El final del segundo arco de Kill or be killed me ha parecido el momento perfecto para recomendar esta interesante obra de Ed Brubaker y Sean Phillips, con colores de Elizabeth Breitweiser, editada en los USA por la editorial Image.
PUNTUACIÓN: 8/10
Kill or be killed es la historia de Dylan, un joven estudiante que de la noche a la mañana se ve forzado a asesinar a gente malvada, lo que le llevará a una espiral de violencia mientras se adentra en el mundo criminal de Nueva York. Dylan tendrá que ocultar su doble vida a sus seres queridos mientras intenta escapar de la policía, la mafia rusa y sus propios demonios internos.
A priori, esta sinopsis libre de spoilers no difiere demasiado de muchas historias que hemos visto en cine o en los comics. Pero la historia de Ed Brubaker nos presenta una interesante premisa con un giro totalmente inesperado que hace que esto no sea una mala copia de Punisher.
Brubaker hace una interesante crónica de lo que significaría que un vigilante existiera en la vida real, pero además, al ser el propio Dylan el narrador de su historia a modo de flashback, consigue sorprendernos constantemente. Y es que a medida que leemos nos va asaltando una duda fundamental para entender la profundidad de la historia. ¿Todo lo que nos cuenta Dylan es real, o su mente desequilibrada se lo está inventando?
Lo mejor de este comic es el giro de la historia y la capacidad de Brubaker de sorprendernos número a número. Aunque la voz en off del narrador y la calidad artística del dibujante Sean Phillips y la colorista Elizabeth Breitweiser ya son sobradamente conocidos, la historia engancha porque no parece un refrito de algo leído mil veces antes. Brubaker sale llevarnos por el límite entre lo conocido y lo novedoso con la pericia de un maestro.
Quizá lo único malo que se me ocurre es que tras 10 números publicados, que forman los dos primeros arcos, siguen habiendo más preguntas que respuestas. Aunque por el tipo de narración, estoy tranquilo sabiendo que Brubaker sabrá llevar esta historia a buen puerto, con un final más que satisfactorio. Que probablemente no sea feliz para el protagonista.
Comparto las primeras páginas del primer número, donde podemos disfrutar del excelente duo artístico formado por Sean Phillips y Elizabeth Breitweiser.
Aunque Kill or be killed podría parecer otra historia típica del género noir, Brubaker, Phillips y Breitweiser la están llevando por caminos novedosos que exploran las obsesiones de un vigilante urbano y las líneas que separar realidad y ficción. Una obra super recomendable.
Tras la decepción provocada por Luke Cage, serie de Netflix estrenada el año pasado que no pude terminar de ver de lo mala que era, habían dudas sobre qué esperar de Iron Fist, la última serie inspirada en los héroes urbanos de los comics Marvel antes de la serie / evento The Defenders, que unirá a Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist. ¿Será un fail como Luke Cage o nos sorprenderá positivamente? Lo cierto es que las críticas han sido mayoritariamente negativas, lo que hace que la cosa no pinte bien, pero a pesar de todo empecé a verla con una mentalidad abierta y dispuesto como siempre a intentar pasar un buen rato.
El argumento de Iron Fist gira en torno al retorno de Danny Rand (Finn Jones) a Nueva York tras haber sido dado por muerto hace 15 años tras sufrir un accidente de avión en el Himalaya con su familia. El padre de Danny, Wendell Rand, fundó Rand Industries junto a su amigo Harold Meachum (David Wenham), que también falleció hace años a causa de un cancer. La empresa está ahora dirigida por los hijos de Harold, Ward (Tom Pelphrey) y Joy (Jessica Stroup), que inicialmente no creerán a Danny y pensarán que están siendo objeto de un intento de estafa a costa de su amigo muerto. Obligado a vivir como un mendigo, Danny solo recibirá un poco de compasión por parte de Colleen Wing (Jessica Henwick), una profesora de artes marciales cuyo dojo sufre problemas económicos.
Además, Danny no solo ha vuelto a Nueva York para reconectar con su vida anterior, sino que durante estos años se ha convertido en el Puño de Hierro (Iron Fist), un maestro en las artes marciales que es el defensor de la ciudad mística de K´un-Lun frente a la amenaza de La Mano, que está muy presente en Nueva York, como pudimos ver en la segunda temporada de Daredevil.
