del parque que parece saber lo que el parque es en realidad, intentará desentrañar los secretos del doctor Robert Ford (Anthony Hopkins), el diseñador de Westworld.
Y en medio de todo este conflico, ¿qué le pasa a Bernard (Jeffrey Wright )? ¿Porqué parece estar viviendo dos vidas diferentes a la vez? Tal vez es que su mente está sufriendo un deterioro y no puede controlarla. O quizá es que sucesos ocultos hasta ahora estén luchando por salir a la luz.
Si no viste la primera temporada de Westworld, te recomiendo que dejes de leer ahora mismo, ya que aunque voy a intentar no spoilear nada importante, es inevitable hablar de lo sucedido al final de la temporada anterior. ¡Estáis advertidos!!
Empezando con lo que me ha gustado de esta temporada, Westworld vuelve a destacar en todo lo relativo a los aspectos técnicos: la fotografía, el diseño de producción y los efectos especiales tienen una calidad cinematográfica. Además, el casting al completo está entre los más acertados del panorama televisivo, así como la música. Y diría que la temporada va de más a menos, siendo los últimos tres o cuatro episodios los mejores de esta tanda.
Sin embargo, Westworld ha perdido en esta segunda temporada el equilibrio entre historia y estilo, apostándolo todo a atraparnos con su elegante estética y lo intrincado de su puesta en escena. Y lamento decir que en mi caso solo han conseguido provocar confusión e incluso aburrimiento mientras visionaba la parte central de la serie. Cuando te quedas dormido viendo un capítulo, es que no ha conseguido captar tu atención adecuadamente. Un día puede ser que sea culpa mía. Si pasa dos días seguidos, el problema probablemente sea que la serie no ha conseguido hacer click.
La narración fragmentada de la primera temporada para mí estuvo muy bien y fue parte de lo positivo y sorprendente de la serie. Además de conocer paso a paso cómo Dolores y Maeve consiguen despertar y adquieren consciencia, descubrimos el papel de los personajes humanos en la historia, en especial el Doctor Ford, su ayudante Bernard y el Hombre de Negro. Globalmente, la complejidad de la narración creaba un puzzle que deseabas que se completara. Y aunque no tenías todos los detalles, fue genial la sorpresa de conocer que William Delos (Jimmi Simpson) y El hombre de negro (Ed Harris) son la misma persona, sí estaba claro que estábamos viendo sucesos que ocurrían en el parque en dos momentos temporales diferentes. Con el añadido que la violencia y sexo explícitos eran un puñetazo al espectador para que se entendiera la tortura que los humanos causaban a los robots y como su levantamiento estaba más que justificado.
Sin embargo, en la segunda temporada la complejidad narrativa y la fragmentación temporal no consiguen enganchar, más bien al contrario, causa confusión y desconexión. Por un lado, en esta segunda temporada seguimos desde el principio a Bernard en dos momentos temporales: Justo a continuación del final de la primera temporada en la que la muerte del Doctor Ford a manos de Dolores inicia la revolución, y en otro momento posterior en que despierta en una playa a la que llegan las fuerzas de seguridad de Westworld para intentar acabar con la rebelión de los robots. La gran duda es ¿cuánto tiempo ha pasado entre una acción y la otra? ¿Estamos hablando de horas, días o meses?
Una de las principales sorpresas de la primera temporada fue que además del despertar de Dolores y Maeve, descubrimos como Bernard era también un robot creado a partir de los recuerdos del Doctor Arnold Weber, socio del Doctor Ford, que pensaba que era humano y que era tan complejo que nadie le había detectado.
La sorpresa de esta segunda temporada, que voy a evitar spoilear, queda sepultada en medio de un montón de idas y venidas de todos los personajes por Westworld y por los laboratorios humanos, sumado todo ello a la propia narración fragmentada hacen que no entiendas por qué un personaje ha pasado de un sitio a otro, y más importante, sin hacer que la trama avance.
Un ejemplo de esto es el personaje de Maeve. Al final de la primera temporada decide quedarse en Westworld para encontrar a su hija. Pues la resolución a su arco queda totalmente anticlimática y decepcionante, con el añadido que durante varios episodios la vemos en otra parte del parque ambientado en el Japón feudal. Visualmente, esta parte está super chula, pero mientras la veía me quedaba la sensación de que esto es puro relleno que no aporta nada al arco del personaje, más allá de ver que en Japón un robot igual que ella luchaba como ella por mantener a su hija a su lado. Algo muy bonito pero vacío de contenido.
Igual que Dolores, que tras iniciar una revolución en Westworld al final de la primera temporada, en esta segunda sigue buscando venganza contra los humanos con todos los medios a su disposición. Fin. Es cierto que conocemos más detalles de su pasado y su futuro, pero ella como personaje no la vi evolucionar para nada.
La primera temporada buscaba que el espectador empatizara con los robots y aceptara que pueden ser «humano» aunque tus recuerdos no sean reales. La orgía de violencia y sexo inicial estaba justificada para entender la tortura que los humanos infringen día a día a los robots en el parque. Sin embargo, toda la violencia de la segunda temporada es vacía porque no aporta nada a los temas principales de la serie, hasta el punto de convertir en risibles la segunda o tercera vez que los robots invaden los laboratorios matando a personal de seguridad. Y es que esta temporada nos muestra como el parque realmente era un banco de pruebas avanzado oculto para la mayoría de personal. Así, los robots buscan ser humanos, los humanos buscan cómo disfrutar de atributos de los robots como la inmortalidad.
Además, aunque los 4 últimos episodios son los mejores de la temporada, se pasan tres pueblos por el exceso de giros finales en el último episodio, algunos con muy poco sentido más allá del «shock-value» que busca provocar en el espectador. Agradezco la intención de que esta temporada sea un «game-changer» que lo cambie todo de cara a la tercera temporada, pero algunas inconsistencias han hecho que este final abierto me parezca un buen final para la historia del parque Westworld, ya que no me quedaron demasiadas ganas de continuar con esta serie.
Comparto el trailer de esta segunda temporada:
Globalmente, esta segunda temporada me ha parecido bastante peor que la primera, más confusa y confiando en que los numerosos giros finales dejen a la audiencia con ganas de más. En mi caso creo que han pinchado en hueso, aunque sí creo que este es un buen final para la historia. Recomendable para fans de ciencia-ficción y de obras de narrativa enrevesada.
PUNTUACIÓN: 6.5/10
Repaso a mi Sci-fi favorito: comics, películas, TV y libros
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