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Providence, de Alan Moore y Jacen Burrows

Providence es la nueva serie de Alan Moore editada por el sello Avatar, que supone un interesante y complejo acercamiento a la vida y obra de H.P. Lovecraft, y al verdadero significado de las historias imaginarias y como éstas definen nuestra realidad.

PUNTUACIÓN: 8/10

Providence es una serie de 12 números ambientada en 1919 en la que seguiremos los pasos de Robert Black, un joven periodista gay de Nueva York que trabaja en el N.Y. Herald (periódico que realmente existió), y que abandonará su trabajo para escribir la Gran Novela Americana. Para ello, emprenderá un viaje por Nueva Inglaterra para conocer más detalles de la América sobrenatural oculta de la sociedad tradicional. Este viaje le llevará por una senda entre la realidad y la ficción, el mundo físico y el de los sueños, que significan un completo recorrido por la obra del escritor H.P. Lovecraft.

Providence es una obra de ficción, un recorrido por la vida y obra de H.P. Lovecraft, y a la vez es un detallado estudio de la sociedad americana de la época. Y es que 1919 es un momento convulso en la sociedad americana, justo antes de que la Prohibición entrara en vigor, con la primera huelga policial o el gran desasosiego que provocó el Tratado de Versalles que dió fin a la 1ª Guerra Mundial y que ya presagiaba un futuro conflicto.

Este contexto histórico convulso de 1919 en el que parecía que el viejo mundo se derrumbaba ante la llegada de un nuevo mundo más moderno es el que vivió realmente el propio H.P. Lovecraft, que por cierto, aprovecho para comentar aparece en el comic. ¿A que no os imaginabais? De este modo, parece que las barreras que separan la realidad y la ficción ficción eran más frágiles y podrían ser atravesadas.

La serie está dibujada por Jacen Burrows, con un estilo limpio, que contrasta con los horrores que nos van a mostrar y que la mente humana no está preparada para entender o procesar. Burrows siempre ha sido un dibujante correcto con un estilo que invita a leer un comic. En Providence, su atención al detalle y a la realidad histórica convierten esta obra probablemente en uno de sus trabajos más destacados de toda su carrera.

Como no podía ser de otra manera, Alan Moore no se conforma con escribir una historia y ya. Su estudio de la Nueva Inglaterra de la época y de la obra de Lovecraft es asombroso, al nivel de From Hell. Cada nombre de calle o suceso que va a vivir Robert Black sucedió realmente en 1919, o forma parte de la obra de Lovecraft. Esto es bueno y malo. Bueno porque sientes cómo te sumerge en su mundo Lovecraftiano desde la primera página, malo porque aunque la lectura se puede disfrutar pese a no saber casi nada del mundo en cuestión, como es mi caso, lo cierto es que a lo largo de toda la lectura sientes que te estas perdiendo algo, ya que tal o cual personaje aparece en un relato de Lovecraft y si lo conocieras o hubieras leído, la lectura te aportaría una mayor profundidad. Aunque tengo que reconocer que esta misma sensación la tengo con los últimos tomos de La Liga de los Caballeros Extraordinarios, o su continuación Nemo.

Además, cada número de 32 páginas cuenta con diez o doce páginas del diario de Robert Black. Un diario que supone una autentica pesadilla de leer. El diario sirve para que sepamos lo que siente Robert a lo largo de la historia, y en algunos casos amplía las escenas vistas en el comic previo. Pero está impreso como si fuera un diario manuscrito escrito a mano y supuso una pequeña tortura. Al menos, aunque los primeros números son más «chorras», en los últimos números su lectura sí resulta imprescindible y clarificadora.

Providence significa además una metáfora de como por mucho que intentes vivir tu vida a tu manera, en muchas ocasiones la sociedad o la familia pueden llegar a imponer su idea del mundo sobre la tuya, transformando tu existencia. Y más si eres un gay en una época super conservadora, parecida en muchos elementos a nuestra propia sociedad, que es la época que vivió Robert Black y H.P. Lovecraft. Por cierto, me sorprendió conocer que Lovecraft era una persona que odiaba a los gays y en general a todo aquel que era diferente. No se qué esperaba, pero es curioso que un autor que ha llegado a ser leyenda por sus historias de mundos alternativos superiores al nuestro podía ser en su día a día cotidiano un conservador nacionalista.