Iron Fist cuenta como showrunner a Scott Buck, veterano escritor y productor de series como A dos metros bajo tierra o Roma, y que también dirigió las peores temporadas de Dexter. No estamos por tanto con un director de garantías, aunque quería pensar que Jeph Loeb, la cabeza visible de Marvel Television, podría mantener la serie fiel a los tebeos.
El personaje de Iron Fist fue creado en los años 70 por Roy Thomas y Gil Kane, dos míticos autores de Marvel Comics, debido a la enorme popularidad de las películas de Kung-Fu y buscando repetir el éxito de Shang-Chi, personaje creado por Steve Englehart y Jim Starlin. Además de sumarse a la moda de las artes marciales, el personaje representaba el eterno outsider que no encaja en ningún sitio. Danny sufrió en K´un-Lun el rechazo y el racismo por parte de unos monjes que no le consideraban digno de aprender artes marciales. E incluso tras convertirse en Iron Fist, seguirá visto como un extranjero. Y al volver al mundo occidental, sus conocimientos y modo de vida oriental también le situarán al margen de la sociedad tradicional.
Tras varios años compartiendo serie junto a Luke Cage, con etapas tan recordadas como la de Chris Claremont y John Byrne, el personaje cayó en el olvido comiquero hasta que en 2006 Ed Brubaker, Matt fraction y David Aja firmaron una de las mejores etapas del personaje, resaltando el papel místico del personaje y su conexión con el mundo de K´un-Lun.
Esta serie de Televisión producida por Marvel y Netflix estuvo rodeada de una tramposa polémica durante la producción y rodaje que sinceramente creo que la ha perjudicado bastante, independientemente de la calidad de esta propuesta. Y es que un ruidoso (aunque confío que reducido) número de personas exigieron inicialmente que el protagonista debería ser un actor asiático, y criticaron duramente el casting de Finn Jones (Juego de Tronos) como Danny Rand. Opino que la polémica es tramposa porque el personaje de los comics es un blanco rubio de ojos azules, y el casting de Marvel solo buscaba ofrecer la máxima fidelidad con el personaje de unos comics que estas voces críticas claramente no han leído ni les importa lo más mínimo. Solo buscaban forzar un mal entendido concepto de corrección política y variedad étnica en una serie donde no correspondía. Y es que esas mismas voces que demandan ese cambio de raza no entienden que con su propuesta solo perpetúan el cliché de que los asiáticos sólo sirven como actores de películas de artes marciales.
A pesar de mi comentario anterior, siendo sincero hay que partir de la base que Iron Fist no es una serie demasiado buena y tiene numerosos defectos. Pero creo que globalmente ha sido lo suficientemente entretenida como para haber visto los 13 episodios de esta primera temporada, lo que ya es más de lo que hice con Luke Cage.
Si empiezo por el lado positivo, creo que Finn Jones clava a Danny Rand y sabe trasmitir todo su carisma, que es en parte lo que salva la serie. Danny es una persona perdida que no encaja en ningún sitio y que su misión es demasiado increíble que puede hacer que sea tomado por loco. A pesar lo lo cual, no dudará en hacer lo correcto en todo momento, ya sea en un combate o en el complicado mundo empresarial.
La serie también acierta en centrar la trama en un núcleo reducido de personajes: Danny, Colleen Wing, y los hermanos Ward y Joy Meachum. Colleen es quizá la más floja de los cuatro porque no llegas a creerte que esta menuda actriz pueda patear traseros como lo hace en la serie, y su giro de personaje es un WTF increible. Pero Tom Pelphrey (Ward ) y Jessica Stroup (Joy) realizan unas convincentes actuaciones como hermanos ejecutivos de una gran empresa, el primero atormentado por la enorme sombra de su padre (genialmente interpretado por David Wenham) y la segunda enfrentada a la dicotomía de ser la fría ejecutiva que la empresa necesita y a la vez intenta ser una buena persona. El problema, de nuevo, es un guión que les hace hacer una cosa y casi la contraria en el mismo episodio.
