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Crítica de Un tipo duro, de Jeff Lemire

Un tipo duro de Jeff Lemire es uno de los mejores comics que he leído este año. Publicado por Astiberri en España en 2018, estamos ante un gran relato de perdedores en los desolados parajes del norte de Canadá.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

Derek Ouelette ha dejado atrás sus días de gloria. Su carrera de hockey terminó una década antes en un incidente violento sobre la cancha de hielo, y desde entonces ha estado viviendo de su reputación en la remota comunidad del norte donde creció, bebiendo demasiado y peleando con cualquiera que se le cruzara. Pero un día su hermana Beth, a la que hace tiempo que no ve, aparece en la ciudad de forma inesperada, huyendo de un novio abusador. Buscando desaparecer por un tiempo, los dos hermanos se esconden en un refugio de caza aislado en el bosque local. Es allí donde intentan encontrar la manera de volver a conectar entre ellos y con los dolorosos secretos de su pasado… Incluso cuando el ex de Beth reaparece y amenaza con arrastrar a Derek y Beth de vuelta a ese mundo de autodestrucción que tratan de dejar atrás.

Jeff Lemire (Essex County, Ontario, Canadá, 1976) ha ganado numerosos premios, y su trilogía Essex County, que comprende los títulos Historias de la granja (Astiberri, 2008), Historias de fantasmas (Astiberri, 2009) y La enfermera rural (Astiberri, 2010), fue destacada en 2011 como la mejor novela canadiense de la década. Ha adquirido una gran popularidad como guionista para DC y en 2015 ha recibido el encargo del relanzamiento de tres de las series más populares de Marvel: Ojo de Halcón, X-Men y Lobezno. En 2015 dio inicio a la serie Descender (Astiberri, 2016), en colaboración con el dibujante Dustin Nguyen, cuyos derechos cinematográficos han sido adquiridos por Sony y de la que se
han editado cuatro tomos hasta la fecha: Estrellas de hojalata, Luna Máquina, Singularidades y Mecánica orbital. Black Hammer, la serie que guioniza con dibujos de Dean Ormston, ha ganado el premio Eisner 2017 a la mejor serie nueva y el Premio del Gremio de Libreros de Madrid al mejor Cómic de 2017. Un tipo duro es su última obra como autor completo.

Un tipo duro de Jeff Lemire, publicado por Astiberri en España es uno de los mejores comics que he leído este año, aunque fue publicado en 2018. Lemire es un gran escritor que sobresale cuando cuenta la historia de perdedores atenazados por traumas de su pasado que buscan encontrar su camino. Sus personajes son personas de pocas palabras cuyos silencios son atronadores y sus acciones nos cuentan lo necesario sobre ellos. Y además, su dibujo es super expresivo y me ha flipado muchísimo a todos los niveles.

Derek y Beth Oulette crecieron con un padre violento que les empujó a un mundo de odio y violencia del que parece imposible escapar. Y ante esta dura realidad, no sorprende que caigan en el alcohol y las drogas.
Me han gustado mucho los personajes de Derek y Beth, pero también secundarios como el Sheriff, amigo de Derek que ya no puede mirar hacia otro lado ante sus desfases, o Al, amigo de la familia que dará el primer paso para ayudarles en su camino de vuelta hacia la luz.

Los parajes desolados del norte de Canadá sirven de perfecto escenario para transmitir la sensación de desesperanza al relato de Lemire, que utiliza una paleta cromática apagada de tonos azules que hace que sintamos el frío del invierno eterno. La ambientación de esta historia me parece otro de los grandes triunfos de este comic.
Es interesante descubrir como el color solo aparece en momentos de gran violencia con chorros de rojo sangre, o cuando los protagonistas rememoran los pocos momentos de su niñez en que aún fueron felices, creando unos tonos en tonos cálidos que nos devuelve al calor y el amor como sólo en la infancia se puede sentir.

Un tipo duro me ha emocionado y me parece una gran obra. No se me ocurre nada malo que comentar, lo único tal vez es que viendo lo bueno que es Lemire en sus obras de creación propias como este Un Tipo Duro, Essex County, Trillium, etc… da un poco de rabia que haya firmado obras tan montoneras en Marvel, de las que solo salvo su Caballero Luna, con unos flojísimos X-Men y Old Man Logan. En todo caso, tengo claro que sus mejores obras no voy a encontrarlas en las grandes editoriales, sino en el ámbito independiente en el que puede expresarse con mayor libertad.

