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Crítica de Stranger Things temporada 3 (Netflix)

Strangers Things ha vuelto con las pilas cargadas para la tercera temporada. La serie creada por los hermanos Duffer y recién estrenada en Netflix puede que sea más de lo mismo, pero es tan entretenida y los chavales molan tanto que su visionado se convierte en un suspiro.

PUNTUACIÓN: 7/10

Después de que durante los eventos ocurridos durante Halloween de 1984 en la dimensión alternativa, esta temporada tiene lugar un año después, justo al terminar las clases para las vacaciones de verano. Lejos de terminar la amenaza tras cerrar los portales en la anterior temporada, los seres del Upside Down evolucionan justo cuando el grupo de amigos está más distanciado que nunca.

Creada por los Hermanos Duffer, son también productores ejecutivos junto con Shawn Levy, Dan Cohen y Iain Paterson, y dirigen y escriben 4 de los 8 episodios de esta temporada.

Stranger things 3 ha cambiado del Halloween de la segunda temporada a un verano de 1985 que nos devuelve a tantas y tantas películas clásicas y situaciones de nuestra niñez y adolescencia.

Como comento en la presentación, realmente Stranger Things 3 vuelve a repetir la misma fórmula de separar a los personajes en varios grupos que investigan cada uno de ellos un misterio diferente que acaban siendo el mismo caso. Pero reconociendo esto, hay que decir también que las dinámicas de todos los niños son super chulas, que les echábamos de menos y que mola saber qué es de su vida más de un año y medio después de ver la segunda parte.

En este sentido, hay que decir que no me importaría que Netflix hiciera una cuarta y última temporada, sobre todo teniendo en cuenta el final de esta tercera parte. En caso de que se confirmara, los hermanos Duffer deberían darse prisa en rodarla, porque se nota ya que todos actores están creciendo y ya no son adolescentes. De la misma forma que Sony / Marvel están estrenando una película de Spiderman cada 2 años en lugar de los 3 habituales en este tipo de blockbusters, precisamente para acortar los plazos y evitar el excesivo envejecimiento de Peter Parker y los demás chavales, Netflix va a tener que ponerse las pilas si no quiere que se les pase el arroz a su casting de jóvenes estrellas televisivas.

Entrando en materia, los dos primeros episodios en los que se vuelve a situar a cada uno de los personajes se me hicieron un poco pesados por el exceso de canciones ochenteras cuya referencia, si es que la tienen más allá de ser de esa época, se me escapaba. Sin embargo, a medida que la serie nos sumerge en el doble misterio de esta temporada, el visionado fue mejorando hasta llegar a un climax tan loco como en las películas de Arnold Schwarzenegger de la época. Hay de hecho una referencia muy poco sutil al Arnold de Terminator en la figura del asesino ruso que persigue a los adultos, el Sheriff Hopper (David Harbour) y a Joyce Byers (Winona Rider), la madre de Will y Jonathan.

El guión combina como siempre elementos de películas de terror y de aventuras juveniles ochenteras tipo Goonies con sus investigaciones y misterios, sumando en esta tercera parte el “homenaje” a las películas de acción y espionaje que utilizaban al enemigo ruso como villano recurrente, así como toques de crítica al machismo de la sociedad americana. Incluso tenemos una salida del armario de uno de los nuevos personajes, reforzando su medido aspecto social.

Hablando del Sheriff Hopper, la interpretación de David Harbour como un bebedor e irascible padre no me ha acabado de gustar por lo exagerado, y creo que es lo más flojo de toda la temporada en cuanto a un casting que creo realiza un buen papel. En todo caso, tampoco dudo que Harbour hizo la interpretación exagerada que los hermanos Duffer le pidieron, y se redime en un último episodio lleno de emoción.

Como comento, todos los chavales lo hacen genial, pero creo que Dustin (Gaten Matarazzo) vuelve a robar la serie en las pocas escenas en que está en pantalla, con una mención especial a su increíble escena en el último episodio que marca el preludio del climax final. Y aunque Eleven (Millie Bobby Brown) vuelve a ser la gran protagonista como en temporadas anteriores, creo que exageran el uso de sus habilidades mentales, llegando a convertirse en una muleta en la que apoyan la mayoría de situaciones, perdiendo parte de su encanto y desde luego mucha sensación de peligro o amenaza.