El poder de la sociedad y en general de las historias como concepto superior para crear realidades alternativas a la nuestra, y cómo pueden llegar a imponerse sobre nosotros, está muy presente a lo largo de esta obra de Moore. Providence nos muestra a personas que tienen un papel que jugar, pero que son solo peones sin poder de decisión real sobre sus acciones. Una idea que también estaba muy presente en la obra de Lovecraft.

Providence es una lectura muy compleja y árida, que sin embargo acaba de forma satisfactoria, demostrando que Alan Moore sigue estando en plena lucidez creativa. Sin embargo, la complejidad del texto de Moore en el que reflexiona sobre el universo creado por H.P. Lovecraft,  sobre el que he leído pero que no conozco demasiado, hace que esta historia no sea para todos los públicos.

PUNTUACIÓN: 8/10

Crítica de Dunkerque, de Christopher Nolan

Christopher Nolan, el afamado director de The Dark Knight, The prestige o Memento, aborda en Dunquerke uno de los momentos claves de la 2ª Guerra Mundial para el Reino Unido, la evacuación de sus soldados de las costas francesas ante el avance alemán, en la que significa su primera aproximación al género bélico.

PUNTUACIÓN: 7/10

Nolan produce, escribe y dirige esta película con la intención de trasladar a la pantalla del cine unos hechos reales acaecidos en la 2ª Guerra Mundial, sin que el espectador piense que está viendo una película bélica tradicional. Unos sucesos de gran transcendencia histórica, como dice el cartel para España de forma un tanto exagerada: «El acontecimiento que marcó nuestro mundo». Me gusta más otro de los slogans, utilizado para los países de habla inglesa, que creo es más apropiado: “Cuando 400.000 hombres no podían llegar a casa, su hogar fue a buscarles”. Este último creo que refleja mejor los hechos que vemos en la película.

Dunquerke destaca principalmente por su apartado visual. Rodada con cámaras IMAX de 65mm, significa la segunda colaboración de Nolan con el director de fotografía Hoyte van Hoytema, con el que ya colaboró en Interestellar. Nolan planteó la película para ser vista en pantalla grande y lo cierto es que merece la pena. La película fue rodada en los escenarios reales de las playas francesas, utilizando aviones y barcos reales de la época y empleando a multitudes de extras que evitaran al máximo el uso de efectos visuales generados por ordenador. Y la verdad es que consigue algunas imágenes de gran belleza, unidos con interesantes escenas contadas mediante planos con perspectivas alejadas de los habitual, como por ejemplo la escena nocturna del hundimiento de un barco.

Nolan cuenta la historia con las imágenes y la dramática (y excelente) música de Hans Zimmer, que incluye un machacón tick-tack de un reloj que consigue crear en el espectador una creciente sensación de angustia ante la sensación de que el tiempo se les acaba a los soldados británicos. Por cierto, leí que la idea de insertar el reloj en la música fue también idea de Nolan, lo cual no me extraña en absoluto. Esta tensión se ve incrementada además por la narración fragmentada de Nolan, que salta de una situación a otra durante toda la película.

Y es que Dunquerke está contada desde tres puntos de vista, tierra, mar y aire, para ver este momento histórico desde las máximas perspectivas. Nolan forma un tapiz con acciones entrelazadas situadas en momentos temporales diferentes, que cobrarán un significado pleno cuando se conecten al final. Esta obsesión por crear una estructura narrativa compleja y contar la historia a través de los hechos, las imágenes y la música más que por los personajes son elementos característicos de la filmografía de Nolan, y en Dunquerke se elevan a la décima potencia.

En tierra, seguiremos durante una semana a Tommy (Fionn Whitehead), un joven soldado británico que intenta escapar de la playa, intentando cualquier estratagema a su alcance. Mientras, el Comandante Bolton (Kenneth Branagh) supervisa la evacuación desde el único malecón aún operativo para el atraque de barcos, aunque sabe que con los ataques de la aviación alemana y solo un muelle disponible, la evacuación es prácticamente imposible.

En el Mar, seguiremos el viaje de un día del barco del Sr. Dawson (Mark Rylance) hacia Dunquerke. Ante la imposibilidad de realizar una evacuación convencional, la Royal Navy movilizó a cientos (si no miles) de barcos de recreo para que ayudaran, dado que su poco calado les permitía a ellos sí acercarse hasta la costa. El viaje será corto pero muy duro, al ver de primera mano los efectos de los ataques de los submarinos y la aviación alemana a los indefensos barcos.