Me gustó y me sorprendió también que Iron Fist huya de la narración mediante flashbacks de la infancia de Danny en K´un-Lun, un recurso narrativo que Arrow ha utilizado hasta la extenuación. La acción transcurre casi por completo en Nueva York en la actualidad, aunque Danny nos cuenta durante los 13 episodios numerosos detalles de su vida anterior. Y aunque no es el tipo de historia que esperaba a priori, si consiguió que me interesara. Además, pasan un montón de cosas en esta temporada que consiguen que no sintiera como en Jessica Jones y Luke Cage que habían episodios enteros de relleno sin interés para la trama principal. En este aspecto, la serie acierta donde Jones y Cage fracasaron estrepitosamente.
La serie además conecta con las otras series del Universo con varios cameos entre los que destaca el de Claire Temple (Rosario Dawson), que nos recuerda que en pocos meses veremos la unión de los cuatro héroes urbanos en Los Defensores.
Y prácticamente aquí termina lo bueno que puedo decir de esta serie.
Y es que Iron Fist tiene unas notables carencias y locuras que voy a comentaros a continuación y que hacen que la serie no sea lo buena que me hubiera gustado.
El principal defecto de Iron Fist son sus mediocres escenas de acción con una horrenda realización, que suponen una enorme decepción. Tras Daredevil, con sus excelentes y brutales coreografías, Iron Fist tenía que aspirar a superar lo visto, y claramente la serie dirigida por Scott Buck naufraga en este aspecto. Leí que Finn Jones solo entrenó artes marciales de forma intensiva tres semanas antes del inicio del rodaje, debido al apretado planning de rodaje televisivo, lo que claramente no es tiempo suficiente para adquirir la fluidez requerida para el papel. No se si para maquillar las carencias de los protagonistas o directamente por una mala dirección y montaje, nunca vemos una buena escena de acción que no se vea lastrada por demasiados cortes. Además, Iron Fist dice ser el guerrero definitivo, pero en la realidad cualquier esbirro del tres al cuarto consigue golpearle, lo que demuestra una evidente contradicción entre lo que nos cuentan y lo que nos muestran. Iron Fist debería ser intocable por su fluidez y habilidad, y es algo que nunca llegamos a ver.
Por otro lado, antes comentaba como positivo que pasan muchas cosas durante la serie que evita que te aburras. Lástima que haya unos saltos de lógica brutales que hacen que piense que los escritores piensan que todo vale para que la trama avance. Además de algunos giros que son completas locuras. Algunos personajes cambian de opinión sin suficiente justificación y cometen errores de principiante que lastran nuestra empatía hacia ellos, o los guionistas les colocan en situaciones lamentables.
Las numerosas ridiculeces y locuras de varios giros del guión sitúan a Iron Fist al mismo nivel que otros productos de entretenimiento de perfil bajo como Arrow o Flash, cuando Daredevil miraba de tu a tu a las mejores series de la parrilla televisiva «seria». Y eso para Netflix no es suficiente. Si Daredevil marcó el standard televisivo para producciones de superhéroes para la pequeña pantalla, sus series son las primeras que deberían intentar mantener el nivel y este Iron Fist no lo consigue, como tampoco lo consiguió Luke Cage.
Además, me sorprendió que la trama se centrara en Nueva York y evitaran claramente mostrar K´un-Lun, cuando es una parte tan importante en la historia de Danny Rand / Iron Fist. Esto mirado por el lado positivo significa que los escritores consiguen hacen interesante a Danny Rand sin mostrar esa parte esencial de su vida. Y abre la posibilidad de una impresionante segunda temporada, que de momento no está confirmada, inspirada en la historia de Brubaker / Fraction que mostró las Ciudades Celestiales y el gran torneo de las artes marciales.