Del resto de chavales, Mike Wheeler (Finn Wolfhard) tiene que enfrentarse a los problemas adolescentes a tener a Eleven de novia, teniendo que evitar a un padre furioso y unos amigos que se sienten desplazados. Will Byers (Noah Schnapp), protagonista por su desaparición al comienzo de todo pierde protagonismo en esta tercera, teniendo que asumir que el tiempo pasa para todos y que ya nunca volverán a ser niños. Y el otro miembro del grupo original que está completamente desaprovechado es Lucas Sinclair (Caleb McLaughlin), hasta el punto que casi no hace gran cosa aparte de estar ahí plantado.

Maxine (Sadie Sink) la chica presentada en la segunda temporada que se hacía amiga de Lucas cobra protagonismo por su relación con Eleven y debido a que su hermano Billy (Dacre Montgomery) es uno de los villanos de la temporada.

De los chavales más mayores, Nancy Wheeler (Natalia Dyer) tendrá que enfrentarse al machismo imperante en la redacción del periódico local en la que trabaja de becaria, mientras que su novio fotógrafo Jonathan Byers (Charlie Heaton) hace más bien poco aparte de acompañar a Nancy durante sus pesquisas.

El que vuelve a salirse esta temporada es Steve Harrington (Joe Keery), no solo por su amistad con Dustin, uno de los grandes hallazgos de la segunda temporada, sino por su relación con Robin, un nuevo personaje interpretado por Maya Hawke, hija de Ethan y Uma Thurman a la que espera un brillante futuro, que es la jefa de Steve en su trabajo en la heladería del centro comercial en el que trabajan. A este trío se les unirá la hermana pequeña de Lucas, Erica (Priah Ferguson), que interpreta a la típica niña sabionda y cargante que acompaña a este grupo a descubrir qué esconde el nuevo centro comercial de Hawkins, Starcourt.

Si la segunda temporada nos trajo a Sean Astin como reclamo nostálgico, esta tercera nos ha traído a Cary Elwes y Jake Busey en pequeños papeles del alcalde de Hawkings y un redactor machista del periódico, respectivamente.

El diseño de producción y los efectos especiales están a buen nivel, consiguiendo momentos bastantes chulos utilizando a La Cosa (1982) de John Carpenter como inspiración, creando un monstruo multiforme asqueroso que marcará la principal amenaza para los habitantes de Hawkings.

La verdad es que la serie se ve en un suspiro y es super entretenida sobre todo apoyada en el carisma y la personalidad de todo el reparto. Sin embargo, hay que reconocer que la historia, sobre todo en lo referido a la amenaza rusa es una locura sin sentido. Está claro que lo aceptas porque estamos en el “todo vale” , que es una serie que busca ser un entretenimiento ligero sin más y que lo principal son los personajes por lo encima de la trama, pero la suspensión de credulidad está en el límite en muchos momentos. Además, la amenaza del Azotamentes y su ejército de poseídos al final acaba siendo también un bluff.

La “suerte” de Stranger Things y de los hermanos Duffer es que los personajes tapan estos elementos menos buenos y que la temporada tiene un final super emotivo que nos deja con un buen sabor de boca, aunque la serie no haya sido totalmente redonda.

El pasado martes 9 Netflix publicó que tras estrenarse Stranger Things el 4 de julio, 18 millones de suscriptores, entre los que me encuentro, ya habían visto entera esta tercera temporada, y 40 millones de personas habían visto algún episodio. Estos datos bestiales de audiencia creo que aseguran que a Stranger Things le queda cuerda para rato en el canal online.

Comparto el trailer de este tercera temporada:

Stranger things vuelve apoyarse en su carismático reparto para ofrecer un buen entretenimiento con la nostalgia como base que no tiene problemas en repetir esquemas ya utilizados. Con todo, creo que es una buena serie que me ha hecho pasar un gran rato, y que lo hará con todos los espectadores, sobre todo si sois fan del género o viviste los 80 y todo su ocio friki en vuestra niñez o adolescencia.

PUNTUACIÓN: 7/10

 

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¡Saludos a todos!

Crítica de Doom Patrol temporada 1 (HBO)

La primera temporada de Doom Patrol estrenada en HBO ha supuesto una de las satisfacciones comiqueras más grandes del año, en muchos aspectos similar a Vengadores Endgame.