En el aire, Farrier (Tom Hardy) es uno de los pilotos de una escuadrilla de tres spitfires que intentan proteger a los convoyes de barcos del ataque de los aviones alemanes. No solo tiene que luchar contra fuerzas que les superan en número, sino también contra sus limitadas reservas de gasolina. La historia de Farrier transcurre en tan solo una hora.

Como es habitual en la filmografía de Nolan, los personajes son solo piezas que ayudan a formar el puzzle creado por su guión, pero en Dunkerque esto es llevado al extremo. Nolan no quiere que conozcamos quienes son los personajes ni qué sienten, solo que veamos las situaciones que tienen que sufrir. Por este motivo, los diálogos son mínimos ya que en palabras de Nolan, “…la empatía por los personajes no tiene nada que ver con su historia, por lo que no quería utilizar diálogo para contarla. El problema no está en quienes son, de donde vienes o qué sienten. La única pregunta que me interesaba de ellos era ¿van a sobrevivir? ¿o la próxima bomba les matará?…”.

Otro hecho unido a los personajes que demuestra como Nolan subvierte las estructuras del género bélico es que la película no muestra a ningún héroe, solo a personas anónimas que intentan sobrevivir frente a una situación límite sobre la que no tienen ningún control. De hecho, el único personaje cuyos actos le calificarían de héroe es el piloto interpretado por Tom Hardy, y no se le ve prácticamente la cara en toda la película. Los personaje por tanto no son personas, sino arquetipos. Y por si fuera poco, no es que no hayan héroes, es que tampoco vemos a los “villanos”, ya que en ningún momento se nos muestra a las tropas alemanas. Como mucho algún avión, pero sin verse su bandera. Una película bélica sin buenos ni malos y con personas que solo buscan sobrevirir. ¡Menudo cambio!

En este sentido, entendiendo las motivaciones de Nolan en lo relativo a historia y personajes solo puedo decir: ¡OBJETIVO CUMPLIDO!

Lo malo es que ahí radica el gran problema para mi de la película. Al no presentar personas sino engranajes de la historia, Nolan rompe mi conexión emocional hacia la historia. Dado que los personajes son intecambiables, me da igual lo que les pase, su vida o su muerte no tienen ningún impacto para mi, lo que convierte el drama en una sucesión de imágenes frías y sin alma. Unas imágenes muy bellas en muchos momentos, pero frías como el hielo. Más si cabe ante un hecho histórico conocido, que es que la evacuación tuvo éxito. Muchos murieron, si, pero más de 400,000 soldados británicos y franceses fueron salvados.

Lo cual me provoca la reflexión que el cine cerebral de Nolan cada vez encaja menos con mis gustos. No es un tema de si la película tiene errores de guión, que no los tiene, sino de las decisiones creativas que toma. Solo el personaje de Mark Rylance, el patrón del barco que acude al rescate me genera algún sentimiento, principalmente por la calidad interpretativa de Rylance, que saca oro de donde no lo había. En el lado opuesto, no es que Nolan tape la cara de Tom Hardy (el piloto), es que ¡en numerosas ocasiones no nos deja ver ni siquiera su mirada! Que es lo único con lo que Hardy cuenta para construir una personaje que se debate entre retornar a casa para repostar, abandonando a su suerte a sus compañeros, o quedarse a sabiendas que eso le condena a muerte.

Por otro lado, Nolan intenta realizar las imágenes de la forma más realista posible, lo que provoca que en la mayoría de situaciones, como por ejemplo los combates aéreos, rodadas en 70mm panorámico deberían ser la bomba y dejarnos a los espectadores sin habla. Cosa que no consigue. Esto ya le pasó a Nolan en Interstellar y en general en toda su filmografía, y reafirma una vez más su punto flaco como director son las escenas de acción.

Además, me llama la atención como algunos críticos que alaban como obra maestra a Dunkerque destacan el tono documental de Dunquerke y como Nolan evita conscientemente el crear sensaciones en el espectador mediante trucos “tramposos” como la conexión emocional con los personajes y una música sensiblera, poniendo el ejemplo de Spielberg con John Williams. Y lo cierto es que me parece que estas opiniones caen en la “trampa” tejida por Nolan, ya que el director británico SI busca provocar sensaciones en el espectador, solo que no con las herramientas de Spielberg. Las suyas son la música apabullante, la narración no lineal fragmentada o la tensión in-crescendo. Todo eso sí busca provocar una reacción de desasosiego y angustia en el espectador, no es para nada una fría narración documental.