Comparto algunas páginas de este comic para que podías disfrutar de la expresividad de Lemire:

 

 

 

Un tipo duro nos devuelve al Lemire bueno, aquel que sabe emocionarnos contando la historia de perdedores que luchan por salir adelante. Una de las mejores obras que he leído en lo que va de año, que os recomiendo que leais lo antes posible.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

 

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Crítica de Lo que hacemos en las sombras temporada 1 (HBO)

La primera temporada de Lo que hacemos en las sombras es una espectacular comedia absurda que hará las delicias de los fans del género de vampiros que busquen un giro diferente. La serie producida por FX Networks y estrenada en España por HBO, ha sido creada por Jemaine Clement adaptando el concepto de la película del mismo nombre dirigida por Taika Waititi en 2014.

PUNTUACIÓN: 8/10

What We Do in the Shadows (Lo que hacemos en las sombras) es una comedia con toques de terror planteada como falso documental en el que seguimos la vida de tres vampiros que viven en Staten Island (Nueva York) y su familiar Guillermo, el sirviente humano que se ocupa de sus necesidades mundanas.

La serie ha sido creada y producida, por Jemaine Clement, actor, escritor y productor de la película de 2014 realizada junto a Taika Waititi (Thor Ragnarok), que también ejerce de productor y ha dirigido tres episodios de esta primera temporada. La serie está también producido por  Paul Simms, Scott Rudin, Garrett Basch, Eli Bush, Joanne Toll y Hartley Gorenstein. La serie cuenta con D.J. Stipsen como director de fotografía, y música de Mark Mothersbaugh.

Los protagonistas son Nandor the Relentless (Kayvan Novak), un vampiro de más de 700 años que proviene del imperio Otomano y que se autodenomina líder del grupo. Junto a Nandor conoceremos a su familiar Guillermo (Harvey Guillen), su sirviente humano que lleva 10 años de servicio y que sueña con ser convertido en vampiro, cosa que no parece que vaya a suceder. Junto a ellos viven en la casa Nadja (Natasia Demetriou), una vampira rumana que convirtió en vampiro a Laszlo Cravensworth (Matt Berry), un antiguo noble inglés.

Estos son el nucleo duro de la familia, que comparten casa con Colin Robinson (Mark Proksch) un Vampiro de Energía. A diferencia de los vampiros normales, Colin puede caminar por el día y tiene un trabajo normal, y se alimenta de las energías de humanos y vampiros aburriéndolos o enfureciéndolos. Gracias a que paga el alquiler le dejar vivir con ellos, aunque intentan evitarle en todo momento.

Lo que hacemos en las sombras me ha flipado y es una de las mejores comedias que he visto en los últimos tiempos. Y eso que otras comedias como El Método Kominski o Russian Doll también me han gustado bastante. Pero este falso documental ha tocado todas las teclas de las cosas frikis raras que me gustan.

El uso del falso documental es perfecto para mostrar a unos personajes patéticos que nos hablan directamente a nosotros los espectadores, generando unas situaciones superdivertidas en todo lo referido a la vida cotidiana de los vampiros.

He visto la serie en V.O. y me han flipado todos los actores. Empezando por el fuerte acento de Nandor y Nadja, así como el inglés académico de Lazlo. Mención aparte para Colin Robinson cuya necesidad de aburrirnos para alimentarse de nuestras emociones crea unas situaciones divertidísimas. Y sobre todos ellos, me ha encantado Guillermo (Harvey Guillen), el único humano que intenta mostrar ante la cámara que su vida al servicio de Nandor es una pasada cuando él en realidad se da cuenta que todo es una mierda y que su vida es penosa.

Todos los episodios son super divertidos y juegan con destruir las convenciones alrededor de los vampiros. Empezando por la ubicación en la nada glamurosa Staten Island, frente a otros vampiros que viven en Manhattan, o la existencia de vampiros con otras habilidades. Me lo he pasado genial con todos los episodios, pero tengo que destacar el episodio 7, en el que hay un juicio y que contiene las meta-referencias al lore vampírico más divertidas que recuerdo.

Los que hacemos en las sombras son 10 episodios de una duración de entre 20 y 25 minutos, que resulta la píldora perfecta de diversión para cada día. Me alegra descubrir que la cadena FX ya ha confirmado una segunda temporada, que promete un montón de diversión, empezando por la sorpresa final de esta temporada sobre el árbol genealógico de Guillermo.