PUNTUACIÓN: 9/10

Reimaginación de uno de los grupos de superhéroes más emblemáticos de DC: Robotman, Negative Man, Elasti-Girl y Crazy Jane, liderados por el científico loco Dr. Niles Caulder. Los miembros de esta peculiar patrulla rememoran las circunstancias que les llevaron a obtener sus habilidades sobrehumanas, causando toda clase de cicatrices y desfiguraciones que les impiden llevar una vida normal. Desesperados, proponen a Caulder defender el planeta Tierra de los mayores peligros que jamás se hayan conocido. Siguiendo con los acontecimientos que tienen lugar en «Titans», la patrulla recibe un encargo de Cyborg que no podrán rechazar, aunque cumplirlo implica que sus vidas nunca volverán a ser como antes. (Argumento oficial en Filmaffinity)

Creada por Jeremy Carver (Supernatural), basada en los personajes de DC Comics creados por Arnold Drake, Bob Haney y Bruno Premioni, así como la celebrada etapa de Grant Morrison escrita en los años 80, cuenta con Greg Berlanti (Arrowverso televisivo), Geoff Johns (escritor de Green Lantern, Aquaman, Flash, JSA, Infinite Crises o Titanes en DC Comics) y Sarah Schechter como productores ejecutivos.

La serie ha sido dirigida por Glen Winter y cuenta con fotografía de Chris Manley y música de Clint Mansell y Kevin Kiner.

La serie está protagonizada por Matt Bomer (Negative man), April Bowlby (Elasti-Girl), Brendan Fraser (Robotman), Diane Guerrero (Crazy Jane), Joivan Wade (Cyborg), Timothy Dalton (Dr. Niles Caulder) y Alan Tudyk (Mr. Nobody), entre otros. Y aunque estos personajes fueron presentados en la serie Titans, curiosamente estrenada en Netflix, lo cierto es que ambas series son autónomas y Doom Patrol puede verse sin necesidad de haber visto dicha serie.

Doom Patrol ha conseguido que mi cerebro saltara por los aires. No solo por lo bien que han trasladado a estos personajes del comic a la pequeña pantalla, sino por haberse atrevido a abrazar todas las locuras de la mítica etapa escrita por Grant Morrison. Y además, flipo pensado en que Warner diera luz verde para que esta serie se hiciera realidad.

Su creador Jeremy Carver consigue que la serie transite entre el drama y la comedia absurda, creando el tono perfecto para la serie sin olvidarse que ante todo debe ser un buen entretenimiento para los espectadores. Lo mejor es que por encima de las situaciones loquísimas a las que se van enfrentando nuestros anti-héroes, Doom Patrol es una serie de personas rotas que deben encontrar su propio camino para volver a vivir.

Todo el reparto está genial, la complejidad de todos los personajes incluyen matices sorprendentes y emocionantes, y no sabría quedarme con nadie por encima de los demás. Es más, diría que todos los actores se lo han pasado genial rodando esta serie y ese disfrute se contagia en cada fotograma.

Desde el recuperado Brendan Fraser, cuyo Robotman es un over-the-top continuo que sabe que era una mala persona cuando era humano y que ahora que no tiene cuerpo de carne y hueso intenta mejorar y cuidar de Crazy Jane y sus 64 personalidades cada una con un poder diferente, excelentemente interpretada por una genial Diane Guerrero. O la antes egoista Elasti-Girl (April Bowlby) que debe aprender a formar parte de algo más grande que ella misma. Igual que Negative man (Matt Bomer), cuya salida del armario es más emocional que física y que debe dejar atrás su pasado para poder empezar a vivir.

Cyborg, interpretado por Joivan Wade, también mola mucho. Un chaval que sueña con ser un superhéroe sin saber que se está metiendo en un mundo de locura contra el que no está preparado, sobre todo teniendo en cuenta que cree que todo el mundo, incluido su padre el ingeniero Silas Stone de S.T.A.R. Labs que le construyó, le ocultan algo.

Por último, los que también destacan son Timothy Dalton como el Dr. Niles Caulder que reune a este grupo de freaks e intenta darles un hogar y un refugio frente al mundo, con una actuación fría y calculadora, mientras que Alan Tudyk como Mr. Nobody es todo lo contrario, pura locura que hace las veces de narrador y nos cuenta directamente a los espectadores qué está pasando, rompiendo la tercera pared de formas mucho más chulas que Deadpool. Además del hecho que Grant Morrison ya empleó este recurso en los comics muchísimo antes que el personaje de Marvel.