Un hecho histórico que la película cuenta al final es que ante el hecho indudable de la humillante derrota que le supuso al ejército británico la retirada de tierras franceses, la sociedad inglesa supo convertir este suceso en una victoria, al entender que en esa situación, sobrevivir era ya un gran logro. Y como esta “victoria” de traer a los soldados a casa sirvió para que Churchill escribiera su histórico discurso de “lucharemos en las calles, lucharemos en las playas,…” que motivó a todo un pais. Pero Nolan no muestra ni a Churchill ni a ningún alto mando, ya que no quiere quitar el foco de las personas anónimas y lo que vivieron.

Comparto a continuación el trailer de la película:

Dunquerke es una buena película que merece ser vista en la pantalla más grande posible. Pero no es ni mucho menos la obra maestra que muchos dices que es, e incluso creo que puede decepcionar a los espectadores que vayan buscando una película bélica convencional. En mi caso, lo mejor que puedo decir de Chistopher Nolan es que se ha convertido en un género en si mismo, y que volveré al cine a ver su próxima película. No se me ocurre mejor elogio hoy en día.

PUNTUACIÓN: 7/10

Kill or be killed, de Ed Brubaker y Sean Phillips

El final del segundo arco de Kill or be killed me ha parecido el momento perfecto para recomendar esta interesante obra de Ed Brubaker y Sean Phillips, con colores de Elizabeth Breitweiser, editada en los USA por la editorial Image.

PUNTUACIÓN: 8/10

Kill or be killed es la historia de Dylan, un joven estudiante que de la noche a la mañana se ve forzado a asesinar a gente malvada, lo que le llevará a una espiral de violencia mientras se adentra en el mundo criminal de Nueva York. Dylan tendrá que ocultar su doble vida a sus seres queridos mientras intenta escapar de la policía, la mafia rusa y sus propios demonios internos.

A priori, esta sinopsis libre de spoilers no difiere demasiado de muchas historias que hemos visto en cine o en los comics. Pero la historia de Ed Brubaker nos presenta una interesante premisa con un giro totalmente inesperado que hace que esto no sea una mala copia de Punisher.

Brubaker hace una interesante crónica de lo que significaría que un vigilante existiera en la vida real, pero además, al ser el propio Dylan el narrador de su historia a modo de flashback, consigue sorprendernos constantemente. Y es que a medida que leemos nos va asaltando una duda fundamental para entender la profundidad de la historia. ¿Todo lo que nos cuenta Dylan es real, o su mente desequilibrada se lo está inventando?

Lo mejor de este comic es el giro de la historia y la capacidad de Brubaker de sorprendernos número a número. Aunque la voz en off del narrador y la calidad artística del dibujante Sean Phillips y la colorista Elizabeth Breitweiser ya son sobradamente conocidos, la historia engancha porque no parece un refrito de algo leído mil veces antes. Brubaker sale llevarnos por el límite entre lo conocido y lo novedoso con la pericia de un maestro.

Quizá lo único malo que se me ocurre es que tras 10 números publicados, que forman los dos primeros arcos, siguen habiendo más preguntas que respuestas. Aunque por el tipo de narración, estoy tranquilo sabiendo que Brubaker sabrá llevar esta historia a buen puerto, con un final más que satisfactorio. Que probablemente no sea feliz para el protagonista.

Comparto las primeras páginas del primer número, donde podemos disfrutar del excelente duo artístico formado por Sean Phillips y Elizabeth Breitweiser.

Aunque Kill or be killed podría parecer otra historia típica del género noir, Brubaker, Phillips y Breitweiser la están llevando por caminos novedosos que exploran las obsesiones de un vigilante urbano y las líneas que separar realidad y ficción. Una obra super recomendable.

PUNTUACIÓN: 8/10

Fuente previews: CBR

 

Crítica de La Guerra del Planeta de los Simios

La Guerra del Planeta de los Simios es el excelente final de la trilogía de películas iniciada en 2011 para contarnos cómo se creó “El planeta de los Simios”, la mítica película de Charlton Heston de 1968 basada en la novela de Pierre Boulle. La película está escrita y dirigida por Matt Reeves, que realiza una obra de gran profundidad dramática que va más allá de lo que se espera de un blockbuster veraniego con altas dosis de efectos especiales.