Una serie super divertida de la que no se me ocurre nada malo, todo ha sido diversión a costa de estos vampiros entrañables y asesinos.

Comparto el trailer de esta primera temporada:

Lo que hacemos en las sombras en la comedia del año. Me ha encantado de forma increíble y ha hecho que no parara de reir. Si te gustas las historias freaks, esta serie te va a encantar.

PUNTUACIÓN: 8/10

 

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Crítica de Aladdin, de Guy Ritchie (Disney)

El remake de Aladdin de Guy Ritchie lo tenía todo para ser un desastre de proporciones épicas. Y sin embargo me ha encantado, me ha funcionado todo y me hizo salir cantando las canciones y sonriendo de oreja a oreja. ¡Objetivo cumplido, Disney!

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Aladdin (Mena Massoud) es un ladrón de buen corazón enamorado de la hija del sultán, la princesa Jasmine (Naomi Scott). Para intentar conquistarla, acepta el desafío de Jafar (Marwan Kenzari), que consiste en entrar a una cueva en mitad del desierto para dar con una lámpara mágica cuyo Genio (Will Smith) le concederá todos sus deseos.

Guy Ritchie dirige este remake del clásico de animación de Disney de 1992, que cuenta con un guión de John August y el propio Ritchie que adapta y actualiza el clásico de Ron Clements, John Musker, Ted Elliot y Terry Rossio.

Alan Menken fue contratado para componer la partitura de la película después de haberlo hecho en la película animada original, mientras que Benj Pasek y Justin Paul escribieron una nueva canción con Menken y utilizaron varias canciones de la película original, de Menken, Howard Ashman, y Tim Rice, como las clásicas Príncipe Alí, y Un mundo ideal.

Siendo sincero, este remake me apetecía menos que nada y pintaba a super cutre. ¿Will Smith pintado de azul? ¿Un loro parlante y un mono en imagen real? ¿La historia clásica convertida en musical con canciones un poco moñas? ¿Guy Ritchie filmando escenas con CGI chungo? Nada de eso me llamaba la atención a priori, y sin embargo, una vez vista, hay que reconocer que todo encaja y el disfrute es monumental.

Incluso diría que las numerosas escenas con un CGI de cartón piedra que deberían provocar el sonrojo a más de uno, ayudan a crear el feeling de cuento atemporal que la película necesitaba para funcionar. A esto se suma unos acelerados números musicales, super coloridos y desfasados,  y que sean las canciones las que ayuden a contar la historia.

Will Smith se sale como Genio, su carisma deslumbra en cada escena y mola que no intente imitar a Robin Williams sino que hace suyo al personaje, con todas sus exageraciones. Will siempre ha tenido un punto sobrado, y eso le viene perfecto al Genio. También me gustaron mucho Mena Massoud y Naomi Scott como Aladdin y Jasmine, respectivamente. Aladdin es el pícaro de buen corazón que no se cree digno de una princesa, y ella es una mujer antes que princesa que quiere romper las cadenas de la tradición que la aprisionan en palacio. Ambos muestran una buenísima química entre ellos, son guapísimos y tienen el carisma necesario para sacar la película adelante. En general, el casting me ha parecido un acierto total.

Como buen cuento atemporal, la película mezcla elementos de varias culturas para crear un reino de fantasía colorido que nos recuerda a una mezcla entre los paises árabes e India. El diseño de producción y el vestuario son excelentes, y consiguen transportarnos a este reino de fantasía donde los buenos se levantan contra la opresión y vencen al mal.

Mención aparte a las icónicas canciones, que me ha encantado escuchar de nuevo en una película de imagen real. Príncipe Alí, Un mundo ideal, y todas las demás. Me gusta como igual que en los mejores musicales, cada personaje tiene su tema que se repite durante la película en varias ocasiones. Y reconozco que la nueva canción de la princesa Jasmine con un marcado acento feminista me ha emocionado, a pesar que su uso en el climax en la película sea mega forzado y un WTF! de libro. Pero incluso a pesar de eso, al ser toda la película un desfase, no desentona con el tono y el ritmo visto hasta ese momento.

Y por si fuera poco, antes de Aladdin nos mostraron los trailers de Toy Story 4 y El Rey León que van a estrenarse en breve, confirmando que Disney este año se ha propuesto quedarse con todo nuestro dinero, tras el fenómeno de Capitán Marvel y Vengadores Endgame de Marvel, y esperando la llegada de Frozen 2 y Star Wars IX para este otoño y navidades.