Pero si lo miramos con el vaso medio vacío, se nota que esta elección viene marcada de inicio por restricciones presupuestarias que marcaron el tipo de historia que se podía contar. Y hace que recuerde cuando escuchaba los comentarios de la sobresaliente The Shield creada por Shawn Ryan, en la que comentaban como el motivo del éxito de la serie es que siempre ofrecían la mejor historia posible sin guardarse nada en la recámara. De esta forma, si se les ocurría una historia brutal para el final de temporada, se las apañaban siempre para introducir y adelantar ese argumento a la mitad, lo que les obligaba a esforzarse en todo momento y evitaba que se acomodaran. En este aspecto, sí creo que Iron Fist ha jugado demasiado sobre seguro y se ha quedado en tierra de nadie, no consiguiendo contar la mejor historia posible con el personaje.
La realización es además demasiado televisiva y en lugar de potenciar la historia, la baja el nivel al de cualquier serie del montón, le quita todo elemento que convirtió a Daredevil en especial. Me queda la duda de si el ser la última serie antes de The Defenders, que empezó a rodarse justo a continuación de Iron Fist, haya podido hacer que Marvel Televisión se acomodara pensando que la serie verdaderamente importante a la que asignar la mayoría de recursos era esta última en detrimento de Iron Fist. No hay casi nada destacable en la producción, solo detalles inconexos entre episodios que muestran lo que podría haber sido y no fue.
En resumen, una serie que mejora a Luke Cage, algo que no era tan difícil para empezar, pero que no pasa de un aprobado muy justito que no es suficiente y deja poso de decepción. Comparto a continuación el trailer de la serie, que ha resultado ser mucho mejor que el producto final.
Iron Fist es entretenida pero montonera. Muestra cierta mejora si la compramos con Luke Cage pero no lo suficiente, y deja a las claras que la magia de Netflix se ha desvanecido. ¿Podrán Los Defensores recuperar el prestigio perdido por el canal online? En unos meses saldremos de dudas.
La primera temporada de Westworld ha sembrado las semillas de lo que puede convertirse en una de las mejores series de la televisión de los últimos años. Westworld es una serie de ciencia ficción de la HBO basada en la película de Michael Crichton de 1973 y que ha sido creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy.
La cadena HBO siempre ha sido sinónimo de calidad. Pero ante el próximo final de Juego de Tronos y tras sufrir algunos reveses en algunas series estrenadas este año, empezaba a cundir la sensación de que la cadena estaba perdiendo empuje ante el auge de Netflix y otras cadenas. Gracias a Westworld, los fans de la HBO pueden estar tranquilos.
La serie cuenta como productores ejecutivos, además de los mencionados Jonathan Nolan y Lisa Joy, con J.J. Abrams y Bryan Burk. Y mi lado comiquero no puede evitar destacar el hecho que Ed Brubaker, el excelente creador de series como The Fade Out, Velvet o Criminal en Image Comics, ha formado parte del equipo de escritores de esta serie.
Westworld es el nombre de un parque temático ambientado en el Far-West creado en un futuro indeterminado al que va la gente para vivir experiencias únicas y sin limitaciones. En Westworld no hay nada prohibido para los visitantes en lo relativo al sexo o la violencia, y las únicas limitaciones las marca su imaginación.
El parque emplea robots con una increíble programación que hace que sea muy difícil distinguirlos de los seres humanos, a los que se les dota de personalidades a modo de personajes de una película, para que los visitantes humanos puedan embarcarse en diferentes aventuras. Estos robots tienen una directriz principal, no pueden dañar a ninguna persona, y son controlados por un equipo humano dirigido por el creador del parque, el doctor Robert Frost (el gran Anthony Hopkins), que se encargan de reparar a los robots dañados y a retirar a los que funcionen defectuosamente.
El conflicto surgirá cuando el ayudante del doctor Ford, el doctor Bernard Lowe (Jeffrey Wright), jefe de la División de Programación de Westworld, empiece a detectar que algunos robots están mostrando signos de una consciencia superior a la marcada por su programación. ¿Es un mal funcionamiento o el comienzo de algo mayor?
El gran acierto de esta serie respecto a la película original es la forma en que le dan la vuelta completamente al concepto creado por Michael Crichton.
En la película de los años setenta los visitantes del parque (que por cierto tenía 3 zonas, Roma clásica, Edad Media y Far-West), tienen que sufrir a unos robots asesinos descontrolados encarnados por Yul Brynner, que hace una perfecta interpretación de un Terminator una década antes de que se estrenara el clásico de James Cameron. Por tanto, los buenos son los humanos que intentan escapar del parque y los malos son los robots, no hay matices ni dudas a este respecto.