PUNTUACIÓN: 8/10

Esta serie de películas se inició en 2011 con “El nacimiento del planeta de los simios”, dirigida por Rupert Wyatt. En ella, un joven científico (James Franco) creará a un mono superinteligente llamado César mientras investiga una cura contra el Alzheimer. Lamentablemente, durante esta investigación, los laboratorios crean un mortífero virus que acaban siendo liberado .

En 2014, la franquicia hizo un espectacular salto de calidad con “El amanecer del planeta de los simios”, dirigida por Matt Reeves. Ambientada 10 años después, en ella vemos como el 99% de la población humana ha muerto a consecuencia del “Virus de los simios”. César (Andy Serkis) y su comunidad de monos vive pacíficamente en los bosques hasta la llegada de un científico humano (Jason Clarke) que entrará en contacto con ellos pidiendo su ayuda para conseguir energía para un asentamiento humano en la vecina San Francisco. Aunque César y los científicos piensan en la coexistencia pacífica, esta acabará siendo imposible por la oposición de Koba (Tobby Kebbel), un mono torturado en un laboratorio que odia a los humanos, y de Dreyfus (Gary Oldman), el líder humano de San Francisco. Al final, el conflicto es inevitable, y nos lleva irremediablemente a la “Guerra”.

El argumento de esta tercera película nos cuenta el conflicto de César (de nuevo un sensacional Andy Serkis) y sus monos contra las fuerzas de un Coronel sin nombre interpretado por Woody Harrelson. Tras sufrir múltiples bajas, César tendrá que luchar no solo contra los humanos sino contra sus peores instintos si quiere salvar a su raza.

Matt Reeves vuelve a realizar un excelente trabajo construyendo una muy buena película a partir del guión, escrito en colaboración con Mark Bomback. La historia es lógica en todo momento y recurre a la construcción de los personajes como forma de ir moldeando la acción, planteando situaciones muy interesantes que son llevadas hasta sus lógicas consecuencias sin necesidad de golpes de efecto o giros absurdos. Además, ofrece una explicación razonable de por qué en las películas clásicas los monos son inteligentes mientras que los humanos habían involucionado y no tenían inteligencia ni podían hablar. No es sólo un gran final de trilogía, sino un perfecto nexo de unión con las originales.

César (Andy Serkis) es el omnipresente protagonista. Aparte de la increíble perfección técnica que supone verle en movimiento, que supone un nuevo hito técnico de Weta Digital (creadores de Golum para el Señor de los anillos), lo fundamental de la película es el conflicto interno que vive, enfrentando sus ansias de venganza con las necesidades de su pueblo. Es muy fácil ser noble cuando todo va bien o las pérdidas de vidas no te afectan directamente, pero el verdadero desafío está en ver cómo sobreponerse cuando el dolor se vuelve personal. El camino de César en muchos momentos me recuerda el viaje de un protagonista de un western crepuscular, irremediablemente atraído hacia su destino.

El Coronel también me ha gustado, y hace una más que correcta réplica a César. Woody Harrelson hace una actuación contenida de un soldado que sabe que tiene que hacer cosas terribles para salvar a la raza humana de la extinción. Al estar contada la película desde el punto de vista de los monos, claramente él es el villano. Pero si nos paramos a pensar en la situación desde el punto de vista humano, no hay duda que sus acciones, aunque crueles y salvajes, están justificadas ante la posibilidad de que los hombres no sobrevivan otra generación. Entiendo que si estuviera en la misma situación, mis acciones serían esas, o unas muy parecidas. De hecho, su destino final me parece super cruel y evidencia que estaba en lo cierto.

Un elemento interesante sobre el que la película nos hace reflexionar es que la caída de la raza humana tiene más que ver con enfrentamientos entre humanos que por la acción de los monos. En un momento en que hay gente que niega que exista el calentamiento global o que pueda afectarnos en el futuro, por poner un ejemplo, plantear un blockbuster veraniego con este tema encima de la mesa sin duda lo agradezco.

Quizá el único pero que se me planteó viendo la película es que en parte no fue lo que yo esperaba. Teniendo en cuenta las imágenes que nos presentaban, como el poster que incluyo a continuación, el trailer y el propio título, yo esperaba un enfrentamiento más épico o un mayor protagonismo de una guerra total que no acabó de llegar. Al final, es más importante el conflicto interno de César que la violencia que se genera a su alrededor.