Comparto el  trailer de la película:

Aladdin es pura diversión para toda la familia y consigue que pasemos dos horas geniales. No se puede pedir más.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

 

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Crítica de Coda Volume 1, de Simon Spurrier y Matías Bergara

Coda, publicada por Boom Studios, es la nueva historia de fantasía del guionista británico Simon Spurrier, que se une con el extraordinario artista uruguayo Matías Bergara para contarnos una historia tremendamente original que mantiene ecos con obras míticas de la fantasía y la ciencia ficción.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

Como consecuencia de un apocalipsis que eliminó casi toda la magia de un mundo de fantasía que alguna vez fue maravilloso, un antiguo bardo antisocial llamado Hum busca una manera de salvar el alma de su esposa con nada más que un malhumorado unicornio y su ingenio para protegerle. Pero en el proceso, se ve arrastrado de mala gana a una brutal lucha por el poder que decidirá para siempre quién gobierna el extraño páramo …

Escrito por el autor nominado al Premio Eisner Simon Spurrier (The Spire, Godshaper, Six-gun Gorilla) y bellamente ilustrado por el artista Matías Bergara (nominado al Eisner en el apartado de artista dibujante/entintador), Coda es un incansable caleidoscopio de maravillas visuales, explorando la gran fantasía y el post-apocalipsis a través de la lente de un solitario cascarrabias en busca de su amor perdido.

Coda tiene el pitch más molón de la historia: «El Señor de los anillos meets Mad Max Fury Road». ¿Quién no querría comprar este tomo simplemente leyendo esto? Yo lo hice…

Estamos ante una historia cerrada en 12 números americanos, de los que este volumen recopila los 4 primeros, editado en Estados Unidos por la editorial Boom Studios. Por esta obra el dibujante Matías Bergara ha sido nominado a los Eisner de este año en la categoría de mejor dibujante/entintador.

Simons Spurrier me parece un autor sumamente original. Me atrapó con su X-men Legacy en Marvel, serie centrada en Legion (David Haller), el hijo de Charles Xavier que es un mutante de clase Omega con graves problemas mentales. De hecho, el éxito de esta serie fue el que inspiró la serie de televisión Legion creada por Noah Hawley (Fargo). Tras esta obra, compré y disfruté Cry, Havoc para la editorial Image y Two-gun Gorilla, The Spire y  Weavers en Boom, y se está convirtiendo en uno de mis autores favoritos.

Sus señas de identidad como creador son un sentido de humor muy irónico e inglés, personajes amorales con su propio código de conducta, y saber usar elementos muy trillados en multitud de obras previas, ya sea cine, comic, novelas, etc,… añadiendo su propia sensibilidad para crear conceptos originales que mantienen elementos familiares. Este es el caso de este CODA, en el que crea un mundo de fantasía desde el punto de vista de Mad Max. La civilización luchó contra el mal, y perdió. Y ahora este mundo intenta seguir adelante a pesar de haber perdido casi toda su magia.

Hum, nuestro egoista y desagradable protagonista, es el perfecto protagonista para esta historia, una persona amoral que solo se mueve por su propio beneficio y que no es un héroe ni pretende serlo. Esta cualidad desmitificadora del héroe es típicamente inglesa y ya la hemos visto también otras obras de Spurrier, de forma que van a ser los personajes que se reúnan a su alrededor los que sí presenten los rasgos heroicos de los que él carece.

En este primer volumen, además de presentarnos este mundo, hemos visto un montón de giros y sorpresas, de forma que cosas que se establecen en el primer número aprendemos que no son exactamente así cuando se cuentan desde otro punto de vista, y vayamos conociendo la amoralidad de Hum.

La historia me ha sorprendido, pero es el apartado artístico el que consigue que Coda se salga de las gráficas, convirtiéndolo en uno de los comics mejor dibujados del año. El artista uruguayo Matías Bergara construye este mundo fantástico a partir del uso de unos colores vivos que provocan un estallido sensorial en cada página. Curiosamente, a pesar de este colorido despliegue, su narrativa es clara y fluida, consiguiendo que se entienda perfectamente lo que pasa en cada página.

En lo referido a los personajes, Bergara tiene un estilo cartoon que obliga al lector a acoplar nuestro ojo a su estilo para poder distinguir perfectamente las facciones de sus personajes. Reconozco que esto me chocó un poco en las primeras páginas, aunque una vez acomodado, no tuve problema en disfrutar de sus páginas, y me han molado mucho las expresiones que da a cada personaje.