Hay que tener muchas narices a priori de creer que el público iba a aceptar no solo a estos personajes, sino freakadas como el propio villano Mr. Nobody, El Culto del Libro No Escrito, Flex Mentallo, Danny the Street o el Bureau of Normalcy. El que no arriesga no gana, y Doom Patrol es un triunfo arrollador. Mi más sentida enhorabuena para Jeremy Carver, Greg Berlanti, Geoff Johns y todo su equipo por creer en el proyecto y sacarlo adelante.

La historia engancha porque es un puzzle dentro de otro mayor, y a medida que la acción avanza, vamos conociendo la historia de cada personaje. Como en los comics, en muchos episodios los personajes se separan para realizar misiones que cumplen el objetivo global de buscar a Niles Coulder, pero también construir los vínculos entre  ellos sobre los que se reconstruirán de sus vidas rotas.

Loca, colorida, imaginativa, sorprendente,… todos esos adjetivos han ido apareciendo en mi mente cada vez que veía cada uno de los 15 estupendos episodios de esta primera temporada, que de momento aún no ha sido renovada. No se cuanto ha costado Doom Patrol, si ha sido barata o cara de producir, y tampoco se si la audiencia en los Estados Unidos ha sida buena o mala. Pero para mi es un triunfo creativo monumental. Uno que para mi se resume en no avergonzarse de los comics originales y abrazar con fuerza toda su locura y desbordante imaginación.

Obviamente me gustaría que Warner Television confirmara una segunda temporada manteniendo el mismo equipo creativo, pero si finalmente la Doom Patrol fuera cancelada tampoco pasaría nada, porque este disfrute lo tendriamos para siempre y podríamos volver a verla una y otra vez. De la misma forma que una mala película no “arruina” nuestro comic favorito, que sigue en nuestra librería para releerlo y disfrutarlo, Doom Patrol ya forma parte de la historia comiquera televisiva.

Este disfrute me recuerda en muchos aspectos la felicidad tras ver Vengadores Endgame, no solo por todo lo visto y sentido durante su visionado, sino por la ambición de Marvel Studios en ofrecer varios niveles de maravilla en una única película, y el asombro al descubrir que tuvieron éxito a todos los niveles. Ver lo que Doom Patrol ha conseguido en la pequeña pantalla me parece también asombroso.

Me lo he pasado genial viendo Doom Patrol y buscando algo negativo que decir creo que la serie debería haber acreditado a Grant Morrison de forma clara en los títulos de crédito, ya que aunque los personajes fueron creados en los años 60 por Arnold Drake, Bob Haney, Bruno Premioni, fue Morrison el que los llevó a nuevas cotas de locura en los años 80, estando la mayoría de argumentos inspirados en algún comic suyo. Aunque de hecho es mencionado directamente en el segundo episodio “Morrison estaría orgulloso” creo que dice…, creo que esto no es suficiente, la verdad. Ya veis que es un pero pequeñito, pero tenía que decirlo…

Además, hay que reconocer que algunos efectos visuales como los de Elasti-girl son un pelín cutres, pero sinceramente creo que no desentonan con el tono de locura general, y no es algo que me molestara durante el visionado.

Comparto el trailer de esta serie:

DOOM PATROL es un must-see para todos los fans de los comics y para todos aquellos que quieren ser sorprendidos con conceptos nuevos e imaginativos que no parecen algo trillado mil veces visto.

PUNTUACIÓN: 9/10

 

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Crítica de Good Omens de Terry Pratchett y Neil Gaiman (Amazon Prime)

Amazon Prime ha estrenado una excelente adaptación de la divertidísima novela Good Omens de Terry Pratchett y Neil Gaiman. Escrita y creada por el propio Gaiman y dirigida por Douglas Mackinnon, la serie hará las delicias a todos los amantes de la fantasía con un toque irónico.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Ambientada en 2018, la serie seguirá al demonio Crowley (David Tennant) y al ángel Aziraphale (Michael Sheen), quienes, acostumbrados a la vida en la Tierra, buscan evitar la venida del Anticristo y con ello la batalla final entre el Cielo y el Infierno que destruirá el planeta y la raza humana.