Esto es un pequeñísimo pero, ya que analizándola a posteriori, probablemente la película sea mucho más redonda tal y como está. Y al final, el destino de los monos y la raza humana si queda definido por esta película.

Pero pensando en la trilogía, «El amanecer del planeta de los simios», la segunda parte, me pareció una película más redonda y compleja que esta película. Aunque estamos hablando en todo caso de notable alto, lo que tampoco está nada mal.

La música de Michael Giacchino también es brutal, mostrando un ámplio registro que transmite perfectamente alegría, tristeza, humor y drama en cada momento. Además, su uso de la percusión nos recuerda también la película original y ayuda a que la conexión entre ambas películas sea aún más evidente.

Y por si fuera poco, visualmente la película es increíble. Apoyado por la fotografía de Michael Seresin y unos efectos visuales  superiores, la película en todo momento transmite un tono crepuscular protagonizado por seres reales, no CGIs generados por ordenador. Estamos ante el fin de una era, y en varios momentos parece que estamos viendo un western crepuscular en el que un héroe viaja camino del matadero dispuesto a enfrentarse a una fuerza superior.

La perfección de la captura de movimientos está llegando a unos niveles de perfección alucinantes. Ya no es solo la intensidad de la mirada o el realismo de los pelos de los monos, en esta película los monos interactuan con lluvia, agua y nieve y no es que parezca real, es que se ve real. Están a otro nivel.

20th Century Fox ha conseguido un enorme éxito creativo con esta trilogía de origen del planeta de los simios. Por tanto, no me extrañaría que continuaran haciendo más películas, dado que aunque el final enlaza perfectamente con las películas clásicas, cronológicamente aún hay mucho margen para contar más historias de este mundo.

Comparto el trailer de la película:

La Guerra del Planeta de los Simios es sin duda una de las películas del verano, y probablemente del año, para los amantes de la ciencia ficción. Te recomiendo que no te la pierdas.

PUNTUACIÓN: 8/10

Crítica de House of Cards Temporada 5 – Un topo en la Casa Blanca

La quinta temporada de House of Cards ha sido una locura. Una locura increíblemente divertida y con un montón de giros inesperados, pero una locura al final y al cabo que muestra el claro agotamiento de esta serie de corte político.

PUNTUACIÓN: 6/10

Al final de la cuarta temporada, Frank estaba en plena campaña electoral frente al joven candidato republicano Will Conway (Joel Kinnaman), un héroe de guerra que lo tenía todo a favor para ganarle las elecciones a nuestro querido y odiado Frank Underwood.

Al final de esta quinta temporada, esta campaña electoral se ve super lejana por todo lo que ha sucedido durante estos 13 episodios.  Lamentablemente, ha sido un todo vale continúo con tal de crear cliffhangers y sorpresas que mantuvieran la atención del espectador. Giros sobre giros que son autenticas locuras sin sentido y que le han quitado el poco realismo que le quedaba a esta serie.

En esta temporada, además de Frank y Claire Underwood (excelentemente interpretados como siempre por Kevin Spacey y Robin Wright), hemos visto el ascenso de dos nuevos personajes que han dado mucho juego y se supone que tendrán una gran importancia para el futuro: Mark Usher (Campbell Scott), asesor de campaña republicano que se unirá a los Underwood tras las elecciones, y Jane Davis (Patricia Clarkson), Secretaria de Estado de Comercio que demostrará tener su propia agenda política sin que quede muy claro a favor de quien.

Y por si fuera poco, tenemos el problema del topo que está filtrando información sensible al editor de The Washington Heralds Tom Hammerschmidt (Boris McGiver), que sigue con su cruzada contra los Underwood. ¿Quién puede ser?

Ya casi no es noticia comentar que Robin Wright vuelve a dirigir dos episodios de esta temporada, como ya lo hiciera en las temporadas 3 y 4. Lo que sí es importante es que Beau Willimon, creador de la serie junto a David Fincher, ya no está al cargo, pasando a estar dirigida por Melissa James Gibson y Frank Pugliese, que han trabajado en la serie desde la tercera temporada.

Comparto el excelente trailer de esta quinta temporada.

La quinta temporada de House of Cards ha sido una autentica locura. Y tras ver como termina la temporada, no parece que vaya a terminar a corto plazo. Una serie entretenida pero que deberían empezar a plantearse en cerrarla antes que los espectadores dejemos de verla.

PUNTUACIÓN: 6/10