Coda me ha encantado, es el tipo de lectura diferente que me reafirma en que estamos en una edad de oro para los lectores de comics, con una calidad y variedad a nuestro alcance como nunca antes habíamos disfrutado.

Comparto algunas páginas del primer número de esta volumen para que podáis disfrutar de la desbordante creatividad de Spurrier y las extraordinarias páginas de Bergara, con un colorido que salta fuera de las páginas y que te maravilla a cada instante:

Coda es un must-read para todos los fans de la fantasía y la ciencia ficción. Una historia que sabe tocar temas familiares de forma original y que está alucinantemente dibujada. Si los dos próximos volúmenes mantienen el nivel, vamos a estar sin duda ante uno de los mejores comics de 2019.

PUNTUACIÓN: 8.5/10

 

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Crítica de Chernobyl (HBO)

Mucho se ha hablado de Juego de Tronos, pero creo que Chernobyl tiene muchas opciones de convertirse en LA SERIE de 2019. Un retrato frío del accidente nuclear de 1986 que me ha encogido el corazón y que muestra la verdadera cara del régimen comunista.

PUNTUACIÓN: 9/10

Chernobyl es una miniserie de cinco capítulos creada por Craig Mazin. La serie es un drama histórico coproducido por los canales HBO de Estados Unidos y Sky de Reino Unido, que sigue “la verdadera historia de una de las peores catástrofes provocadas por el hombre y habla de los valientes hombres y mujeres que se sacrificaron para salvar a Europa de un desastre inimaginable. La miniserie se centra en el desgarrador alcance del desastre de la planta nuclear que ocurrió en Unión Soviética en abril de 1986, revelando cómo y por qué ocurrió, además de los intentos del gobierno comunista de la URSS por ocultarlo, así como las sorprendentes y notables historias de los héroes que lucharon y cayeron”.

La serie ha sido escrita y creada por Craig Mazin. Este director y guionista americano que hasta ahora era principalmente conocido como autor de comedias de trazo grueso como Scary Movie 3 y 4, Superhero movie y la trilogía de Resacón en Las Vegas, es el protagonista de una de las sorpresas creativas del año, mostrando que si tienes la suficiente pasión, puedes crear lo que te propongas. La miniserie ha sido dirigida por Johan Renck, director de televisión en series como Breaking Bad, The Walkign Dead o Halt and catch fire.

La serie está protagonizada por Jared Harris como Valery Legasov, el subdirector del Instituto Kurchatov que se encargó en organizar los esfuerzos de apagar el reactor así como limpieza de la planta nuclear. Stellan Skarsgård es Boris Shcherbina, vicepresidente del Consejo de Ministros a cargo de dirigir los trabajos que estuvo en Chernobyl durante los momentos más duros. Por último, Emily Watson interpreta a Ulana Khomyuk, una física nuclear de Minsk. Khomyuk es un personaje ficticio que «representa a los muchos científicos que trabajaron sin miedo y se pusieron en peligro para ayudar a resolver la situación».

Chernobyl va a ser una de las series del año. Es un excelente ejemplo de gran narrativa que utiliza un estilo frío y aséptico para contar los hechos, consiguiendo golpearnos en el corazón en cada uno de los cinco perfectos episodios de los que se compone.

Aunque Chernobyl es una reconstrucción de los hechos que tuvieron lugar en 1986, en el fondo estamos ante un retrato de una época y un país, la Rusia comunista, que machacaba al individuo y que ponía siempre al aparato por encima de las personas. Además de reconocer la labor de todas las personas que trabajaron y murieron por evitar una tragedia aún mayor, la tensión narrativa está construida siempre en la lucha de técnicos y científicos contra burócratas que no quieren admitir que la realidad no es como el partido quiere que sea.

Desde el principio, la serie hace que el líder soviético Mikhail Gorbachev declare en la primera reunión en Moscú que el accidente debía mantenerse en secreto porque «nuestro poder proviene de la percepción de nuestro poder». Chernobyl incineró esa percepción, y la serie incluso pone declaraciones suyas de 2008 en las que afirmó que Chernóbil significó el principio del fin de la URSS, que se desmoronó en 1991 precisamente tras haber visto desafiada esa percepción de poder.