La novela Good Omens fue publicada en 1990, en un momento en que Terry Pratchett era un escritor muy conocido gracias a su serie del Mundo Disco, mientras que Gaiman estaba empezando a hacerse un nombre con Sandman, su multipremiado comic que DC Comics empezó a publicar en 1989. La novela fue nominada al World Fantasy Award y al Locus Award de 1991, y fue la primera novela publicada de Gaiman, que con los años se ha convertido en uno de los referentes en el mundo de la fantasía con novelas como American Gods, Hijos de Anansi, Neverwhere o The Ocean at the End of the Lane. Tras años en los que casi se trasladó al cine, para Gaiman se convirtió en una prioridad adaptarla para televisión tras recibir una carta de Pratchett escrita antes de morir en 2015 conminándole a que intentara hacerlo realidad.

Gaiman ha sido el creador y ha escrito los guiones de los seis episodios de los que se compone esta serie, que ha sido dirigida por Douglas Mackinnon y cuenta con música de David Arnold.

Good Omens es puro Pratchett, con un humor muy inglés que transmite una fina ironía en cada uno de sus dialógos, y con unos personajes secundarios y situaciones que en muchos casos bordean el ridículo. Pero también es muy Gaiman, mostrando a unas fuerzas sobrenaturales super poderosas que viven entre nosotros y que nos quieren manejar a su antojo, a pesar del mito del «libre albedrío».

Lo mejor de Good Omens es el carisma que transmiten Michael Sheen y David Tennant, bordando sus interpretaciones del ángel Aziraphale y el demonio Crowley. Me encanta el ángel inocente pero con un toque pícaro que construye Sheen y cómo Tennant transmite un demonio que aunque se esfuerza en parecer malo, ama demasiado la vida y los placeres mundanos, ¡aunque no lo pueda reconocer!! La química entre ambos es una pasada, y como saben que su amistad es lo mejor de la vida aunque la tradición les fuerce a ser enemigos. Escucharles en V.O. ha sido una auténtica delicia, y destaco además poder escuchar en el original a Frances McDormand en la voz de Dios.

Good Omens se ríe de los extremismos que en muchos casos actúan ciegamente sin saber muy bien por qué hacen lo que hacen. Y además de ser una historia de amistad un tanto atípica, otro de los temas centrales es la necesidad de romper con lo que la sociedad espera de ti e intentar construir tu propio destino sin importar el qué dirán. Otro concepto muy Gaiman,

Diría además que la duración de seis episodios es perfecta para contar bien la historia e irnos sorprendiendo a cada paso, sin que sintamos que nos meten minutos sin importancia para rellenar episodios.

Si tengo que comentar algo menos bueno, quizá sería que aunque el final es correcto y todo encaja a la perfección, le falta algo de punch o potencia dramática. Precisamente por el tono irónico y por la sensación de farsa que transmite en numerosos momentos, no hay un climax sino más bien un globo que se desinfla.

He comentado en otras ocasiones que un elemento recurrente de la obra de Gaiman son los personajes que no son buenos ni malos, sino que actúan según su naturaleza. Esto en buena medida lo vemos durante toda la serie, y al final el final sucede porque era inevitable, pero sin la fuerza dramática que me hubiera gustado. En todo caso, dado el tono de comedia de toda la serie, esto no me ha supuesto ningún problema.

Comparto el trailer de esta serie:

Good Omens es una divertida serie que creo que encantará a los amantes de la fina ironía y de romper los estereotipos establecidos. Me alegra haber podido verla y me ha dejado con una sonrisa.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

 

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Crítica de Warrior temporada 1 (HBO)

Tras el final de Banshee, su creador Jonathan Trooper ha vuelto a dar en la diana con Warrior, serie de acción y drama histórico de Miramax estrenada en España por HBO, inspirada en una historia de Bruce Lee ambientada en el San Francisco de finales del siglo XIX, que muestra la lucha de poder en Chinatown y el racismo sufrido por la comunidad china que buscaba un futuro mejor en los Estados Unidos y se encontraron con odio y explotación.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

Ambientada durante las Guerras Tong a fines de la década de 1870 en San Francisco, California, la serie sigue a Ah Sahm (Andrew Koji), un prodigio de las artes marciales que emigra a San Francisco desde China en busca de su hermana (Dianne Doan), para acabar vendido a una de las bandas (Tong) más poderosas de Chinatown.