En la serie de televisión nada es tan sencillo. De hecho, hay un intento muy claro de situar a los robots como los «buenos» que son explotados, masacrados y violados continuamente por los visitantes humanos, y tienen que repetir esta tortura una y otra vez debido a la programación del doctor Ford. Aunque quizá las cosas no sean tan claras como podriamos pensar en un primer momento.
La serie triunfa gracias al excelente reparto, que hacen creíbles a todos los personajes, en especial a los robots, y que consiguen que te preocupen más por ellos que por los «malvados» humanos.
Evan Rachel Wood es Dolores Abernathy, la típica hija del granjero que empieza a recordar elementos de una vida que no entiende.
James Marsden es Teddy Flood, un pistolero de oscuro pasado que está enamorado de Dolores, pero que nunca consigue acabar con ella porque tiene una misión que cumplir.
Thandie Newton es Maeve Millay, la inteligente señora del burdel del pueblo, que empezará a sentir que algo no va bien en su mundo.
Rodrigo Santoro como Héctor Escato, un forajido líder de una banda que planea robar la caja fuerte del burdel del pueblo.
Por el lado de los humanos, Anthony Hopkins lo borda como el doctor Ford. Cada frase suya, cada mirada y movimiento corporal te hipnotiza, incluso cuando tiene que recitar numerosos diálogos expositivos que nos permitan conocer los detalles del parque. Y sus misterios y sus planes ocultos son solo suyos.
Muy buena también la actuación de Jeffey Wright como el doctor Bernard Lowe, la mano derecha de Ford. Aunque lleva años trabajando con él, está empezando a ver situaciones que no comprende y que le hacen cuestionarse su lealtad.
Sidse Babett Knudsen es Theresa Cullen, la jefa de operaciones de Westworld que intenta que los intereses de los dueños y accionistas del parque estén seguros y no sean amenazados por las locas ideas de Ford. Un papel muy interesante, ya que pone de relieve la existencia de una lucha de poder y por el control del parque.
Luke Hemsworth es Ashley Stubbs, el jefe de la seguridad de Westworld, encargado de controlar que las interacciones entre los humanos y los robots sea totalmente segura, y encargado de retirar los robots defectuosos.
En la parte de los visitantes al parque, tenemos a Ben Barnes como Logan, un huésped veterano que es un mujeriego y hedonista y que vuelve al parque a acompañar a su futuro cuñado William (Jimmi Simpson) en su primera visita al parque. William caerá prendado de la belleza de Dolores y la acompañará en una búsqueda sin un objetivo claro.
Y por supuesto, el gran Ed Harris interpreta al misterioso Hombre de Negro, un sádico huesped que ha visitado el parque en innumerables ocasiones y que busca el Laberinto, el corazón del parque, para descubrir los misterios que allí se ocultan.
Westworld es una serie compleja que hace preguntas que hemos visto recientemente en películas como Ex Machina. ¿Qué es lo que nos convierte en seres humanos? Si los humanos aprendemos de nuestras vivencias y estas marcan nuestra personalidad, ¿no podría ser igual para los seres mecánicos?
Además, la forma como los visitantes tratan (y maltratan) a los robots sirve también de metáfora del estado actual de nuestra sociedad, obsesionada por el sexo y la violencia, con unos ciudadanos cada vez más alejados unos de otros, marcados por un individualismo que solo piensa en si mismo y en sus deseos.
Además, hay muchos misterios que irán saliendo a la luz a medida que avance la serie que nos harán replantearnos todo lo que hasta ese momento nos habían contado. En ese aspecto, esta primera temporada está planteada como una serie de misterio que hay que descubrir. Y aunque muchas tramas si quedan abiertas al final de la temporada, sí hay una correcta sensación de cierre de un capítulo de la historia.
Técnicamente, la serie es impecable. La fotografía, efectos especiales, edición, etc… están perfectamente integrados y son un elemento más al servicio de la historia. Se nota que la HBO ha puesto toda la carne en el asador para que Westworld se convierta en la serie franquicia de la cadena, porque el feeling es 100% cinematográfico.