En este sentido, son paradigmáticas además varias escenas en el primer y segundo episodio en los que los jefes de la central niegan que esté pasando nada grave incluso cuando varios técnicos han visto el sarcófago del núcleo abierto con sus propios ojos. O cuando burócratas sin conocimientos nucleares niegan la opinión del experto Legasov simplemente con un “no pone eso en el informe oficial.”

Hoy en día es alucinante descubrir que el régimen comunista no contemplaba ni siquiera la posibilidad de que pudiera producirse un accidente en una central nuclear, de forma que ni técnicos, ni bomberos sabían como reaccionar ni disponían de material protector ante la radiación. Pero es que ni siquiera el pueblo cercano de Prypiat tenía ningún protocolo de evacuación, y la escena en la que varias familias con niños van a ver el incendio “porque es muy bonito” mientras ves como les está cayendo la radiación es una de las escenas más terroríficas que recuerdo, demostrando que normalmente es lo mundano lo que más nos impacta.

Al igual que ver cómo tras conocerse que las centrales soviéticas tenían un fallo de diseño que es lo que provocó el desastre unido a la incompetencia de los jefes de la central, las autoridades rusas se negaron en realizar cambios en el resto de centrales operativas porque eso demostraría una debilidad en su estrategia energética.

He visto la serie en V.O., y me ha encantado escuchar a todo el reparto, con interpretaciones contenidas como se espera que un ruso se comportaría. Jared Harris, Stellan Skarsgård y Emily Watson realizan un trabajo espléndido, pero creo que estamos ante un trabajo coral de gran nivel. De entre todos los momentazos de los protagonistas, destacaría cuando Legasov (Harris) le cuenta a Shcherbina (Skarsgård), que la radiación les ha matado aunque no se hayan dado cuenta, pasando a detallar con frialdad científica los síntomas que sufrirán hasta morir por cáncer, y el estoicismo con el que Shcherbina se toma la noticia.

A modo anecdótico, destacaría también la construcción de los mineros rusos, que a partir de ahora se han situado en el cúspide de los “hombres duros” del cine y la televisión. Hombres acostumbrados a trabajar en total oscuridad a los que no se puede mentir, y que hicieron un trabajo imprescindible para controlar el accidente atómico a sabiendas que iban a ser irradiados y que pobablemente morirían. Leer en el epílogo de la serie como de los 400 mineros que trabajaron en Chernóbil más de 100 murieron antes de cumplir los 40 años y que jamás han sido considerados víctimas del accidente ni sus familias compensadas es brutal. Y tristemente real.

Otro elemento a destacar de Chernobyl es su sobresaliente diseño de producción, que reconstruye perfectamente la vida en la rusia comunista. Los edificios, ropas, vehículos, y todo lo demás es perfecto, y he flipado leer a gente rusa en redes sociales llorando al recordar su propia infancia a partir de los trajes de los escolares que nos muestran, al igual que otros muchos elementos. Todo está construido de forma fideligna y realista, y se transmite en cada plano.

Estamos ante una serie con un gran guión, excelentes interpretaciones y una producción bestial, que además sabe contar la historia de forma excepcional, atrapando al espectador desde el minuto uno. De hecho, los cinco episodios de esta serie son la duración perfecta para contar la historia de la mejor forma para conseguir el mayor impacto en el espectador.

Además, el estreno serializado en HBO ha jugado en positivo en el impacto que esta serie ha provocado. Y es que el boca a boca ha funcionado entre los espectadores, haciendo que la audiencia haya crecido semana a semana. Tras el final de Juego de Tronos, Chernobyl ha dominado la conversación seriéfila de estas últimas semanas, y lo ha hecho para bien.

Si tengo que decir algo negativo de la serie, es que nuestra sociedad necesite series como esta que nos recuerden el pasado para no repetirlo. Y se me cae el mundo a los pies al conocer que la actual Rusia vaya a realizar una serie de ficción culpando del accidente a una conspiración de la CIA, porque incluso 20 años después no pueden aceptar nada que deje en mal lugar al estado, aunque sea verdad.

Es por esto que el mensaje “What is the price of lies? / ¿Cual es el precio de las mentiras?” esté hoy en día tan de actualidad como lo estuvo en 1986. Lamentablemente.

Comparto el trailer de esta miniserie:

Chernobyl es una sobresaliente serie que sirve para recordar a los hombres y mujeres que sufrieron las consecuencias del accidente y como un accidente marcó el principio del fin del régimen comunista soviético. Una serie imprescindible.

PUNTUACIÓN: 9/10

 

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