Jonathan Trooper ha creado esta serie en colaboración con Justin Lin (Fast & Furious, Star Trek – Más allá),produciéndola junto a Danielle Woodrow y Shannon Lee, hija del gran Bruce Lee, del que adaptan una historia sobre un chino maestro de artes marciales que llega a los EE.UU. a finales del siglo XIX. La serie ha sido desarrollada por Miramax, canal con el que Trooper ya colaboró en la genial Banshee.

La primera temporada de Warrior me ha gustado mucho y apunta a que puede convertirse en uno de los referentes televisivos para la acción. Warrior comparte con Banshee varios elementos estilísticos claros, como son el mostrar en todos los episodios excelentes escenas de acción y a bellas mujeres ligeras de ropa. El sexo es habitual en esta serie, y de hecho el burdel dirigido por Ah Toy (Olivia Cheng) es uno de los espacios habituales de la serie.

Aunque las escenas de acción y el uso de artes marciales es bestial a lo largo de los excelentes diez episodios de esta primera temporada, la serie sobresale por el retrato nada complaciente del racismo que sufrió la comunidad china en los EE.UU., y como los británicos se aprovecharon de ellos para construir el país mientras les trataban como menos que animales.

Además del racismo hacia los chinos, Warrior muestra la difícil realidad de la época, en la que unos poderosos se aprovechaban de la gente normal, algo no limitado a la comunidad china. El racismo hacia los irlandeses y de estos a los chinos, se refleja perfectamente también en esta serie. Y al menos su odio hacia los chinos tiene explicación al ver que unos extranjeros les quitaban su trabajo, aunque la realidad es que no eran los chinos, sino los empresarios sin escrúpulos, a los que deberían culpar.

En este sentido, los policías Bill O´Hara (Kieran Bew) y el notavo Richard Lee (Tom Weston-Jones) ejemplifican lo mejor y lo peor de esta sociedad. O´Hara, un policía racista borracho y jugador, y Lee, un sureño que huye de un pasado oscuro mientras intenta hacer lo correcto, nos muestran un mundo de grises en los que no todo es blanco o negro e incluso la gente mala puede hacer una buena acción, y viceversa.

Me ha gustado encontrarme en Warrior a Hoon Lee, uno de los protagonistas de Banshee, interpretando a Wang Chao, una especie de «conseguidor» que trabaja para todos los bandos, incluida la policía. Y de hecho, los homenajes no terminan ahí, ya que el bar donde se reúnen los irlandeses se llama Banshee.

Pero sin duda el gran descubrimiento en Warrior es el bestial Joe Taslim (Jaka en The Raid), que interpreta a Li Yong, un asesino de los Long Zii y en secreto el amante de Mai Ling, hermana de Ah Sahm. Taslim va a ser sin duda el gran rival del protagonista, y he hecho realizan uno de los grandes combates de esta primera temporada. Otro rostro inesperado que nos ha recuperado Warrior es el de Dustin Nguyen (21 Jump Street), como Zing, el nuevo líder del tong Fung Hai aliado de Mai Ling.

Warrior sabe equilibrar la diversión de una serie de artes marciales con el drama del racismo y las conspiraciones empresariales, y al menos a mi me ha transmitido que todo el reparto, los stunts y el equipo de producción se esfuerzan al máximo para hacer de Warrior una serie especial, al mismo tiempo que se lo han pasado genial rodando esta serie. Claro exponente de esto es el 5º episodio «The blood and the s**t», que es un homenaje a los clásicos westerns de diligencias y pueblos perdidos a los que llega un salvador solitario.

Warrior me ha encantado, es honesta y tiene claro el tipo de serie que es y como ofrecer un notable entretenimiento para todos los fans del cine de acción y artes marciales. No se me ocurre nada negativo que contar de esta serie, y me alegra que vaya a tener una segunda temporada.

Comparto el trailer de la excelente primera temporada:

Warrior me ha ofrecido un perfecto entretenimiento, y estoy deseando que la continúen para volver a engancharme. En el actual panorama televisivo sobrecargado de estrenos interesantes, creo que este es el mejor halago posible.