Destaco también el tema principal de la serie compuesto por Ramin Djawadi, que creo que se convertirá en un himno televisivo como el de Juego de Tronos. Una canción pegadiza pero que trasmite un feeling desasosegador y casi perturbado, como de que algo no funciona bien a pesar de su perfección técnica, que es como quizá deben sentirse los seres robóticos dentro del parque.
Quizá el mayor problema de la serie es que requiere del espectador de cierta paciencia en los primeros episodios. Además de presentar el mundo de Westworld y sus personajes, humanos y robots, deja intuir que hay varios misterios ocultos, pero sin llegar a centrarse en ninguno de ellos en concreto. Por eso, tras ver los primeros 4-5 episodios puede crearse cierta sensación para el espectador de no tener muy claro qué nos están contando o hacia donde se dirige la serie. Aunque esto se remedia sin duda en la segunda mitad de la serie.
Otra gran duda es el propio concepto de la serie. Los múltiples personajes y tramas hacen que la narración sea muy compleja y exigente para el espectador, con misterios dentro de enigmas y personajes a los que conocemos en diferentes momentos temporales. Esto hizo que el estreno de la serie se retrasó en varias ocasiones para ajustar y rehacer todo el storyline, de forma que todas las piezas encajaran satisfactoriamente.
La segunda temporada no se estrenará hasta 2018 para que Nolan y Joy tengan tiempo suficiente para escribir todos los episodios antes del inicio de la fase de rodaje. Esto contrasta con el sistema habitual de escritura para televisión, mediante el cual el Showrunner tiene la idea completa de la serie, lo que pasa en cada capítulo y hacia donde dirige, pero cada episodio se va escribiendo y rodando sobre la marcha, lo que permite que la historia pueda moverse a terrenos que a lo mejor no estaban inicialmente previstos. Esto no es posible en Westworld por motivos obvios.
Además, previo al estreno de la serie, leí una entrevista a Nolan en la que decía que la historia estaba planteada para que abarcara 4 ó 5 temporadas. Hay muchas opciones de expandir el mundo de Westorld, sin ir más lejos con la posibilidad de otros parques como en la película de Crichton, pero ¿el despertar de la consciencia robótica no podría contarse en menos episodios? ¿Sabrán mantener nuestra atención durante tanto tiempo? O tal vez la caída por el agujero de conejo abrirá paso a un nuevo statu-quo que ni imaginamos a estas alturas de la historia.
Comparto a continuación el trailer de esta serie, aunque, como siempre, casi te sugeriría que no lo vieras para que la serie te sorprenda.
La primera temporada de Westworld ha terminado con un cliffhanger monumental que nos ha dejado con muchas ganas de más. La serie es perfecta para los amantes a la ciencia-ficción y a las historias de intriga y misterios ocultos, pero también para todos aquellos que sigan una serie de televisión por los personajes y su evolución. Sin duda, una serie totalmente recomendable.
Esta semana quiero recomendar The Fade Out, la última obra del excelente equipo creativo formado por Ed Brubaker y Sean Phillips, una oscura historia de género negro que sirve para hacer una crónica de nada optimista del Hollywood de finales de los años 40.
Charlie Parish es un guionista en horas bajas en el Hollywood de 1948. Aunque llegó a ser nominado a un Oscar, tras volver de servir en el frente en la 2ª Guerra Mundial, sufre un bloqueo creativo causado por el Síndrome de Estres Postraumático. Su amigo y mentor Gil, un escritor sin trabajo al estar en la lista negra de personas afines a la ideología comunista, realiza todo el trabajo para los estudios, mientras Charlie se lleva el mérito.
Un día Charlie encuentra el cadaver de Maya Silver, la estrella de la película en la que está trabajando, que ha sido estrangulada. Su borrachera hace que no recuerde nada de lo que pasó la noche anterior, y cuando descubre que el estudio, para evitar el escándalo, falsifica las pruebas para que parezca un suicidio, intentará descubrir al culpable o culpables.
Mientras seguimos los pasos de Charlie, el típico perdedor de una historia de género negro, conoceremos muchos detalles de la vida en los estudios de Hollywood durante esa época. Detalles oscuros y violentos totalmente alejados de los clichés del glamour que nos vendían las películas.