PUNTUACIÓN: 7.5/10

 

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Crítica de Lo que hacemos en las sombras temporada 1 (HBO)

La primera temporada de Lo que hacemos en las sombras es una espectacular comedia absurda que hará las delicias de los fans del género de vampiros que busquen un giro diferente. La serie producida por FX Networks y estrenada en España por HBO, ha sido creada por Jemaine Clement adaptando el concepto de la película del mismo nombre dirigida por Taika Waititi en 2014.

PUNTUACIÓN: 8/10

What We Do in the Shadows (Lo que hacemos en las sombras) es una comedia con toques de terror planteada como falso documental en el que seguimos la vida de tres vampiros que viven en Staten Island (Nueva York) y su familiar Guillermo, el sirviente humano que se ocupa de sus necesidades mundanas.

La serie ha sido creada y producida, por Jemaine Clement, actor, escritor y productor de la película de 2014 realizada junto a Taika Waititi (Thor Ragnarok), que también ejerce de productor y ha dirigido tres episodios de esta primera temporada. La serie está también producido por  Paul Simms, Scott Rudin, Garrett Basch, Eli Bush, Joanne Toll y Hartley Gorenstein. La serie cuenta con D.J. Stipsen como director de fotografía, y música de Mark Mothersbaugh.

Los protagonistas son Nandor the Relentless (Kayvan Novak), un vampiro de más de 700 años que proviene del imperio Otomano y que se autodenomina líder del grupo. Junto a Nandor conoceremos a su familiar Guillermo (Harvey Guillen), su sirviente humano que lleva 10 años de servicio y que sueña con ser convertido en vampiro, cosa que no parece que vaya a suceder. Junto a ellos viven en la casa Nadja (Natasia Demetriou), una vampira rumana que convirtió en vampiro a Laszlo Cravensworth (Matt Berry), un antiguo noble inglés.

Estos son el nucleo duro de la familia, que comparten casa con Colin Robinson (Mark Proksch) un Vampiro de Energía. A diferencia de los vampiros normales, Colin puede caminar por el día y tiene un trabajo normal, y se alimenta de las energías de humanos y vampiros aburriéndolos o enfureciéndolos. Gracias a que paga el alquiler le dejar vivir con ellos, aunque intentan evitarle en todo momento.

Lo que hacemos en las sombras me ha flipado y es una de las mejores comedias que he visto en los últimos tiempos. Y eso que otras comedias como El Método Kominski o Russian Doll también me han gustado bastante. Pero este falso documental ha tocado todas las teclas de las cosas frikis raras que me gustan.

El uso del falso documental es perfecto para mostrar a unos personajes patéticos que nos hablan directamente a nosotros los espectadores, generando unas situaciones superdivertidas en todo lo referido a la vida cotidiana de los vampiros.

He visto la serie en V.O. y me han flipado todos los actores. Empezando por el fuerte acento de Nandor y Nadja, así como el inglés académico de Lazlo. Mención aparte para Colin Robinson cuya necesidad de aburrirnos para alimentarse de nuestras emociones crea unas situaciones divertidísimas. Y sobre todos ellos, me ha encantado Guillermo (Harvey Guillen), el único humano que intenta mostrar ante la cámara que su vida al servicio de Nandor es una pasada cuando él en realidad se da cuenta que todo es una mierda y que su vida es penosa.

Todos los episodios son super divertidos y juegan con destruir las convenciones alrededor de los vampiros. Empezando por la ubicación en la nada glamurosa Staten Island, frente a otros vampiros que viven en Manhattan, o la existencia de vampiros con otras habilidades. Me lo he pasado genial con todos los episodios, pero tengo que destacar el episodio 7, en el que hay un juicio y que contiene las meta-referencias al lore vampírico más divertidas que recuerdo.

Los que hacemos en las sombras son 10 episodios de una duración de entre 20 y 25 minutos, que resulta la píldora perfecta de diversión para cada día. Me alegra descubrir que la cadena FX ya ha confirmado una segunda temporada, que promete un montón de diversión, empezando por la sorpresa final de esta temporada sobre el árbol genealógico de Guillermo.

Una serie super divertida de la que no se me ocurre nada malo, todo ha sido diversión a costa de estos vampiros entrañables y asesinos.

Comparto el trailer de esta primera temporada:

Lo que hacemos en las sombras en la comedia del año. Me ha encantado de forma increíble y ha hecho que no parara de reir. Si te gustas las historias freaks, esta serie te va a encantar.

PUNTUACIÓN: 8/10

 

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