Ed Brubaker, el guionista de The Fade Out, se inspiró en las historias que la contaron sus tíos y que le animaron a convertirse en escritor. Su tío John Paxton fue un conocido guionista en los años 30 y 40, y su mujer Sarah trabajó en el departamento de Relaciones Públicas de la 20th century Fox. A partir de las historias que le contaron de niño surgió su afición por las historias ambientadas en el Hollywood clásico, y por las películas y novelas de género negro, lo que a la larga sirvieron de germen para esta serie.
La historia es sórdida y refleja lo peor de una época dominada por productores viciosos que se aprovechaban de jóvenes aspirantes a actrices, y en la que actores gays no se atrevían a salir del armario y daban una imagen en sus apariciones públicas totalmente opuesta a como eran ellos en realidad. Además, en este momento la caza de brujas contra el Comunismo del Macarthismo se encontraba en su momento álgido y afectó a muchos profesionales que se quedaron sin trabajo al ser acusados de comunistas.
A pesar de esta oscuridad y a que claramente es una historia de ficción, la serie «respira» autenticidad en sus cuatro costados, y me ha sorprendido el punto de vista cínico que Brubaker trasmite en cada escena y en cada personaje. Las miserias que vemos están pobladas de gente que entiende que así son las cosas y no se puede hacer nada para cambiarlo, un punto de vista muy negativo hacia la vida. No se si es simplemente el tono que la historia requería o Brubaker estaba pasando por una mala racha emocional y lo trasmitió a la historia. Quien sabe…
Sean Phillips, el artista de la serie y colaborador desde hace más de 15 años con Brubaker, es británico. Por eso necesitó ayuda de Amy Condit, directora del Museo de la Policía de Los Angeles, que le facilitó cientos de fotos y películas de la época que le ayudara a conseguir que la ropa, los decorados y la ambientación fueran los correctos. A esto se unió el siempre acertado color de Elisabeth Breitweiser, que encaja perfectamente y ayuda a que el feeling de película clásica sea perfecto.
Comprar un tebeo de Brubaker + Phillips siempre es un placer, y en el caso de The Fade Out, su acertado diseño ayudó a que el producto final fuera todavía más satisfactorio. Las portadas trasmiten un feeling de cine negro muy alejado del canon de portada de super-héroes clásico que predomina en las estanterías de las librerías, informando perfectamente al lector del tipo de tebeo que vamos a leer. Además, en las contraportadas encontramos postales de películas protagonizadas por los personajes que son también geniales. Y la guinda del pastel son los artículos sobre el Hollywood clásico escritos obra de escritores como Devin Faraci o Jess Nevin. Estos «extras» solo se encuentran en los tebeos, lo que significan un aliciente para no esperar al tomo y comprar el tebeo a ritmo mensual.
Comparto a continuación las primeras páginas del primer número que ayuda a situar a los protagonistas.
Se nota que los autores son grandes amantes del género negro y es aquí donde mejor se mueven, porque The Fade Out es un excelente tebeo y un gran éxito creativo de una dupla artística que se nota que disfrutan de lo que hacen. Si te gusta el género y las historias ambientas en el Hollywood clásico, no te puedes perder The Fade Out, te la recomiendo.
Este fin de semana hemos conocido la triste noticia del fallecimiento de Darwyn Cooke, uno de mejores autores completos de los últimos años dentro del comic americano. Quiero aprovechar el artículo de esta semana para rendirle un sentido homenaje de la mejor forma que conozco, destacando algunas de sus mejores obras.
Darwyn Cooke fue un increíble creador, pero también bastante incomprendido por la industria del comic americano. Su primer trabajo publicado fue en 1985, en un especial de la editorial DC Comics de búsqueda de nuevos talentos. Pero probablemente se equivocó de década, ya que su estilo retro cartoon no encajaba con el «grim-n-gritty» imperante en la época. Al no recibir encargos de forma continuada, abandonó la industria del comic y fichó con Bruce Timm para crear storyboards para la mítica serie de animación de Batman: La serie Animada, forjándose una reputación en el ámbito de la animación. Tardó 15 años en volver a dar el salto al comic, colaborando principalmente con la editorial DC Comics.
Su primer trabajo importante fue Batman: Ego, una novela gráfica publicada en 2000, en la que realizó el guión y el dibujo.
Tras varios trabajos freelance en DC y Marvel, su siguiente obra relevante fue la actualización de Catwoman en 2001 junto al guionista Ed Brubaker, con un rediseño de su traje que a día de hoy se mantiene como el más icónico y reconocible del personaje. La Catwoman de Cooke abandona el ámbito superheroico para adentrarse en el noir y el mundo del crimen, trasmitiendo una estética fresca, actual y la vez atemporal.
Aunque su etapa en Catwoman fue corta, mostró los rasgos más reconocibles de su estilo: Una increíble fluidez narrativa, con un dominio magistral de la perspectiva, y un dibujo limpio y claro de clara influencia cartoon. Las viñetas de Cooke parecían estar sacadas de una pantalla de cine y parecía que cobraban vida en cada número.
En 2004 creó la que sin duda es su mejor obra, DC: The New Frontier, realizada como autor completo, con colores de Dave Stewart.
The New Frontier es una historia ambientada en los años 50, en el periodo entre la retirada de los héroes clásicos de la Silver Age, la mítica JSA, y el nacimiento de la edad moderna de los superhéroes, con La Liga de la Justicia formada por Superman, Batman, Wonder Woman, Green Lantern, El Detectivo Marciano, Flash, Aquaman.
Un periodo de grandes turbulencias sociales en los Estados Unidos, dominada por la paranoia anticomunista, el miedo atómico y la lucha por los derechos civiles que son reflejados en la historia de Cooke. Pero aunque el transfondo histórico es fundamental para The New Frontier, al final estamos ante una historia de ciencia-ficción que nos recuerda por qué el mundo necesita los superhéroes, unos héroes positivos, brillantes y que inspiran a los lectores a convertirnos en nuestra mejor versión.
Si Cooke era un extraordinario dibujante, su guión sorprendió por su detallado conocimiento del Universo DC y una gran maestría en mostrarnos a todos los personajes en su versión más icónica y pura.
The New Frontier es además una obra coral en la que aparecen muchísimos personajes de ambas eras, y daba igual si su papel era principal o secundario, largo o breve, Cooke siempre conseguía que te preocuparas por él y que quisieras saber más: John Cloud de los Losers , el Coronel Flagg, John Jones (Detective Marciano), John Henry, los Challengers of the Unknown, todos disfrutan de su momento de gloria y nunca han lucido mejor.
Si nunca has leído un tebeo de superhéroes y te preguntas qué los hace tan geniales, DC: The New Frontier es una obra magistral que responde a esa pregunta con una historia sobresaliente de los superhéroes de DC Comics mostrados en su visión más pura y atemporal.
Tras The New Frontier, el otro gran trabajo de Cooke fue la adaptación de las novelas de género negro de Richard Stark (pseudónimo del escritor Donald Edwin Westlake) protagonizadas por uno de sus mejores personajes, el amoral y violento criminal Parker.
Cooke realizó 4 novelas gráficas entre 2009 y 2013, adaptando las novelas The Hunter, The Outfit, The Score y Slayground. Con ellas Cooke nos mostró su lado más noir, demostrando que un estilo cartoon no tiene por qué ser infantil. Para estas novelas gráficas, Cooke pasó a ser ilustrador completo, añadiendo un estupendo uso del color que ayudaba a crear la ambientación perfecta para estas historias.
Darwin Cooke fue un maestro de los comics, y aunque estoy triste por su fallecimiento, en cierta forma, saber que su obra seguirá viva gracias a los lectores que la seguiremos disfrutando me crea cierta sensación de alivio en estos momentos tan tristes para el mundo del comic. Quiero despedir este post de hoy con más ejemplos de su extraordinario arte.
Si gracias a este artículo consigo que os animeis a probar a leer algunas de sus obras, me daré por más que satisfecho.
¡Saludos!
Imágenes: CBR
Repaso a mi Sci-fi favorito: comics, películas, TV y libros
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